Recuerdos de UTMB

Una persona me comentó antes de mi visita al UTMB, que participar en esa prueba era algo que se disfrutaba realmente a posteriori, en las semanas y los meses siguientes. Ha pasado ya un año de ello y le doy la razón; y además lo sigo recordando como uno de los momentos, y uno de los ambientes, más emotivos que he vivido. Especialmente la salida, pues justo ahora pero en 2013 estábamos así, ensimismados y ansiosos:


Y unos segundos después sonó la esperada música, algo cambió en nuestras cabezas, y pasó esto:

5-1

La noche del 13 al 14 de junio nos cayó un 5-1. Obviamente me refiero a nuestra visita a Sierra Nevada, ¿a qué otra cosa podía ser? El objetivo era hacer un entreno amistoso en altura, y a ser posible llegando a 5 cumbres de más de 3000m en 1 día (por aquello del pico-average). Aunque el míster me había convocado desde un principio, lo cierto es que hasta esa semana contaba con chupar banquillo, pero finalmente pude hacer mi modesta aportación al juego del equipo, cuya alineación titular fue: JS, CV, AV, SM, y FC.

El pitido inicial se dio en Trevélez (1520m), a eso de las 6h y con melodías acid-progressive de fondo procedentes de una fiesta que se celebraba en el pueblo; como nosotros somos más de techno-house, decidimos no quedarnos y tirar para arriba. Tras un par de empinadas calles de cemento entre las típicas casas blancas de la Alpujarra, los primeros kilómetros fueron siempre ganando metros, primero entre fincas y después por senderos más despejados. Íbamos cautelosos, analizando al rival, es decir, con marcheta pero sin correr. Y a la 1h15min ya estábamos en la zona de la Campiñuela (2560m), donde cruzamos un río llamado Culo de Perro (no hizo falta sacar tarjeta amarilla, se llamaba realmente así), para seguir subiendo por la loma del mismo nombre. El terreno se puso más árido y rocoso, y en ocasiones se subía ya a chuzo por las lajas sin una traza clara, cada uno a su bola, en un momento de juego individualista.

Un rato más hacia el NO y anotamos los primeros tantos: el Peñón del Globo (unos 3289m), bajar unos metros, y contraatacar la cima hermana, el Peñón del Globo Occidental (3296m). El siguiente tramo era plano, pero lo tomamos con calma porque era técnico y no apto para bromas: a la izquierda nos quedaba una zona con un gran patio, sin problemas aquel día por la actitud que llevábamos y el tiempo espléndido que tuvimos, pero allí habría que tener mucho cuidado un día de lluvia (ya no digamos de nieve), pues un tropiezo en un regate acabaría en algo más que lesión. Afortunadamente el mister JS había preparado bien el encuentro y siempre nos daba las indicaciones adecuadas. Otro ratito más, y otros dos goles: el Puntal de la Cornisa (3316m), desde el que ya apuntamos a nuestra derecha a la antecima y la cima de la Alcazaba (3369m).

El pequeño avituallamiento y la motivación hicieron efecto, y el ritmo empezó a aumentar. Por un par de bajadas rotas y algunos tramos con nieve, fuimos bajando por la Cuneta de la Alcazaba y la Colaera (bajo la pared anterior), hasta las Siete Lagunas (2900m). Giro brusco a la derecha, y a subir de nuevo, haciéndose ahora patentes las posiciones naturales de cada uno en el campo: SM y AV en la delantera, CV de extremo, y JS en el mediocampo; yo a la zaga, haciendo de cierre o último hombre. Fue por eso, y un poco también porque iba regulando para no fundir, que me quitaron unos minutos en el punto álgido del encuentro: la cumbre del Mulhacén, 3478m y techo de la península ibérica (la estrategia inicial tenía previsto incluir el Veleta, pero las condiciones del terreno de juego lo desaconsejaron).

Además del vértice geodésico, allí arriba debía estar el palco presidencial, pues la afluencia de público VIP era grande. Mis compañeros apenas me dejaron descansar y disfrutar del momento, pero no puse muchos reparos porque sabía que llegaba lo que me gusta: bajar y bajar. Al principio ladera empinada y zigzagueante, con piedra suelta, después senderos más pisados con rocas salpicadas; todo el rato paralelos al barranco del Poqueira (que en algunas cartografías aparece como río Mulhacén). Algunos miembros del equipo empezaron a acusar la fatiga, y de forma espontánea pasé a ser yo el centrocampista durante unos kilómetros. Al llegar al refugio de Poqueira era ya siempre tirar hacia el S, siguiendo los cauces de varios riachuelos y pasando por varios cortijos. A la altura de una pequeña central eléctrica, ya por debajo de 1600m, ya estaba casi todo hecho. Aunque esos minutos de descuento se nos hicieron algo largos por culpa de una inesperada subida por pista ancha y mucho calor, y un sendero en llano-bajada que nos llevó finalmente al pueblo de Capileira (1440m), donde finalizó existosamente el partido.

Los números fueron aproximadamente 32km, casi 3000mDa+, en 8h (7h en movimiento),… y una porrada de kilómetros de furgoneta para subir y bajar a Granada. Y es que aunque la ruta, y la ducha posterior en una acequia, dejaron buen sabor de boca, el viajar-correr-viajar hizo algo agobiante el fin de semana. De todas formas no hubo problemas, lo pasamos bien, y ya deseamos que haya otra concentración.

24h BTT Compostela

Con un formato poco habitual en Galicia, se celebró la semana pasada la 2ª prueba del BTT Compostela: un maratón de mountain-bike de 6h, 12h o 24h, y en el que se podía participar de forma individual, en equipos de 2, o en equipos de 4 (vamos, al estilo del conocido 24doce). Tenía dudas de si ir o no, porque estoy flojo de entreno, y porque lo de dar varias vueltas a un circuito no me gusta nada. Pero unos días antes decidí anotarme: 24h solo… lo más razonable.

El sábado por la mañana nada más llegar monté «el box». En mi caso, que iba sin compañía ni carpa, se limitó a desparramar material, herramientas y comida por el maletero del coche. Y a las 12:00, muy puntuales, dieron la salida simultánea a las tres modalidades.

Las primeras vueltas fueron lentas: todo el mundo iba guardando fuerzas y reconociendo el recorrido , que por cierto no estaba mal del todo, o al menos mejor de lo que yo esperaba. La salida/meta y zona de boxes estaban situadas en el complejo vacacional del Monte do Gozo. El primer kilómetro era en leve subida, saliendo del recinto y dirigiéndonos al sur. Tras una trialera muy chula (que cambiaron al acercarse la noche porque era algo peligrosa), entrábamos en una zona rápida de monte, de bajada y llaneo con un par de repechos. Unos metros de asfalto hasta el punto más bajo del circuito, en el PK4, y giro de 180º hacia el norte pillando una pista muy facilona en falso llano. Al acabarla llegaba la subida más dura, sólo 800m, pero con bastante pendiente, y que después continuaba subiendo otros 2km por una pista algo rota. Un par de tramos de bajada y subida, un par de trozos de asfalto, y volvía la subida «suave» entrando de nuevo al Monte do Gozo por el Camino Francés (junto al monumento conmemorativo del alto nos desviábamos a la izquierda para volver al recinto cerrado). Se supone que eran 13km y 330m de positivo por vuelta, pero a mi siempre me salían menos.

Las primeras horas éramos bastantes en pista. No hacía falta mirar el color del dorsal para saber en qué categoría iba cada uno, el ritmo ya lo dejaba claro: los que adelantaban como fuegos iban al 6h, los que nos arrastrábamos al 24 (con los otros te entraban dudas). Yo me mando el primer sting de 4 vueltas, casi sin parar los siguientes de 3, y a medida que se acercaba la noche vi que lo mejor era darlas petit-suise style, es decir, de 2 en 2.

Cuando anocheció hice una parada larga (se me fue a casi 1h), para poner luces, descansar y comer bien, cambiar la postura un rato, y repasar la mecánica. Durante la madrugada fuimos quedando pocos en pista, sobre todo al dar la medianoche y finalizar la modalidad de 12h. Ya con los focos y luces en la bici, y con otra cosa en mi trasero que también iluminaba, rodé completa toda la noche, pero notando que me estaba viniendo abajo; lo decía tanto el crono como las sensaciones. Calculé mal los ritmos, y la comida, y el avituallamiento de la organización no era ninguna maravilla, pero mis amables vecinos de box, unos simpáticos bikers de la Serra de Outes, me salvaron invitándome a pasta con marisquitos, galletas,… Gracias.

Aún así, cuando amaneció yo estaba fundido: de espalda y cervicales, de fuerzas en las patas, de dolor de culo, e incluso rallado de coco. Me agobiaba que desde la tarde del sábado parecía un piloto de MotoGP: no por ir rápido, noooo, sino porque a partir de la 5ª vuelta repetía la misma trazada, los mismos cambios de piñón, los mismos gestos, vuelta tras vuelta, y ya estaba aburrido. Además entre las 8 y las 10 de la mañana del domingo perdí un par de puestos (uno ya esperado, al adelantarme el compañero JF experto en estas lides, que había pasado un mal momento de noche), y al saber que ni pillaba podium, ni iba a perder puestos porque no me iban a recuperar vueltas, cuando faltaban 15min para cumplirse las 24h, decido parar. Aunque podía, no tenía ganas de dar otra más.

Con todas las coñas pedaleé unas 21h30min para dar 25 vueltas, resultando entre 300 y 310km, y unos 8000-y-pico mDa+, y lo mismo negativo, que cuando llevas mucho rato también cansa (de hecho al final también me molestaban los brazos y manos en las bajadas rotas). Y aunque no iba disfrutando, tampoco lo pasé mal del todo porque me «evadí» pensando en mis tonterías habituales. No me motivan en exceso estas pruebas sin un paisaje o un significado, pero alguna de vez en cuando también tiene su interés; además sirvió como un pequeño test para saber si ir a la PBR o no.


Fotos de Javier Segade y Anabel García compartidas en el FB de la prueba.

Dorsales solidarios en VCUF

Del 6 al 8 de junio tendrá lugar uno de los eventos más interesantes del ultratrail nacional: la Volta a Cerdanya o VCUF (que queda más profesional decirlo usando las siglas). En ese paraje espectacular se celebrarán, y uso este verbo a propósito, además de múltiples actividades paralelas, 6 carreras: 214km, 87km, 37km, 13km, 10km o vertical, y la Sumant Capacitats de 5km.

La organización, capitaneada por Eduard Jornet (sí, el padre de la criatura), incluye un proyecto solidario para fomentar un deporte más inclusivo y para colaborar con un par de entidades que trabajan en el tema de las enfermedades y las discapacidades.

Para recaudar fondos para este proyecto, la VCUF: «saca a la venta una serie de 52 dorsales solidarios con la fotografía, firma y frase de algunos de los corredores más célebres del panorama del running» (cita textual). Están los de Emma Roca, Emilie Fosberg, Philipp Reiter, Fernanda Maciel,… ¡y el auténtico FCF!
El que compre los dorsales solidarios recibirá una copia limitada del Decálogo del Buen Excursionista de Kilian Jornet, la inscripción a la prueba solidaria, y obviamente el dorsal individualizado del corredor elegido. Espero que alguno de mis miles de fans se anime con el mío (mi madre no cuenta), o con cualquiera de los otros. 

Al Xalo, más que una travesía

Me encanta que las pruebas tengan un trasfondo que las convierta en algo más que simples carreras: sea un significado, una conmemoración, un entorno, un carácter,… Y me gusta que el paso de los deportistas por la zona no se limite a un simple correr: que dejen algo allí y a la vez se lleven algo de ese entorno que visitan, y no me refiero exclusivamente a asuntos materiales. De hecho, si es posible, también procuro que esta actitud esté presente cuando hago aventurillas no-competitivas.

Valores de este tipo, que están claramente presentes en pruebas como la VCUF o el UTMB (tuve la suerte de comprobarlo el 2013), los entreví la pasada semana en la Travesía do Xalo, un trail corto pero intenso, que va por su 5ª edición y cuya organización se supera año a año. Y creo que se está convirtiendo en algo más que una carrera por varios aspectos.

Uno de ellos, que es una prueba marcadamente comunitaria (sí, asiduo espectador del Telediario, esta palabra sirve para cosas que no tengan que ver con la UE). Porque parte de la inscripción va para asociaciones de la zona que trabajan en el terreno social, por cierto alguna relacionada con mi ámbito laboral (claro, así me tocan el corazoncito). Porque después de las pruebas (trail, andaina, e infantiles), la gente no se va a casa y la entrega de premios está desierta, nooo… aquí hay una gran vida social posterior: la música, el churrasco y las larpeiradas, son sólo excusas para estar un rato de charla y mantenernos a todos allí hasta media tarde. También porque se nota que detrás hay mucha gente trabajando en equipo y tratándonos de maravilla.

Otro sería que se respira buen humor, y no me refiero a esas pruebas que con el cuento del «buenrollismo» y el colegueo descuidan las labores organizativas. De hecho aquí no tienen mucho margen de mejora al estar todo bastante correcto (como mucho pueden ampliar los servicios al corredor/acompañantes, o las actividades paralelas); los únicos peros que se les puede poner a la gente de Castelo Deporte tienen fácil solución: sólo hay que poner alguna cinta atravesando las pistas que se abandonan hacia caminos perpendiculares, y regalarle un GPS al que puso los paneles con los PK. Con lo del buen feeling me refiero a detalles como la salida fogheteiro style, la banda de músicos en el Petón, el ambiente post-carrera, el #aquícomemosasí (que puteaba un poco a los del C42), etc.

Y obviamente por lo deportivo. Porque sin contar con un monte superespectacular, saben exprimirlo para conseguir una prueba bonita y rompepiernas de caral$&. El recorrido fue casi igual al del año pasado, sin asfalto, con mucha pista y sendero, y con alguna zona trialerilla pero no muy técnica. Una explicación exhaustiva y pormenorizada del trazado es esta: se sale de la aldea de Castelo, se sube, se baja, se vuelve a subir, se vuelve a bajar, se asciende, se desciende,… se hace un llaneo por la parte alta del Xalo, se baja, se sube, se empina para arriba y se empina para abajo, y antes de bajar otra vez hacia Castelo hay que hacer una subidita final. No daré más detalles por no excederme.

Yo no estoy muy bien de forma, así que salí conservador: a acabar y pasarlo bien. En las subidas con calmita y en las bajadas adelantando. Poco a poco me fui animando, por momentos demasiado… lo que supuso una caída tipo-cuchillo (sin consecuencias), y llegué a la zona alta cogiendo gente. Quise hacerle honores al Petón, y allí peté ligeramente, pero sabía que quedaba poco, así que un gel y empecé a vaciarme… o lo que es lo mismo, a hacer hueco para el churrasco. En meta eché en falta tener más desnivel en las patas, así que me doy con un canto en los dientes de acabar en 2:39:00 los casi 21km y 1400mDa+, y habiendo disfrutado.

Vamos, que lo pasé bien el finde en Culleredo, y que es un ambiente y una carrera muy recomendable. De hecho, el último fin de semana de abril debería ser una fecha ya reservada en el calendario de los «trailchurrasquers» gallegos.


Fotos de Leonor y Carballeira compartidas a través del foro CeG y de la web de Castelo Deporte.