Las Cíes

Una vez, calentando en una popular escuché que un tío, de los del montón, le dijo con determinación a un colega suyo: «Hoy voy a ganar la carrera». El amigo se le quedó mirando como pensando, «¿qué dirá este flipao?». Pero antes de que abriera la boca el primero le espetó, al tiempo que le enseñaba la suela de su zapatilla: «¿Ves? Pisé una bosta, esto da mucha suerte».

Pues yo si llego a haber competido este finde también ganaba. Resulta que me fui con RL a pasar unos días a las Illas Cíes y, obviamente, me llevé unas zapas de correr. El domingo me levanté, salí de la tienda para rodar un poco, y me encaminé a la parte norte. No llevaba ni 2 minutos cuando, cruzando el dique, unas gaviotas malencaradas, y probablemente entrenadas por Hitchcock, me hicieron un ataque en vuelo raso… y claro, una de ellas, a la que apodé al instante la B-52, descargó sus bodegas sobre mí cabeza. Aún por encima, me llevé la mano al pelo para hacer un balance de daños, y embadurné la mano toda.

Así que allí estaba yo. En tenis, mallas, camiseta técnica,… quitándome un cagadón del pelo en las frías aguas de Rodas, la calificada como mejor playa del mundo. Volví a poner en marcha el crono y reinicié la marcha, siempre pendiente de si había un segundo ataque. Al final fui hasta la punta norte, volví a la sur para subir al faro, y regresé al camping (no sé km, 1:10:00, 300mD+).

Dejando a un lado la anécdota, las Cíes están muy bien; entorno y vistas, fauna y flora, merecen la pena. También los recorridos guiados por el personal del parque, gratuitos e interesantes (hicimos dos: Intermareal y Alto del Príncipe). Pero lo que no entiendo es como hay gente que va hasta allí, no a descansar y disfrutar de la naturaleza, sino a estar de farra y botellón. Ni entiendo como el PN-MT das Illas Atlánticas, que tiene unas normas de acceso y conservación, lo permite. No me extraña que las gaviotas roben comida y caguen a diestro y siniestro: deben estar de la gente hasta los… picos.


Travesía de los Aquilianos

Este finde se celebró la XVI Travesía Integral de los Montes Aquilianos, organizada por el club Rutas del Bierzo. Hacía tiempo que tenía ganas de probarla, pero como coincidía con fechas de exámenes (siempre se organiza a principios de junio), no he podido hasta este año que estoy más libre de cargas.

Tras los previos del día anterior (3 horas de viaje desde Pontevedra, recogida de la bolsa del corredor, paseo y cena de rigor), a las 5:30 nos juntábamos en la Plaza del Ayuntamiento de Ponferrada varios cientos de personas dispuestas a enfrentarse a los 47 o los 61 kilómetros que tienen los distintos recorrido. Saludos, entrega de las mochilas para los dos puntos de asistencia que dispone la organización (además de los avituallamientos), poco calentar, y a las 6:00 se da la salida, tras unas «motivadoras» palabras del alcalde.

Los primeros kilómetros, todavía oscuro pero sin frontales, van por algún trozo de asfalto y caminos llevaderos, algunos muy bonitos por bosques y fincas. Al poco empiezan las subidas y bajadas, acercándonos y separándonos del río Oza, hasta llegar a la zona de Montes de Valdueza. Allí, junto a un monasterio abandonado, se bifurca el recorrido, que para los de la larga se pone durillo, así que toca parar, comer, cambiar mochila, y pillar bastones.

Nos mandamos un par de subidas y bajadas ya interesantes, por la zona de la Malladina y el Valle del Silencio, y llegamos a Peñalba de Santiago donde empieza el rock’n’roll. Primero una buena petada, subir a la Silla de la Yegua (2143m), venciendo un desnivel del copón, y después crestear, es decir, bajar y volver a subir varias veces, por senderos con algo de piedra, para hacer el pico de las Berdianas (2116m), y el Pico Tuerto (2051m).

Como había ido reservando mucho hasta aquí, acojonado por lo que me habían contado de la subida a la Yegua, me encontraba bastante bien de fuerzas (sólo los dolores habituales en los dedos de los pies, y una sensación de pisada rara), así que aproveché que el siguiente tramo tiraba hacia abajo para darle un poco de ritmo a la cosa, hasta la siguiente subida fuerte, la Guiana (1849m), que se me atragantó un poco.

El sol ya apretaba (eran las 12 y pico), los kilómetros se iban notando, y mi maltrecho pie me estaba dando la lata (incluso el derecho se sumaba a la queja). Por tanto, procuré conservar el cuerpo trotando más suave en los llanos y cortándome mucho en las bajadas, ahora más abundantes camino del Campo de las Danzas y de Ferradillo. Al llegar aquí los pies me dolían tanto, que me entró miedo de cambiar las zapatillas (tenía otras más grandes en la segunda mochila), y decidí seguir con las mismas hasta el final. Gran error.

Al rato me dolían mucho los pinreles, tan hinchados que no me cabían dentro, y además descubrí que el gesto raro al pisar de los últimos kilómetros se debía a que había roto la suela de los tenis. Y para acabar de joderlos, llegan unas bajadas pronunciadas, primero por un senderito entre bosques y arbustos, luego por pistas de tierra y cemento, que nos llevan hasta el control de Rimor. En este tramo me pasó casi todo el mundo al que yo había adelantado en la zona alta.

Faltaba poco, y ahora sería más llevadero: un trocito de carretera, algunas calles de pueblos, pistas de tierra (algunas del Camino de Santiago), ya con Ponferrada a la vista. Pero no aguantaba de los pies, así que a caminar «tipo Chiquito», y a sufrir, sabiendo que el objetivo (<10h), se iba a escapar en esta última parte de la carrera.

Al llegar al sendero del río pude volver a trotar algo, supongo que por ver la meta cerca. Aunque tan cerca no estaba, porque llegando ya a Ponferrada tuvimos que dar una vuelta por una carretera recta y fea que fue desesperante. Pero unos minutos después, bastante más contento, conseguía pasar junto al castillo, bajo el reloj, y llegar a la plaza del ayuntamiento, donde nos esperaban fisios y comida, y a mí RL.

El tiempo final fue bastante peor de lo esperado (10:39:50 y 3100mD+ marcó mi reloj), pero teniendo en cuenta que aún notaba fuerzas dentro, que lo me jodió fueron los pies, y que a las personas con las que hablé les dio más distancia, 64km y poco, quizá por el rodeo ese del final, no estuvo tan mal. Además tanto organización como recorrido me gustaron (los voluntarios muy bien en general; los dos señores en el Pilón de Peñalba de 10, super-amables), así que esta Travesía de los Aquilianos es altamente recomendable.



Sendero a Montserrat

Esta Semana Santa mi pareja RL y yo hemos ido a pasar unos días a Barcelona. Ella ya había estado muchas veces; yo también, pero apenas había visto nada (siempre fui «ocupado» con alguna competi/entreno con la bici, o con el tiempo justo para algún concierto), por lo que se puede decir que la he descubierto en esta intensa semana. Y la verdad es que es una ciudad bonita, con múltiples atractivos.

Los primeros días fueron de patear por las calles visitando las postales típicas: Diagonal, Ramblas, Plaza Catalunya, la zona del Maremagnum y la Barceloneta, la Villa Olímpica, la zona antigua,… Estos «paseos» retrasaron la recuperación de nuestras piernas, y sobre todo de mis maltrechos pies, que venían reventaillos de la carrera de Folgoso do Courel, pero valieron la pena por la compañía y lo que pudimos ver.

El miércoles, aprovechando la hospitalidad de nuestros anfitriones que se ofrecieron a llevarnos (gracias por todo), pude cumplir un caprichito: hacer una ruta corriendo hasta el monasterio de Montserrat. Había visto en internet algunas rutas desde distintos lugares, pero como no los tenía anotados, opté por improvisar. Así, bajé del coche después de un pueblo llamado El Bru, ya que por allí se veían carteles de rutas.

Empecé un poco a la aventura, sin saber hacia dónde tenía que ir, orientándome siempre hacia arriba, hacia el borde de las torres de piedra. Al rato pregunté a un mountainbiker, y me indicó cómo podía llegar: que subiese hacia un lugar llamado Can Mançana, al parecer punto habitual de encuentro de gente que va a hacer deporte por la zona, y que después ya vería claramente el sendero.

Y así fue. A los 45min. aproximadamente llegaba allí trotando y encontraba una ruta muy bien señalizada, con marcas y con postes. Mi sorpresa fue que esperaba subir todo el rato, sin embargo el sendero era un sube-baja continuo pero sin grandes desniveles (me salieron sólo 750mD+ en todo el trayecto), por la falda de la montaña, con algún paso que sería algo comprometido si estuviese lloviendo, pero no era el caso.

Corriendo siempre por ese estrecho sendero, a veces con unas vistas impresionantes sobre el valle y otras oculto entre vegetación, llegué a un punto flipante: una roca-mirador próxima al monasterio, desde la que se desciende por unas escaleras de cemento y piedra con el objetivo a la vista. Al final, tras casi 3h de carrera-trote (a las que habría que descontar un par de paraditas a sacar fotos y a hablar con unos escaladores), y no-tengo-ni-idea kilómetros, pude tocar la pared del hogar de la Moreneta, bajo la extraña mirada de los múltiples turistas que allí había («¿y ese friki de las mallas?», pensarían).

Los siguientes días, contento por mi «peregrinación», volvimos a ejercer el turisteo: ruta de casas modernistas, Parque Güell, Sagrada Familia, Hospital de San Pau, Tibidabo, Montjuic y su espectáculo de las fuentes, etc.

Y cuando el viaje tocaba a su fin, el sábado, dos buenas sorpresas. Una, que se celebraba el Sant Jordi, y no sólo pudimos «pasear» por los atestados puestos de libros y demás, sino que cumplimos con la tradición de la rosa y el libro (me cayó uno de Desnivel de rutas por la Maginot Cantábrica, comprado en uno de los dos «puestos montañeros» que había; gracias, RL, disfruta tu flor). Y otra, que nos invitaron a ver un partido del Barça, en directo y a unos metros del cesped, y, aunque no soy muy fubolero, reconozco que me hizo ilusión ver un partido de 1ª división y un estadio como ese, enorme.

El domingo tocó volver a casa, claro. Eso sí, al bajar del avión-feria de RyanAir, teníamos las pilas más cargadas… y ganas de volver a BCN.








GMTA: Folgoso do Courel (3/5)

En unos días en los que la mayor parte de españoles estaba pendiente de uno de los 5 «partidos del siglo» que se iban a disputar en unos días, marchamos para tierras del Courel para correr la prueba más larga del circuito: 32km según la organización, 34km según los participantes (en el monte como en las manifestaciones, con los números nadie se pone de acuerdo), y 1400mD+ según mi Polar.

Para mí fue la peor. Ya no estaba yo muy fuerte, aunque algo mejor que al incio del año, que, aún por encima, a los pocos kilómetros de empezar se me dio por andar a patadas con una piedra (aficiones que tiene uno), y me hice daño, rompí las zapas, los dedos sangrando, las uñas moradas,… pero fiel a mi filosofía, llegué (casi en 5h, pero llegué). Eso sí, al final sufrí de lo lindo: sin fuerzas, dolorido, pisando raro,… y rallado de la cabeza. Por cierto, y con RL písandome los talones, pues cuando yo estaba terminando de estirar y refrescarme en la fuente, apareció ella en meta. ¡Bien hecho!

Pero hay que reconocer que la carrera estaba bien y tenía de todo: bonitos valles y senderos; ¡un oso colaborando de voluntario!; un vadeo del río Lor; zonas de rodar rápido; sin petadas pero con buenas subidas; un trozo técnico (bajada en cortado, caos de rocas con musgo en el cauce del río, y a continuación subidita trialera); varios puentes tradicionales de madera, con unos clavos saliendo que daban miedo; bajadas tranquilas para disfrutar; cuestas finales para rematar a la gente; etc. Algunas personas se quejaron de que era un recorrido peligroso, pero la verdad es que no lo creo: salvo el tramo técnico (en el que había personal de la organización y sanitarios), el resto fue muy tranquilo y divertido.

A mí me gustó mucho, y eso que los últimos kilómetros, desde una aldea que cruzábamos con firme de cemento, fui arrastrándome cual sabandija; y arrastrándome literalmente, porque para que no me dolieran los pies iba procurando levantarlos lo menos posible.

En definitiva: buen finde y compañía en Quiroga y Folgoso; carrera dura pero bonita; paisajes que molan mucho; y buen detalle el del árbol de recuerdo al entrar en meta, junto con el habitual abrazo de Moutinho (lástima que se me secó, sniff).



GMTA: Arenteiro a Carballiño (2/5)

Segunda prueba del GMTA, esta vez en la provinvia de Ourense, y con un recorrido lineal. Y esta engañó; o al menos a mí se me hizo muy dura (también reconozco que fui en unas condiciones de salud un poco chunguillas). La propuesta a priori no parecía muy exigente: desde Pazos de Arenteiro a Carballiño, siguiendo el cauce del Arenteiro, y creo que el del Avia, durante unos 14km, que en el briefing nos dijeron que se habían transformado en 16, y al final en 17 y pico (véase Misterios sin resolver).

Nos desplazaron en autobuses desde Carballiño hasta Pazos de Arenteiro (por cierto, pueblecillo chulo para acercarse a pasear por su arquitectura y naturaleza), donde tuvimos que esperar a que se diera la salida. O debería haber dicho desesperar, porque estuvimos allí mogollón de tiempo, quietos, chupando frío, y sin ropa a mayores, esperando un buen rato a… ¿no sé a qué?

Cuando se dio la salida me coloqué en la parte posterior, y entre la callejuela inicial y unas escaleras estrechas en una finca que había que pasar a los pocos metros, se formó un tremendo embudo que ralentizó mucho el tema y nos dejó descolgados a los de atrás. ¡Adios podium! (modo ironic on).

Los kilómetros iniciales fueron por senderos, en ligera subida y después en bajada, hasta llegar a un paso muy original: un puente semiderruído. A partir de ahí, el grueso de la carrera fue un sube y baja continuo, por pistas anchas básicamente y algún sendero, que nos llevaba de la parte alta del valle hacia el cauce del río, para volver a subir, y a bajar, y subir… Fue un trozo bastante rompepiernas. La parte final fue más asequible: teníamos que acercarnos a Carballiño por senderos, paseos, y la zona de rocas y pasarelas que está en el río, hasta que ya junto el parque y los chalets nos esperaba un último kilómetro urbano que para los que iban tocados, como es el caso, se hizo interminable.


Al acabar, unos minutos por encima de las 2h y demasiado tocado para los 750mD+, tenía fiebre y hambre, así que sólo pensaba en dos cosas: medicamentos y empanada. Ambos los «degusté», sin poder tragarlos muy bien, mientras esperaba que llegase mi RL que también acabó dignamente la carrera.

Me gustó la zona, y no está lejos, así que habrá que ir a dar algún rule por ahí de vez en cuando. Y hay que reconocer que cosas como la salida entre pazos de piedra, el esperado paso del puente, o la recta de meta hasta la Plaza del Concello, le dieron un aire diferente a la carrera.