Chocolate no Geres

A veces vas a un sitio con un plan, y acabas haciendo otro mejor. En este caso la visita a Castro Laboreiro era para hacer unas rutillas por esa parte norte del Parque Nacional da Peneda-Gerés, que tiene un entorno alucinante para patear y para trotar, y sin saberlo de antemano nos encontramos con el Chocolate sem fronteiras.

Además de bastante buen rollo con la gente que asistió (poca, la verdad), como suele ser con los vecinos portugueses, disfrutamos de un montón de actividades en torno a la histórica producción de chocolate de la zona miñota (sur de Galicia y norte de Portugal): visita al museo antropológico y la antigua frábrica, visita teatralizada al castillo, rutas de senderismo, feria de productos, proyeccion de audiovisual… e incluso un evento de geocaching. Y, claro está, degustación de chocolate en varios formatos: luego ya nos ocupamos nosotros de complementarlo con un buen bacalhau con broa y con cordero a la brasa.

Vías tranquilas y osos

El oso que habíamos visto en el Courel en cierta ocasión era un poco fraude, así que como RL y yo teníamos ganas de ver a uno de verdad y de mover un poco el body, hilvanamos varias actividades para ver si había suerte.

Tiramos para el norte en la furgo, y el sábado aprovechamos para participar en una pruega de la Liga Galega de Orientación que se celebraba en Lugo, en el mapa del monte Segade. Salimos juntos, llevando yo el mapa las dos primeras balizas, mientras le explicaba un poco a RL, y ella el resto del recorrido, en el que no hubo grandes problemas. Por la tarde aprovechamos para dar un paseo y hacer algo de geocaching por el parque y el paseo a orillas del Miño. Día entrenido.

El domingo un poquito de bici: la vía verde el EO. Empieza en Vilaoudriz (a Pontenova), y va hasta San Tirso de Abres, teniendo como eje el rio EO que limita Galicia con Asturias. Ida y vuelta son 25km, muy facilitos, siendo el único inconveniente la falta de luz en algunos túneles, y que algunos tramos no están muy cuidados (baches, piedras…), y teniendo como principal atractivo el río, y los puentes y túneles. Para completarla un poquito, se puede visitar la cascada de Foxas, a la que se puede acceder por una carretera de asfalto en subida que se pilla cruzando el puente de madera al lado de las piscinas (mejor mirar mapa, la verdad). Apenas suma distancia, porque ir y volver no llega a 6km, aunque aquí sí que hay un pelín de subida (poca, pero la hay).

Al día siguiente una de las rutas más conocidas de Asturias: la Senda del Oso, que también aparece catalogada como vía verde (también hay info aquí). Esta sí que es acta para todos los públicos, de hecho vimos muchas familias con críos: el piso es bueno casi siempre, cuando pica para arriba es muy muy suave, y tiene muchos atractivos: el paisaje, los puentes y túneles… y los osos. De hecho, hicimos primero el tramo completo de Tuñón a Entragu o Teverga, donde hicimos una paradita para picar algo en el abarrotado parking, y luego a la vuelta en Proaza nos desviamos hacia Quirós, aunque no pasamos del embalse de Amurio, y volvimos a Tuñón (56km y 450mDa+ en total). Pues tanto de subida como de bajada, en esa especie de jaulas que hay a la altura del área recreativa de la Buyera, pudimos ver a Paca y a Tola (y a el/la otro/a oso/a cuyo nombre desconozco). Flipante, lo cerca que tienes a la osa en la zona vallada, y lo bonita que es. Objetivo cumplido.

Si se va hasta allí a hacer la Senda del Oso, es una pena irse sin hacer la Ruta de las Xanas, una ruta de senderismo que transcurre por el desfiladero del mismo nombre, y que por momento parece un mini-Cares. Es sencilla (aunque con niños hay que ir con ojo), y al principio las vistas son espectaculares. Nosotros la hicimos en media mañana con calma, uniedo ésta con la Ruta de Valdolayés, para no bajar por donde habíamos subido, y en total nos salieron 13km. Por cierto, que luego nos metimos un menú en Teverga, con sus fabes y su jabalí, que fue espectacular.

Despues nos fuimos unos días a la zona de Somiedo y aprovechamos para hacer un par de mini rutillas. Primero en bici la ruta trabalenguas: de Valle de Lago a Lago del Valle. Vamos, ir desde la aldea hasta lo que se conoce como el lago de Somiedo. No tiene mucha chicha, la verdad, porque es subir todo el rato por pista en dirección SE (se pueden usar también algunos senderillos paralelos), y luego bajar por el mismo sitio en dirección NO, haciendo 15 o 16km en total (y unos 400 o 500m de desnivel, dependiendo de dónde pares). El premio está en disfrutar del bocata en un entorno tan chulo como el lago. Por la tarde hicimos un cacho de una ruta de senderismo que arranca en la entrada del pueblo, cerca del camping, y va hasta el Puerto de Somiedo. Desde luego, buenas vistas, naturaleza, y tranquilidad, que era lo que buscábamos. Eso sí, aquí no vimos osos.

Asturias paradise

Semanilla de furgoneteo por Asturias, que nunca defrauda.

Un día subida a los Lagos, con su visita al centro de interpretación y su rutilla de senderismo, y parada a visitar a la Santina de regreso. Otro día, tiramos en bus a Posada de Valdeón para hacer la Ruta del Cares hasta Poncebos, disfrutando por cierto de un lugar super-interesante: el chorco de los lobos (y, por cierto, dejando en la lista de pendientes la nueva vía ferrata). También hicimos una jornada de turisteo y geocaching por Cangas de Onís, epicentro del turismo en estas fechas, en la que aprovechamos para las compras y degustaciones. Por supuesto, no podía faltar la visita al gran Urriellu, en este caso desde Sotres, bajando por la pista hasta el collado Pandébano, y luego por la ruta típica hasta el refugio, y regreso por el mismo sitio para no forzar. Y también descubrimos una ruta de senderismo que me encantó, no tanto por el paisaje sino por lo entrenida que es: la ruta del Beyu Pen o del bosque encantado. Durante la ruta hay que ir buscando una serie de personajes mitológicos que están camuflados en las rocas y la vegetación (algunos parecen casi esculturas, otros son elementos naturales levemente modificados). En la caseta de turismo nos dieron un folleto con la lista y la explicación, y entre la subida y la bajada localizamos todos: algunos son muy fáciles, otros no tanto. Muy recomendable para tener entretenidos a críos… y no tan críos.

Vamos, que unos días de tranqui, pero de no parar. Asturias paradise.

El cuasi-Anillo de Picos

No se trata del diminutivo de un tal Cuasiano, sino que se refiere a que el otro día hicimos parte del Anillo de Picos, ruta con tres variantes (Anillo del Vindio, Extrem, o 3 Macizos), consistente en ir uniendo los refugios de Picos de Europa en varias etapas.

Los valientes que para allá fuimos (7 gallegos, 4 asturianos,… y SM, un mestizo; varios de ellos colegas del C.M. Xesteiras de Cuntis), íbamos un par de días a echarle un vistazo al recorrido del Anillo para intentarlo en formato non-stop en un futuro próximo (yo más bien me anoté al asunto porque podía ser un buen entreno a tres semanas vista de mi UTMB).

El viernes noche, mientras varios «voluntarios» fueron a Sotres a dejar un coche con material, el resto quedamos cenando en Cangas de Onís (nada de pasta party… aquí fabes y cabrales, ¡qué somos hombres!). Al acabar subimos a los Lagos de Covadonga, ultimamos el material, y a las 23:45 frontales encendidos para empezar a trotar.

Había algo de niebla y humedad por la pista del Pozo del Alemán, pero al rato ya empezamos a subir y sobraba todo. Al poco nos encontramos a dos chicos que se habían perdido y que vinieron con nosotros hasta el refugio de Vegarredonda (R1), donde ellos tenían pensado dormir, y nosotros coger los fortfaits del Anillo (una cartilla que debes ir sellando en cada refugio, tipo Camino de Santiago). Al llegar allí el refugiero debía estar de malas, o hubo algún malentendido, ya que nos echó -literalmente y de malas maneras-, y eso que habíamos hablado con él por teléfono un rato antes y parecía no haber problema… y a los otros dos senderistas los mandó a la caseta de enfrente. A nosotros nos daba igual «acreditar» los pasos o coger el pack de regalitos (perdió la pasta, aunque se quedó el dinero de la reserva), y total no íbamos a dormir, así que llenamos agua y a la 1 de la madrugada empezamos verdaderamente el Anillo.

La noche estaba preciosa, despejada y con buena temperatura, y las primeras horas se pasaron rápido pese a que no eran terreno fácil, o tal vez gracias a ello. Caminillos para arriba, zonas de rocas, neveros… ¡con lo que a mí me gustan! (reconozco que alguno me dio miedillo); los compañeros asturianos se sabían aquello de memoria, y cuando dudaban tirábamos de GPS. Tras un fuerte descenso, primero de piedra suelta, luego boscoso, llegamos a Vegabaño (R2). Paramos un ratito a comer algo, y salimos por un camino en fuerte pendiente que después suaviza pasando por un bonito bosque (creo que de hayas), y que desemboca en una larga bajada que nos devolvió a la civilización: no lo digo por las casas y los coches, sino porque al amanecer todavía encontramos gente de botellón.

Un ratito de tregua en Posada de Valdeón, bajada hacia Cordiñanes y… a subir. Al principio es llevadera, después empina, y al final se trepa. Valió la pena aunque sólo fuese por las vistas (p.ej. al Friero), y por llegar a tomar el bocata matutino a Collado Jermoso (R3). Al salir del refugio tiramos hacia la derecha y empezó la que fue para mí el peor tramo. Serían sobre las 12 y apretaba el calor, avanzabamos por un sube-baja continuo muy roto y salpicado de neveros, y el ritmo era lento porque ya se notaba el cansancio y el peso de la mochila… e íbamos guardando un poquito. Aún por encima a medida que nos acercábamos al siguiente refugio el tiempo se puso malo, y el recorrido más peligroso (rocas chungas, neveros expuestos, zonas de patio,…). Antes de llegar a Cabaña Verónica (R4) ya íbamos divididos en tres grupos; yo por la Vueltona aceleré un poco, pero había mucha gente y estaba en tierra de nadie, así que esperé y me quedé con el grupo trasero.

Pillamos la abarrotada pista fácil que baja hacia el cable, y de allí fuimos a Aliva, donde nos detuvimos a tomar algo caliente, y a buscar un medio para que bajase a JMP, un compañero que iba tocado de una pierna. Acompañado ya sólo de MM, próximo compañero de UTMB, bajamos hacia el valle del Duje, y al llegar a la altura de la temida canal Jidiellu, famosa subida de la Travesera, decidimos que no valía la pena hacerla (había niebla, nos iba a anochecer,… vamos, que estábamos mamados), con lo que no veríamos el Casetón de Andara.

Al llegar al albergue de Sotres, sobre las 19h, nos encontramos a JD y AV que habían hecho lo mismo que nosotros, los curtidos asturianos que acababan de hacer la canal y Andara (R5), y al resto tuvimos que esperarlos porque en el monte hasta casi las 22. Ya reagrupados cenando decidimos qué hacer al día siguiente. ¿Terminar el Anillo? Suponía madrugón y además a unos cuantos nos faltaba un trozo. ¿Seguir hasta el mediodía y dejar un trozo? No nos apetecía. ¿Hacer una ruta alternativa? Pues estaría bien; damos un rule de entreno, cogiendo algún tramo del Anillo, y volvemos a una hora prudencial pensando en los que curran el lunes, pues son más de 5h de viaje.

Así que dormimos tranquilos, nos levantamos en plan señorito, y nos fuimos de paseo. De Sotres a collado Pandévano tranquilos, y de allí al Urriellu ya a ritmo alegre. La peña flipaba… y yo también, pues me era imposible seguir el ritmo de los máquinas con los que iba. Paradita a contemplar el Naranjo y «otros paisajes», y para abajo por el Camburero. Descenso jodido para ir rápido, y aunque por veces corrimos bastante bien, en las zonas húmedas había que ir con calma y mucho ojo. Al llegar a Bulnes algún bicho debió picarle a alguien porque el ritmo se empezó a acelerar, unos nos seguimos a otros, y acabamos haciendo como motos la ruta de senderismo que va hasta Poncebos. Las piedras pulidas estaban resabaladizas por el sol, e íbamos fuerte, por lo que el corazón se puso a tope en este tramo. Al llegar al Cares bañito rápido, nos quitamos la sudada que llevábamos encima, y bajamos a Arenas de Cabrales donde repusimos fuerzas mientras le dábamos a la-sin-hueso.

En fin, buena compañía, no hubo graves problemas ni accidentes, y para mí salió un buen entreno, además en un terreno técnico y peligroso típico de Picos: el sábado unos 62km con 4000mDa+, en unas 18h.; y el domingo unos 23km con 1200mDa+ (y 2000mDa-), en 4:10:00. ¿Y el anillo? Pues queda pendiente para otra vez, de momento nos conformamos con haber hecho nuestra «Sortija de Picos».


No tengo fotos porque los compañeros que llevaban cámara no me las pasaron aún; cuando lo hagan actualizaré.

Escapada al CdS-francés (días 3 y 4)

Día 3

No madrugamos mucho, la verdad, pero aún así antes de las 9 estábamos ya pedaleando en dirección San Xil, Calvor y Sarria (ni nos planteamos la opción de Samos, menos «auténtica»). Al principio tocaba subir, después era todo bajada y llaneo. En Sarria tomamos un psicolabis y seguimos. Saliendo de allí encontramos un bosque precioso… donde tocó volver a empujar la bici un rato.

Aunque el sol salía sólo a ratos, al mediodía hacía calor, así que nos tomamos con calma el siguiente tramo, en el que predominaba la subida. Íbamos haciendo paradillas (como Barbadelo y Ferreiros), sacando fotos,… y sin darnos cuenta nos acercábamos a Portomarín. Había muchos peregrinos en esta zona, así que había que ir con cuidado y entrenar el «Buen Camino».

Al llegar a Portomarín todavía era muy temprano y no queríamos estar toda la tarde tirados, así que decidimos no parar y avanzar un poco más. Aunque el siguiente tramo no tenía mucho atractivo, lo pasamos bien. Fuimos charlando y jugando, RL iba bien, y a ratos nos acompañaba un italiano en bici… ¿Italia? ¡El partido! Esa noche la selección jugaba la final de la Eurocopa y, aunque no somos muy futboleros, queríamos verlo. En el albergue público de Hospital-Ventas de Narón nos encontramos con una gente enrollada, llevábamos otros 56km, y eran más de las 18, así que nos quedamos allí.

Vimos el partido cenando en el único bar que había, acompañados de una numerosa familia yanqui, una pareja italiana, y compartiendo mesa con una andaluza, un catalán, y uno que ni él sabía de dónde era. Del resultado no me acuerdo, pero cuando fuimos a dormir casi quedamos de puerta afuera. Sin palabras.


Día 4

La mega-cena del día anterior había hecho mella. Estábamos pesados, así que salimos sin tomar nada y desayunamos en Palas de Rei. Poco a poco fueron cayendo más kilómetros y llegamos a Melide. Después de unos días atravesando pueblos, aldeas ganaderas, y caminos silenciosos, fue un poco chocante volver al tráfico y el ruido.

De aventuras anteriores recordaba que los siguientes tramos eran de toboganes rompepiernas pero rápidos, sin embargo ahora los vi más duros (sería el efecto de las alforjas). Era un baja a Boente, sube a Castañeda, baja a Ribadiso, sube a Arzúa. En Arzúa hicimos la comida de picnic en un parque, y al ir a sacar una foto… se me cae el teléfono y se rompe (snif). Aún queda mucho día por delante, y RL está animada así que decidimos tirar ya para Santiago: con calma, parando de vez en cuando a reposar y comer, pero directos.

Esta zona que se acerca a Santiago tiene unas corredoiras preciosas, tan envueltas en vegetación que parece que vas de noche. Pedalada a pedalada llegamos al alto de Santa Irene y a Pedrouzo. Ahora la zona ya es conocida: hay que ganar altura hasta el aeropuerto de Lavacolla, después el Monte del Gozo, y bajar ya a Compostela. Hubo algún tramo duro, pero RL me sorprendió gratamente. La verdad es que fue bastante jabata.

Los últimos kilómetros son algo feos, y ya en la ciudad hay que ir por la acera, en ocasiones desmontado por prohibiciones algo absurdas. Pero eso no evitó que nos hiciera ilusión llegar a la catedral. Fuimos a por las Compostelas, tomamos un refresco y un helado (merecidos tras los 86km de hoy), y esperamos a que nos vinieran a buscar disfrutando del ambiente del Obradoiro, a la vez turístico y místico.

En resumen, el trayecto fue corto porque no teníamos mucho tiempo ni para hacerlo ni para preparlo, pero lo pasamos muy bien y no hubo problemas. Buena experiencia juntos; para repetir.