Crujidos under the sun

Cuando el colega AV me avisó de que estaban organizando un finde de bikepacking por el Xurés y vi que podía cuadrar la agenda, quedé contento. Hacía tiempo que, por motivos varios, no salía unos días de ruta cicloturista, así que me apetecía bastante. Lo malo es que por ese mismo motivo muchas cosas no estaban a punto, y los días previos anduve algo apurado a nivel de material y logística. Pero, aunque fuese con un desarrollo poco amigable y un par de cosas desajustas en la Stumpjumper HT, pude encontrarme con todos en el punto convenido.

D1: Os Baños – Albite – As Maus de Salas

Nos levantamos en Os Baños de Riocaldo, sin madrugar en exceso, preparamos las últimas cosillas, y arrancamos por el sendero que lleva a los miliarios. Pedaleamos ilusionados, B, MV, J, LF, AV y el menda. Primero en ligera subida, todos calentando, y luego ya con algo más de pendiente y de temperatura en el cuerpo, nos dirigimos hacia Portela do Homem.

Sacamos unas fotos en el antiguo puesto fronterizo, cosa que ya es casi tradición, y deshicimos unos metros por la carretera para pillar la pista que lleva hacia la Mina das Sombras. Es una pista que algunos conocemos bien de haberla hecho varias veces, con tendencia a subir, pero tendida y muy ciclable, así que se llevó bien. En el siguiente tramo, algo más «de monte» y más juguetón, tuve un par de incidencias. Primero, una camiseta que llevaba en la goma de la bolsa trasera se escurrió y se me metió en la rueda: safé la caída, pero se me dobló todo el disco y a partir de ahí fue siempre rozando. Luego en algunos badenes y saltos la bolsa de manillar me rozaba con el neumático delantero, pero no fue la cosa a más porque AV me dejó una correa y apretándola bien quedó mejor puesta (nota: van muy bien las Fixplus esas, es una futura compra).

Después de un par de pequeños tramitos de asfalto, llegó la primera petada del día. Aquí la grupeta se puso por primera vez en silencio y pudo empezar a disfrutar de los crujidos que emitían mis bielas. Alguno pensaría que se trataba de algún tipo de problema mecánico, pero en realidad era un sistema de aviso para que supiesen cuando me acercaba o les chupaba rueda. Justo a continuación hicimos la primera parada de avituallamiento en un souto con castiñeiros centenarios, donde los que se reían tanto de la tortilla prefabricada que había metido en la bolsa tuvieron que tragarse sus palabras y mirarme con envidia.

Al ratito reanudamos la marcha y en un plis nos pusimos en San Paio y en Guende. Combinando algo de asfalto y buenas pistas, hicimos un bajadote gordo y rápido, y volvimos a subir en dirección a Albite. Pasamos junto al refugio de la federación de montaña y, bajo un sol de justicia, enganchamos la pista ancha que lleva a la caseta de vigilancia. La subida no es muy dura, pero el peso pide piñones grandes, y acabamos estirándonos un poco, así que en el punto alto paramos un momentito a reagruparnos y disfrutar las vistas.

El siguiente tramo de toboganes tenía el aliciente de estar llegando al bonito pueblo abandonado de Salgueiro, en el que también tocó paradita, pues el sitio lo merece, tanto por su historia como por dejar volar la imaginación de lo que allí se puede hacer. Luego vino un poquito de relax por la sencilla bajada para llegar al encoro de Salas. Podíamos tirar al norte para llegar en un momento a nuestro destino, o alargar un poco la jornada. Pero como había tiempo, fuerzas y ganas, optamos por bordear el embalse por el sur, y pasar por Guntumil y Tourem, y por una sucesión de caminos y pistas variadas antes de ir hacia Maus. Esto supuso algún kilómetro más y algo más de subida, pero valió la pena para aprovechar el día y para ver algunas cosas chulas.

A media tarde ya estábamos en el Aviva. El recorrido había sido chulo: salieron casi 75Km, con unos 2000mDa+, en 6h de pedaleo efectivo, y no hubo problemas y sí muchas risas. Cuando el sol se puso empezó a hacer bastante rasca, así que nos dimos una ducha, cenamos de cháchara y anécdotas, y fuimos a dormir en unas pequeñas cabañas minimalistas en las que te sentías en pleno contacto con el entorno. Por cierto, la buena decisión del día fue llevar unos calcetines de repuesto en el bolsillo, porque al ir en chanclas imaginaba que los que tenía puestos se humedecerían algo, así que pude meterme en el saco con unos sequitos.

D2: As Maus de Salas – Santa Eufemia – Os Baños

Tras un buen desayuno y el repaso de las bolsas, salimos a eso de las 10:30. Estaba claro que el finde era para disfrutar, no para madrugar y chupar frío. Los puntos de partida y llegada eran los mismos que el día anterior, pero a la inversa, para poder volver a los coches. Sin embargo el recorrido fue bastante diferente.

Al cruzar la presa de Salas nos dirigimos hacia el oeste, pedaleando bastante a gusto, sin grandes desniveles al principio, y luego con alguna rampilla y algún tramo algo más roto. Después de pasar junto a la aldea de Prado sí que hubo que subir algo más. También tuvimos que andar algo pendientes del GPS porque en el track algunos cruces no estaban claros. Obviamente, esto se aprovechó para que los que no habíamos dado palo al agua en la planificación de la ruta pudiésemos putear algo a quien había pasado el trabajo de trazarlos.

La bajada hasta Ganceiros fue para mí el tramo más bonito, con parada en un merendero de desguace incluida. Aunque procurábamos rodar siempre juntos, no pude evitar por momentos soltar algo el freno y dejarme llevar por aquella pista sombría y de tierra marrón con buen agarre. Hice bien en disfrutarla algo, porque luego sí que vino un buen rato de asfalto para llegar a Lobios (donde hubo pausa-café). Incluso luego hubo asfalto, aunque fuimos pillando también algo de pisteo de tierra, hacia el embalse de Lindoso, desde el que tiramos en dirección sur para empezar el subidote hacia Padrendo.

Al principio era todo subir, ni duro ni fácil. Luego empezó una zona de toboganes con bastante pendiente, tanto para arriba como para abajo, que sí que le roncaba lo suyo. Casi todo el mundo tuvo que desmontar en algún momento porque no sólo hacía falta fuerza sino también algo de técnica para no perder tracción y mantenerse sobre la bici. Por momentos era algo frustrante el esforzarse en ganar 30 o 40 metros de desnivel, para perderlos tras la siguiente curva, y volver a ganarlos, para volver a perderlos, y así seguido durante un buen rato. Por supuesto, todo ello amenizado por el cri-cri de mi caja de pedalier. Empezamos a vacilar al líder de la grupeta por habernos metido por allí, y para picar a LF, esposa del susodicho, para que le riñese, y así echarnos unas risas. Aunque, la verdad, pese a ser duro a mí ese tramo me encantó.

Poco a poco pasaron los metros y encontramos la pista principal que íbamos buscando. Seguía subiendo, pero era bastante más llevadera, y eso que le pegaba un poco el viento. Nos dejó justo en el objetivo: las antenas de la cima. Las vistas desde allí eran flipantes, dominando tanto la parte gallega como la portuguesa (Xerés y Gerês mesma cousa son). Resguardados por la caseta nos tomamos unos bocatas y golosinas, aunque hubo quien hasta hizo café, sacamos las fotos de rigor, y un ratito después tiramos para abajo.

El descenso hacia la corga da Canda era muy pistero, tanto el tramo que habíamos hecho ya de subida, como el que habíamos obviado. Un terreno de esos que si te calientas un poco pillas una buena velocidad, y también de los que como en las frenadas te quedes con las ruedas flotantes sobre la grava, haces algún recto seguro.

La jornada acabó con un par de kilómetros de enlace hasta la carretera, para luego bajar por ella un tramito hasta el cruce de los miliarios, y volver a pillar el sendero hacia el balneario de Lobios y así llegar a los coches. Obviamente fue una ruta más cortita que la del día anterior, porque había que recoger los bártulos y volver a casa: algo más de 55Km y de 1300mDa+ en unas 4h y media en movimiento. De nuevo, nadie se hizo daño y lo pasamos bien, que es lo importante. Así que, ¡a repetir!

Todas las imágenes son de los fotógrafos oficiales de la grupeta, especialmente AV.

El juego del calamar runner

No soy muy de series de televisión. De hecho, aunque sé que existen, no he visto ni un capítulo de las típicas series que todo el mundo comenta: Juego de Tronos, Breaking Bad, Perdidos… Tampoco he visto El juego del calamar, pero sé de qué va. Y sé que la gente de Ingrávidos (un podcast sobre trail running en Radio Marca), el año pasado empezó a organizar una versión para corredores del juego sobre el que gira esa ficción. Un juego sencillo pero simpático y motivador.

Cada semana ponen un reto, en términos de distancia/desnivel/número de sesiones, que anuncian tanto en el programa como en su club en Strava. Los que lo cumplen siguen vivos, mientras que los que no lo hacen quedan eliminados. La pasada temporada no pude participar porque llegué tarde, pero esta me animé, simplemente para ver a qué semana llegaba, y me lo pasé muy bien. El resultado fue éste:

  • Semana 0. La prueba para acceder al juego era casi testimonial: hacer 5K, fuese como fuese. Yo como estaba algo verde, empecé con 9.2Km planitos y muy revirados por la senda del río Gafos, y sólo con eso ya estaba dentro.
  • Semana 1. Había que hacer 12Km con un mínimo de 500mDa+ en una única tirada. Ajusté bastante y con una sesioncilla de 14.3Km y 520Da+ pasé la primera fase.
  • Semana 2. Igual que la anterior, pero subiendo el kilometraje a 18. Estiré algo más la distancia, manteniendo el desnivel, y con una salida de 22.2 y otra vez 520Da+ (en parte acompañado del colega JV), cumplí con lo que se pedía.
  • Semana 3. Se pidió llegar a 25Km y 2000mDa+ en dos sesiones. La cosa empezaba a complicarse, más que por una cuestión de forma física, porque a los que vivimos al nivel del mar y con poca altitud alrededor nos cuesta sacar esos desniveles, salvo que sea haciendo intencionadamente recorridos sube-baja. A mí me supuso hacer dos salidas zigzagueantes, de 25.9Km y 21.5Km, con poco más de 1000mDa+ cada una, que el Strava computó a la baja, aunque aportando las métricas que daba Garmin (las que llevaba in situ), se aceptaron por «los jueces». Vamos, que salvé la vida por poquito.
  • Semana 4. Volvíamos a la mono-salida, pero para hacer 15Km con 800mDa+. Le hice una visita al Monasterio de Armenteira, y volví a casa con los deberes hechos: 22Km y 870mDa+.
  • Semana 5. Subieron tanto la distancia como el desnivel necesarios para sobrevivir: 25 y 1200. De nuevo voy sobrado en distancia, con 28Km, y más justo en desnivel, con casi 1300mDa+, pero con todas las coñas el retito me sirve para ir mejorando un puntito.
  • Semana 6. El formato fue algo novedoso, porque se pidió sumar 50Km en la semana, en las sesiones que fuese, pero cada una de ellas debía tener 300m de desnivel como mínimo. Para mí era semana de carrera, así que el miércoles hice una salidita de 9Km y 360m, por activarme un poco, y el sábado participé en el Ultra trail Cerveira, en el que cayeron 45.6Km y 2600mDa+, como conté aquí. Así que esta semana de desnivel fui sobrado.
  • Semana 7. Mismo sistema de la semana anterior, pero ahora para llegar a 55Km y 350mDa+. Las patas andaban cargadillas, así que mi estrategia fue repartir bastante la carga para asegurarme de seguir vivo un poco más. En esta ocasión, fui justito: tiré de tres sesiones (de 12, de 22.3 y de 21.2Km), con desniveles modestos (400, 550 y 500mDa+, respectivamente).
  • Semana 8. Empezaban las palabras mayores, especialmente para los que sólo corremos algún que otro día y practicamos otros deportes. Mantenerse vivo costaba acumular 100Km, en los entrenos que fuese y sin importar el desnivel. Contaba con poder hacerlos, pero el miércoles, cuando sólo llevaba 21K corridos, empecé a encontrarme mal. El jueves llegué a casi 40º de fiebre y me dolía todo. Aun así, pensé en salir «para sumar», aunque fuese poco, pero los escalofríos y el malestar aumentaron y tuve que pasar unos días prácticamente encamado. Estaba fuera del Juego del Calamar. Dead. Game over.

Pese a no llegar muy lejos, me lo pasé bien con la tontería esta, especialmente porque tampoco me importaba mucho. Que, por cierto, una cosa que me llamó la atención es que había algunas personas en Strava que se medio picaban y protestaban por algunas de las pruebas que ponían (no por las que les iban bien a ellos, obviamente). ¡Chicos y chicas, relajaos! ¡Sólo es un juego, y no morimos de verdad! Algunos/as necesitan ser algo más Gumby, y tomarse las cosas más a cachondeo, creo yo.

El Sumatorio Runner (o The 496 Challenge): conclusiones

Parte 1, parte 2 y parte 3.

Pasados unos días, y con otras cosas ya en mente, dejo un pequeño balance personal para aclararme yo mismo y también por si alguien se anima a intentarlo y algo de esto le puede servir:

  • Este reto en sí es bastante asequible, y mola. Así que se lo recomiendo a cualquiera que le guste esto del jogging.
  • Tiene una doble cara, ya que por un lado es fácil y por otro difícil:
    • Aspectos fáciles: el ritmo lo marcas tú y no hay tiempos de corte; la progresividad del día a día; la libertad de horarios, recorridos, paradas…
    • Aspectos difíciles: en los retos de andar por casa (sin dorsal, sin gente animando, en tu entorno cotidiano…) es más complicado encontrar motivación y continuidad; el día a día te va cargando, cada vez más, y durante un mes no hay descanso ni supercompensación que valga.
  • En mi opinión el gran condicionante es el tiempo, tanto el cronológico como el atmosférico. Si tienes todo el día para cumplir con la distancia, y gozas de horas de luz y de tiempo animoso, se reducen mucho los problemas; si tienes que compatibilizarlo con trabajo y familia, y te toca oscuridad y frío/lluvia/nieve, pues hace falta algo más de voluntad. En mi caso simplemente de haberlo hecho en julio o agosto en lugar de en diciembre, hubiese cambiado mucho la cosa.
  • Un aspecto vital son los ritmos. No puedes acelerarte, incluso teniendo fuerzas, porque sino cargas y gastas demasiado… pero tampoco puedes ir de paseo, porque sino casi no corres y además se haría eterno (y para las articulaciones es peor). Esto también depende de si lo haces en formato trail o en «formato llano»: el primero supondrá desnivel y terreno roto, y más tiempo de entreno, y el segundo supondrá velocidades crucero y pisadas repetitivas, más rápido pero probablemente más lesivo. Aquí aparecería el eterno debate de cuánto se puede caminar para que siga siendo trailrunning.
  • Durante las 31 sesiones me despedí de: unas Brooks Cascadia 6 (que llevaban 10 años en la estantería), otras Cascadia 8 (que habían hecho íntegro mi segundo UTMB), y unas Cascadia 10 (las míticas entre mis colegas por su upper rajado desde la primera semana de uso); unas Adidas «voladoras» de nombre olvidado (sin mortiguación alguna); unas Salomon XA PRO 3D (duras en todos los sentidos); unas Mizuno Osaka Marathon 2011 (de cuando aún iba a alguna popular de asfalto); varios pares de calcetines Spiuk, Quechua, Kalenji y Kelme; y alguna otra cosilla.
  • Algunos numeritos. Tenían que salir 496, pero con los retales salieron 504Km… 509 añadiendo la bola extra de la San Silvestre (eso en el registro del propio reto, pero en realidad fueron 507.8, o 512.8). El tiempo total fue de 54h y 52min (57h en realidad), sin tocar el crono en las diversas paradas de descanso/comida/logística/disfrute (no sé cómo funciona Strava por defecto en esto). El día de más desnivel fueron 1000mDa+ y el de menos un par de decenas. En los 31 días salieron 33 sesiones, más 2 días de bici, más unas cuantas sesiones de senderismo/paseo. Un mes completito.

El Sumatorio Runner (o The 496 Challenge): la crónica

Parte 1, parte 2 y parte 3.

Ahí va una mini-crónica del día a día durante el mes: simplemente los enlaces a los ejercicios en Strava y algún comentario sobre la jornada, en plan resumido y sencillo para que no salga aquí más tochón todavía. El resumen sería, para quien quiera ahorrarse la lectura, que correr cansa y que en Galicia llueve. Vamos, que el Sumatorio ha sido poca épica y mucha cabezonería.

Día 1: 1.1Km, total 1Km (1.1)

El primer día fue muy raro. Salir de casa, ya de noche, solamente para hacer 1 kilometrillo (bueno, en realidad hice alguno más), fue extraño, y más para un ultrero. Pero, obviamente, también fue muy fácil: una vuelta al parque del pueblo y listo. En mi agenda personal no sabía si contarlo como día de entreno o como day-off.

Día 2: 2.1Km, total 3Km (3.2)

Día muy similar al día anterior, con cosas del curre y de casa en la cabeza, me quedó el ejercicio para última hora… con un frío que pelaba. Pero como en poco más de 10 minutos se hacían los deberes, y sin apenas alejarse de casa, me puse una camiseta térmica de cuello vuelto y una rebequita técnica, y sin problema. ¡Qué llevadero es este reto, no?

Día 3: 3.2Km, total 6Km (6.4)

Solo tocaban 3… y casi no cumplo. Por la mañana estuve liado con unos recados y un poquito de pedaleo en la MTB. Y por la tarde había evento en mi casa, y entre los preparativos, las visitas, y demás familia (nunca mejor dicho), se acababa el día y aún no me había calzado las zapatillas. Al final salí a hacer mi carrerilla cuando se fueron los úlitmos invitados, a eso de las 23, de nuevo con frío, y con las miradas extrañadas de los primeros lugareños que se apoyaban en las puertas de los bares y pubs. Ellos con sus cubatas, yo con mi frontal. Cada uno a lo suyo. De nuevo carrera fácil y plana, sin salir del pueblo.

Día 4: 4.4Km, total 10Km (10.8)

Primera salida en plan trail. Me acerqué en coche al monte, para no quemar los 4 que tocaban en el propio traslado, e hice un trote en el que llegaron los primeros pasos caminando del reto porque un par de cuestas pusieron en evidencia mi falta de forma. Ensimismado en mis cosas no calculé bien el regreso y me estaba alejando del coche. Paré el móvil cuando me di cuenta de que ya había cumplido la distancia (aunque en Strava no figuren, pues allí solo registré el reto, algunos días tocó hacer algo más para llegar al destino). Por cierto, ¡qué gusto volver a la naturaleza y a la luz solar!

Día 5: 5.1Km, total 15 (15.9)

Antes de desayunar salí a dejar los deberes hechos, trotando un tramio del Camino Portugués básicamente. Pese a estar cansado, varias veces tuve que frenarme un poco, porque las piernas pedían algo más de ritmo (algo inusual en ellas). Pero creo que este reto es como las pruebas de ultradistancia: no solo habrá que saber aguantar cuando no haya fuerzas, sino saber sujetarse a uno mismo cuando haya ganas de acelerar. Hay que guardar fuerzas y conservar la mecánica. El ritmo da igual en esta pista mientras se esté bailando.

Día 6: 6.1Km, total 21 (22)

Primeras molestias del reto. No estaba haciendo un recorrido duro, los caminillos habituales al lado de casa, ni iba nada fuerte, pero sentí unos pinchazos en el muslo izquierdo que me mosquearon un poco. Y hasta iba un poco atragantado de pecho. De nuevo me ayudó el hecho de que el entreno duraba poco, porque la verdad es que lo que me apetecía era llegar a casa y comer, nada más.

Día 7: 7.2Km, total 28 (29.2)

Notaba las patas muy cargadas. Por eso me metí en easy-trails (Pantomima Full estaría orgullosa de mis coletillas en inglés), como el senderito del río y mis caminitos habituales. Intenté tensar un pelín y ponerme en modo crucero, pero no acababa de responder y los números no eran buenos, pero tampoco malos de todo. No pasó nada, llegué a casa contento, que es lo importante para un popular como yo. Y, con todas las coñas, llevó una semana de challenge.

Día 8: 8.3Km, total 36 (37.5)

Segunda vez que doblaba entreno durante el reto, y esta vez una sesión a continuación de la otra. Aromon organizaba un entreno de orientación en el Acibal y aproveché para hacer allí los 8K que tocaban hoy. Tras 1:30h de MTBO algo durillas por lo mojado que estaba el monte, me hice en caco un mapita de orientación a pie bastante chulo, sin mucha columpiada pero con algunos fallos y elecciones de ruta estilo Cru. En la parte final me encontré con unas vacas que buscaban claramente confrontación bélica, así que me fui por donde venía y tuve que dar un rodeo para llegar a la baliza. Gracias a ellas, y a un pequeño descalentamiento, cumplí con la distancia.

Día 9: 9.1Km, total 45 (46.6)

En cuanto me levanté salí en ayunas a cumplir, animado y centrado. El recorrido todo un clásico ya: el RR vuelta al Umia, cogiendo un cachito de la Vía verde do Salnés. Me puse un ritmillo llevadero, carrera continua suave, un poco por voluntad propia y un poco porque iba notando la carga en las piernas. Aunque me cogió un poquillo el frío (también en el estómago, como pude comprobar luego en casa), luego rendí mejor en el trabajo. Había olvidado lo bien que sienta entrenar antes de currar.

Día 10: 10.1Km, total 55 (56.7)

Al ser fin de semana y estar en casa pude buscar hueco para salir de día. Estaba algo falto de imaginación, y no sabía hacia donde ir (antes de empezar el reto había pensado en diseñar los recorridos en el ordenador de antemano, pero no lo hice y tocó improvisar). Repitiendo un poco, tiré hacia el monte más cercano para conectar con el río y la vía verde y hacer un 10K de trote con algún mini-caco. Vamos, nada especial, pero al menos empezaba a sumar con dos dígitos.

Día 11: 11.2Km, total 66 (67.9)

Anduve algo despendolado y, raro en mí, me levanté algo tarde. Para purgar mis pecados salí intentando rodar, pero la penitencia me llegó en la parte central del entreno en forma de dolor en la pierna izquierda (estaba claro que era un castigo divino, porque mi pierna lesionada es la derecha), y de dolor de garganta y cabeza, por lo que ese intento de correr a ritmo se conviertió en un «para y camina, o te haces daño». Cuando llegué a casa en mi mente se apareció un meme de Julio Iglesias que rezaba: estás enfermando, y lo sabes.

Día 12: 12.2Km, total 78 (80.1)

Febrícula y dolores varios y afuera llovía bastante. ¿Qué hacer? Lo más sensato era tirar del comodín 3, porque los desperfectos que podría producirme una mojadura no los arreglaría ni una hormigonera de Paracetamol. Así, aproveché que tenía día libre en el trabajo para ir al gimnasio ya por la mañana, cuando apenas hay gente, y agenciarme una cinta de correr durante más de 1h. Al principio muy lento, porque no era capaz con los mocos y la sensación de malestar, y un poquillo más vivo cuando calenté, cumplí con la docena de kilómetros que tocaban y volví a casa a tumbarme y darle duro al medicamento.

Día 13: 13.2Km, total 91 (93.3)

Chungo no, arrastrado. Me dolía todo, no solo del aparato locomotor, sino del cuerpo en general. Iba tan mal que incluso en terreno fácil no era capaz de mantener un mínimo trote y tenía que meter trozos caminando. Además los chaparrones me estabán matando. Incluso me vine un poco abajo de cabeza y pensé en cortar aquí el reto. Total, solo quería ver hasta que día llegaba y forzarme a volver a correr con algo de continuidad, y podía volver a intentarlo cualquier otro mes (de 31 días, claro). La verdad es que durante esta sesión solo quería acabar de una vez, llegar a casa, tomar una taza de leche caliente con Nesquik (y galletas), y luego ya pensaría.

Día 14: 14.1Km, total 105 (107.4)

Muchas dudas hoy. Salí porque ya estaba con el hábito, y por terquedad. Pero tal vez debería quedarme en casa, que el monte seguiría ahí otro día… y esperaba que los dolores no tanto. Pasé el entreno bastante preocupado, yendo por inercia por caminos conocidos, con un trote lentorro y cansino y metiendo cacos en cualquier cuestecilla porque no había chispa. En los últimos kilómetros pensaba que, como parece que le pasó a Sean, si quería continuar había llegado el momento de aumentar la ingesta y los estiramientos.

Día 15: 15.1Km, total 120 (122.5)

No había mucho tiempo, pero pude conciliar gracias a RL. Mientras ella estaba en la clase de la escuela de orientación, me di un rule por la zona del mítico lago de Castiñeiras y Cotorredondo. Pillé algo de llovizna y de una niebla fría que traspasaba la chaquetilla y humedecía los pulmosnes, y escapé lo que pude del desnivel positivo (incluso le metí algo más de negativo, al estilo de los paseos de Berto Romero). Y aunque esperaba encontrame como el culo, me vi algo mejor de lo que esperaba: todavía con el ¿catarro? y dolores, pero pudiendo moverme con cierta agilidad. Sin fuerza, pero el motor todavía estaba encendido.

Día 16: 16.1Km, total 136 (136.8)

Estirar, comer, meterle batidos de recovery y visitar la farmacia, se notó. Fui recuperando sensaciones respecto a días previos, y aunque no me notaba fit (ni sano), tampoco fat. Volví al Camino de Santiago, a la carrera continua llevadera por zona fácil, sin aspavientos. Lo malo es que sí que sentía que estaba robando tiempo a cosas más importantes que esto, que no pasa de poner un pide delante del otro por afición, lo que me jodía y me impedía disfrutar del todo.

Día 17: 17.1Km, total 153 (155.7)

Intencionalmente, como si estuviese en un ultratrail, combiné el correr con el caminar a ritmos vivos, y el puro monte con las pistas fáciles. Con estas distancias ya empezaba a alejarme algo de casa, por lo que salí por vez primera este mes con mochila. El monte estaba entretenido, embarrado y con el suelo lleno de ramas, pero no llovía, así que no tuve que sacar el chubasquero, y la sesión se pasó rápido. Después de unos días durillos, parecía que volvíamos a disfrutar.

Día 18: 19.3Km, total 171 (175)

Más que competir, lo que hago a veces es ir a carreras. Este domingo en concreto fui al Trail-O de Orro organizado por la gente de Gallaecia Raid, en compañía de JV y de AR. El día estaba despejado pero frío por un viento jodón. El trazado fue el habitual en esta prueba: unas partes más técnicas en la parte sur del mapa y otras más rodadoras y pisteras en la parte norte. Yo tuve algún fallo de lectura de plano, y aunque fui conservador llegué al final con pocas fuerzas (se iba notando la carga de trabajo día tras día). Salió más de lo que tocaba, pero es que ni miré el reloj durante la carrera… y aunque lo mirase, tampoco iba a parar antes de llegar a meta, que tan tonto no soy (creo).

Día 19: 19.3Km, total 190 (194.3)

Esta sesión la recordaré toda mi vida. Todo el día estuvo lloviendo, lloviendo bastante, y yo pensando en si salir o no. Me daba pereza y también miedo de recaer enfermo y ponerme peor. Pero estaba motivado. Tanto que, pese a que cada vez caía más agua y en la televisión hablaban de alertas varias, me puse un viejo traje de aguas Karhu y después de cenar salí de casa con la intención de hacer los 19Km que tocaban en una especie de in-every-street de esos que hace ahora la gente (correr por todas las calles de tu ciudad), y así aprovechar los balcones y edificios para evitar en parte la lluvia. La teoría no era mala, pero no funcionó porque a los pocos minutos de estar trotando por las aceras aquello se convirtió en un diluvio ventoso. Todo eran grandes charcos, agua saliendo de los balcones y de los canalones desbordados, lluvia lateral donde no había protección… Estaba empapado de arriba a abajo, los kilómetros se sumaban muy lentamente dando vueltas a varias manzanas, y las pocas personas con las que me crucé me miraban, algunas como si estuviese loco, otras como si fuese tonto. Tal vez tenían razón ambas. Luego en casa, con el objetivo cumplido y la ducha caliente tuve la sensación de ser un dios. Pero volví a ser mortal cuando cogí la fregona para limpiar los charcos que dejé al entrar y al desnudarme. Y poco después ya era un vil pecador cuando pillé por banda el cartón de la leche, el Nesquik y la bolsa de las galletas.

Día 20: 20.1Km, total 210 (214.4)

Sería por la dopamina y la adrenalina generadas el día anterior, pero el cuerpo quería movimiento. No había piernas o, mejor dicho, había, pero perjudicadas muscular y articularmente. Pero aun así logré sacar los 20K a sub 6′ y con sensaciones no del todo malas (¿sería que con el paso de los días, además del cansancio, también llegaba la forma?), solo empañadas por unos leves dolores de espalda. PD: o me pongo a trabajar el core, o algún día tendré un disgusto (y además si no lo hago nunca lograré parecerme a CR7).

Día 21: 22.3Km, total 231 (236.7)

Esta guay salir a hacer una media maratón entre semana, después de cenar, tener que regresar por no ser previsor (por ejemplo por salir sin chubasquero y ponerse a llover), y con todo pasarse de distancia. Y es que por el día no pude, pero a última hora del día saqué fuerza de voluntad y me escapé sin mirar la previsión meteorológica. Me pilló la lluvia a unos kilómetros de casa y volví para el pueblo para intentar acabar la distancia dando vueltas por el parque y por las aceras. La Guardia Civil me vio varias veces en distintos lugares y estuvo a punto de pararme; seguro que me multaban por matado. Fue un día difícil de describir porque no iba bien ni de cabeza ni de cuerpo, de nuevo teniendo que recurrir a un caco involuntario, y aún así cumplí con lo que tocaba sin saber bien cómo.

Día 22: 22.1Km, total 253 (258.8)

Todo el que hace deporte habrá sufrido alguna vez de estar entrenando e, involuntariamente, no parar de tararear una canción pegadiza. Pues esa es la historia de esta tirada: viví 22Km de carrera continua, trotona, por el Camino de Santiago hacia el sur, bajo una lluvia fina y absorto en el haz de luz del frontal… con el soniquete del burrito sabanero que va camino de Belén incrustado en el cerebro (soy tan amable que dejo un enlace por si alguien no sabe de qué hablo). Eso sí, a lo tonto iban pasando los días, llevaba más de 250Km, y ya había llegado más lejos de lo que esperaba con el retito este.

Día 23: 23.1Km, total 276 (281.9)

Querer, quería hacer algo similar a lo de ayer: un rodaje de ida y vuelta por el Camino de Santiago, pero hacia el norte. Sin embargo, no me salió como quería. La lluvia era más fuerte y el cuerpo no iba, y más que rodar seguido tuve que «caquear» un poco. Fu un día de aguantar de coco y usar estrategias mentales para intentar completar el objetivo: llegar a casa con ganas de más, y mañana será otro día.

Día 24: 24.5Km, total 300 (306.4)

Hoy me retiré, y al mismo tiempo no, como si fuese el corredor de Schrodinger. Como era Nochebuena y en casa habría faena y ganas de estar en familia, salí temprano para luego tener el día disponible. Pero tras los primeros kilómetros de tregua empezó a llover fuerte, muy fuerte, y yo estaba bajo las nubes con un chubasquero de bici sin capucha, y tiritando. Me desvié hacia el monte para ver si en las zonas más boscosas se disimulaba algo el aguacero, pero fue peor todavía porque bajaban auténticas riadas por todos los caminos. Tiré de fuerza de voluntad, pero sentía que me estaba volviendo a poner malo, y que esta vez el resfriado iba a ser gordo. Y además iba muy lento y con las piernas fatal. Así que me dije a mí mismo, «hasta aquí», y me volví a casa. Llegué con 17.4Km, y ya me costó que fuese así. Ya daba el reto por abandonado cuando, mientras hacía los últimos recados navideños caí en que podía usar el comodín de fragmentar la sesión y completar por la tarde los casi 7Km que me faltaban, pero dudaba de si tendría tiempo. Gracias a que RL estuvo trabajando duro en casa y a que me animó, luego pude, efectivamente, robar un ratito para vestirme el traje de aguas y retomar el asunto. Curiosamente, a la tarde no me cayó ni una gota.

Día 25: 25.1Km, total 325 (331.1)

Un poco culpable por no ayudar más en casa en este día de Navidad, me puse con el entreno a media mañana. Metí bastante asfalto, incluso por la carretera nacional, procurando que fuera una sesión tirando a fácil y rápida en la que poder mantener un ritmillo lento pero constante, pero reconozco que en un par de tramos las piernas me pusieron en mi sitio diciéndome como al Lute: camina o revienta. Incluso así llegué a casa contento por haber safado la lluvia y haber salvado otro día. Aunque quedaban los días más duros, pero llegados aquí el final ya se veía cerca.

Día 26: 26.2Km, total 351 (357.7)

La vía verde do Salnés en lugar del Camino de Santiago, y entretenido con un podcast de Kapital en lugar de con mis pensamientos. Salvo eso, día muy similar al anterior, de querer rodar, pero con un cuerpo que pedía ritmos lentos, pausas y, sobre todo, descanso. En casa le metí ración doble del recuperador de 226ers (el de fresa, que está rico de carallo), y estiré un buen rato. La acumulación de jornadas largas ya iba pesando en las patas.

Día 27: 27.7Km, total 378 (385.4)

Tiempo hacía que tenía ganas de darle una vuelta al embalse de Caldas. Aproveché la tirada larga de hoy para revisitar un par de zonas que tenía algo olvidadas y para trotar junto al agua. Algunos de los caminos estaban algo cerrados y fui buscando alternativas. Además, el sol, ese viejo conocido de los gallegos, llegó a asomarse por momentos. Así que fui bastante contento y entretenido. Ahora bien, menos mal que la cabeza estaba ocupada porque físicamente daba peniña: sin fuerzas, con dolores en las rodillas y las caderas, y con el pie derecho sufriendo porque a media sesión se me rompió la suela de la zapatilla e iba con una pisada forzada (¡la mierda de la frikada de despedirme de cosas viejas!). Otro día de los que llegar a casa habiendo completado lo requerido ya fue un triunfo.

Día 28: 28.2Km, total 406 (413.6)

Soy algo tonto, eso está claro. Si ayer fue la zapatilla, hoy salí con unos calcetines de la época de Matusalén, que se agujerearon en la primera media hora, y me salió una rozadura importante en el talón. Eso, sumado a que estaba fundido y reventado por todas las esquinas, resultó en una salida lenta, renqueante y pesada. Me consolaba pensando en que todo el rosario de molestias era normal ya que llevaba más de 400K en el mes… tras llevar meses casi sin entrenar a pie. Pero de poca analgesia psicosomática me sirvió y en los últimos kilómetros solo pensaba en comer y descansar.

Día 29: 29.2Km, total 435 (442.8)

Se confirmaba que hasta el rabo todo es toro. Y que si cargas, cargas, cargas, y no descansas, en algún momento revientas. De hecho la jornada se me hizo larga y penosa: dolores múltiples, más momentos de caminata de lo que quisiera, y salvando el día por simple fortaleza mental (sería porque esa faceta sí que la entreno mucho en el día a día, incluso en el trabajo). Al llegar a casa tuve que darme unas friegas en Flogoprofen o no era capaz ni de subir las escaleras para ir al dormitorio.

Día 30: 30.1Km, total 465 (472.9)

Parecería mentira siendo el penúltimo día del challengue, pero juro que cuando empecé el día no veía nada claro el futuro inmediato del reto. Una sesión dura, bastante dura. Y en los primeros minutos me encontré el camino cortado por una cinta que salté… y un poco más adelante me salió la Guardia Civil preguntando si había pasado por allí, cosa que, por supuesto, negué. Luego la borrasca se intensificó, y también los dolores articulares, tanto que incluso notando la musculatura más o menos entera me impedían trotar… ¡y casi moverme! Tenía un bulto en la cadera derecha que me hacía temer por una hernia, con un dolor que irradiaba al muslo y al glúteo, y llegó un momento en que la pierna se me quedaba rígida. Si me ponía el Buff a modo de parche en el ojo parecería un pirata con pata de palo. Paré a descansar un par de veces, tomé todo lo que llevaba en la mochila y, mal que bien, conseguí volver a casa. Aunque sonaba a lesión, estuve el resto del día intentando reparar los daños… y caminando como Robocop.

Día 31: 31.2Km, total 496 (504.1)

En navidades siempre ponen en la cumbre del Xiabre un belén entre las rocas. Desde el primer día de este reto tuve claro que, si llegaba al final, la última sesión sería ir a visitarlo. Así que este último día del año salí de casa antes del amanecer, animado pero bastante desconfiado con el recuerdo del día anterior, pensando en cuando llegaría la crisis. Así que chino-chano, controlando el esfuerzo, fui avanzando, metiendo kilómetros y desnivel pero con ojo. En la parte alta se notaba la fuerza del vendaval que entraba por la ría de Arousa. En algunos momentos el viento era tan fuerte que no dejaba avanzar e incluso amenazaba con tirarme. Al llegar a las antenas disfruté un rato de las figuritas navideñas y de las vistas, pero no mucho tiempo por miedo a que me cogiera el frío. En la bajada no me encontré tan mal como esperaba: la cadera se mantuvo a raya, y la ilusión de estar acabando el reto también me dio energía. Llegar al último día del reto con una salida de unos 1000m de desnivel positivo, y en la que reencontré sensaciones de mi época más trailrunner, era algo que no imaginaba el mes pasado ni de coña. ¡Trabajo hecho!

Día 31-bonus track: 4.9Km, total casi 501 (509)

Tradición, acto social y lúdico, ritual deportivo… La San Silvestre de Pontevedra es una de esas citas ineludibles, y más este año que era la primera en familia. Total… con los números que me estaban saliendo esa semana ya daba igual unos kilómetros más o menos. Daban lluvia justo para la hora de salida, y acertaron: estaba empezando a salir la cabeza de carrera (los que corren de verdad), cuando empezó a caer ¡y de qué manera! Arreció durante todo el recorrido por la ciudad y RL y yo nos pusimos echos una sopa, no así el peque que, con la funda plástica de su silla decorada con leds navideños y el saquito interior, llegó sequito y calentito. Lo pasamos bien por participar un año más en la fiesta, pero lo malo fue no poder hacer la típica quedada posterior, ya que todos nos fuimos rápido a casa para ducharnos y cambiarnos y no pillar una pulmonía. Con la coña sumé casi 5K más… y una nueva mojadura, y acabé mi Sumatorio en ambiente familiar y festivo :-).