A un día de UTMB

Ni el UTMB ni ninguna otra carrera me va a cambiar la vida, eso está claro, pero aún así estos son días especiales, pues ésta es la prueba más dura de las que me he enfrentado hasta el momento, y su preparación y desarrollo influyen/influirán en la forma de emplear el coco… si es que llego a emplearlo, claro.

A sólo un día de esta fecha señalada son muchas las cosas que se pasan por la cabeza: recuerdos de buenos entrenos y también de días malos o vagos; añoranzas de personas que no pueden estar aquí en Chamonix; sentimientos de culpabilidad por no haber hecho lo que debía, y de alegría por ver los ánimos y apoyos de mi círculo; dudas sobre el material a llevar o la estrategia de carrera; tonterías que las neuronas se empeñan en idear para entretenerse; etc.


Pero disimuladamente hasta hace una semana, y de forma patente en estos últimos días, lo que tengo ahora en la cabeza no es caspa sino preocupación. Y es que la pierna derecha no se recupera, y a veces duele bastante, y 168km y casi 10000m de Da+ es mucha tela que cortar, y no estoy bien. Hoy hasta daba un poco el cante por el Salón del UltraTrail, ya que los que apoyaban raro eran los que venían fundidos de acabar la TDS, pero yo cojeaba ya antes de empezar mi carrera. Mal rollo… y menudo petardo, pensarían al ver la pulserita roja que te identifica como corredor del UTMB (o te marca como el ganado).
Así que, ¿qué hacer? Pues con lo que le cuesta a un chaiñas como yo llegar hasta aquí (en esfuerzo, dinero, tiempo,… suerte), obviamente tomar la salida, pero consciente de que si la pata va mal ya será complicado incluso llegar a Courmayeur. Por tanto la intención es empezar tranquilo, salir a disfrutar de un entorno y un evento únicos, y cuando toque sufrir aguantar lo que se pueda procurando no romperse.

Por lo pronto, hoy tuvimos que hacer cola para retirar el dorsal y la bolsa del corredor, y pasar el control del material obligatorio, en el que le debí caerle bien al tío ya que apenas me miró las cosas (cuando a los de los lados les estaban poniendo pegas por algunos elementos que parecían no cumplir lo solicitado). Y mañana antes de salir prepararemos comida y ropa para reponer, la logística de las asistencias, y dejaremos listo el coche para volver a Galicia en cuanto me retire, me corten, o ¿acabe?

Bienvenue à Chamonix

Ya estamos aquí; con los culos planos y las piernas acartonadas tras el palizón del coche, pero sin problema. Estamos alojados en un bonito apartamento en Megève, un pueblo que viene a ser como la localidad pija de la zona (está a unos 30km de Chamonix).

El lunes nada más instalarnos, casi sin dormir y mal comidos, y guiados por Clara y Luís, dos amiguetes escaladores que viven aquí y que nos están echando un cable, fuimos a hacer una rutilla tranquila. Subimos al Col de Tricot (zona de paso de la TDS), desde Le Chapel, momento en el que aprovechamos para trotar un poco (y desgraciadamente comprobando que las piernas no están para tirar cohetes). Después ascendimos un poco más para hacer una arista con un senderito entre vegetación baja, y bajamos por la ruta habitual hacia el glaciar de Bionassay. Las vistas durante toda la ruta son alucinantes (Ref. de Gouter, tren cremallera hacia el Nid D’Aigle,… y por momentos el Mont Blanc), y eso que no estaba totalmente despejado. Desde allí pillamos la ruta de senderismo que baja de nuevo hacia Le Chapel, al principio un camino precioso y con mucha pendiente, adornado de restos de las avalanchas de primavera, y después por pistas anchas hasta llegar al coche. Salió un paseito de 4:52:00, unos 20km, y 1300mDa+,… y en buena compañía.

Después bajamos a Chamonix a cenar y a ver el ambiente (muy montañero y runner), y acabamos quedándonos hasta tarde para ver la salida de la PTL (300km y 24000mDa+, y subiendo a zonas importantes… ¡vamos, con un par!). Lo malo es que el martes estuvo todo el día lloviendo y no pudimos subir a ningún lado, ni tampoco tenía muchas ganas de salir a trotar «en plano», así que nos pasamos todo el día en modo vago, o lo que es lo mismo: ir de tiendas (algo que aquí tiene mucho peligro), hacer las compras rutinarias, estar de parrafada en el apartamento (batallitas, internet, material,…), y similares. Esperemos que el tiempo mejore y poder aprovechar algo el miércoles y el jueves.

En fin, que el entorno y el ambiente es una pasada: montañones y desniveles por todas partes, paisaje salvaje y peligroso en algunas zonas, gente curtida y experimentada (cualquier cajero del super tiene una pinta de castrón que te cagas, aunque habrá de todo, claro). Y la organización del UTMB que tiene un despliegue de medios grande, y eso que todavía no hemos visto nada.

Ahora la TDS ya está en marcha, y los de la CCC y el UTMB seguimos esperando. Yo algo más animado que cuando salí de Pontevedra, pero consciente de la realidad: no vengo como debería, estoy muy muy verde (pocos kilómetros en las piernas, pocas horas de entreno, y lo peor, poco desnivel en el cuerpo). Y además los problemas de salud de la semana pasada me tienen algo «acongojado». Pero bueno, ahora que estamos aquí, saldremos con ganas y a intentar disfrutar, y lo que tenga que ser será.




El cuasi-Anillo de Picos

No se trata del diminutivo de un tal Cuasiano, sino que se refiere a que el otro día hicimos parte del Anillo de Picos, ruta con tres variantes (Anillo del Vindio, Extrem, o 3 Macizos), consistente en ir uniendo los refugios de Picos de Europa en varias etapas.

Los valientes que para allá fuimos (7 gallegos, 4 asturianos,… y SM, un mestizo; varios de ellos colegas del C.M. Xesteiras de Cuntis), íbamos un par de días a echarle un vistazo al recorrido del Anillo para intentarlo en formato non-stop en un futuro próximo (yo más bien me anoté al asunto porque podía ser un buen entreno a tres semanas vista de mi UTMB).

El viernes noche, mientras varios «voluntarios» fueron a Sotres a dejar un coche con material, el resto quedamos cenando en Cangas de Onís (nada de pasta party… aquí fabes y cabrales, ¡qué somos hombres!). Al acabar subimos a los Lagos de Covadonga, ultimamos el material, y a las 23:45 frontales encendidos para empezar a trotar.

Había algo de niebla y humedad por la pista del Pozo del Alemán, pero al rato ya empezamos a subir y sobraba todo. Al poco nos encontramos a dos chicos que se habían perdido y que vinieron con nosotros hasta el refugio de Vegarredonda (R1), donde ellos tenían pensado dormir, y nosotros coger los fortfaits del Anillo (una cartilla que debes ir sellando en cada refugio, tipo Camino de Santiago). Al llegar allí el refugiero debía estar de malas, o hubo algún malentendido, ya que nos echó -literalmente y de malas maneras-, y eso que habíamos hablado con él por teléfono un rato antes y parecía no haber problema… y a los otros dos senderistas los mandó a la caseta de enfrente. A nosotros nos daba igual «acreditar» los pasos o coger el pack de regalitos (perdió la pasta, aunque se quedó el dinero de la reserva), y total no íbamos a dormir, así que llenamos agua y a la 1 de la madrugada empezamos verdaderamente el Anillo.

La noche estaba preciosa, despejada y con buena temperatura, y las primeras horas se pasaron rápido pese a que no eran terreno fácil, o tal vez gracias a ello. Caminillos para arriba, zonas de rocas, neveros… ¡con lo que a mí me gustan! (reconozco que alguno me dio miedillo); los compañeros asturianos se sabían aquello de memoria, y cuando dudaban tirábamos de GPS. Tras un fuerte descenso, primero de piedra suelta, luego boscoso, llegamos a Vegabaño (R2). Paramos un ratito a comer algo, y salimos por un camino en fuerte pendiente que después suaviza pasando por un bonito bosque (creo que de hayas), y que desemboca en una larga bajada que nos devolvió a la civilización: no lo digo por las casas y los coches, sino porque al amanecer todavía encontramos gente de botellón.

Un ratito de tregua en Posada de Valdeón, bajada hacia Cordiñanes y… a subir. Al principio es llevadera, después empina, y al final se trepa. Valió la pena aunque sólo fuese por las vistas (p.ej. al Friero), y por llegar a tomar el bocata matutino a Collado Jermoso (R3). Al salir del refugio tiramos hacia la derecha y empezó la que fue para mí el peor tramo. Serían sobre las 12 y apretaba el calor, avanzabamos por un sube-baja continuo muy roto y salpicado de neveros, y el ritmo era lento porque ya se notaba el cansancio y el peso de la mochila… e íbamos guardando un poquito. Aún por encima a medida que nos acercábamos al siguiente refugio el tiempo se puso malo, y el recorrido más peligroso (rocas chungas, neveros expuestos, zonas de patio,…). Antes de llegar a Cabaña Verónica (R4) ya íbamos divididos en tres grupos; yo por la Vueltona aceleré un poco, pero había mucha gente y estaba en tierra de nadie, así que esperé y me quedé con el grupo trasero.

Pillamos la abarrotada pista fácil que baja hacia el cable, y de allí fuimos a Aliva, donde nos detuvimos a tomar algo caliente, y a buscar un medio para que bajase a JMP, un compañero que iba tocado de una pierna. Acompañado ya sólo de MM, próximo compañero de UTMB, bajamos hacia el valle del Duje, y al llegar a la altura de la temida canal Jidiellu, famosa subida de la Travesera, decidimos que no valía la pena hacerla (había niebla, nos iba a anochecer,… vamos, que estábamos mamados), con lo que no veríamos el Casetón de Andara.

Al llegar al albergue de Sotres, sobre las 19h, nos encontramos a JD y AV que habían hecho lo mismo que nosotros, los curtidos asturianos que acababan de hacer la canal y Andara (R5), y al resto tuvimos que esperarlos porque en el monte hasta casi las 22. Ya reagrupados cenando decidimos qué hacer al día siguiente. ¿Terminar el Anillo? Suponía madrugón y además a unos cuantos nos faltaba un trozo. ¿Seguir hasta el mediodía y dejar un trozo? No nos apetecía. ¿Hacer una ruta alternativa? Pues estaría bien; damos un rule de entreno, cogiendo algún tramo del Anillo, y volvemos a una hora prudencial pensando en los que curran el lunes, pues son más de 5h de viaje.

Así que dormimos tranquilos, nos levantamos en plan señorito, y nos fuimos de paseo. De Sotres a collado Pandévano tranquilos, y de allí al Urriellu ya a ritmo alegre. La peña flipaba… y yo también, pues me era imposible seguir el ritmo de los máquinas con los que iba. Paradita a contemplar el Naranjo y «otros paisajes», y para abajo por el Camburero. Descenso jodido para ir rápido, y aunque por veces corrimos bastante bien, en las zonas húmedas había que ir con calma y mucho ojo. Al llegar a Bulnes algún bicho debió picarle a alguien porque el ritmo se empezó a acelerar, unos nos seguimos a otros, y acabamos haciendo como motos la ruta de senderismo que va hasta Poncebos. Las piedras pulidas estaban resabaladizas por el sol, e íbamos fuerte, por lo que el corazón se puso a tope en este tramo. Al llegar al Cares bañito rápido, nos quitamos la sudada que llevábamos encima, y bajamos a Arenas de Cabrales donde repusimos fuerzas mientras le dábamos a la-sin-hueso.

En fin, buena compañía, no hubo graves problemas ni accidentes, y para mí salió un buen entreno, además en un terreno técnico y peligroso típico de Picos: el sábado unos 62km con 4000mDa+, en unas 18h.; y el domingo unos 23km con 1200mDa+ (y 2000mDa-), en 4:10:00. ¿Y el anillo? Pues queda pendiente para otra vez, de momento nos conformamos con haber hecho nuestra «Sortija de Picos».


No tengo fotos porque los compañeros que llevaban cámara no me las pasaron aún; cuando lo hagan actualizaré.

Triste Camino de Santiago

Escribo con retraso no por falta de tiempo sino de ánimo, ya que han sido unos días fastidiados para Galicia en general y para los/as amigos/as del proyecto Verticalizando Pontevedra en particular.

Para acumular kilómetros de cara al UTMB, tenía en mente desde hacía unas semanas hacer un tramo del Camino de Santiago en plan ca-co (alternar el caminar con el correr o trotar). El día que iba a irme uno de mis compañeros en el proyecto, Abel Alonso, hizo cumbre en el Gasherbrum I. Todos estábamos muy orgullosos de que por primera vez un pontevedrés mirase por encima de los 8000m, y esperábamos que bajase sin problemas.

El día 24 (pues tuve que retrasar el entreno por motivos personales), un servidor y el amigo AV, que también tenía ganas de mambo, tiramos en tren para Ponferrada. En principio íbamos para algo asequible: unos 205km, por terreno fácil, y a trotar sin prisas. Pero no salió como esperábamos.

Empezamos a una mala hora, pues las 12:30 es algo tarde y el sol está en lo alto… y también empezamos a «mal ritmo», porque los primeros kilómetros cayeron demasiado rápido al ser bastante planos, básicamente por aceras y asfalto, después por alguna pista de tierra dura entre fincas. A las 15h y poco pasamos Villafranca del Bierzo dejando una nueva marca para guiar a los peregrinos: un reguero con nuestro sudor. Y seguimos por el precioso andadero de la N-VI que se hizo agobiante (por tramos caminamos rápido en plan asqueado), y en el que empezamos a notar los efectos del calor y del asfalto en forma de pies recocidos. Al bajar hacia la zona de Vega de Valcarce y Herrerías el asunto mejoró, pero ya éramos conscientes de que íbamos a tener ampollas.

Esa tarde me llega un SMS informándome de que seguía sin haber noticias de Abel, presuponiendo ya una desgracia, pues no estaba ni en el CB ni en ninguno de los campamentos de altura. Empiezo a romperme la cabeza, pero la llegada a la subida de la Faba me distrae un poco: tierra, pendiente, bosque, valles,… ese es nuestro terreno y nuestro paisaje. Subimos bastante bien, y pasadas las 20 ya estábamos en O Cebreiro. No había sitio en el albergue, y no llévabamos sacos de dormir, así que seguimos tirando. Pero como no había mucho ánimo para seguir de noche a la luz del frontal (ni en el coco ni en los pies), paramos a dormir en el Alto do Poio.

Resumen de la jornada: madrugón y viaje, 67km, unos 1500m de Da+ en 8h-y-pico, dolor de pies, y estando de cháchara con unos ciclistas cenando en el bar del albergue vemos en la tele la noticia del descarrilamiento de un tren. «¿Dónde fue?», le preguntamos a la camarera. «En Santiago». ¡Joder, no llegaba una desgracia…!

El día siguiente amaneció caluroso pero con niebla… tanto en la atmósfera como en nuestro interior. Bajamos a Triacastela (en 1h, muy rápido otra vez), y cogimos el recorrido clásico: por el alto de San Xil. Volvió el asfalto y con él los dolores en las plantas de los pies; AV iba sobrado, pero yo me vi obligado a caminar incluso en tramos muy favorables. Las malas noticias se revolvíann en la cabeza, pisaba raro para reducir las molestias (con lo que fui cargando las piernas), el ritmo era mucho más lento y los kilómetros más largos,… y Lorenzo apretaba otra vez. Vamos, que al llegar a Sarria, en torno a las 13h, era obligatorio parar con calma a comprar, y buscar una sombra para comer y «arreglarnos» los pies.

Al reanudar la marcha ya estábamos quemados. Llamamos a casa y nos enteramos de la envergadura del accidente ferroviario… y de Abel no se sabía nada. Seguir seguimos hasta Portomarín, separados y ensimismados, cada uno a su ritmo, pero en el fondo ya sabíamos que no íbamos a ninguna parte. AV me pregunta si no sería mejor parar y, aunque no soy una persona de retirarse fácilmente, estuve de acuerdo: vamos demasiado lentos (sólo 55km a las 19h), estamos fastidiando los pies (cuando tenemos varias citas importantes próximamente), y la cabeza no está con fuerza para empujar; ¿para qué seguir? Así que ducha, albergue, cena, y a esperar a la mañana siguiente para coger un bus hacia Lugo, y otro de regreso a Pontevedra (casi todo el rato de charla para entretener la mente).

Voy con rabia porque subestimé el entreno y cometí varios errores imperdonables (con el material, la nutrición, la estrategia,…). Pero sobre todo con mucha tristeza porque al llegar a casa se confirma que, tras haber intentado la búsqueda y el rescate, se da oficialmente a Abel por fallecido tras varios días desparecido en la montaña. Lo cierto es que no éramos íntimos, pero si amigos: fue mi fisio, cliente mío con la bici, compañero de raids y carreras,… Y últimamente coincidíamos bastante por el Verticalizando Pontevedra (incluso un día antes de marcharse a la expedición compartimos una sesión de fotos en el rocódromo). Una auténtica pena, era buen rapaz; DEP, lo llevaremos al monte en el recuerdo.