Crujidos under the sun

Cuando el colega AV me avisó de que estaban organizando un finde de bikepacking por el Xurés y vi que podía cuadrar la agenda, quedé contento. Hacía tiempo que, por motivos varios, no salía unos días de ruta cicloturista, así que me apetecía bastante. Lo malo es que por ese mismo motivo muchas cosas no estaban a punto, y los días previos anduve algo apurado a nivel de material y logística. Pero, aunque fuese con un desarrollo poco amigable y un par de cosas desajustas en la Stumpjumper HT, pude encontrarme con todos en el punto convenido.

D1: Os Baños – Albite – As Maus de Salas

Nos levantamos en Os Baños de Riocaldo, sin madrugar en exceso, preparamos las últimas cosillas, y arrancamos por el sendero que lleva a los miliarios. Pedaleamos ilusionados, B, MV, J, LF, AV y el menda. Primero en ligera subida, todos calentando, y luego ya con algo más de pendiente y de temperatura en el cuerpo, nos dirigimos hacia Portela do Homem.

Sacamos unas fotos en el antiguo puesto fronterizo, cosa que ya es casi tradición, y deshicimos unos metros por la carretera para pillar la pista que lleva hacia la Mina das Sombras. Es una pista que algunos conocemos bien de haberla hecho varias veces, con tendencia a subir, pero tendida y muy ciclable, así que se llevó bien. En el siguiente tramo, algo más «de monte» y más juguetón, tuve un par de incidencias. Primero, una camiseta que llevaba en la goma de la bolsa trasera se escurrió y se me metió en la rueda: safé la caída, pero se me dobló todo el disco y a partir de ahí fue siempre rozando. Luego en algunos badenes y saltos la bolsa de manillar me rozaba con el neumático delantero, pero no fue la cosa a más porque AV me dejó una correa y apretándola bien quedó mejor puesta (nota: van muy bien las Fixplus esas, es una futura compra).

Después de un par de pequeños tramitos de asfalto, llegó la primera petada del día. Aquí la grupeta se puso por primera vez en silencio y pudo empezar a disfrutar de los crujidos que emitían mis bielas. Alguno pensaría que se trataba de algún tipo de problema mecánico, pero en realidad era un sistema de aviso para que supiesen cuando me acercaba o les chupaba rueda. Justo a continuación hicimos la primera parada de avituallamiento en un souto con castiñeiros centenarios, donde los que se reían tanto de la tortilla prefabricada que había metido en la bolsa tuvieron que tragarse sus palabras y mirarme con envidia.

Al ratito reanudamos la marcha y en un plis nos pusimos en San Paio y en Guende. Combinando algo de asfalto y buenas pistas, hicimos un bajadote gordo y rápido, y volvimos a subir en dirección a Albite. Pasamos junto al refugio de la federación de montaña y, bajo un sol de justicia, enganchamos la pista ancha que lleva a la caseta de vigilancia. La subida no es muy dura, pero el peso pide piñones grandes, y acabamos estirándonos un poco, así que en el punto alto paramos un momentito a reagruparnos y disfrutar las vistas.

El siguiente tramo de toboganes tenía el aliciente de estar llegando al bonito pueblo abandonado de Salgueiro, en el que también tocó paradita, pues el sitio lo merece, tanto por su historia como por dejar volar la imaginación de lo que allí se puede hacer. Luego vino un poquito de relax por la sencilla bajada para llegar al encoro de Salas. Podíamos tirar al norte para llegar en un momento a nuestro destino, o alargar un poco la jornada. Pero como había tiempo, fuerzas y ganas, optamos por bordear el embalse por el sur, y pasar por Guntumil y Tourem, y por una sucesión de caminos y pistas variadas antes de ir hacia Maus. Esto supuso algún kilómetro más y algo más de subida, pero valió la pena para aprovechar el día y para ver algunas cosas chulas.

A media tarde ya estábamos en el Aviva. El recorrido había sido chulo: salieron casi 75Km, con unos 2000mDa+, en 6h de pedaleo efectivo, y no hubo problemas y sí muchas risas. Cuando el sol se puso empezó a hacer bastante rasca, así que nos dimos una ducha, cenamos de cháchara y anécdotas, y fuimos a dormir en unas pequeñas cabañas minimalistas en las que te sentías en pleno contacto con el entorno. Por cierto, la buena decisión del día fue llevar unos calcetines de repuesto en el bolsillo, porque al ir en chanclas imaginaba que los que tenía puestos se humedecerían algo, así que pude meterme en el saco con unos sequitos.

D2: As Maus de Salas – Santa Eufemia – Os Baños

Tras un buen desayuno y el repaso de las bolsas, salimos a eso de las 10:30. Estaba claro que el finde era para disfrutar, no para madrugar y chupar frío. Los puntos de partida y llegada eran los mismos que el día anterior, pero a la inversa, para poder volver a los coches. Sin embargo el recorrido fue bastante diferente.

Al cruzar la presa de Salas nos dirigimos hacia el oeste, pedaleando bastante a gusto, sin grandes desniveles al principio, y luego con alguna rampilla y algún tramo algo más roto. Después de pasar junto a la aldea de Prado sí que hubo que subir algo más. También tuvimos que andar algo pendientes del GPS porque en el track algunos cruces no estaban claros. Obviamente, esto se aprovechó para que los que no habíamos dado palo al agua en la planificación de la ruta pudiésemos putear algo a quien había pasado el trabajo de trazarlos.

La bajada hasta Ganceiros fue para mí el tramo más bonito, con parada en un merendero de desguace incluida. Aunque procurábamos rodar siempre juntos, no pude evitar por momentos soltar algo el freno y dejarme llevar por aquella pista sombría y de tierra marrón con buen agarre. Hice bien en disfrutarla algo, porque luego sí que vino un buen rato de asfalto para llegar a Lobios (donde hubo pausa-café). Incluso luego hubo asfalto, aunque fuimos pillando también algo de pisteo de tierra, hacia el embalse de Lindoso, desde el que tiramos en dirección sur para empezar el subidote hacia Padrendo.

Al principio era todo subir, ni duro ni fácil. Luego empezó una zona de toboganes con bastante pendiente, tanto para arriba como para abajo, que sí que le roncaba lo suyo. Casi todo el mundo tuvo que desmontar en algún momento porque no sólo hacía falta fuerza sino también algo de técnica para no perder tracción y mantenerse sobre la bici. Por momentos era algo frustrante el esforzarse en ganar 30 o 40 metros de desnivel, para perderlos tras la siguiente curva, y volver a ganarlos, para volver a perderlos, y así seguido durante un buen rato. Por supuesto, todo ello amenizado por el cri-cri de mi caja de pedalier. Empezamos a vacilar al líder de la grupeta por habernos metido por allí, y para picar a LF, esposa del susodicho, para que le riñese, y así echarnos unas risas. Aunque, la verdad, pese a ser duro a mí ese tramo me encantó.

Poco a poco pasaron los metros y encontramos la pista principal que íbamos buscando. Seguía subiendo, pero era bastante más llevadera, y eso que le pegaba un poco el viento. Nos dejó justo en el objetivo: las antenas de la cima. Las vistas desde allí eran flipantes, dominando tanto la parte gallega como la portuguesa (Xerés y Gerês mesma cousa son). Resguardados por la caseta nos tomamos unos bocatas y golosinas, aunque hubo quien hasta hizo café, sacamos las fotos de rigor, y un ratito después tiramos para abajo.

El descenso hacia la corga da Canda era muy pistero, tanto el tramo que habíamos hecho ya de subida, como el que habíamos obviado. Un terreno de esos que si te calientas un poco pillas una buena velocidad, y también de los que como en las frenadas te quedes con las ruedas flotantes sobre la grava, haces algún recto seguro.

La jornada acabó con un par de kilómetros de enlace hasta la carretera, para luego bajar por ella un tramito hasta el cruce de los miliarios, y volver a pillar el sendero hacia el balneario de Lobios y así llegar a los coches. Obviamente fue una ruta más cortita que la del día anterior, porque había que recoger los bártulos y volver a casa: algo más de 55Km y de 1300mDa+ en unas 4h y media en movimiento. De nuevo, nadie se hizo daño y lo pasamos bien, que es lo importante. Así que, ¡a repetir!

Todas las imágenes son de los fotógrafos oficiales de la grupeta, especialmente AV.

Elipsis en tarjeta

Este año el Campeonato Ibérico de MTBO fue aquí cerquita de casa. No estaba yo muy bien, pero aproveché y me inscribí. Tiré para Ordes, para o Mesón do Vento, con unas sensaciones raras porque estaba muy bajo de forma física y bastante saturado mentalmente por tener muchas cosas en la cabeza estos días.

El sábado por la mañana la media: de meter tranca, así que sin patas poco se podía hacer. Por la tarde el sprint, que fue la prueba en la que hice honor al nombre de este blog. Y el domingo la distancia larga: tres cuartos de lo mismo, incapaz de mover desarrollo, y además con un fallo gordo de orientación en la parte final.

¿Y qué pasó en el sprint? Pues que salí muy enchufado y motivado, esforzándome hasta el jadeo, concentrado y metido en el mapa, y desplegando un pilotaje agresivo, en muchas curvas al borde de la caída. Iba hilvanando caminos y balizas con soltura y yendo a más, apreté el culo hasta el final dando lo que tenía, y entré en meta contento y satisfecho. El resultado era bueno, para estar en los puestos delanteros. Pero mi gozo en un pozo porque cuando fui a descargar el SportIdent… ¡error en tarjeta! Al parecer me había saltado un control. Me dieron ganas de protestar y pedir que revisasen, que seguro que el Air del SIAC no había funcionado. Pero, antes de hacerlo fui a mirar en mapa y, efectivamente, tocaba resignarse y volver a la furgoneta a morderme el labio. Debió ser que con tanto esfuerzo no me llegaba bien la sangre a la cabeza. Una pena.

Foto, del momento justo anterior a la equivocación, del álbum de Rodrigo, compartida en la web de Gallaecia Raid.

Asturica Augusta 2021

Este 2021 me había propuesto hacer la serie completa de brevets, pero no pudo ser. Tras el ventoso 200, el húmedo 300, y el peregrino 400, no pude asistir al 600 del CC Riazor porque me coincidió en fechas con un par de asuntos personales más importantes. Pero tenía ganas de más, y todavía quedaba el verano por delante. Podía haber buscado la distancia que me faltaba en algún organizador más lejano (de hecho, me recomendaron que fuese paso a paso), pero, tirando de mentalidad Gumby, y aprovechando que cerca de casa se organizaba una de las gordas, aproveché para dar el salto a las 4 cifras.

La Asturica Augusta es una super brevet o randonnée de 1200K (por lo tanto con un límite de 90h), organizada por el club Astorga Randonneurs, cuya propuesta es sencilla: recorrido circular y «asequible», pasando por todas las capitales de las provincias de Castilla y León, y en autosuficiencia «total», salvo un punto de control a modo de base de vida, y lo que vayas pillando por ahí.

El día D llegué a Astorga a media mañana, unas horas antes de la salida. Aunque tenía lo del equipaje medio pensado, al ser totalmente novato tenía muchas dudas y quería preguntar varias cosillas y cotillear en las bicis de los demás (que había de todo, por cierto: desde bicis racing a auténticas cicloturistas, desde multi-gadgets a minimalistas…). Esas charletas previas me dejaron algo intranquilo por algunos de los comentarios que escuché (sobre experiencia, paradas, dormidas…). De todas formas, los interpreté como consejos (es decir, teniéndolos en cuenta e ignorándolos a partes iguales), y seguí lo planeado: no cambié nada ni en la bici ni en el material, y mantuve el plan «a la brava» e ir viendo.

Era el lunes 23, y a las 17:30 formamos la parrilla (unos 140 randonneurs), para dar una pequeña vuelta neutralizados por Astorga, y antes de las 18 ya estábamos pedaleando libres hacia el SE. Intencionalmente me puse detrás de todo, sin pretensiones. Pero, aunque no quisiera, hubiese quedado igualmente de farolillo rojo porque la peña salió a fuego y en las primeras rectas ya los perdí de vista.

Hasta Camarzana de Tera (PK62) fui algo preocupado porque tenía varias molestias en las piernas, no pillaba postura, me sentía algo desubicado, y además pasaban los minutos y no encontraba a nadie. Vamos, un comienzo poco halagüeño. Por la N631, ya anocheciendo, empecé a pillar algunas unidades y en un pueblo llamado Montamarta paré a comer algo sólido en un bar y me encontré con parte de la grupeta gallega, con la que compartí los siguientes tramos. Esto, y que llegase la noche, me animó un poco.

En general el terreno fue fácil hasta Zamora, y luego hasta Salamanca, a la que llegamos en gran grupo a las 2AM, dejando alucinado al dependiente de una estación de servicio en la que repostamos. Imaginad el tipo cuando le aparecen en plena madrugada un montón de tipos en bici y le agotan el stock de Aquarius, Donuts… Fijo que al día siguiente lo contó en casa y a los compañeros.

A medida que nos acercábamos a Ávila la cosa se iba poniendo más rompepiernas, y esa primera noche hizo un frío que pelaba. Mucha gente paró a desayunar con calma junto a las murallas, pero yo no iba bien, y si paraba igual no arrancaba. Además, estaba congelado y prefería esperar a que saliese el sol de verdad para hacer una parada tranquila. Así que la salida de Ávila fue matadora: justo cuando empezaban las rampas duras estaba tiritando y en reserva, y en Navalperal de Pinares ya no podía más y me quedé un rato en un pequeño bar donde la camarerá flipó con la sucesión de colacaos que me pimplé.

Se aproximaba lo duro, la sierra madrileña, y llevábamos algo más de 320Km, así que retomé el pedaleo con calma. Ahora el sol daba bien y los rampones se sucedían. Rodaba solo, distraido con el paisaje y, sin saber bien cómo, me di cuenta de que me había perdido. Aparecí en el Puerto de la Cruz Verde, uno de los PC de la ruta, pero bajando, por una zona que no debía. Hablé con un chico de la organización que estaba controlando en la rotonda, y que tampoco entendía como había aparecido por donde no era. Al revisar con él el mapa comprobé que no había tomado un desvío a la derecha en las Navas del Marqués, ni me había percatado que llevaba varios kilómetros fuera de track porque la línea de esa carretera en la cartografía era del mismo color que la de navegación (a veces cuesta distinguir bien los colores en el Dakota 20 cuando hay mucho reflejo exterior). Fue un momento de dudas: iba fundido y con muchas rozaduras, y en ese momento bajo de moral, y si tenía que deshacer camino para bajar a Robledo de Chavela, igual plantaba allí mismo. El voluntario me dijo que bajase out-of-the-track hasta Fresnedillas de la Oliva (era el que CP que me había saltado, y si no lo pillaba ya no habría opción de homologar la brevet), y que allí retomase el recorrido con normalidad.

Hice caso y bajé. Tomé allí un pinchito de tortilla revitalizante ya que se avecinaban puertos, y justo al mediodía arranqué. El puerto de la Cruz Verde (ahora sí por el trazado correcto), me gustó, la verdad. Paré en una fuente a rellenar los botelllines y al ir a echar las sales, va y se me vuelca parte de la bolsa y me cae todo el polvillo por la ropa y la bici. Arranqué de allí pareciendo un farlopero.

Luego, pendiente del GPS más de lo debido por ir ya con desconfianza, tiré en bajada y llaneo por El Escorial y Guadarrama, y en los Molinos de nuevo hice parada técnica. El puerto de Navacerrada ya no era coña, así que pensé en quedar allí unas horas a descansar, esperando también a que bajase algo el sol, porque el caloraco era mortal. Sin embargo, al final no estuve allí mucho rato, porque no quise arriesgarme a sufrir en marcha el tormentón que se estaba aproximando. El puerto es chulo, pero con las bolsas y la patas cargadas, cada kilómetro se vive con intensidad. Justo al coronar, empezó a descargar la lluvia, de la que pude escapar. Me salió bien la jugada.

El asfalto de la otra cara del puerto está bastante reventado, así que hubo que bajar con los cinco sentidos. El Real Sitio de San Ildefonso llegó rápido, y Segovia también. Luego todo se me atragantó un poco: el cansancio, el calor de media tarde, los repechos constantes… Iba un poco modo autómata. Después de Torrecaballeros incluso me colé un cruce y tuve que volver para atrás. El sube y baja encadenando pueblecillos por carreterillas entre campos era bonito, pero tenía unas sensaciones super raras: unas partes del cuerpo dormidas e insensibles, mientras otras latían de escozor e inflamación. Y se acercaba la segunda noche, que tenía pensado hacer del tirón… pero algo en el cerebro me decía que era imprescindible hacer un buen pit-stop.

Desconocía las dinámicas de este tipo de pruebas, y me sorprendió que la mayor parte de la gente tirase de hotel por las noches (algunos incluso llevaban ya las reservas al tener el recorrido programado). En ese momento lo entendí: hay veces que es necesario para no entrar en la épica inútil. Así que en Riaza, con 520Km encima, me metí en el primer hotel que pillé. No cené, pero la larga ducha, los ungüentos en las múltiples zonas irritadas, y 4 horitas en una cama, me vinieron de perlas.

Al arrancar a las 6:00 me encontré con un andaluz y unos mallorquines que habían dormido también por allí. Salimos juntos y en la primer hora se fue uniendo gente, que nos cogía y a la que cogíamos. Así, en una grupeta ya maja y a relevos, todos «descansados», por una zona tirando a llana, durante unas horas progresamos muy bien. Pasamos el Burgo de Osma, Ucero, y llegamos a la que era mi primera referencia interna: las curvas de herradura del cañón del Río Lobos y San Leonardo de Yagüe (conocía la zona de haber estado recientemente por allí con motivo del CE de MTBO). En esta zona el grupo se rompió, y volví a rodar solo toda la N234 hasta Soria, y luego hacia el NW hasta Valdeavellano de Tera.

Poco antes me pilló la grupeta mallorquina y me uní a ellos, tanto en el pedaleo como en las paradas de avituallamiento. Muy majos ellos, me fueron ayudando por un terreno ondulado que se me hizo durillo: Molinos de Duero, Covaleda, Duruelo… No me daba llegado Salas de los Infantes, donde estaba el pabellón que la organización tenía como local de apoyo, en el que teníamos una mochila intermedia y varios servicios a nuestra disposición: colchonetas, comida, baños, etc. Y me hacían falta todos porque tras 780Km iba de nuevo con los testigos de warning en rojo. De haber llegado más tarde, igual me duchaba y me quedaba a dormir allí un rato. Pero todavía había luz natural así que aunque la parada fue tranquila (evacuar, comer, beber, cambiar ropa, reordenar bolsas…), salí de nuevo al ruedo en cuanto pude, sin anular todas las alertas del cuadro de mandos.

En los primeros minutos me uní a un cordobés y dos murcianos. Metiendo más plato del que esperaba, y de nuevo de noche, avanzamos por la N224 a muy buen ritmo. No di relevos porque ya bastante me costaba mantenerme a rueda: rodaban como bestias. Justo antes de llegar a Burgos, apareció la típica emboscada. Parecía que ya entrabas en la ciudad, pero no: nos desviaban a la derecha hacia Modubar, para regalarnos unos repechos y carreterillas juguetonas antes de la urbe. Era tarde, no había casi nadie por la calle, y volvieron la bajona física y los dolores varios. De nuevo sin cenar, y de nuevo solo me meto 4 horitas en un hotel.

Así como de Riaza partí «fresco», saliendo de Burgos antes del amanecer me sentí bastante flojo, de fuerzas y de coco. Supongo que se sumó todo: el déficit de alimentación y de sueño, los más de 830Km en las patas y en el culo, y demás familia de penurias que se viven en este tipo de cosas. Iba muy descentrado, pedaleando por inercia, sin saber bien ni cómo iba. Además toda la zona que tenía por delante (Sasamón, Castrojeriz, Astudillo, Palencia y Ampudia), aunque era casi toda llevadera, o tal vez debido a ello, se me atragantó un poco: mucho rato en la misma postura, tendencia a atrancarme de desarrollo, falta de distracción… Tal vez fue el tramo donde tuve que tirar más de cabeza.

Tras muchas horas sin ver a nadie, degustando un refresco en el suelo de la gasolinera de Ampudia empezaron a llegar participantes, muchos de ellos a los que creía bastante por delante, lo que me animó un poco. No debía ir tan mal como pensaba. En los kilómetros siguientes, en dirección a Valladolid (la única capital a la que no llegamos a entrar), llegó el segmento-tortura del recorrido: una recta de casi 10Km totalmente bacheada que te dejaba el culo y las muñecas hechas fosfatina.

Poco después, en Mucientes me reencontré con la grupeta mallorquina, con la que compartí mesa y mantel otra vez. La siguiente zona fue llana, pero el calorazo y un viento de mil demonios, hicieron que sufriese y me desquiciase un poquillo, y tuviese que dejarlos ir. Su ritmo no era el mío.

Tan asfixiado iba, que en Medina de Rioseco paré con la única intención de tomar un refresco frío y un helado. Casualidades, justo en el mismo quiosco estaban los mallorquines haciendo lo propio. Me dijeron de unirme de nuevo a ellos, que me esperarían y ayudarían, y la verdad es que fue un gran acierto y se portaron muy amablemente: las siguientes horas me protegieron y se portaron conmigo de maravilla, así que les estoy agradecido. El siguiente tramo, hasta Valencia de Don Juan (íbamos ya a por los 1100Km), pese a no tener grandes pendientes, era pestosillo: carretera ancha, tráfico pesado por momentos, ondulado pero con tendencia a subir… Luego de allí a León, otra vez con linterna y chaleco, incluso habiendo menos arcén, se llevó mejor.

Todos con los que hablaba iban de hotel de nuevo en León. A mí me parecía una tontería con lo poco que quedaba (menos de 100Km). Además, precisamente una de las cosas que iba buscando era la aventurilla esa de estar solo por ahí en la oscuridad. Pero tenía dudas de qué hacer. Hasta que una gran M amarilla sobre un alto poste junto a la carretera aclaró mis pensamientos: un McRepostaje enriquecido (Big Mac + gel Powerbar), una mini siesta en la propia mesa junto a unas chavalas todas maqueadas que se iban de fiesta, y ya estaba listo para salir yo también a disfrutar de la fresca pero clara noche leonesa.

Quedaba el puerto de la Hoja, que subí tranquilito, sin coche ninguno, a eso de la media noche, y que se me hizo fácil. Luego venían unas carreterillas más humildes para llegar a Rioseco de Tapia, y en Villanueva de Carrizo cambiamos de carretera para encadenar pueblos en una zona plana por el valle del río Órbigo. Supongo que en parte por la adrenalina de saber que estaba cerca de meta, iba alegre en todos los sentidos: animado, cantando, e incluso a buen ritmo. Desde luego, de León a Hospital de Órbigo, fue el tramo que más disfruté de toda la super brevet.

Cuando me incorporé a la N120, lo que no me apasionó (porque la carretera no tiene mucha gracia, y además pasaban muchos trailers incluso de madrugada), y aunque quedaban un par de repechillos, tuve claro que el curre estaba hecho. Así que gasté lo que quedaba: desarrollo, pedalear de pie, actitud de apretar… Y a las 3 de la mañana del día 27 estaba en Astorga: contento, dolorido, y con una sensación extraña, como de que en ese momento no quería parar, de que no me había llegado y quería más tiempo y más kilómetros.

Me di una larga ducha caliente en el pabellón, comí un par de hojaldres Alonso (en realidad el mótivo principal de haberme inscrito en este sarao), y sin desmontar nada de la bici me fui a dormir un rato al coche. Después de amanecer todavía me dio tiempo de ver como iban llegando otros participantes, charlar con la gente, y ver la entrega de premios (en la que, por cierto, me tocó un casco en el sorteo de regalos: debe ser la primera vez en mi vida que me toca algo).

En resumen, medallita de finisher, con un recorrido de unos 1230Km y unos 11000mDa+, que hice en unas ¿81h? de tiempo corrido. El recorrido tuvo tramos que no me molaron mucho, pero otros muy chulos. Y tuve bastante suerte con el material (quitando la visibilidad de la pantalla del GPS y algunos apagones de iluminación), especialmente con la Giant Defy, que no me dio ni un problema.

Todavía sufro algunos efectos secundarios diversos, pero ha sido una experiencia interesante, que me gustaría probar con colegas (casi todo el mundo iba en pandilla), y también en un formato «más aventura». De momento, a descansar… y a planear.

Logotipo, mapa, perfil y foto 1 tomadas de la web de Astorga Randonneurs.

US-MTBO Xeoparque Cabo Ortegal

Lo que no me mola de las pruebas de orientación «de liga» es que son demasiado cortas, por eso me molan más los rogaines, los raids, y cosas como este ultra-score. Si, además se celebran en sitios tan chulos como la zona de Cedeira, Ortigueira y Cariño, mejor que mejor.

La jornada estuvo divertida, pese a que tuvimos que ir a ratos con la mascarilla, y a que el día vino con algo de lluvia y bastante niebla. En la zona alta había aerogeneradores que sabías que estaban allí por el ruído, no por verlos. Obviamente, sabía que no podía ir a por todas las balizas, así que de entrada descarté un par de ellas que estaban algo más lejos y que implicaban chupar bastante desnivel (me quedó pena de no ir a la de San Andrés de Teixido, porque igual significa que tenga que ir desde otra dimensión). Pero estuve las 6 horas dándole duro, tanto que, por forzar para pillar unos puntitos más, acabé acalambrado hasta el punto de tener que desmontar la última subida, y que entré en metas a segundos del límite de tiempo.

Como además fui en buena compañía, incluso en la prueba fui un ratito con JV, como el fin de semana, y acabó con una buena pizza y un buen paseo, no fue un mal fin de semana.

Imágenes de un álbum compartido en la web de Gallaecia Raid.