El Sumatorio Runner (o The 496 Challenge): conclusiones

Parte 1, parte 2 y parte 3.

Pasados unos días, y con otras cosas ya en mente, dejo un pequeño balance personal para aclararme yo mismo y también por si alguien se anima a intentarlo y algo de esto le puede servir:

  • Este reto en sí es bastante asequible, y mola. Así que se lo recomiendo a cualquiera que le guste esto del jogging.
  • Tiene una doble cara, ya que por un lado es fácil y por otro difícil:
    • Aspectos fáciles: el ritmo lo marcas tú y no hay tiempos de corte; la progresividad del día a día; la libertad de horarios, recorridos, paradas…
    • Aspectos difíciles: en los retos de andar por casa (sin dorsal, sin gente animando, en tu entorno cotidiano…) es más complicado encontrar motivación y continuidad; el día a día te va cargando, cada vez más, y durante un mes no hay descanso ni supercompensación que valga.
  • En mi opinión el gran condicionante es el tiempo, tanto el cronológico como el atmosférico. Si tienes todo el día para cumplir con la distancia, y gozas de horas de luz y de tiempo animoso, se reducen mucho los problemas; si tienes que compatibilizarlo con trabajo y familia, y te toca oscuridad y frío/lluvia/nieve, pues hace falta algo más de voluntad. En mi caso simplemente de haberlo hecho en julio o agosto en lugar de en diciembre, hubiese cambiado mucho la cosa.
  • Un aspecto vital son los ritmos. No puedes acelerarte, incluso teniendo fuerzas, porque sino cargas y gastas demasiado… pero tampoco puedes ir de paseo, porque sino casi no corres y además se haría eterno (y para las articulaciones es peor). Esto también depende de si lo haces en formato trail o en «formato llano»: el primero supondrá desnivel y terreno roto, y más tiempo de entreno, y el segundo supondrá velocidades crucero y pisadas repetitivas, más rápido pero probablemente más lesivo. Aquí aparecería el eterno debate de cuánto se puede caminar para que siga siendo trailrunning.
  • Durante las 31 sesiones me despedí de: unas Brooks Cascadia 6 (que llevaban 10 años en la estantería), otras Cascadia 8 (que habían hecho íntegro mi segundo UTMB), y unas Cascadia 10 (las míticas entre mis colegas por su upper rajado desde la primera semana de uso); unas Adidas «voladoras» de nombre olvidado (sin mortiguación alguna); unas Salomon XA PRO 3D (duras en todos los sentidos); unas Mizuno Osaka Marathon 2011 (de cuando aún iba a alguna popular de asfalto); varios pares de calcetines Spiuk, Quechua, Kalenji y Kelme; y alguna otra cosilla.
  • Algunos numeritos. Tenían que salir 496, pero con los retales salieron 504Km… 509 añadiendo la bola extra de la San Silvestre (eso en el registro del propio reto, pero en realidad fueron 507.8, o 512.8). El tiempo total fue de 54h y 52min (57h en realidad), sin tocar el crono en las diversas paradas de descanso/comida/logística/disfrute (no sé cómo funciona Strava por defecto en esto). El día de más desnivel fueron 1000mDa+ y el de menos un par de decenas. En los 31 días salieron 33 sesiones, más 2 días de bici, más unas cuantas sesiones de senderismo/paseo. Un mes completito.

El Sumatorio Runner (o The 496 Challenge): la crónica

Parte 1, parte 2 y parte 3.

Ahí va una mini-crónica del día a día durante el mes: simplemente los enlaces a los ejercicios en Strava y algún comentario sobre la jornada, en plan resumido y sencillo para que no salga aquí más tochón todavía. El resumen sería, para quien quiera ahorrarse la lectura, que correr cansa y que en Galicia llueve. Vamos, que el Sumatorio ha sido poca épica y mucha cabezonería.

Día 1: 1.1Km, total 1Km (1.1)

El primer día fue muy raro. Salir de casa, ya de noche, solamente para hacer 1 kilometrillo (bueno, en realidad hice alguno más), fue extraño, y más para un ultrero. Pero, obviamente, también fue muy fácil: una vuelta al parque del pueblo y listo. En mi agenda personal no sabía si contarlo como día de entreno o como day-off.

Día 2: 2.1Km, total 3Km (3.2)

Día muy similar al día anterior, con cosas del curre y de casa en la cabeza, me quedó el ejercicio para última hora… con un frío que pelaba. Pero como en poco más de 10 minutos se hacían los deberes, y sin apenas alejarse de casa, me puse una camiseta térmica de cuello vuelto y una rebequita técnica, y sin problema. ¡Qué llevadero es este reto, no?

Día 3: 3.2Km, total 6Km (6.4)

Solo tocaban 3… y casi no cumplo. Por la mañana estuve liado con unos recados y un poquito de pedaleo en la MTB. Y por la tarde había evento en mi casa, y entre los preparativos, las visitas, y demás familia (nunca mejor dicho), se acababa el día y aún no me había calzado las zapatillas. Al final salí a hacer mi carrerilla cuando se fueron los úlitmos invitados, a eso de las 23, de nuevo con frío, y con las miradas extrañadas de los primeros lugareños que se apoyaban en las puertas de los bares y pubs. Ellos con sus cubatas, yo con mi frontal. Cada uno a lo suyo. De nuevo carrera fácil y plana, sin salir del pueblo.

Día 4: 4.4Km, total 10Km (10.8)

Primera salida en plan trail. Me acerqué en coche al monte, para no quemar los 4 que tocaban en el propio traslado, e hice un trote en el que llegaron los primeros pasos caminando del reto porque un par de cuestas pusieron en evidencia mi falta de forma. Ensimismado en mis cosas no calculé bien el regreso y me estaba alejando del coche. Paré el móvil cuando me di cuenta de que ya había cumplido la distancia (aunque en Strava no figuren, pues allí solo registré el reto, algunos días tocó hacer algo más para llegar al destino). Por cierto, ¡qué gusto volver a la naturaleza y a la luz solar!

Día 5: 5.1Km, total 15 (15.9)

Antes de desayunar salí a dejar los deberes hechos, trotando un tramio del Camino Portugués básicamente. Pese a estar cansado, varias veces tuve que frenarme un poco, porque las piernas pedían algo más de ritmo (algo inusual en ellas). Pero creo que este reto es como las pruebas de ultradistancia: no solo habrá que saber aguantar cuando no haya fuerzas, sino saber sujetarse a uno mismo cuando haya ganas de acelerar. Hay que guardar fuerzas y conservar la mecánica. El ritmo da igual en esta pista mientras se esté bailando.

Día 6: 6.1Km, total 21 (22)

Primeras molestias del reto. No estaba haciendo un recorrido duro, los caminillos habituales al lado de casa, ni iba nada fuerte, pero sentí unos pinchazos en el muslo izquierdo que me mosquearon un poco. Y hasta iba un poco atragantado de pecho. De nuevo me ayudó el hecho de que el entreno duraba poco, porque la verdad es que lo que me apetecía era llegar a casa y comer, nada más.

Día 7: 7.2Km, total 28 (29.2)

Notaba las patas muy cargadas. Por eso me metí en easy-trails (Pantomima Full estaría orgullosa de mis coletillas en inglés), como el senderito del río y mis caminitos habituales. Intenté tensar un pelín y ponerme en modo crucero, pero no acababa de responder y los números no eran buenos, pero tampoco malos de todo. No pasó nada, llegué a casa contento, que es lo importante para un popular como yo. Y, con todas las coñas, llevó una semana de challenge.

Día 8: 8.3Km, total 36 (37.5)

Segunda vez que doblaba entreno durante el reto, y esta vez una sesión a continuación de la otra. Aromon organizaba un entreno de orientación en el Acibal y aproveché para hacer allí los 8K que tocaban hoy. Tras 1:30h de MTBO algo durillas por lo mojado que estaba el monte, me hice en caco un mapita de orientación a pie bastante chulo, sin mucha columpiada pero con algunos fallos y elecciones de ruta estilo Cru. En la parte final me encontré con unas vacas que buscaban claramente confrontación bélica, así que me fui por donde venía y tuve que dar un rodeo para llegar a la baliza. Gracias a ellas, y a un pequeño descalentamiento, cumplí con la distancia.

Día 9: 9.1Km, total 45 (46.6)

En cuanto me levanté salí en ayunas a cumplir, animado y centrado. El recorrido todo un clásico ya: el RR vuelta al Umia, cogiendo un cachito de la Vía verde do Salnés. Me puse un ritmillo llevadero, carrera continua suave, un poco por voluntad propia y un poco porque iba notando la carga en las piernas. Aunque me cogió un poquillo el frío (también en el estómago, como pude comprobar luego en casa), luego rendí mejor en el trabajo. Había olvidado lo bien que sienta entrenar antes de currar.

Día 10: 10.1Km, total 55 (56.7)

Al ser fin de semana y estar en casa pude buscar hueco para salir de día. Estaba algo falto de imaginación, y no sabía hacia donde ir (antes de empezar el reto había pensado en diseñar los recorridos en el ordenador de antemano, pero no lo hice y tocó improvisar). Repitiendo un poco, tiré hacia el monte más cercano para conectar con el río y la vía verde y hacer un 10K de trote con algún mini-caco. Vamos, nada especial, pero al menos empezaba a sumar con dos dígitos.

Día 11: 11.2Km, total 66 (67.9)

Anduve algo despendolado y, raro en mí, me levanté algo tarde. Para purgar mis pecados salí intentando rodar, pero la penitencia me llegó en la parte central del entreno en forma de dolor en la pierna izquierda (estaba claro que era un castigo divino, porque mi pierna lesionada es la derecha), y de dolor de garganta y cabeza, por lo que ese intento de correr a ritmo se conviertió en un «para y camina, o te haces daño». Cuando llegué a casa en mi mente se apareció un meme de Julio Iglesias que rezaba: estás enfermando, y lo sabes.

Día 12: 12.2Km, total 78 (80.1)

Febrícula y dolores varios y afuera llovía bastante. ¿Qué hacer? Lo más sensato era tirar del comodín 3, porque los desperfectos que podría producirme una mojadura no los arreglaría ni una hormigonera de Paracetamol. Así, aproveché que tenía día libre en el trabajo para ir al gimnasio ya por la mañana, cuando apenas hay gente, y agenciarme una cinta de correr durante más de 1h. Al principio muy lento, porque no era capaz con los mocos y la sensación de malestar, y un poquillo más vivo cuando calenté, cumplí con la docena de kilómetros que tocaban y volví a casa a tumbarme y darle duro al medicamento.

Día 13: 13.2Km, total 91 (93.3)

Chungo no, arrastrado. Me dolía todo, no solo del aparato locomotor, sino del cuerpo en general. Iba tan mal que incluso en terreno fácil no era capaz de mantener un mínimo trote y tenía que meter trozos caminando. Además los chaparrones me estabán matando. Incluso me vine un poco abajo de cabeza y pensé en cortar aquí el reto. Total, solo quería ver hasta que día llegaba y forzarme a volver a correr con algo de continuidad, y podía volver a intentarlo cualquier otro mes (de 31 días, claro). La verdad es que durante esta sesión solo quería acabar de una vez, llegar a casa, tomar una taza de leche caliente con Nesquik (y galletas), y luego ya pensaría.

Día 14: 14.1Km, total 105 (107.4)

Muchas dudas hoy. Salí porque ya estaba con el hábito, y por terquedad. Pero tal vez debería quedarme en casa, que el monte seguiría ahí otro día… y esperaba que los dolores no tanto. Pasé el entreno bastante preocupado, yendo por inercia por caminos conocidos, con un trote lentorro y cansino y metiendo cacos en cualquier cuestecilla porque no había chispa. En los últimos kilómetros pensaba que, como parece que le pasó a Sean, si quería continuar había llegado el momento de aumentar la ingesta y los estiramientos.

Día 15: 15.1Km, total 120 (122.5)

No había mucho tiempo, pero pude conciliar gracias a RL. Mientras ella estaba en la clase de la escuela de orientación, me di un rule por la zona del mítico lago de Castiñeiras y Cotorredondo. Pillé algo de llovizna y de una niebla fría que traspasaba la chaquetilla y humedecía los pulmosnes, y escapé lo que pude del desnivel positivo (incluso le metí algo más de negativo, al estilo de los paseos de Berto Romero). Y aunque esperaba encontrame como el culo, me vi algo mejor de lo que esperaba: todavía con el ¿catarro? y dolores, pero pudiendo moverme con cierta agilidad. Sin fuerza, pero el motor todavía estaba encendido.

Día 16: 16.1Km, total 136 (136.8)

Estirar, comer, meterle batidos de recovery y visitar la farmacia, se notó. Fui recuperando sensaciones respecto a días previos, y aunque no me notaba fit (ni sano), tampoco fat. Volví al Camino de Santiago, a la carrera continua llevadera por zona fácil, sin aspavientos. Lo malo es que sí que sentía que estaba robando tiempo a cosas más importantes que esto, que no pasa de poner un pide delante del otro por afición, lo que me jodía y me impedía disfrutar del todo.

Día 17: 17.1Km, total 153 (155.7)

Intencionalmente, como si estuviese en un ultratrail, combiné el correr con el caminar a ritmos vivos, y el puro monte con las pistas fáciles. Con estas distancias ya empezaba a alejarme algo de casa, por lo que salí por vez primera este mes con mochila. El monte estaba entretenido, embarrado y con el suelo lleno de ramas, pero no llovía, así que no tuve que sacar el chubasquero, y la sesión se pasó rápido. Después de unos días durillos, parecía que volvíamos a disfrutar.

Día 18: 19.3Km, total 171 (175)

Más que competir, lo que hago a veces es ir a carreras. Este domingo en concreto fui al Trail-O de Orro organizado por la gente de Gallaecia Raid, en compañía de JV y de AR. El día estaba despejado pero frío por un viento jodón. El trazado fue el habitual en esta prueba: unas partes más técnicas en la parte sur del mapa y otras más rodadoras y pisteras en la parte norte. Yo tuve algún fallo de lectura de plano, y aunque fui conservador llegué al final con pocas fuerzas (se iba notando la carga de trabajo día tras día). Salió más de lo que tocaba, pero es que ni miré el reloj durante la carrera… y aunque lo mirase, tampoco iba a parar antes de llegar a meta, que tan tonto no soy (creo).

Día 19: 19.3Km, total 190 (194.3)

Esta sesión la recordaré toda mi vida. Todo el día estuvo lloviendo, lloviendo bastante, y yo pensando en si salir o no. Me daba pereza y también miedo de recaer enfermo y ponerme peor. Pero estaba motivado. Tanto que, pese a que cada vez caía más agua y en la televisión hablaban de alertas varias, me puse un viejo traje de aguas Karhu y después de cenar salí de casa con la intención de hacer los 19Km que tocaban en una especie de in-every-street de esos que hace ahora la gente (correr por todas las calles de tu ciudad), y así aprovechar los balcones y edificios para evitar en parte la lluvia. La teoría no era mala, pero no funcionó porque a los pocos minutos de estar trotando por las aceras aquello se convirtió en un diluvio ventoso. Todo eran grandes charcos, agua saliendo de los balcones y de los canalones desbordados, lluvia lateral donde no había protección… Estaba empapado de arriba a abajo, los kilómetros se sumaban muy lentamente dando vueltas a varias manzanas, y las pocas personas con las que me crucé me miraban, algunas como si estuviese loco, otras como si fuese tonto. Tal vez tenían razón ambas. Luego en casa, con el objetivo cumplido y la ducha caliente tuve la sensación de ser un dios. Pero volví a ser mortal cuando cogí la fregona para limpiar los charcos que dejé al entrar y al desnudarme. Y poco después ya era un vil pecador cuando pillé por banda el cartón de la leche, el Nesquik y la bolsa de las galletas.

Día 20: 20.1Km, total 210 (214.4)

Sería por la dopamina y la adrenalina generadas el día anterior, pero el cuerpo quería movimiento. No había piernas o, mejor dicho, había, pero perjudicadas muscular y articularmente. Pero aun así logré sacar los 20K a sub 6′ y con sensaciones no del todo malas (¿sería que con el paso de los días, además del cansancio, también llegaba la forma?), solo empañadas por unos leves dolores de espalda. PD: o me pongo a trabajar el core, o algún día tendré un disgusto (y además si no lo hago nunca lograré parecerme a CR7).

Día 21: 22.3Km, total 231 (236.7)

Esta guay salir a hacer una media maratón entre semana, después de cenar, tener que regresar por no ser previsor (por ejemplo por salir sin chubasquero y ponerse a llover), y con todo pasarse de distancia. Y es que por el día no pude, pero a última hora del día saqué fuerza de voluntad y me escapé sin mirar la previsión meteorológica. Me pilló la lluvia a unos kilómetros de casa y volví para el pueblo para intentar acabar la distancia dando vueltas por el parque y por las aceras. La Guardia Civil me vio varias veces en distintos lugares y estuvo a punto de pararme; seguro que me multaban por matado. Fue un día difícil de describir porque no iba bien ni de cabeza ni de cuerpo, de nuevo teniendo que recurrir a un caco involuntario, y aún así cumplí con lo que tocaba sin saber bien cómo.

Día 22: 22.1Km, total 253 (258.8)

Todo el que hace deporte habrá sufrido alguna vez de estar entrenando e, involuntariamente, no parar de tararear una canción pegadiza. Pues esa es la historia de esta tirada: viví 22Km de carrera continua, trotona, por el Camino de Santiago hacia el sur, bajo una lluvia fina y absorto en el haz de luz del frontal… con el soniquete del burrito sabanero que va camino de Belén incrustado en el cerebro (soy tan amable que dejo un enlace por si alguien no sabe de qué hablo). Eso sí, a lo tonto iban pasando los días, llevaba más de 250Km, y ya había llegado más lejos de lo que esperaba con el retito este.

Día 23: 23.1Km, total 276 (281.9)

Querer, quería hacer algo similar a lo de ayer: un rodaje de ida y vuelta por el Camino de Santiago, pero hacia el norte. Sin embargo, no me salió como quería. La lluvia era más fuerte y el cuerpo no iba, y más que rodar seguido tuve que «caquear» un poco. Fu un día de aguantar de coco y usar estrategias mentales para intentar completar el objetivo: llegar a casa con ganas de más, y mañana será otro día.

Día 24: 24.5Km, total 300 (306.4)

Hoy me retiré, y al mismo tiempo no, como si fuese el corredor de Schrodinger. Como era Nochebuena y en casa habría faena y ganas de estar en familia, salí temprano para luego tener el día disponible. Pero tras los primeros kilómetros de tregua empezó a llover fuerte, muy fuerte, y yo estaba bajo las nubes con un chubasquero de bici sin capucha, y tiritando. Me desvié hacia el monte para ver si en las zonas más boscosas se disimulaba algo el aguacero, pero fue peor todavía porque bajaban auténticas riadas por todos los caminos. Tiré de fuerza de voluntad, pero sentía que me estaba volviendo a poner malo, y que esta vez el resfriado iba a ser gordo. Y además iba muy lento y con las piernas fatal. Así que me dije a mí mismo, «hasta aquí», y me volví a casa. Llegué con 17.4Km, y ya me costó que fuese así. Ya daba el reto por abandonado cuando, mientras hacía los últimos recados navideños caí en que podía usar el comodín de fragmentar la sesión y completar por la tarde los casi 7Km que me faltaban, pero dudaba de si tendría tiempo. Gracias a que RL estuvo trabajando duro en casa y a que me animó, luego pude, efectivamente, robar un ratito para vestirme el traje de aguas y retomar el asunto. Curiosamente, a la tarde no me cayó ni una gota.

Día 25: 25.1Km, total 325 (331.1)

Un poco culpable por no ayudar más en casa en este día de Navidad, me puse con el entreno a media mañana. Metí bastante asfalto, incluso por la carretera nacional, procurando que fuera una sesión tirando a fácil y rápida en la que poder mantener un ritmillo lento pero constante, pero reconozco que en un par de tramos las piernas me pusieron en mi sitio diciéndome como al Lute: camina o revienta. Incluso así llegué a casa contento por haber safado la lluvia y haber salvado otro día. Aunque quedaban los días más duros, pero llegados aquí el final ya se veía cerca.

Día 26: 26.2Km, total 351 (357.7)

La vía verde do Salnés en lugar del Camino de Santiago, y entretenido con un podcast de Kapital en lugar de con mis pensamientos. Salvo eso, día muy similar al anterior, de querer rodar, pero con un cuerpo que pedía ritmos lentos, pausas y, sobre todo, descanso. En casa le metí ración doble del recuperador de 226ers (el de fresa, que está rico de carallo), y estiré un buen rato. La acumulación de jornadas largas ya iba pesando en las patas.

Día 27: 27.7Km, total 378 (385.4)

Tiempo hacía que tenía ganas de darle una vuelta al embalse de Caldas. Aproveché la tirada larga de hoy para revisitar un par de zonas que tenía algo olvidadas y para trotar junto al agua. Algunos de los caminos estaban algo cerrados y fui buscando alternativas. Además, el sol, ese viejo conocido de los gallegos, llegó a asomarse por momentos. Así que fui bastante contento y entretenido. Ahora bien, menos mal que la cabeza estaba ocupada porque físicamente daba peniña: sin fuerzas, con dolores en las rodillas y las caderas, y con el pie derecho sufriendo porque a media sesión se me rompió la suela de la zapatilla e iba con una pisada forzada (¡la mierda de la frikada de despedirme de cosas viejas!). Otro día de los que llegar a casa habiendo completado lo requerido ya fue un triunfo.

Día 28: 28.2Km, total 406 (413.6)

Soy algo tonto, eso está claro. Si ayer fue la zapatilla, hoy salí con unos calcetines de la época de Matusalén, que se agujerearon en la primera media hora, y me salió una rozadura importante en el talón. Eso, sumado a que estaba fundido y reventado por todas las esquinas, resultó en una salida lenta, renqueante y pesada. Me consolaba pensando en que todo el rosario de molestias era normal ya que llevaba más de 400K en el mes… tras llevar meses casi sin entrenar a pie. Pero de poca analgesia psicosomática me sirvió y en los últimos kilómetros solo pensaba en comer y descansar.

Día 29: 29.2Km, total 435 (442.8)

Se confirmaba que hasta el rabo todo es toro. Y que si cargas, cargas, cargas, y no descansas, en algún momento revientas. De hecho la jornada se me hizo larga y penosa: dolores múltiples, más momentos de caminata de lo que quisiera, y salvando el día por simple fortaleza mental (sería porque esa faceta sí que la entreno mucho en el día a día, incluso en el trabajo). Al llegar a casa tuve que darme unas friegas en Flogoprofen o no era capaz ni de subir las escaleras para ir al dormitorio.

Día 30: 30.1Km, total 465 (472.9)

Parecería mentira siendo el penúltimo día del challengue, pero juro que cuando empecé el día no veía nada claro el futuro inmediato del reto. Una sesión dura, bastante dura. Y en los primeros minutos me encontré el camino cortado por una cinta que salté… y un poco más adelante me salió la Guardia Civil preguntando si había pasado por allí, cosa que, por supuesto, negué. Luego la borrasca se intensificó, y también los dolores articulares, tanto que incluso notando la musculatura más o menos entera me impedían trotar… ¡y casi moverme! Tenía un bulto en la cadera derecha que me hacía temer por una hernia, con un dolor que irradiaba al muslo y al glúteo, y llegó un momento en que la pierna se me quedaba rígida. Si me ponía el Buff a modo de parche en el ojo parecería un pirata con pata de palo. Paré a descansar un par de veces, tomé todo lo que llevaba en la mochila y, mal que bien, conseguí volver a casa. Aunque sonaba a lesión, estuve el resto del día intentando reparar los daños… y caminando como Robocop.

Día 31: 31.2Km, total 496 (504.1)

En navidades siempre ponen en la cumbre del Xiabre un belén entre las rocas. Desde el primer día de este reto tuve claro que, si llegaba al final, la última sesión sería ir a visitarlo. Así que este último día del año salí de casa antes del amanecer, animado pero bastante desconfiado con el recuerdo del día anterior, pensando en cuando llegaría la crisis. Así que chino-chano, controlando el esfuerzo, fui avanzando, metiendo kilómetros y desnivel pero con ojo. En la parte alta se notaba la fuerza del vendaval que entraba por la ría de Arousa. En algunos momentos el viento era tan fuerte que no dejaba avanzar e incluso amenazaba con tirarme. Al llegar a las antenas disfruté un rato de las figuritas navideñas y de las vistas, pero no mucho tiempo por miedo a que me cogiera el frío. En la bajada no me encontré tan mal como esperaba: la cadera se mantuvo a raya, y la ilusión de estar acabando el reto también me dio energía. Llegar al último día del reto con una salida de unos 1000m de desnivel positivo, y en la que reencontré sensaciones de mi época más trailrunner, era algo que no imaginaba el mes pasado ni de coña. ¡Trabajo hecho!

Día 31-bonus track: 4.9Km, total casi 501 (509)

Tradición, acto social y lúdico, ritual deportivo… La San Silvestre de Pontevedra es una de esas citas ineludibles, y más este año que era la primera en familia. Total… con los números que me estaban saliendo esa semana ya daba igual unos kilómetros más o menos. Daban lluvia justo para la hora de salida, y acertaron: estaba empezando a salir la cabeza de carrera (los que corren de verdad), cuando empezó a caer ¡y de qué manera! Arreció durante todo el recorrido por la ciudad y RL y yo nos pusimos echos una sopa, no así el peque que, con la funda plástica de su silla decorada con leds navideños y el saquito interior, llegó sequito y calentito. Lo pasamos bien por participar un año más en la fiesta, pero lo malo fue no poder hacer la típica quedada posterior, ya que todos nos fuimos rápido a casa para ducharnos y cambiarnos y no pillar una pulmonía. Con la coña sumé casi 5K más… y una nueva mojadura, y acabé mi Sumatorio en ambiente familiar y festivo :-).

The 496 Challenge: la idea del Sumatorio Runner

Parte 1, parte 2 y parte 3.

Las noches que estoy ocioso en casa (cada vez menos), suelo bucear por los perfiles y webs de deportistas/aventureros como Alastair Humphreys, Leon McCarron, Mark Beaumont, otros «más alternativos» como Beau Miles, y muchos otros (también españoles, como Antonio de la Rosa o Albert Bosch). Me mola porque tienen un puntillo que me gusta, y creo que bastante cercano a mi espíritu y mi forma de entender las actividad física, y porque suelen hacer cosillas divertidas y originales (que no fáciles), de las que sacar ideas.

Pues desde el año pasado vengo pensando en intentar un reto que le vi a Sean Conway: el 496 challengue. El asunto, como bien resume él en su web, consiste en correr 1Km el día 1 del mes, 2Km el día 2, y así, hasta el día 31 en el que acabe dicho mes (porque hacerlo en un mes de 30 días o en febrero es de cobardes… y además no te daría la cuenta para que salgan los 496). Aquí está un resumen de cuando lo hizo él:

La idea me atrajo al momento, pero como estas últimas temporadas no estoy corriendo mucho (ni estoy demasiado en forma en general), y me asustaba un poco el tema de mi medio lesionada rodilla, no me lo planteé. Pero últimamente han coincidido algunas cosas que me devolvieron el reto a la cabeza… y como además quiero aclarar de una vez si puedo recuperar la seguridad al correr (y volver a disfrutarlo), o si definitivamente tengo que pensar en el quirófano (o en mandarlo a la mierda y vender en Wallapop todo el material de running), creo que llegó el momento de probar. Eso sí, yo lo haré respetando los aspectos básicos, pero a mi manera. Por eso, aunque no tengo la pizarra de Sean, sí tengo mis libretas en las que fui perfilando estas semanas mis principios y normas:

  • Lo del #496Challenge está muy bien, pero suena a reto de TikTok, y además creo que lo jodido no es hacer 496Km (que se podrían hacer en un mes de otras formas diferentes), sino el empezar desde poquito e ir añadiendo cada día 1Km más. Por eso de puertas a dentro prefiero referirme a él como el reto del Sumatorio Runner.
  • La ¿primera? tentativa será en diciembre. Aunque la idea original es hacerlo en enero, eso me recuerda un poco a los propósitos de año nuevo, cosa que no me gusta.
  • Procuraré no robar tiempo a la familia, ya que el poco tiempo que el trabajo y el día a día dejan para estar con ellos no se puede sacrificar por estas cosas. Esto supone procurar no salir de tarde entre semana, y tirar de madrugadas y noches, y aumenta la dificultad.
  • Lo importante es hacer la distancia del día en el día: da igual el ritmo, el recorrido, la forma… Así que si tengo que meter tramos del típico ca-co corremontañero, paradas de avituallamiento o similares, puedo hacerlo sin problema (también el ideólogo lo hizo como se ve en el vídeo).
  • En Galicia y en diciembre (aunque en enero hubiese sido similar), y procurando no usar tiempo familiar, es muy probable que las condiciones sean chungas: la lluvia y la oscuridad están garantizadas. Como esto lo hace más difícil, y prefiero adaptar a incumplir, me auto-concedo la posibilidad de usar varios comodines como si fuese un concurso de la televisión:
    • Comodín 1: fragmentación. Hacer la distancia en varias sesiones, en el mismo día, claro (p.ej., si tocan 19Km, hacer 10 a la mañana y 9 a la tarde).
    • Comodín 2: base de vida. Usar la casa o furgoneta como punto de asistencia (p.ej., hacer bucles que cada cierta distancia permitan cambiarse de ropa o beber y comer).
    • Comodín 3: indoor. Correr lo que toque en la cinta (p.ej., si diluvia cumplir con la distancia del día en el gimnasio).
    • Comodín extra: combinación: Mezclar varios de los comodines anteriores.
  • Para poder demostrar hasta donde llego, y también, lo reconozco, para buscar un poco de commitment, registraré los ejercicios en mi Strava.
  • No voy a disfrazarme ni a correr para atrás, pero sí me gusta eso de darle un aire frikie, así que, más en mi estilo, mi propuesta es salir cada día con una prenda vieja que esté para tirar (cosa que me cuesta un montón), y así usar ese entreno para despedirme de ella y agradecerle los servicios prestados.

Leftovers en el Raid Gallaecia

Me flipan los raids. Tanto, que creo que deberían ser «mi deporte principal», porque aúnan todo lo que me gusta. Desafortunadamente, nunca conseguí tener un equipo estable, que es algo fundamental. Sí lo tuve durante breves períodos… pero siempre acaban llegando factores que que rompen la necesaria estabilidad; a veces cosas importantes de la vida personal de cada cual, otras más bien tonterías (individualismos e intereses personales, guerras de rendimiento…). Triste, porque normalmente se corre con colegas, pero es así. Por eso muchas veces pienso en hacerme mercenario y correr hoy con éste y mañana con aquél, en plan al mejor postor. O también crear un equipo propio con estos corredores que siempre quedamos como «las sobras».

Y algo así acabamos de hacer con motivo de la última edición del Raid Gallaecia Expedition Race que se hizo en Betanzos, que además de ser una carrera de la LERA era también el ARWS Europe Championship. Nos juntamos PF, JL y el menda y, sin haber entrenado juntos ni un solo minuto, organizamos un poco la logística, y nos plantamos en la línea de salida.

S1: Kayak y rapel

La primera sección del raid era la única que no hacíamos en 3+0: dos se iban a remar y otro a rapelar. Como PF, el más novato, no se lleva bien con las cuerdas (la verdad es que tampoco con el kayak), tiré yo para el rapel. Vi por donde íbamos a bajar, una torre-campanario histórica, y vi el percal de cómo se estabán preparando algunos, que no sabían ni poner el cordino, y tuve claro que, por un motivo o por otro, al día siguiente estaríamos en la prensa, como así fue. Yo a lo mío, piqué la baliza, rapelé tranquilo, y me piré a esperar el bus que nos llevaba hasta la T1.

Mientras tanto, JL y PF paleaban como podían en el kayak, porque mientras el primero va sobrado en el agua, al segundo le cuesta el asunto. Salieron hacia la ría, y pillaron las primeras balizas, en Miño y en Sada, pero como tenían problemillas de navegación ni se plantearon ir hasta el islote donde estaba el PC que más valía, y donde al parecer rompía de narices. La verdad es que había una tirada, y tal y como iban no fue mala decisión.

S2: Trekking

Nos agrupamos bajo el puente del Pedrido y salimos al primer trekking. Estábamos frescos, pero aun así fuimos conservadores, al trote y la caminata, sin forzar ritmo, que quedaba mucho. Los primeros controles sin problema, muy bonitos, siguiendo caminitos de pescadores. Para pillar la 41 me confundí y me tiré por una vaguada que no era. Bajamos de nuevo al río y rebuscando bien encontré ya el camino. No fue grave, aunque palmamos algo de tiempo. Eso me descentró un poco y las elecciones de ruta que hice después no fueron de lo mejor, aunque por lo menos íbamos a tiro fijo, y no tuvimos problemas ni en el monte, ni en las últimas balizas que ya eran más urbanas.

S3: MTB

Con un sol de justicia salimos de Betanzos con la bici, pegados al Mandeo, río arriba. Los primeros kilómetros fueron muy llevaderos, pero yo ya notaba que no iba bien. Vale que iba en mala forma, y que el calor no me va bien, pero me extrañaban las pésimas sensaciones. En vista del ritmo, y probablemente de mi cara, hablamos y decidimos saltarnos la 52, que quedaba «a desmano», e ir directamente a la 53. La clasificación nos daba igual, y total ya nos habíamos saltado una en el agua, así que venga, a atajar. Conste que la jugada supuso que, justo en ese momento de calambres, me tuviese que meter el desnivel fuerte (sí, confieso, desmontando algún trocito).

El resto de la sección fue algo mejor, compartiendo la orientación entre JL y yo, rodando con una media de velocidad baja, pero hilvanando controles sin problema. Incluso nos permitimos un pequeño atroche entre la 55 y la 56. Moló usar la tija-pija y trialear un momentillo, y personalmente me sirvió para recuperar un poco la confianza y la sensación de diversión.

Llegamos a la T4 en Oza-Cesuras cerca del anochecer, así que antes de arrancar a la siguiente sección cogimos los frontales y algo de abrigo, y obviamente, aprovechamos para descansar un momento y recargar comida.

S4: Trekking

Los primeros PC de la sección aún tuvimos luz natural. Lo que no teníamos eran polainas, y nos habrían venido bien, porque pillamos algún caminillo bastante cerrado de silvas y tojo.

Para llegar al control con el código 60 había que cruzar el río un poco a ojo, cosa que nos daba miedo. De hecho, cuando pintamos el mapa no tuvimos claro por dónde enfocarlo. Luego en el terreno, ya sin luz, no lo hicimos perfecto, pero la jugada nos salió bastante bien. Lo malo es que no íbamos sobrados de tiempo, así que de nuevo decidimos saltarnos un par de balizas y ponernos así «en tiempo», sin que peligrase el fuera de control. La forma física y la coordinación eran las que eran, y no pasa nada: habíamos ido a divertirnos, acabar y aprender.

Precisamente por eso, decidimos entonces que PF practicase un poco como orientador principal, ya que es importante ir cogiendo experiencia en llevar mapa. JL y yo íbamos repasando un poco sus decisiones, pero se ve que no del todo concentrados, porque bajando a la 65 a él le empezaron a entrar dudas, y los otros dos no supimos aclararlo: que si la baliza ya la teníamos que haber pasado, que si estábamos en la pista superior, que si discrepamos, etc. El caso era que no teníamos claro dónde estábamos, no se veía a ningún equipo, era noche cerrada y hacía frío: la situación ideal para que llegase la columpiada. Intentamos corregir bajando por un riachuelo muy cerrado, para ir a la supuesta pista buena, y cuando llegamos al río nos dimos cuenta de que antes íbamos bien. De hecho, habíamos estado pegaditos a la baliza sin llegar a verla. Ya la habíamos cagado.

Remontar por donde habíamos bajado era una matada, y además ahí tiré un poco de galones y veteranía y decidí que para centrarnos y calmarnos iríamos por lo fácil, aunque fuese algo más largo. Así, pudimos coger la maldita 65 y luego continuar la sección sin problema, aunque con una sensación agridulce: chunga por el fallo, positiva porque al ir ya en short-course no peligraban los cierres.

S5: MTB

El momento más flojillo de cabeza fue el inicio de esta sección. Salimos con frío y ya notando cansancio físico y mental, con ganas de que se acabase la noche. Parecía un recorrido sin mucha chicha, simplemente para volver a la transición principal en el centro de Betanzos. Sin embargo, también tuvo lo suyo: algunas balizas muy chulas, un control que nos saltamos «sin querer» (nos dimos cuenta en la 73 que nos quedaba la 72 atrás… y ya no retrocedimos), unos tramitos empinados en los que PF me tuvo que empujar un poco, otros más planos para rodar a buen ritmo…

S6: MTB

Al poco de salir del pueblo, tremendos rampones para arriba. PF iba sobrado en la bici, JL iba aguantando, y yo iba con todo metido economizando fuerzas. Tuvimos un par de problemas de iluminación que nos obligaron a parar varias veces a hacer ñapas e intercambios de linternas, pero en general la sección transcurrió sin problemas.

En el tramo final tuvimos muchas dudas de si ir a por la 84 o si pasar de ella, porque había que subir bastante, y la verdad es que, aunque a pie iba bastante bien, en bici mi ritmo estaba lastrando bastante al equipo. Al final, como después de los errores y tiempos que llevábamos ya daba un poco igual, hicimos, consciente y voluntariamente, una cosa rara: ir a por ella dando un gran rodeo pero más sencillo. Cuando nos vieron pasar con la MTB al lado de la transición debieron flipar, pero por algo éramos un equipo «de sobras», ¿no?

S7: Trekking

Nos calzamos las zapatillas de nuevo para darle a una orientación específica y en formato score. Faltaba poco para amanecer, y eso me animó bastante. Aunque entoces le llegó una pequeña crisis a JL, que fue en plan autómata durante un rato.

En esta zona del encoro de Beche (donde hace un par de años corrimos un trail en plan familiar), el mapa tenía algunas zonas con bastante verde: en un par quedamos algo enganchados y tuvimos que recular, en otro par tuvimos que ir de machos y rascarnos un poquillo las patas. El momento simpático llegó cuando un equipo de dos chicas de categoría aventura se pegó a nosotros y PF se puso a hablar con ellas, al tiempo que, sin que nadie se diese cuenta, JL y yo nos ralentizamos intencionadamente para dejarlos solos, a ver si congeniaban (se ve que no dio tiempo a que surgiese nada).

S8: MTB

Entre el chiste, que el sol volvía a calentar, y que ya parecía que entraríamos en tiempos, ganamos algo de energía para arrancar de la última transición con la bici, en plan «a gastar lo que queda».

Aunque los primeros minutos me costó coger pedaleo, luego fue una sección bastante disfrutona. Entre los CP 94 y 95 había una tirada muy chula, con sus subidillas, su bajada guapa de monte (con un vehículo atrapado en una curva con surcos que casi nos comemos), su zona de rodar… A medio camino tuve un error de orientación en un cruce de carreteras. Era un sitio fácil, pero me confié por querer ir rápido, y la verdad es que me equivocaba claramente. Por suerte, JL iba de orientador de apoyo y lo pilló al vuelo, porque si es por mí nos habríamos pirado un rato a dar un paseo en dirección contraria.

Fuimos hacia el NE, por pistas de asfalto y caminos buenos, pasamos al lado de la ciudad deportiva de Abegondo, y pillamos senderillos chulos en plan single-track, incluso con algún trocito en el que podías hacer algo de conducción. Parecía que ya estaba todo hecho pero, en una zona ya asfaltera, en las últimas aldeas antes de volver a Betanzos, PF pinchó una de las ruedas de su Berria. Obviamente, teníamos recambios, pero pensamos que no valía le pena pararse a reparar. Así que con algo de estrés, dándole aire un par de veces, y yendo con cuidadito de no destalonar, lo gestionamos para llegar así hasta meta (bendito tubeless, que casi siempre guarda un poquito de presión).

Resumen

Salieron 26h y 17 minutos de prueba, unos 160-y-algo kilómetros y ni idea del desnivel, 8º equipo en LERA Elite, y no nos hicimos daño ni discutimos (al menos, no mucho). La carrera no fue bien, pero gestionamos los problemas y los errores, y acabamos, pese a no ir en forma (nuestro maravilloso track se puede consultar aquí). Además, en la plaza de los hermanos García Naveira nos esperaba la familia, y la posterior comida, que siempre es un buen premio. Así que ni tan mal para los Leftovers.