Primer training camp

Este fin de semana debía haberse realizado un training camp de trail en el centro Aviva de Maus de Salas, en pleno Xurés-Gerés, y me acabo de enterar de que no se celebró (desconozco el porqué). Esto me ha hecho recordar el Winter Training Trail que vivimos allí a finales de enero, en el mismo lugar pero organizado por otra gente, y del que no escribí en su momento porque no me había dejado buen sabor de boca, y porque andaba mal de tiempo.

La experiencia de hace un par de meses ofrecía tres entrenamientos conjuntos y guiados, varias ponencias, presentación de materiales, además del aspecto convivencial, que también es muy atractivo (junta varios frikis sobre cualquier tema, sea StarTrek o UltraTrailk, en un recinto cerrado y verás como son de peculiares). Pero la cosa no resultó, o al menos no como yo esperaba, y ojo, no tiene nada que ver con el hecho de que algunos fuesemos en mala forma física y nos costase aguantar, o de que faltase uno de los coaches que no pudo asistir por enfermedad, algo comprensible (aún así contábamos con el experto ultrero Salvador Calvo y con el fisioterapeuta Alberto Iglesias).

El sábado por la mañana hicimos un entreno de unos 22km y 750mDa+ en unas 3h (más si contamos paradas), sin alejarnos mucho de Maus, y en el que pudimos pillar algo de nieve en la zona alta. Se suponía que íbamos a ir juntos, y que nos iban a dar explicaciones y consejos durante la ruta… pero aquí maricón el último, y lo único que hubo fue un mini-comentario de Salva Calvo en un reagrupamiento previo a un cortafuegos. Me pareció más un entreno «en pandillas» que un entreno conjunto, aunque algo de intención se le vio.

Al volver al campo base, duchita, breve presentación de productos de nutrición de la gente de MovesTime, y todos a comer, que había ganas. Por la tarde la primera charla «Lesiones típicas del corredor» me gustó: un fisio no talibán (algo que no abunda en su profesión), con consejos prácticos, y manteniendo un equilibrio entre lenguaje técnico y explicación-de-niño-pequeño. Pena que no tuviera algún medio didáctico mejor que la pizarra «de última generación» que usó, y que no se extendiese más tiempo, porque después… ¡después no hubo nada! Ni las charlas sobre entrenamiento, algo obvio al faltar el ponente, ni charla ninguna, porque ni buscaron un recambio o alternativa (poner un vídeo, buscar un ponente que expusiese algo aunque fuese «de menos nivel», hacer una mesa redonda sobre material, etc.), ni se hizo lo que se le pidió a Salva Calvo, que diese una charla sobre sus aventuras y experiencias, pues se limitó a contar un par de cosas desde su sitio, y eso tirándole de la lengua con preguntas. ¡Y yo que esperaba coger apuntes para estudiar después en casa! ¿Costaba tanto poner un proyector, preparar una presentación, o planificar alternativas? No sé, a lo mejor es deformación profesional.

Después de anochecer salimos de nuevo al monte. Pensé que nos detendríamos de vez en cuando para hablar sobre frontales, técnica nocturna, orientación, o algo. Pero nanai de la china. No sé si dejamos los egos en la furgoneta, si es que teníamos miedo de perdernos, o a qué se debió, pero esta vez no nos separamos tanto y pudimos ir más en plan grupeta. Salieron unos 11km y casi 250mDa+ en 1:20:00, siempre por caminos fáciles. Otra duchita (hay que ver, me aseo más cuando voy al monte que en casa), cenita de cháchara con los compañeros, y para camita que tocaba madrugar.

El domingo por la mañana entreno largo. El ritmo de salida fue más lento, y aún así me parecía rapidísimo. Empiezo a sospechar lo que nos pasará a varios. Pisteamos, bajamos a unas pozas de agua chulísimas, y pillamos un sendero auténticamente precioso que nos lleva a Salgueiro, un pueblo abandonado muy guapo (hay que volver otro día en la bici). Allí empezó lo peor: unos que se volvían, otros que tiraban,… nos juntábamos, nos separábamos,… es por aquí, es por allá,… En la zona alta reagrupamos, hacemos el trozo de nieve y más técnico juntos, y después se disgrega el asunto por completo. Se hacen dos grupos, creo, y unos cuantos nos quedamos en el medio, en mi caso fue culpa mía obviamente, pues debería o forzar o esperar, pero me estaba entrando la fase mental conocida como «no-me-toques-los-cojones» al ver la desorganización que había. Empecé a tirar de track para ir «en plan independiente», pero no coincidía con el recorrido que ellos hacían, así que me paré medio mosqueado a esperar (y reconozco que también a descansar, que iba ya fundidillo), y flipo cuando llega el corredor escoba y, en un par de ocasiones, tampoco sabe por dónde es (y eso que también llevaba GPS). Al final, después de 32km y unos 1250mDa+ en unas 6h, volvemos a Maus justo para comer. No aprendimos nada, ni entrenamos en convivencia… fue una salida de sálvese quien pueda.

Vamos, que tuvo sus cosas buenas, y no lo pasé mal, pero también vi mucho que mejorar. Por eso humildemente pido que en el próximo trainingcamp que hagan, que parece que impartirá Antonio Madriñán (que también estuvo presente en el que comento), tengan en cuenta opiniones como estas:

  • Si se hace un programa de actividades indoor hay que intentar cumplirlo, y tener alternativas por si algo falla (y más cuando se paga por el evento, aunque sea poco).
  • Para entrenar sólo o con dos colegas me quedo en casa: si voy a un campus como este, quiero aprender algo o convivir con gente como yo, no trotar solo y en silencio.
  • No se puede llevar a 30 personas a un monte que desconocen con recorridos/tracks poco fiables, sin organizar grupos, y sin prever posibles emergencias. Es lo mismo que le pido a cualquier carrera: seguridad, el resto me sobra.
  • Al haber niveles dispares, y pretender pararse a explicar o ejemplificar cosas en el monte, es mejor platear un recorrido más corto y que guste (o una salida en oleadas, o varios guías bien coordinados), que algo más ambicioso y que sature.

Si alguien quiere saber algo más sobre el sitio y los entrenos, el compañero Filipe de Solopisadas hizo unos resúmenes bastante completos (datos, fotos,…) de cada uno de las salidas: la primera aquí, la nocturna aquí y aquí la del domingo.


Imágenes tomadas de web de Aviva, y col. priv.

Xalo: Podemos

Un día de estos había que volver al ruedo… ¿y qué mejor plaza que la Travesía do Xalo? ¿Acaso no #somosdemonte? Pues ahí vamos, a una carrereta recomendable, de 20km-y-pico con más de 1200m de desnivel, y un buen ambiente. Así que si PODEMOS, que va a ser que sí, el próximo domingo 26 de abril, en Castelo: CORREMOS, y después COMEMOS (lo que podamos de ambas cosas, claro).


Post Title


Fotografía (con CV todo elegante), tomada de la web de Castelo Deporte (consulta 15/3/15).

Reventado en UTGS

He tardado en actualizar no por falta de tiempo, sino por tomar unas semanitas de distanciamiento (y descanso) respecto de mi ultima carrerilla: la UT Guara Somontano (Huesca), de 102km y 6000mDa+, última prueba de la Spain Ultra Cup.

Y es que esta vez no cumplí con mis premisas habituales: usar la cabeza, pasarlo bien, y no hacerme daño. Corrí muy descentrado y con problemas de salud, y, aunque esperaba problemas, no me los esperaba así. Baste decir que llegué a Radiquero (PK97), horas más tarde de lo esperado… con las piernas bien, pero hecho una piltrafa. Y «me retiré»; sí, a sólo 5km de meta, y fáciles. Aunque esperando allí a que me llevaran en coche a Alquezar, me quedé dormido y cuando desperté esperé un rato, y gracias a los ánimos de la gente del punto de control, decidí hacer el tramo que faltaba, totalmente ajeno ya a la carrera, los tiempos, etc. Únicamente por orgullo.

Así que al final tengo la medallita, aparezco en las clasificaciones, y esas cosas, pero en mi interior (que para mí es lo único que cuenta), siento que mi carrera se estropeó en Rodellar… y se acabó en el tramo de Mesón de Sevil a Radiquero. Pero no pasa nada: mi principal, quiero decir mi única, virtud es que de todo aprendo.

Tendré que volver en otra ocasión para quitarme la espinita, porque lo cierto es que la prueba mola: buena organización en términos generales, un entorno natural precioso, salida desde un pueblo muy chulo (ideal para una «escapada romántica»), y un recorrido espectacular y variado (en mi opinión tres zonas diferenciadas: una de barrancos, otra más montañosa, y la última más pistera).


Foto del amigo Paco Torrinco, enlazadas aquí.

Retorno a Penedos

Como una especie de Bill Murray en «Atrapado en el tiempo«, así me sentí este año en el maratón de montaña de Penedos do Lobo. Y es que, aunque intenté que no fuera así, los acontecimientos se sucedieron como en los años pasados.

La sensación ya empezó el día anterior, porque aun saliendo de casa temprano,  perdimos el sábado entre recados y visitas, y amagos de senderismo (este año probamos la Ruta de Sobrado, pero la verdad es que no nos dejó buen sabor de boca). Así que, como es ya habitual, no llegamos a la estación de esquí de Manzaneda hasta casi el anochecer.

Y al amanecer, otra vez justos de tiempo en la salida, comenzamos a correr con amenaza de lluvia. Los del pelotón en los primeros 200m nos cubrimos de gloria al ir durante unos segundos por delante del gran FA… aunque fuese porque él llegó tarde a la salida. En fin. Primeras rampas, atasco, primeras bajadas, adelantamientos,…, y primer deja-vu: en el falso llano me pasa todo quisqui, intento apretar y no voy, y me duele la cabeza. ¿Por qué cojones siempre tengo como jaqueca cuando hago este tramo? Aún voy a pensar que es el algo telúrico. Mantengo un ritmo ultrero e intento disfrutar del paisaje, y a lo tonto llego al cruce de la carretera.

En esta zona todo el mundo piensa en lo mismo: el cortafuegos. Me uno a la procesión de caminantes e intento guardar fuerzas, pero parpadeo un par de veces y estoy ya arriba. La única sensación nueva y buena de esta edición. Psicológicamente eso me anima, y me encuentro mejor de patas, así que me pongo a tirar. Es lo bueno de volver a correr una prueba conocida: sabes mejor cómo regularte en el recorrido. Flipo con mi ritmo, estoy yendo bien. Pero al llegar a las antenas de Cabeza Grande: ¡el mismo tiempo de siempre! No puede ser.

Pero es. Se me calientan los cascos y me digo que tengo que mejorar mi tiempo, así que no paro en el avituallamiento (total, llevo mochila), y empiezo a apretar de verdad. Terreno fácil en bajadilla, y después bajada más rota… y resbaladiza: derrapo en una laja grande y voy al suelo. Me levanto y veo que no fue grave, pero noto que sangro por un costado. Echo la mano, y era un gel que se me había reventado en el bolsillo. Así que sigo sin problema, pero todo cochino (lo que también es bastante normal). La zona «plana» la hago toda corriendo, pero cuando llegan otra vez los kilómetros de subida se repite la jugada de siempre: es ver el pilón y penar. ¡Me cago en el día de la marmota! O en el de los lobos, porque la subida a sus penedos se me atragantó… y el cortafuegos tras el último avituallamiento me remató, como viene siendo habitual. Aún por encima se nos unieron un chaparrón y una ventolera simpáticos, por lo que la pista ancha final volvió a hacerse más dura de lo previsto.

Y sí, como el meteorólogo que se despierta siempre con la misma hora, marco un crono similarmente malo a los de otros años: 5:16:00 para 43km y unos 1800mDa+. Varios altibajos físicos y una sensación psicológica extraña (algo que ver con la asimilación del tiempo), pero lo pasé bien. Y además me venía bien como entreno para UTGS. Pero esa es otra historia.

Mirando los Ancares

«Lo que molaba era hacer el cordal entero, uniendo todos los picos… y del tirón volver en bici». Cuando cada vez que hablas de Ancares escuchas esto a un colega, tienes claro que en  breve irás para allá. Así, a principios de septiembre, AV, CV y yo, planificamos rápido la escapada, viajamos el viernes por motivos logísticos (llevar las bicis a un pueblo intermedio, preparar material, etc), y dormimos ya «a pie de vía» para probar la idea.

1.  Los cordaleros

Ya con luz, porque se nos pegaron las «sábanas», arrancamos desde Balouta hacia el E desperezando las piernas a ritmo de pateada. Al rato el camino se acaba y subimos a chuzo por una pedrera con trozos con hierbajos. Es mucha pendiente y todavía está mojado, así que no podemos evitar algún resbalón… y algún momento de gateo (menos mal que no nos vio nadie: bajaría nuestro caché). Al llegar al senderito superior nos desviamos un poco hacia el N y hacemos el primer pico del día: el Miravalles (1969). Desandamos nuestros pasos, o debiera decir zancadas, pues aquí ya empezamos con el verdadero correr, y pillamos ya la línea del cordal, que no abandonaríamos en varias horas, buscando cruzar la carretera en el alto del Puerto de Ancares (1669m).

Bordeamos la Hoya de Ancares y subimos al Cuiña (1987m). Unos buitres impresionantes nos sobrevuelan, pero ¿no es un poco temprano? Todavía no vamos tan justos. De hecho, coronamos sin forzar la maquinaria, bajamos unos 350m de desnivel flipando con los corzos, y volvemos a subir para llegar al Penalonga (¿1880m?). Esta zona ya tiene la típica vegetación baja de la zona que tan buena es para hacernos un buen peeling en las piernas, y los típicos caos de bloques tan buenos para dejarse un tobillo. Por ahora CV y AV están teniendo piedad de mi, pero la subida al Mustallar (1935m) se me atraganta un poco. Pongo ritmo marcheta a mi bola, y les dejo que me saquen ventaja; ¡si en realidad lo hago por ellos, para que cojan autoestima! Aunque el día aguanta, hay algo de niebla así que picamos algo rápido, y tiramos.

Dos obispos y un monaguillo.

A continuación vienen varios picos menores seguidos: Lagos, Corno Maldito, Charcos, Penedois. Algunos pasos son algo más técnicos y expuestos, e incluso en un mini-destrepe tengo que amainar porque se me engancha la mochila y no pillo postura, pero este tramo está muy chulo. Otra subida no tan larga y llegamos al Tres Obispos (1795m). Hacemos la foto de rigor y seguimos, siempre hacia el SO. Al pasar unas horas yo me encuentro algo mejor, pero la sucesión de bajadas y subidas, incluso sin ser grandes petadas, va cargando las patas: ganamos 100 o 200m de altitud para volver a perderlos, y después volver a subirlos, etc. Pero a lo tonto pasamos el Valongo, una subidita más, y el objetivo final: el Penarrubia (1822m), con su bonita pared O.

Ya vemos el pueblo de Tejeira, pero no sabemos muy bien cómo bajar: no hay caminos, ni una traza clara para hacer monte a través. Exploramos un poco, tiramos de mapa y gps, y al final optamos por la opción más… castrona: tu tira para abajo que ya aparecerá algo. Y al rato apareció: el nacimiento de un riachuelo y unos huecos suponemos que hechos por el ganado, por los que nos fuimos metiendo. Afortunadamente no llévabamos el esmoquin y los enganchones no nos importaron mucho. Al llegar a la pista ancha AV nos acelera un pelín camino de Tejeira, le seguimos porque allí están las bicis y la comida, no por otra cosa.

2. Bicicleta de suela

En el bar del pueblo hacemos una transición algo más larga de lo planeado. Una, porque en La Cantina de Teixeira se estaba a gusto y apetecía quedarse (muy recomendable el sitio: buen trato, comida rica, local agradable,…; nosotros volveremos). Y dos, porque al guardar las cosas de correr en la mochila aparece un problemilla: no me entran las zapatillas. Probamos de varias formas y ni de coña. Es lo que tiene tenerlo grande (el pie). Al final pedimos bridas y atamos una de los Brooks a la bici en donde menos moleste. ¡Hasta quedaba bonito!

Y reiniciamos la ruta. Abandonamos Tejeira por una pista ancha y polvorienta que al poco tira hacia el N. Cuesta ponerse a pedalear después de comer, con bastante calor, y en subida, pero subimos piñones y vamos entonándonos. Después varios kilómetros de repechos, llanos y bajadas rápidas, nos hacen cruzar Campo del Agua, aldea muy chula con pallozas restauradas, y rodar hasta Burbia.

No habíamos ganado apenas desnivel positivo, así que estaba claro que ahora vendría todo de golpe. Y vino. Ya desde el pueblo arranca un empinado zig-zag de gravilla que se hizo duro con 10h ya en las piernas. Aquí cada cual a su ritmo, es decir: CV silbando, AV esforzándose, y yo al final terqueando. No quería subir ni un metro desmontado, así que molinillo total y breve parada en el medio para reponer alimentos. La sudada fue brutal, y estaba poníendose el sol, así que nos abrigamos y bajamos rápido por pista buena hasta Pereda de Ancares.

Ya de noche nos metemos a la carretera para subir el Puerto de Ancares. Las luces casi todo el tiempo apagadas y mantenemos la misma tensión de pedaleo. No son rampas muy duras pero voy cansado, aunque como me gusta bastante más darle al pedal que a la zapatilla, lo llevo bien. Una tormenta empieza a asomar por el E, pero no preocupa, pues sólo queda regular un ratito y dejar que pasen los metros. Al coronar AV esprinta y nos saca 12cm, repetimos rápido la foto de la mañana en el cartel del puerto, damos potencia a la iluminación, y descendemos hasta Balouta con cuidado porque el asfalto está mojado y no queremos sustos de última hora.

———-

De vuelta en la furgo tras 14h (en ellas 11h de actividad para unos 81.5km y 4300mDa+; interesados en el track aquí), sin incidentes graves y habiéndolo pasado bien, las dos cosas prioritarias. Además para mí lo importante era hacerlo; los galgos ya irán otro día a rebajar tiempos. La verdad es que estos retos con los colegas molan: ni competis ni leches. Y lo mejor de todo: habrá más (¡a cabeza non para!).