Asturica Augusta 2021

Este 2021 me había propuesto hacer la serie completa de brevets, pero no pudo ser. Tras el ventoso 200, el húmedo 300, y el peregrino 400, no pude asistir al 600 del CC Riazor porque me coincidió con un par de asuntos personales más importantes. Pero tenía ganas de más, y todavía quedaba el verano por delante. Podía haber buscado la distancia que me faltaba en algún organizador más lejano (de hecho, me recomendaron que fuese paso a paso), pero, tirando de mentalidad Gumby, y aprovechando que cerca de casa se organizaba una cerca de casa, aproveché para dar el salto a las 4 cifras.

La Asturica Augusta es una super brevet o randonnée de 1200K (por lo tanto con un límite de 90h), organizada por el club Astorga Randonneurs, cuya propuesta es sencilla: recorrido circular y «asequible», pasando por todas las provincias de Castilla y León, y en autosuficiencia «total», salvo un punto de control a modo de base de vida, y lo que vayas pillando por ahí.

El día D llegué a Astorga a media mañana, unas horas antes de la salida. Aunque tenía lo del equipaje medio pensado, al ser totalmente novato tenía muchas dudas y quería preguntar varias cosillas y cotillear en las bicis de los demás (que había de todo, por cierto: desde bicis racing a auténticas cicloturistas, desde multi-gadgets a minimalistas…). Esas charletas previas me dejaron algo intranquilo por algunos de los comentarios que escuché (sobre experiencia, paradas, dormidas…). De todas formas, los interpreté como consejos (es decir, teniéndolos en cuenta e ignorándolos a partes iguales), y seguí lo planeado: no cambié nada ni en la bici ni en el material, y mantuve el plan «a la brava» e ir viendo.

Era el lunes 23, y a las 17:30 formamos la parrilla (unos 140 randonneurs), para dar una pequeña vuelta neutralizados por Astorga, y antes de las 18 ya estábamos pedaleando libres hacia el SE. Intencionalmente me puse detrás de todo, sin pretensiones. Pero, aunque no quisiera, hubiese quedado igualmente de farolillo rojo porque la peña salió a fuego y en las primeras rectas ya los perdí de vista.

Hasta Camarzana de Tera (PK62) fui algo preocupado porque tenía varias molestias en las piernas, no pillaba postura, me sentía algo desubicado, y además pasaban los minutos y no encontraba a nadie. Vamos, un comienzo poco halagüeño. Por la N631, ya anocheciendo, empecé a pillar algunas unidades y en un pueblo llamado Montamarta paré a comer algo sólido en un bar y me encontré con parte de la grupeta gallega, con la que compartí los siguientes tramos. Esto, y que llegase la noche, me animó un poco.

En general el terreno fue fácil hasta Zamora, y luego hasta Salamanca, a la que llegamos en gran grupo a las 2AM, dejando alucinado al dependiente de una estación de servicio en la que repostamos. Imaginad el tipo cuando le aparecen en plena madrugada un montón de tipos en bici y le agotan el stock de Aquarius, Donuts… Fijo que al día siguiente lo contó en casa y a los compañeros.

A medida que nos acercábamos a Ávila la cosa se iba poniendo más rompepiernas, y esa primera noche hizo un frío que pelaba. Mucha gente paró a desayunar con calma junto a las murallas, pero yo no iba bien, y si paraba igual no arrancaba. Además, estaba congelado y prefería esperar a que saliese el sol de verdad para hacer una parada tranquila. Así que la salida de Ávila fue matadora: justo cuando empezaban las rampas duras estaba tiritando y en reserva, y en Navalperal de Pinares ya no podía más y me quedé un rato en un pequeño bar donde la camarerá flipó con la sucesión de colacaos que me pimplé.

Se aproximaba lo duro, la sierra madrileña, y llevábamos algo más de 320Km, así que retomé el pedaleo con calma. Ahora el sol daba bien y los rampones se sucedían. Rodaba solo, distraido con el paisaje y, sin saber bien cómo, me di cuenta de que me había perdido. Aparecí en el Puerto de la Cruz Verde, uno de los PC de la ruta, pero bajando, por una zona que no debía. Hablé con un chico de la organización que estaba controlando en la rotonda, y que tampoco entendía como había aparecido por donde no era. Al revisar con él el mapa comprobé que no había tomado un desvío a la derecha en las Navas del Marqués, ni me había percatado que llevaba varios kilómetros fuera de track porque la línea de esa carretera en la cartografía era del mismo color que la de navegación (a veces cuesta distinguir bien los colores en el Dakota 20 cuando hay mucho reflejo exterior). Fue un momento de dudas: iba fundido y con muchas rozaduras, y en ese momento bajo de moral, y si tenía que deshacer camino para bajar a Robledo de Chavela, igual plantaba allí mismo. El voluntario me dijo que bajase out-of-the-track hasta Fresnedillas de la Oliva (era el que CP que me había saltado, y si no lo pillaba ya no habría opción de homologar la brevet), y que allí retomase el recorrido con normalidad.

Hice caso y bajé. Tomé allí un pinchito de tortilla revitalizante ya que se avecinaban puertos, y justo al mediodía arranqué. El puerto de la Cruz Verde (ahora sí por el trazado correcto), me gustó, la verdad. Paré en una fuente a rellenar los botelllines y al ir a echar las sales, se me vuelca parte de la bolsa y me cae todo el polvillo por la ropa y la bici. Vamos, que arranco de allí pareciendo un farlopero.

Luego, pendiente del GPS más de lo debido por ir ya con desconfianza, tiré en bajada y llaneo por El Escorial y Guadarrama, y en los Molinos de nuevo hice parada técnica. El puerto de Navacerrada ya no era coña, así que pensé en quedar allí unas horas a descansar, esperando también a que bajase algo el sol, porque el caloraco era mortal. Sin embargo, al final no estuve allí mucho rato, porque no quise arriesgarme a sufrir en marcha el tormentón que se estaba levantando. El puerto es chulo, pero con las bolsas y la patas cargadas, cada kilómetro se vive con intensidad. Justo al coronar, empezó a descargar la lluvia, de la que pude escapar. Me salió bien la jugada.

El asfalto de la otra cara del puerto está bastante reventado, así que hubo que bajar con los cinco sentidos. El Real Sitio de San Ildefonso llegó rápido, y Segovia también. Luego todo se me atragantó un poco: el cansancio, el calor de media tarde, los repechos constantes… Iba un poco modo autómata. Después de Torrecaballeros incluso me colé un cruce y tuve que volver para atrás. El sube y baja encadenando pueblecillos por carreterillas entre campos era bonito, pero tenía unas sensaciones super raras: unas partes del cuerpo dormidas e insensibles, mientras otras latían de escozor e inflamación. Y se acercaba la segunda noche, que tenía pensado hacer del tirón… pero algo en el cerebro me decía que era imprescindible hacer un buen pit-stop.

Desconocía las dinámicas de este tipo de pruebas, y me sorprendió que la mayor parte de la gente tirase de hotel por las noches (algunos incluso llevaban ya las reservas al tener el recorrido programado). En ese momento lo entendí: hay veces que es necesario para no entrar en la épica inútil. Así que en Riaza, con 520Km encima, me metí en el primer hotel que pillé. No cené, pero la larga ducha, los ungüentos en las múltiples zonas irritadas, y 4 horitas en una cama, me vinieron de perlas.

Al arrancar a las 6:00 me encontré con un andaluz y unos mallorquines que habían dormido también por allí. Salimos juntos y en la primer hora se fue uniendo gente que nos cogía y a la que cogíamos. En grupeta y a relevos, todos «descansados», y por una zona tirando a llana, durante unas horas progresamos muy bien. Pasamos el Burgo de Osma, Ucero, y llegamos a la que era mi primera referencia interna: las curvas de herradura del cañón del Río Lobos y San Leonardo de Yagüe (conocía la zona de haber estado recientemente por allí con motivo del CE de MTBO). En esta zona el grupo se rompió, y volví a rodar solo toda la N234 hasta Soria, y luego hacia el NW hasta Valdeavellano de Tera.

Poco antes me pilló la grupeta mallorquina y me uní a ellos, tanto en el pedaleo como en las paradas de avituallamiento. Muy majos ellos, me fueron ayudando por un terreno ondulado que se me hizo durillo: Molinos de Duero, Covaleda, Duruelo… No me daba llegado Salas de los Infantes, donde estaba el pabellón que la organización tenía como local de apoyo, en el que teníamos una mochila intermedia y varios servicios a nuestra disposición: colchonetas, comida, baños, etc. Y me hacían falta todos porque tras 780Km iba de nuevo con los testigos de warning en rojo. De haber llegado más tarde, igual me duchaba y me quedaba a dormir allí un rato. Pero todavía había luz natural así que aunque la parada fue tranquila (evacuar, comer, beber, cambiar ropa, reordenar bolsas…), salí de nuevo al ruedo en cuanto pude, sin anular todas las alertas del cuadro de mandos.

En los primeros metros me uno a un cordobés y dos murcianos. Metiendo más plato del que esperaba, y de nuevo de noche, avanzamos por la N224 a muy buen ritmo. No di relevos porque ya bastante me costaba mantenerme a rueda: rodaban como bestias. Justo antes de llegar a Burgos, una emboscada: desvío a la derecha hacia Modubar, y nos regalaron unos repechos y carreterillas juguetones para entrar en la ciudad. Era tarde, no había casi nadie por la calle, y volvieron la bajona física y los dolores varios. De nuevo sin cenar, y de nuevo solo me meto 4 horitas en un hotel.

Así como de Riaza partí «fresco», saliendo de Burgos antes del amanecer me sentí bastante flojo, de fuerzas y de coco. Supongo que se sumó todo: el déficit de alimentación y de sueño, los más de 830Km en las patas y en el culo, y demás familia. Iba muy descentrado, pedaleando por inercia, pero sin saber bien ni cómo iba. Además toda la zona de Sasamón, Castrojeriz, Astudillo, Palencia y Ampudia, aunque era casi toda llevadera, o tal vez debido a ello, se me atragantó un poco: mucho rato en la misma postura, tendencia a atrancarme de desarrollo, falta de distracción… Tal vez fue el tramo donde tuve que tirar más de cabeza.

Tras muchas horas sin ver a nadie, degustando un refresco en el suelo de la gasolinera de Ampudia empezaron a llegar participantes, muchos de ellos a los que creía bastante por delante, lo que me animó un poco (no debía ir tan mal). En los kilómetros siguientes, en dirección a Valladolid (la única capital a la que no llegamos a entrar), estaba para mi el segmento-tortura del recorrido: una recta de casi 10Km totalmente bacheada que te dejaba el culo y las muñecas hechas fosfatina. En Mucientes me reencontré con la grupeta mallorquina, con la que compartí mesa y mantel. La siguiente zona fue llana, pero el calorazo y un viento de mil demonios, hicieron que sufriese y me desquiciase un poquillo.

Tan asfixiado iba, que en Medina de Rioseco paré con la única intención de tomar un refresco frío y un helado. Casualidades, justo en el mismo quiosco estaban los mallorquines haciendo lo propio. Me dijeron de unirme a ellos, y la verdad es que fue un gran acierto: las siguientes horas me protegieron y se portaron conmigo de maravilla, así que les estoy agradecido. El siguiente tramo, hasta Valencia de Don Juan (íbamos ya a por los 1100Km), pese a no tener grandes pendientes, era pestosillo: carretera ancha, tráfico por momentos, ondulado pero con tendencia a subir… Luego de allí a León, otra vez con linterna y chaleco, se llevó mejor.

Todos con los que hablaba iban de hotel de nuevo en León. A mí me parecía una tontería con lo poco que quedaba (menos de 100Km), y además precisamente una de las cosas que iba buscando era la aventurilla esa de estar solo por ahí en la oscuridad. Tenía dudas, pero una gran M amarilla junto a la carretera aclaró mi pensamiento: un McRepostaje enriquecido, una mini siesta en la propia mesa junto a unas chavalas todas maqueadas que se iban de fiesta, y salí yo también a disfrutar de la fresca pero clara noche leonesa.

Quedaba el puerto de la Hoja que subí tranquilito, sin coche ninguno a eso de la media noche, y que se me hizo fácil. Luego venían unas carreterillas más humildes para llegar a Rioseco de Tapia, y en Villanueva de Carrizo cambiamos de carretera para encadenar pueblos en una zona plana por el valle del río Órbigo. Supongo que en parte por la adrenalina de saber que estaba cerca de meta, iba alegre, cantando, e incluso a buen ritmo. Desde luego, de León a Hospital de Órbigo, fue el tramo que más disfruté de toda la super brevet.

Cuando me incorporé a la N120, lo que no me apasionó (porque la carretera no tiene mucha gracia, y además pasaban muchos trailers incluso de madrugada), y aunque quedaban un par de repechillos, tuve claro que el curre estaba hecho. Así que gasté lo que quedaba: desarrollo, pedalear de pie, actitud de apretar… Y a las 3 y pico de la mañana del día 27 estaba en Astorga: contento, dolorido, y con una sensación extraña, como de que en ese momento no quería parar (mi biomecánico estaría orgulloso), quería más tiempo y más kilómetros.

Me di una larga ducha caliente en el pabellón, comí un par de hojaldres Alonso (en realidad el mótivo principal de haberme inscrito en este sarao), y sin desmontar nada de la bici me fui a dormir un rato al coche. Después de amanecer todavía me dio tiempo de ver como iban llegando otros participantes, charlar con la gente, y ver la entrega de premios (en la que, por cierto, me tocó un casco en el sorteo de regalos: debe ser la primera vez en mi vida que me toca algo).

En resumen, medallita de finisher, con un recorrido de unos 1230Km y unos 11000mDa+, que hice en unas ¿81h? de tiempo corrido. El recorrido tuvo tramos que no me molaron mucho, pero otros muy chulos. Y tuve bastante suerte con el material (quitando la visibilidad de la pantalla del GPS y algunos apagones de iluminación), especialmente con la Giant Defy, que no me dio ni un problema.

Todavía sufro algunos efectos secundarios diversos, pero ha sido una experiencia interesante, que me gustaría probar con colegas (casi todo el mundo iba en pandilla), y también en un formato «más aventura». De momento, a descansar… y a planear.

Logotipo, mapa, perfil y foto 1 tomadas de la web de Astorga Randonneurs.

BRM400 Polo Camiño de Santiago

Siguiente pasito en esto del randounnerismo, y otra vez de la mano del CC Riazor y sus brevets por tierras gallegas, en esta ocasión sumando 100Km más a la cuenta.

Para esta distancia ya se sale el viernes noche, concretamente a las 22h, por lo que los casi 20 valientes todavía tuvimos algo de luz en las primeras pedaladas. Desde el minuto 1 noto varias molestias en la pierna derecha, pero no quiero preocuparme mucho todavía. La noche nos cogió yendo hacia Betanzos, antes da costa da Sal, y el cambio de día en Guitiriz, primera parada estratégica… en la que en un bar nos atendieron amablemente a través de la verja. Empezó a refrescar, pero como rodábamos en grupeta, intentando mantener un ritmillo para aprovechar la parte rodadora por la zona de Begonte y Rábade, no se notaba el frío. Al llegar a Lugo, a eso de las 2AM, ya se notaba algo más, y en Baralla ya había calado y hubo que abrigarse con todo lo que llevábamos. Esta fase nocturna la hice en mi modo ultra: intentando evitar los dolores en la pata, conservando fuerzas, regulando el coco, y aprovechando la mezcla de haces de luz (costumbre aventurera). Aunque me equivoqué en no cumplir mis protocolos alimenticios.

A partir de Baralla, subiendo a Campo da Árbore, y ya más claramente al bajar a Becerreá y encarar el puerto del día, nos fuimos disgregando en grupitos. La subida a Pedrafita do Cebreiro es larga pero constante, sin petadas; tal vez lo que más se atraganta es el tramo entre el pueblo en la N-VI y O Cebreiro, pero como pilló con el alba me animé un poco. Aún así, el tramo hasta el Alto do Poio el asfalto agarró lo suyo.

Tras esos 170Km iniciales, el recorrido engancha el Camino de Santiago por su ruta francesa… pero por carretera. Para los que ya lo hemos hecho unas cuantas veces, la sucesión de puntos de paso ya resuena en nuestra cabeza: Triacastela, Samos, Sarria, Portomarín, Palas de Rei, Melide, Arzua, Pedrouzo, Santiago. Todo este tramo jacobeo del brevet se hizo duro. Al amanecer un viento y un frío de narices, haciendo de la bajada a Triacastela algo desagradable; a la mañana un solecillo con algo de viento que hacía que dudases en si mantener el cortavientos o ponerte de corto; y a partir del mediodía un solazo y un calorazo de aúpa. En la parte central de este tramo tuve una pequeña crisis, creo que por llevar muy mal lo del comer (siempre con retraso, con poca chicha por la noche, y un desayuno muy tardío). Así que en Melide hice una parada larga, de las de mesa y plato, y recuperé un poco para intentar estar en Santiago de Compostela a eso de las 16, cosa que pude cumplir gracias a sufrir un poco en la sucesión continua de bajadas-repechos, que al pasar por Pedrouzo y el aeropuerto de Lavacolla ya me obligaron a meter todo en el cassette por muy poco que fuese el porcentaje. A los pinchazos en la pierna se sumó bastante dolor de pies, de pedalear a pistonadas, y la fundición de patas. Vamos, que no estaba claro lo de acabar.

En Santiago sello, justo al lado de mi curre (no creo que me lo cuenten como horas extra), y avituallo con calma, especialmente en lo que a hidratación se refiere, porque las últimas horas fueron duras para el cuerpo. Llevábamos 330Km, y quedaba más distancia que fuerzas. De ahí que el siguiente tramo, saliendo hacia Santa Comba para sellar en Bembibre (último CP), se me atragantase bastante. No sabía si tomármelo de relax, parar a descansar y luego rodar tipo paseo, aprovechando el margen de tiempo, o si apretar un poco y llegar cuanto antes. El caso es que fui pedaleando chino chano con esas dudas y, cuando me di cuenta, ya estaba en A Silva. Ahora ya del tirón, que es conocido (¿por qué siempre ponen este tramo en un sentido u otro?), y llevadero. La verdad es que quise acelerar un poco en los últimos kilómetros, pero las piernas no me respondieron. Aunque sí que les pedí un poquillo más de potencia cuando por el puente Pasaxe vi el reloj y me propuse llegar antes de las 20h.

Vamos, que otro brevet a la saca: 408Km, algo más de 6500mDa+, y en 22h de tiempo bruto. Durillo por la temperatura (ir congelado y asado en la misma salida no es habitual), y porque llevé el cuerpo un poco en reserva y medio avariado. También creo que la elección de ropa y bolsas no fue la ideal, pero de todo se aprende. Mola ver Galicia pedaleando.

Fotos grupales tomadas del FG de Randonneurs Galicia.

Pantomima ciclista

Una de las cosas más sanas que hay es reírse de uno mismo y de las cosas que uno hace. Así que, tras ocurrírseme al ver el maravillo vídeo de esta semana de Pantomima Full, ahí va un post-recopilatorio de vídeos y otros elementos humorísticos sobre ciclistas.

Observaciones. 1) Otro post en beta-permanente. 2) Se admiten recomendaciones, incluso de temática outdoor-deportiva en general y no solo biciclismo.

BRM300 Ata a Terra Chá

Dicen que en Galicia la lluvia es arte. Pues el pasado sábado visitamos tanto el museo donde la guardan, que hasta sufrimos el síndrome de Stendhal. Y es que me acerqué a A Coruña para salir con la gente del CC Riazor y cia. en la brevet de 300 que va hasta la Terra Chá luguesa, y justo fue el día en que el cielo no dejó de descargar.

Salir del calorcito de la furgoneta con lo que sonaba la chapa en aquel momento supuso el primer acto de voluntad. Hecho éste, el resto irían rodados (valga el chiste malo). Por eso no lo pensé mucho, puse un GoreTex, con la capucha por debajo del casco en un gesto de elegancia (pena no haber traido escarpines), luces y guardabarros trasero, y a enganchar las calas.

Como es habitual, salimos de las instalaciones de la INEF en Oleiros, en grupeta, lloviendo bastante y todavía de noche. Vamos a ritmo muy asequible, pero no voy cómodo por las circunstancias: demasiado spray de las ruedas que te preceden, algún amago de trazada y frenada rara… Así que en Pontedeume decido tirar para ir solo pero sentirme más seguro. Empezaba la primera subidilla, paralela a las preciosas Fragas do Eume, que luego se iría encadenando con otras, y nos fue llevando por la zona de Monfero, Irixoa (segundo CP, en el PK57), Xermade… En algunos tramos jarreaba agua y por el asfalto bajaban auténticas riadas. Y por momentos el firme era irregular y botoso, y se me iba saliendo el GPS del soporte. Así que en esta primer fase tocaba ir contemporizando.

La carretera se puso algo más fácil y, tras unos repechos para entrar en Vilalba, llegó la zona más rodadora, que nos llevó hasta el control de Meira (PK132), tras pasar por la que supuestamente es la recta más larga de Galicia: unos 20Km en los que apenas hai una curvilla. Seguía solo, pero en el tramo de entrada-salida a Meira me encuentro a varios participantes, pienso en esperarlos y, como la lluvia había aflojado un poco, rodar con ellos. Pero como noto que ya empiezo a ir a menos, decido tirar tranquilo dando por hecho que me cogerán en un rato, quiera yo o no.

El siguiente tramo nos llevó por Castro de Rei, Begonte, Friol y Sobrado dos Monxes (ambos CP). Aunque la zona es bonita, entre que el día no dejaba disfrutarla (a la lluvia se sumó viento racheado), que los baches obligaban a ir atento a la trazada, y que pinché atrás subiendo al punto más alto de la brevet, no disfruté mucho estas horas. En Sobrado paro en un bar a pillar un bocata y ver qué puedo hacer con la rueda. Pienso que si tengo que parar a hacer una ñapa, mejor en una estación de servicio donde haya compresor, y un compañero que conoce el recorrido (el organizador, que paró también a avituallar), me indica que en breve encontraré varias. Las hubiese o no, tengo que seguir pedaleando porque voy tan empapado y congelado, que si estoy más de 10 minutos quieto empiezo a temblar y castañetear, y me arriesgo a bloquearme y ponerme malo.

Aparecieron repechos, pero no gasolineras, y al poco… picadita también en la rueda delantera. Por suerte se tapó rápido con el líquido, y me permitió, dándole al bombín cada media hora en la trasera, ir rodando con presión bajita, chicleando un poco en las subidas y bajando con mucho cuidado de no destalonar el neumático, pero sin parar a meter cámara (bendito tubeless). Curioso, pero en este tramo por Xanceda y Ordes, me noto algo mejor. E iban quedando menos kilómetros. Así que la parte final para llegar a A Silva (PK266), subir a Cerceda, empalmar con la AC400, y bajar a Celas y callejear hasta Oleiros, me permito hacerla tirando de desarrollo.

Al final, salieron 310Km y 4800mDa+ según mi trebello, en menos de 16 horas… ¡constantemente bajo la lluvia! Parar, lo que es parar de llover del todo, ni un minuto. Ese ir empapado, y el rodar en solitario y con la incertidumbre de las ruedas, es lo que lo hizo duro. Muchas veces comento cuando hablo de raids y ultratrails con los colegas que estar días y noches enteras bajo la lluvia o similares es de lo más duro de estos deportes, y que es algo que pone a prueba cuerpos, cabezas, equipamientos, e incluso amistades. Este brevet fue un buen entreno en ese sentido.

Foto grupal tomada del Facebook de Randonneurs Galicia.