Crujidos under the sun

Cuando el colega AV me avisó de que estaban organizando un finde de bikepacking por el Xurés y vi que podía cuadrar la agenda, quedé contento. Hacía tiempo que, por motivos varios, no salía unos días de ruta cicloturista, así que me apetecía bastante. Lo malo es que por ese mismo motivo muchas cosas no estaban a punto, y los días previos anduve algo apurado a nivel de material y logística. Pero, aunque fuese con un desarrollo poco amigable y un par de cosas desajustas en la Stumpjumper HT, pude encontrarme con todos en el punto convenido.

D1: Os Baños – Albite – As Maus de Salas

Nos levantamos en Os Baños de Riocaldo, sin madrugar en exceso, preparamos las últimas cosillas, y arrancamos por el sendero que lleva a los miliarios. Pedaleamos ilusionados, B, MV, J, LF, AV y el menda. Primero en ligera subida, todos calentando, y luego ya con algo más de pendiente y de temperatura en el cuerpo, nos dirigimos hacia Portela do Homem.

Sacamos unas fotos en el antiguo puesto fronterizo, cosa que ya es casi tradición, y deshicimos unos metros por la carretera para pillar la pista que lleva hacia la Mina das Sombras. Es una pista que algunos conocemos bien de haberla hecho varias veces, con tendencia a subir, pero tendida y muy ciclable, así que se llevó bien. En el siguiente tramo, algo más «de monte» y más juguetón, tuve un par de incidencias. Primero, una camiseta que llevaba en la goma de la bolsa trasera se escurrió y se me metió en la rueda: safé la caída, pero se me dobló todo el disco y a partir de ahí fue siempre rozando. Luego en algunos badenes y saltos la bolsa de manillar me rozaba con el neumático delantero, pero no fue la cosa a más porque AV me dejó una correa y apretándola bien quedó mejor puesta (nota: van muy bien las Fixplus esas, es una futura compra).

Después de un par de pequeños tramitos de asfalto, llegó la primera petada del día. Aquí la grupeta se puso por primera vez en silencio y pudo empezar a disfrutar de los crujidos que emitían mis bielas. Alguno pensaría que se trataba de algún tipo de problema mecánico, pero en realidad era un sistema de aviso para que supiesen cuando me acercaba o les chupaba rueda. Justo a continuación hicimos la primera parada de avituallamiento en un souto con castiñeiros centenarios, donde los que se reían tanto de la tortilla prefabricada que había metido en la bolsa tuvieron que tragarse sus palabras y mirarme con envidia.

Al ratito reanudamos la marcha y en un plis nos pusimos en San Paio y en Guende. Combinando algo de asfalto y buenas pistas, hicimos un bajadote gordo y rápido, y volvimos a subir en dirección a Albite. Pasamos junto al refugio de la federación de montaña y, bajo un sol de justicia, enganchamos la pista ancha que lleva a la caseta de vigilancia. La subida no es muy dura, pero el peso pide piñones grandes, y acabamos estirándonos un poco, así que en el punto alto paramos un momentito a reagruparnos y disfrutar las vistas.

El siguiente tramo de toboganes tenía el aliciente de estar llegando al bonito pueblo abandonado de Salgueiro, en el que también tocó paradita, pues el sitio lo merece, tanto por su historia como por dejar volar la imaginación de lo que allí se puede hacer. Luego vino un poquito de relax por la sencilla bajada para llegar al encoro de Salas. Podíamos tirar al norte para llegar en un momento a nuestro destino, o alargar un poco la jornada. Pero como había tiempo, fuerzas y ganas, optamos por bordear el embalse por el sur, y pasar por Guntumil y Tourem, y por una sucesión de caminos y pistas variadas antes de ir hacia Maus. Esto supuso algún kilómetro más y algo más de subida, pero valió la pena para aprovechar el día y para ver algunas cosas chulas.

A media tarde ya estábamos en el Aviva. El recorrido había sido chulo: salieron casi 75Km, con unos 2000mDa+, en 6h de pedaleo efectivo, y no hubo problemas y sí muchas risas. Cuando el sol se puso empezó a hacer bastante rasca, así que nos dimos una ducha, cenamos de cháchara y anécdotas, y fuimos a dormir en unas pequeñas cabañas minimalistas en las que te sentías en pleno contacto con el entorno. Por cierto, la buena decisión del día fue llevar unos calcetines de repuesto en el bolsillo, porque al ir en chanclas imaginaba que los que tenía puestos se humedecerían algo, así que pude meterme en el saco con unos sequitos.

D2: As Maus de Salas – Santa Eufemia – Os Baños

Tras un buen desayuno y el repaso de las bolsas, salimos a eso de las 10:30. Estaba claro que el finde era para disfrutar, no para madrugar y chupar frío. Los puntos de partida y llegada eran los mismos que el día anterior, pero a la inversa, para poder volver a los coches. Sin embargo el recorrido fue bastante diferente.

Al cruzar la presa de Salas nos dirigimos hacia el oeste, pedaleando bastante a gusto, sin grandes desniveles al principio, y luego con alguna rampilla y algún tramo algo más roto. Después de pasar junto a la aldea de Prado sí que hubo que subir algo más. También tuvimos que andar algo pendientes del GPS porque en el track algunos cruces no estaban claros. Obviamente, esto se aprovechó para que los que no habíamos dado palo al agua en la planificación de la ruta pudiésemos putear algo a quien había pasado el trabajo de trazarlos.

La bajada hasta Ganceiros fue para mí el tramo más bonito, con parada en un merendero de desguace incluida. Aunque procurábamos rodar siempre juntos, no pude evitar por momentos soltar algo el freno y dejarme llevar por aquella pista sombría y de tierra marrón con buen agarre. Hice bien en disfrutarla algo, porque luego sí que vino un buen rato de asfalto para llegar a Lobios (donde hubo pausa-café). Incluso luego hubo asfalto, aunque fuimos pillando también algo de pisteo de tierra, hacia el embalse de Lindoso, desde el que tiramos en dirección sur para empezar el subidote hacia Padrendo.

Al principio era todo subir, ni duro ni fácil. Luego empezó una zona de toboganes con bastante pendiente, tanto para arriba como para abajo, que sí que le roncaba lo suyo. Casi todo el mundo tuvo que desmontar en algún momento porque no sólo hacía falta fuerza sino también algo de técnica para no perder tracción y mantenerse sobre la bici. Por momentos era algo frustrante el esforzarse en ganar 30 o 40 metros de desnivel, para perderlos tras la siguiente curva, y volver a ganarlos, para volver a perderlos, y así seguido durante un buen rato. Por supuesto, todo ello amenizado por el cri-cri de mi caja de pedalier. Empezamos a vacilar al líder de la grupeta por habernos metido por allí, y para picar a LF, esposa del susodicho, para que le riñese, y así echarnos unas risas. Aunque, la verdad, pese a ser duro a mí ese tramo me encantó.

Poco a poco pasaron los metros y encontramos la pista principal que íbamos buscando. Seguía subiendo, pero era bastante más llevadera, y eso que le pegaba un poco el viento. Nos dejó justo en el objetivo: las antenas de la cima. Las vistas desde allí eran flipantes, dominando tanto la parte gallega como la portuguesa (Xerés y Gerês mesma cousa son). Resguardados por la caseta nos tomamos unos bocatas y golosinas, aunque hubo quien hasta hizo café, sacamos las fotos de rigor, y un ratito después tiramos para abajo.

El descenso hacia la corga da Canda era muy pistero, tanto el tramo que habíamos hecho ya de subida, como el que habíamos obviado. Un terreno de esos que si te calientas un poco pillas una buena velocidad, y también de los que como en las frenadas te quedes con las ruedas flotantes sobre la grava, haces algún recto seguro.

La jornada acabó con un par de kilómetros de enlace hasta la carretera, para luego bajar por ella un tramito hasta el cruce de los miliarios, y volver a pillar el sendero hacia el balneario de Lobios y así llegar a los coches. Obviamente fue una ruta más cortita que la del día anterior, porque había que recoger los bártulos y volver a casa: algo más de 55Km y de 1300mDa+ en unas 4h y media en movimiento. De nuevo, nadie se hizo daño y lo pasamos bien, que es lo importante. Así que, ¡a repetir!

Todas las imágenes son de los fotógrafos oficiales de la grupeta, especialmente AV.

II Carreira Carmiña

Segunda edición de esta carrera, y pese a celebrase al ladito de casa (casi en mi pueblo), la verdad es que no había oído hablar de ella. Se ve que ya no estoy en la onda. Pero un par de amiguetes me comentaron de ir con ellos y, aunque rehuyo bastante del asfalto, por compartir juntos ese rato, me anoté.

La prueba comienza en la playa de Lapamán, en Bueu. Comienza en la playa, playa (vamos, en la arena), y termina en el centro de Marín. Va siguiendo la línea de costa en dirección NE, hacia el interior de la ría, visitando varios pueblos y playas: Lapamán (donde podían haber puesto la salida algo más atrás para minimizar el atasco inicial), Loira, Aguete, Mogor y Portocelo (aunque en ésta no tuvimos que bajar a la arena). Además, el último kilómetro se metía por la Escuela Naval Militar, que fue algo simpático porque normalmente no puedes acceder al recinto, y porque así también se evitaba la última cuesta.

En cuanto a lo deportivo, poco que comentar: sólo iba a pasar la mañana con los colegas, JG y JV, y a intentar ir trotando/corriendo todo el rato… porque en la parte media y trasera mucha gente caminaba en los constantes repechos. Intenté ir con ellos hasta el final, pero no fue así: primero porque la gacela JG nos demarró a lo colega traicionero, y yo me quedé para acompañar a JV que iba más justito. Esperando y haciendo bucles para pillarlo, fuimos chino-chano hasta la meta. Y, aun así, sudé lo mío, porque el día estaba soleado y caluroso como pocos aquí en las Rías Baixas, y porque me noté algo cansado. Vamos, que los 11Km y 250mDa+ bajo el sol, en algo más de 1h:10min, fueron suficientes para justificar el churrasco posterior.

Esta carrerilla ha sido una sorpresa. Esperaba una popular asfaltera al uso, y encontré varias cosas interesantes que la hacen diferente: un recorrido que combina asfalto, caminos de tierra y arenales por las playas; un perfil rompe-piernas; un paisaje muy chulo; una organización muy buena y con detalles cuidados; y un ambiente festivo. Si alguien se anima en futuras ediciones, es una candidata a repetir.

El juego del calamar runner

No soy muy de series de televisión. De hecho, aunque sé que existen, no he visto ni un capítulo de las típicas series que todo el mundo comenta: Juego de Tronos, Breaking Bad, Perdidos… Tampoco he visto El juego del calamar, pero sé de qué va. Y sé que la gente de Ingrávidos (un podcast sobre trail running en Radio Marca), el año pasado empezó a organizar una versión para corredores del juego sobre el que gira esa ficción. Un juego sencillo pero simpático y motivador.

Cada semana ponen un reto, en términos de distancia/desnivel/número de sesiones, que anuncian tanto en el programa como en su club en Strava. Los que lo cumplen siguen vivos, mientras que los que no lo hacen quedan eliminados. La pasada temporada no pude participar porque llegué tarde, pero esta me animé, simplemente para ver a qué semana llegaba, y me lo pasé muy bien. El resultado fue éste:

  • Semana 0. La prueba para acceder al juego era casi testimonial: hacer 5K, fuese como fuese. Yo como estaba algo verde, empecé con 9.2Km planitos y muy revirados por la senda del río Gafos, y sólo con eso ya estaba dentro.
  • Semana 1. Había que hacer 12Km con un mínimo de 500mDa+ en una única tirada. Ajusté bastante y con una sesioncilla de 14.3Km y 520Da+ pasé la primera fase.
  • Semana 2. Igual que la anterior, pero subiendo el kilometraje a 18. Estiré algo más la distancia, manteniendo el desnivel, y con una salida de 22.2 y otra vez 520Da+ (en parte acompañado del colega JV), cumplí con lo que se pedía.
  • Semana 3. Se pidió llegar a 25Km y 2000mDa+ en dos sesiones. La cosa empezaba a complicarse, más que por una cuestión de forma física, porque a los que vivimos al nivel del mar y con poca altitud alrededor nos cuesta sacar esos desniveles, salvo que sea haciendo intencionadamente recorridos sube-baja. A mí me supuso hacer dos salidas zigzagueantes, de 25.9Km y 21.5Km, con poco más de 1000mDa+ cada una, que el Strava computó a la baja, aunque aportando las métricas que daba Garmin (las que llevaba in situ), se aceptaron por «los jueces». Vamos, que salvé la vida por poquito.
  • Semana 4. Volvíamos a la mono-salida, pero para hacer 15Km con 800mDa+. Le hice una visita al Monasterio de Armenteira, y volví a casa con los deberes hechos: 22Km y 870mDa+.
  • Semana 5. Subieron tanto la distancia como el desnivel necesarios para sobrevivir: 25 y 1200. De nuevo voy sobrado en distancia, con 28Km, y más justo en desnivel, con casi 1300mDa+, pero con todas las coñas el retito me sirve para ir mejorando un puntito.
  • Semana 6. El formato fue algo novedoso, porque se pidió sumar 50Km en la semana, en las sesiones que fuese, pero cada una de ellas debía tener 300m de desnivel como mínimo. Para mí era semana de carrera, así que el miércoles hice una salidita de 9Km y 360m, por activarme un poco, y el sábado participé en el Ultra trail Cerveira, en el que cayeron 45.6Km y 2600mDa+, como conté aquí. Así que esta semana de desnivel fui sobrado.
  • Semana 7. Mismo sistema de la semana anterior, pero ahora para llegar a 55Km y 350mDa+. Las patas andaban cargadillas, así que mi estrategia fue repartir bastante la carga para asegurarme de seguir vivo un poco más. En esta ocasión, fui justito: tiré de tres sesiones (de 12, de 22.3 y de 21.2Km), con desniveles modestos (400, 550 y 500mDa+, respectivamente).
  • Semana 8. Empezaban las palabras mayores, especialmente para los que sólo corremos algún que otro día y practicamos otros deportes. Mantenerse vivo costaba acumular 100Km, en los entrenos que fuese y sin importar el desnivel. Contaba con poder hacerlos, pero el miércoles, cuando sólo llevaba 21K corridos, empecé a encontrarme mal. El jueves llegué a casi 40º de fiebre y me dolía todo. Aun así, pensé en salir «para sumar», aunque fuese poco, pero los escalofríos y el malestar aumentaron y tuve que pasar unos días prácticamente encamado. Estaba fuera del Juego del Calamar. Dead. Game over.

Pese a no llegar muy lejos, me lo pasé bien con la tontería esta, especialmente porque tampoco me importaba mucho. Que, por cierto, una cosa que me llamó la atención es que había algunas personas en Strava que se medio picaban y protestaban por algunas de las pruebas que ponían (no por las que les iban bien a ellos, obviamente). ¡Chicos y chicas, relajaos! ¡Sólo es un juego, y no morimos de verdad! Algunos/as necesitan ser algo más Gumby, y tomarse las cosas más a cachondeo, creo yo.

Ultra trail Cerveira

Como la rodilla parece que me está dando una tregua, hace un par de meses me planteé probarla en alguna carrereta de trail. Busqué qué había cerca de casa que me pudiese molar, y vi dos cosas interesantes: el Trail Orixes de Mondáriz (en el que había una ultra de unos 60Km) y el Ultra trail Cerveira. Como éste suponía una distancia más asequible, poco más que una maratón, y como a la vecina villa lusa le tengo un cierto cariño… la decisión estaba clara.

El viernes no llegué a tiempo de coger el dorsal porque estuve en casa hasta la noche, así que tocaba madrugar. Aunque más me valdría haber apurado algo más el sueño, porque la secretaría abrió con más de media hora de retraso, que tuve que esperar bajo la lluvia. Afortunadamente, tenía todo preparado y no supuso mucho perjuicio.

Tras los saludos habituales y que nos controlasen el material obligatorio en el cajón de salida (¡olé, así debe ser siempre!), haciendo especial hincapié en el frontal, se dio la salida de las dos distancias grandes. Como es habitual, me pongo al final: prefiero adelantar que ser adelantado. Junto a la iglesia de Vila Nova da Cerveira nos metieron por un paso subterráneo para salvar la carretera y en seguida a subir a chupe por un pequeño sendero hacia el famoso mirador del dintel del monte del Espíritu Santo. La combinación de pendiente, niebla y bochorno hicieron que fuésemos sudando desde el principio.

Un poquito de bajada y de terreno ondulado nos llevó por la zona de las Mineirinhas y cerca del Convento de Santo Payo, y nos dejó al pie de un cortafuegos retador incluido, destino el Alto da Pena. Como no estaba muy fuerte y hacía tiempo que no corría así, iba muy conservador de patas y de pies. Eso me permitió trotar con continuidad al llegar a los eólicos y luego en las siguientes bajadas, empinadas y técnicas. Aunque tenía que andar algo al loro con los resbalones, especialmente en las zonas húmedas o con vegetación, porque calcé unas New Balance Nitrel, demasiado sencillas y pisteras para el terreno que estaba encontrando.

Los siguientes tramos fueron autenticamente preciosos: un sendero revirado por el arroyo San Gonçalo y por las canteras de Camaira, más sendero, un canal de aguas, la antigua central hidráulica de Covas… ¡incluso un tunel excavado en la roca! (de ahí que se asegurasen de lo del frontal). Todo ello representado por unos bonitos dientes de sierra en el perfil. Los kilómetros fueron pasando así entrenidos y sin apuro, y no me noté cansado hasta llegar a Sobreiro.

El siguiente subidote, y la posterior bajada al lado de un riachuelo (tan resbaladiza que hacía falta agarrarse a las cuerdas que puso la organización), me hicieron daño. Salí con las piernas templaditas de carallo. Así que en las pistas y caminos hacia Candemil, Reboreda y Nogueira, en general facilonas, no pude llevar el ritmo que me hubiese gustado.

Al llegar a los mólinos de Gávea con casi 39Km, parecía que todo estaba hecho. Pero no. Primero subimos a chuzo desde la propia área recreativa, después pistas y caminos ondulados de tierra en los que tiendes a acelerarte de más, y, obviamente, faltaba subir al ciervo desde la zona de Lovelhe. La primera parte de esa subida era boscosa, por terreno conocido para mí, y la llevé bien; pero la parte final con la solana en la chepa me obligó a respirar hondo y apoyar las manos en las rodillas, y a lazar algún juramento.

Pero bueno, junto ao rei cervo se acababa lo duro, ¿no? Pues claro que no: siempre hay un regalito final. Aquí fue bajar a saco las escaleras de la Encarnaçao y tener que remontar aún un poquito para pasar por una escondida atalaya. Iba ya en modo «gasta lo que quede», así que las últimas pistas y la entrada urbana en el pueblo los hice con cierta dignidad.

Entré en meta bastante satisfecho, con 45Km y 2800mDa+ en 8h 12min, lento, pero ni tan mal teniendo en cuenta la dureza del recorrido, el estado de forma (la rodilla sólo molestó al final), y que hacía tiempo que no me metía en estas distancias. Y cuando me iba a tirar en la hierba a descansar un rato, escuché por megafonía que me llamaban a podium. Supuse que sería un error y le pregunté al speaker, pero me confirmó que estaba correcto. El caso es que había entrado 2º en M45, porque se ve que tenían varias categorías de vejetes. Casi me dio la risa: mi primer trofeo en trail running, y llega así de esta manera, inesperadamente. Como el amor.