Retomando Trans Peneda-Gerés

Tras aquél Trans Peneda-Gerés, que fue campeonato del mundo pero que tenía una categoría open para chaiñas como yo, en el que tuve mi primer DNF y en el que me rematé de cascar la rodilla, me llegó una pequeña crisis trailrunner. Es normal porque si te duele incluso trotando en plano, si ves que los ritmos y sensaciones son malos, y no lo pasas bien, poco a poco lo vas dejando. Y más si, como es mi caso, lo de poner un pide delante del otro no es tu deporte de cabecera.

No es que ahora esté mucho mejor, porque más o menos la cosa sigue igual, pero he vuelto a vivir sensaciones olividadas tras un par de años sin hacer un trail de verdad (porque las carreras de orientación y similares no las cuento). El caso es que se celebraba otra edición de la Trans Peneda-Gerés, denominada la carrera de los 4 castillos, y como en ella fue en donde empecé a alejarme del trail, intentar retomarlo ahí me pareció una forma de cerrar el círculo. Llegó a pasárseme por la cabeza ir a una de las distancias medias (105K, 60K, 42K… aunque también había una 165K), pero opté por empezar progresivamente y aprovechar para compartir la experiencia con JV y RF, amiguetes que iban a la de 27K.

En las horas previas a la carrera nos surgen unas dudillas sobre el material obligatorio, en concreto con si hay que llevar la chaqueta impermeable con capucha, cosa que no queda clara en los boletines y el reglamento (contradictorios). Personalmente no lo pienso mucho porque en caso de duda siempre hay que meterlo, y porque total tampoco afecta mucho al ir con poca cosa. Aunque luego, y esto es algo que nunca entenderé y que me pone de mala leche, estaba claro que muchísima gente no sólo no llevaba eso, sino que tampoco el resto. Y la organización tampoco se preocupó mucho de controlarlo. Vale que hacía buen día, pero no debería pasar esto: por seguridad (nunca se sabe lo que puede pasar), ni por justicia (unos cargan peso y otros no). En fin, nunca aprendemos.

Los recorridos son lineales, con distintos puntos de salida pero todos con meta en Montalegre, así que el viernes tiramos para allí. A primera hora de la mañana vamos en coche hasta Pitoes das Junias donde se da la salida de nuestra prueba, por oleadas, unos 100 corredores cada 5 minutos. Arrancamos ya bajo un buen sol, en camino cuesta abajo, e inmediatamente por un terreno ondulado con rocas y zonas de vegetación. RF se va un pelín para adelante, y a JV lo voy controlando por el rabillo del ojo: está claro que no vamos a ir juntos, así que me pongo un ritmillo mi bola. Aparecen los primeros senderillos, y un despiste nos quita un momentillo del camino correcto, y en 4Km llegamos a las escaleras de madera que van al mirador de la cascada de Pitoes, y la primera subidilla con algo de entidad, que pronto se convierte en una bajada ancha de las de soltar zancada, la cual acaba en el Km 8.5 en un punto donde se cruzaba la carretera y había algo de público.

Justo después, en la primera bajada empinada y con algo de complicación, me engancho en no-sé-qué y antes de que pueda darme cuenta me caigo por un escalón y me golpeo contra unos árboles. Resultado: un impacto con un par de cortecillos en mi no depilada pierna, un golpe en el brazo y el hombro, y un susto (el que venía detrás creo que se asustó más por la cara que puso cuando me ayudó). No paro apenas porque en breve llegará el avituallamiento del PK12 y ya haré allí balance de daños, aunque al llegar a Travassos no me doy cuenta de que no se pueden coger la comida directamente por tema COVID (había que pedirla), y le echo la mano. Me riñen, con razón, y por vergüenza no me quedo allí casi nada y tiro.

El siguiente sector era el más rodador, pasando por las aldeas de Sezelhe y Cambeses, y fue donde más se notaron las molestias de la rodilla y la falta de forma. Justo cuando llevábamos una media maratón, apareció una petada que hubo que tomarse con mucha calma. Subía a la capilla de N.S. das Treburas, lo que no deja de tener gracia, ya que para muchos sí que debió suponer auténticos temblores (no quiero imaginar los de las cien millas). Lo bueno es que al coronar ya se veía allí al lado Montalegre, y sólo quedaba acercarse por pistas, una subidilla boscosa muy chula, y bajar directamente al pueblo, gastando ya las fuerzas que quedasen. En los metros finales había ambientillo, tal vez demasiado en época de pandemia, y eso fue lo que hizo que muchos, aunque quisiéramos, no caminásemos en el la alfombra del arco de meta.

RF ya había llegado un rato antes, y JV y su colega SM llegaron un rato después. Así que todos con el objetivo cumplido. Por mi parte, satisfecho con los 25.5Km y 1150mDa+, en las 3h23min que me salieron, pese a otros problemillas y sensaciones, porque suponen volver al ruedo sin sufrir demasiado. Lo que toca es intentar mantenerse un poco y disfrutar de estas cosas, y las comidas/cenas posteriores, con los colegas.

Apura que llegas

Lo del otro día en la carrera de orientación de Casa de Sixto (una casa rural en Paderne), que es en formato tipo rogaine con un máximo de 3h, y con su penalización/descalificación si te pasabas, fue lo que podríamos denominar… «algo ceñidito». Y gracias a los últimos 500m de jadeos e intentos de autoconvencimiento, porque la cosa estuvo ahí ahí. Pena que la recolección de balizas no fuese la adecuada, porque desde luego el tiempo lo ajusté bien :-).

Foto de Paula Naya, compartida aquí.

Desastre World Championship

Este año el Trail World Championship, usease, el Campeonato del Mundo de Trail de la IAAF, está organizado por el vecino Carlos Sá, aquí al ladito (a menos de 2 horas de coche), e incluye un par de open races, 16K y 55K, para que puedan ir a participar las personas normales.

Más que una mini-crónica de esas mías en las que no cuento más que obviedades, aquí llega una simple valoración. Carrera bien organizada, recorrido muy chulo y variado (una especia de C invertida desde Entre-Ambos-Os-Ríos y Arcos de Valdevez), entorno flipante como siempre en la zona del Xurés-Gerés, y la gente de los pueblos de Portugal siempre amable. A los pro en su carrera de 85K parece ser que también les gustó, y además a España no le fue mal. Yo, no fui bien en ningún momento: desentrenado y falto de forma, pasado de peso, y con la rodilla dando la lata. Tan lento iba, que al llegar al kilómetro 40 se me hizo de noche, instalado en la cola de carrera, y en Anta do Mezio la organización nos cortó (dije que quería seguir aunque fuese fuera de carrera, porque solo quedaban 12K, pero nos dijeron que no, que iban a retirar el balizado y el personal de los cruces). Así que con 43km y 2800mDa+ en las patas, pero en un montonazo de tiempo, ha llegado el primer DNF de mi vida, por cuestiones de reglamento, pero ya está aquí.

A todo porquiño, por mucha fama que tenga de tanqueta y de tractor (de lento pero fiable), le llega su San Martiño: y el mío esperaba en Portugal en forma de desvirgamiento del retirado (o cortado, o lo que sea). Lo que más me fastidia es que todo se debe a la cabezonería que afloró en un par de ocasiones, una en casa y otra en el extranjero, y que ahora empieza a cobrarse la factura.

Asturias paradise

Semanilla de furgoneteo por Asturias, que nunca defrauda.

Un día subida a los Lagos, con su visita al centro de interpretación y su rutilla de senderismo, y parada a visitar a la Santina de regreso. Otro día, tiramos en bus a Posada de Valdeón para hacer la Ruta del Cares hasta Poncebos, disfrutando por cierto de un lugar super-interesante: el chorco de los lobos (y, por cierto, dejando en la lista de pendientes la nueva vía ferrata). También hicimos una jornada de turisteo y geocaching por Cangas de Onís, epicentro del turismo en estas fechas, en la que aprovechamos para las compras y degustaciones. Por supuesto, no podía faltar la visita al gran Urriellu, en este caso desde Sotres, bajando por la pista hasta el collado Pandébano, y luego por la ruta típica hasta el refugio, y regreso por el mismo sitio para no forzar. Y también descubrimos una ruta de senderismo que me encantó, no tanto por el paisaje sino por lo entrenida que es: la ruta del Beyu Pen o del bosque encantado. Durante la ruta hay que ir buscando una serie de personajes mitológicos que están camuflados en las rocas y la vegetación (algunos parecen casi esculturas, otros son elementos naturales levemente modificados). En la caseta de turismo nos dieron un folleto con la lista y la explicación, y entre la subida y la bajada localizamos todos: algunos son muy fáciles, otros no tanto. Muy recomendable para tener entretenidos a críos… y no tan críos.

Vamos, que unos días de tranqui, pero de no parar. Asturias paradise.

100km Carballiño-Santiago

Al volver del trail de Quiroga iba pensando en si ya podría correr, pues allí no me encontré tan mal como era de suponer para llevar meses sin entrenar. También iba pensando en las carreras que el año pasado tuvieron que quedar en el tintero, y que este año me propuse enmendar, y recordé que en un par de semanas se celebraba una de ellas: la Carballiño-Santiago. Así que me inscribí, y el día 12 me planté en Carballiño sin saber que iba a pasar.

Con algo de frío y sin frontal, a las 7am salimos de la impresionante Iglesia de Veracruz callejeando unos minutos por Carballiño y cogiendo rápidamente un paseo fluvial. Ya a plena luz pongo ritmo calentamiento por pistas de asfalto rurales, y veo que se van haciendo grupitos. Me junto con un par de portugueses (uno de ellos el compañero de Solopisadas), y llegamos al monte. Primeras rampas, primeros charcos y, tras una larga subida recta de asfalto, llega el primer avituallamiento.

Ahora el recorrido ya es de monte, subiendo y bajando pero sin petadas y con terreno fácil y disfrutón. Me quedo solo, y al estar ya algo altos, disfruto de las buenas vistas; además como el terreno no exige concentración, me entretengo observando un par de explotaciones ganaderas y forestales. Tras una pista en bajada, aparece el siguiente control a la altura de Dozón. El voluntario me ofrece un bocata… ¡de pechuga empanada! Pillo uno, hablo un momento con RL, que me sigue por todos los avituallamientos (¡una santa!), y tiro tranquilo reservando fuerzas en todo momento.

El siguiente tramito es algo feo, paralelo a la autovía, pero se compensa rápidamente con unos senderos y caminos bien metidos entre vegetación, bastante más entretenidos y con algo de desnivel. Al pasar una aldeita llamada Zudreiro llego a un cruce y no hay cintas. Antes de salir tuve un problema con el GPS de muñeca, así que saco el Foretrex del bolsillo (lo llevaba ahí por si acaso), y resulta que tampoco marca el track; sospecho que el archivo debía estar chunguillo y por eso los dos fallaron. Para no arriesgar, cojo el teléfono y llamo a la organización: me dan indicaciones, deshago un cachito pequeño y ya estoy de vuelta en el circuito… y en el control, porque estaba allí al lado.

De aquí en adelante seguiríamos las marcas del Camino de Santiago por la Vía de la Plata. Sigue el terreno en sube-baja typical Galician, y la filosofía de ir guardando fuerzas. En un tramo coincidente con la N525 a la altura de Lalín, otro avituallamiento… con croquetas y tortilla. Sin palabras. Me detengo un ratillo, pero el cuerpo pide seguir, no sé muy bien el porqué, ya que los siguientes kilómetros se me atragantan un poco. Al pasar junto al polígono industrial de Silleda noto molestias en la rodilla, adelanto al único peregrino que vi en todo el día, y en los pocos kilómetros que restan hasta el pabellón de esa localidad (donde estaban las mochilas intermedias que transportaba la organización), empiezo a cojear. Menos mal que las rosquillas que tenían me insuflaron fuerza de voluntad, porque sino me quedaba allí ya.

Luego llegó el momento chungo que siempre hay en todas las carreras: sol, terreno planillo, dolor en la rodilla, mucho asfalto (incluso cruzamos Bandeira por la acera),… Tocaba aguantar, porque en los llanos me dolía, y en las bajadas más aún. Tuve que caminar donde no debía, y empezar a lidiar con el replanteamiento mental: una, porque se esfumaba la previsión de las 12h, y otra porque reaparecía el fantasma del último UTMB. La organización puso un avituallamiento en una pista anónima en medio de fincas, y reconozco que llegué allí algo preocupado. Pero había margen de tiempo, así que postpongo la decisión otra etapita.

El recorrido cada vez más soso, y el corredor cada vez más tocado: resultado, que el ritmo descendió enormemente. El porcentaje de asfalto cada vez es mayor, y aún por encima la empinada bajada para llegar a Ponte Ulla me remata la rótula. Pero como la poción mágica en los cuentos de Asterix, aparecen las lentejas (umm, bueno, y un antiinflamatorio), para darnos un rato más de cuerda. Sentado a la mesa del bar donde estaba el control, y avituallando en plato de porcelana, pienso que sólo quedan 20-y-pico kilómetros hasta Santiago, así que aunque sea más caminando que trotando, hay que acabar.

Ahora vamos ya todo el rato en dirección NW, con unas largas subidas tendidas que tengo que hacer a marcheta. Poco a poco las pistas de asfalto le van ganando la partida a las de tierra y los senderos, y el sol se va poniendo. Cruzando aldea tras aldea, llego al último avituallamiento, Susana se llamaba (el lugar, no la voluntaria). Saco el frontal, porque ya llevaba unos minutos con algo de oscuridad, reposto algo, y directo para la capital. De noche hay que andar más pendiente de la señalización, pero al ir tan lento no hay problema. Por momentos ya se ve el skyline de Santiago, así que mentalmente voy haciendo cálculos. Una larga y oscura subida de tierra, nos deja en la tristemente conocida zona de Angrois, y desde allí sólo hay que callejear por el extrarradio y por el centro de la ciudad. El último kilómetro es por el centro, y es sábado por la noche, así que hay que ir de friki esquivando gente para poder entrar al trote en el Obradoiro, como debe ser.

Allí sentado, compruebo el juguete: 102.2km con 2800mDa+ (algo más de negativo), en 14h38min, y un sensación extraña, pues iba bastante bien de fuerzas… y no podía correr. De coco muy bien, y eso que fui solo casi todo el tiempo, aunque reconozco que no lo pasé bien del todo porque la segunda mitad del recorrido me agobió bastante (demasiado de mi odiado asfalto), y porque comprobé que la rodilla fastidiada el verano pasado sigue mal pese al «largo descanso».

Resumiendo, una buena forma de pasar un sábado entretenido es ir a esta carrerilla, humilde pero organizada para mimar al corredor; sólo se le podría pedir que pusieran alguna cinta más en la primera parte del recorrido, o que se aclarasen ellos mismos con «el concepto» detrás de la prueba (personalmente me importa bastante la filosofía detrás de los eventos, y esas contradicciones con la competitividad o las normas del reglamento, no me gustan nada). Aún así, recomendable para quien quiera un ultra sin dificultad técnica, corrible al 100% si se tienen fuerzas, y con amables voluntarios.