Verín y Lestedo, filloas y demo

Sin tener previsto correr nada hasta abril, estás semanas acabé yendo a un par de carrerillas, más que nada por las ganas que tiene últimamente un amiguete de hacer «entrenos de calidad» de cara a próximos objetivos.

Carreira da Filloa, Lestedo

Con motivo de la Festa da Filloa de Lestedo (Boqueixón), se celebró hace un par de sábados una pequeña carrera popular de unos 9km. Saliendo del campo de futbol de la localidad, en vez de ir directa hacia el punto alto, nos hacía dar un rodeo previo: primero hacia el SE por terreno bastante plano, y luego en dirección N y picando ya para arriba (aquí me rallé un poco y me puse a hacer de las mías). Luego tras una larga recta de asfalto y gravilla, un breve cortafuegos hasta casi la cima del pico, donde había algo de público. Desde allí sólo quedaba bajar a chuzo y llanear un poco hasta meta. Los metros finales acelerando, y el solcete que reapareció esos días, hicieron que acabásemos sudando a chorro (en Galicia ya ni recordábamos la sensación).

Es una carrera super-rápida como demuestran 9.1km y 315mDa+ en 50min para alguien lento y sin forma como yo (3º mi compañero AV bajando bastante de 40min), «demasiado» de correr para mi gusto, y sin dificultad técnica alguna. Pero aún así fue una tarde entretenida en una en una prueba humilde pero correcta en general… ¡y con unas fiollitas y choricitos en la entrega de premios!

Mini trail Pozo do Demo, Verín

Ya van por la 4ª edición de esta prueba, y nunca la había visitado. Me daba algo de pereza hacer tantos kilómetros de coche para correr sólo 12km, pero al final este año me animé, y no fue una mala decisión.

El recorrido comienza en el manantial de Cabreiroá y sale hacia la A52 por pistas anchas y fáciles, en leve sube-baja. Como es terreno fácil, los galgos salen a todo gas y el ritmo es alto los primeros 3km, el resto vamos a ritmillo. A continuación un par de rampitas de aperitivo, y todo dios a caminar por un rampón, de esos de manos en las rodillas, que nos deja en la mitad del recorrido. Primero por pista y después por caminos algo más rotos perdimos más de 200m de desnivel, pero no para volver al pueblo sino para entrar en un precioso continuo de subidas y bajadas por pinares, un tramo bastante rompepiernas y más en una carrera tan rápida. Así que en el último par de kilómetros, planos y acabando en asfalto para entrar en el centro de Verín, ya estábamos calentitos para las habituales luchas de velocidad por mantener el puesto.

Al final contento para lo que hay: 12km y 400mDa+ aprox. en 1h9min, y todo suma. Además, día agradable, mi pacer AV repitió podium, y la carrera estaba bien organizada: barata y con facilidades al participante, recorrido bonito y bien marcado (pena que no estiren la distancia y la hagan subir más), Cruz Roja en varios puntos, pinchito final,… Vamos, que cita recomendable.






Fotos de CDSan Paio, Os Gaiteiros y Hugo79 compartidas aquí; y de Tuchi Fernández y el FB del pabellón de Verín, compartidas aquí.

Powerade Ion4 Madrid-Lisboa

Que dé pereza escribir un post es síntoma de que la experiencia a contar no convenció demasiado… o de que uno va viejo. En este caso debe ser lo segundo, ¿no? El caso es que hace un par de semanas CV, AV y el menda (y el inigualable Pichi como asistente), hicimos la Ion4 Madrid-Lisboa, una prueba en mountainbike de 770km non-stop por relevos, organizada por RPM Events y Powerade.

Tras unos días apurados preparando el material y la logística, el jueves 19 tiramos para Madrid para dormir ya en la salida: la plaza de toros de las Rozas. Por la mañana temprano pasamos los trámites administrativos (sin verificaciones, y con varios cambios, cosa que no mola), recogimos los chips y packs de corredores/asistencia, y asistimos a un briefing en el que se comentó cómo será la prueba. Y casi sin tiempo, ya empieza el fregado… de hecho casi no llego a la salida.

SS1. Las Rozas – Robledo de Chavela.

Soy el afortunado al que le toca abrir fuego. Un trocito neutralizados y, de repente, me veo solo en medio de la ciudad. ¡La peña salió a fuego! Tiro un poco, pero me cuesta pillar a alguien, y cuando logro llegar a un grupito, en un cruce unos tiran para un lado y otros para otro. Miro el GPS y el track dice que a la derecha, así que sigo a mi bola. Me vuelvo a quedar solo y me agobio: las piernas no van, el reflejo del sol no me deja ver la pantalla, voy con dudas,… Me ensimismo un poco, pasa el tiempo, y voy mejor. Aunque seguimos pillando tramos de asfalto, abunda más la cañada y la pista ancha, y salvo por un par de subidas fuertes, todo el rato metiendo desarrollo al asunto. Empiezo a adelantar gente, sobre todo en los tramos donde hay algo de «conducción», y casi sin darme cuenta llevo casi 70km y estoy en el pueblo del 1ºPC (Estaciones de Hidratación les llaman, porque es donde te avituallaban).

SS2. Robledo de Chavela – Burgohondo.

Le doy la pulsera-chip a CV, el tipo fuerte del equipo (vamos, «The Boss»), y arranca su etapa: otros casi 70 y unos 1500mDa+. Se la ventila sin problemas aparentes y seguimos con una media de unos 21km/h, con lo que ya llevábamos bastante adelanto respecto a los tiempos de corte, así que podíamos relajarnos un poco; de hecho estuvimos a punto de pirarnos a un spa.

SS3. Burgohondo – Navalperal de Tormes.

Según la descripción de la organización no tenía complicaciones para rodar, pero era un segmento con desnivel: 2000mDa+ en unos 64km. ¿Solución? Poner al flaco del equipo, AV, que además no tenía problema si anochecía por su experiencia en raids. Y dio resultado, porque llegó al siguiente PC o EH bastante antes de lo que pensábamos. Y seguíamos recuperando.

SS4. Navalperal de Tormes – Navaconcejo.

Ya noche cerrada, salgo al siguiente relevo. Casi 20km de asfalto hacia el Barco de Ávila, vuelta a las cañadas (donde cruzo entre una manada de jabalís… ¡momentazo!), subida hacia el puerto de Tornavacas, y llega lo mío. Primero una bajada rota y en la que era muy fácil perder la trazada bajo la luz del foco. En un trozo que se complica algo más no arriesgo y desmonto unos 50m, pero enseguida monto. Después un tramo de senderos y bajadas con alguna dificultad de por medio. Adelanté a unos 15 equipos en este tramo, aunque casi al final pinché y me pasaron 2 personas mientras cambiaba la cámara. De todas formas hice los 60-y-largos kilómetros en algo más de 3h, por lo que ni mis compañeros estaban preparados cuando llegué.

SS5. Navaconcejo – Cañaveral.

Que fueron 70-y-pocos kilómetros en plan rodador, y que nos pilló de noche, poco más sé de este tramo… porque estuve durmiendo en la AC. Aunque debieron tener su dureza, además del cansancio que se iba acumulando ya, porque el compañero (ésta le tocó a CV), no nos daba llegado. Por cierto, entre la base de la NASA de ayer, y el pueblo de hoy, esto parecía la carrera espacial.

SS6. Cañaveral – Alcántara.

Otra etapa sobre los 70km y rodadora para AV, que empezó de noche y le permitió disfrutar del amanecer extremeño. Cuando llegó al PC o EH comentó con otro equipo algo que yo también había visto: hay gente que no va por donde indica el track, no un tramito sino mucho kilómetros… y curiosamente suelen acortar y llegar antes. Suponemos que serán penalizados porque en el famoso PCCourse estarán siguiendo sus itinerarios con la super-aplicación que llevamos activa en el móvil. De todas formas, los demás que hagan lo que quieran, nosotros a nuestro objetivo: acabar, sin hacernos daño, y de la mejor forma posible.

SS7. Alcántara – Cedillo.

Se suponía que iban a ser 82km áridos y secos, y en realidad fueron sólo… infernales, pues la temperatura era similar a la del Averno. La peña llegaba fundida, pero literalmente, incluso hubo gente con auténticos problemas que tuvo que ser socorrida. Yo por un lado quería que llegase CV cuanto antes, para que no estuviese él sufriendo bajo el sol y fuésemos progresando, y por otro me preocupaba que cuanto más temprano fuese el relevo más calor me tocaría a mí. Al final apareció a las 15:30 y lo había pasado mal.

SS8. Cedillo – Ponte de Sor.

Con una cierta culpabilidad arranco mi último relevo. Bajada de asfalto, cruzar la presa, y entrar en Portugal… con un puertecito de asfalto. Pongo ritmo tranqui porque son 92km y todavía aprieta el Lorenzo (42º de máxima me marcó el Polar). Cuando entramos otra vez al monte vienen unos trozos simpáticos, alternando pistas rápidas con algún trocito con piedras, y algún tobogán. Y ptsssss… Claro, en el pinchazo de la SS4 no había puesto cámara de líquido sino una normal, y en este terreno era fácil pinchar. Intento reparar con espuma, y sigo un rato, pero no aguanta casi nada; paro otra vez, inflo y sigo un poco, y sigue sin aguantar; vuelvo a parar y cambio la cámara con calma (y me quedo sin repuestos). Con toda la historia me adelantan 7 equipos. Como sé que los últimos 20km son de bajada me pongo a tirar pensando sólo en llegar al 72, para a partir de allí descender a fuego y remontar. Pero meu gozo nun pozo… no es que la bajada no fuese técnica, o que no fuese de monte, ¡es que no era ni bajada! El perfil era engañoso, y perdías 150mD en 20km; vamos, llano. Así que a pedalear con la tranca puesta, tanto que en los últimos 5km me vacié y llegué al CP reventadillo

SS9. Ponte de Sor – Coruche.

Anochece de nuevo, así que a salir con focos. Ahora unos 86km, primero por asfalto, luego por pista de tierra subiendo, y después bastantes kilómetros con tendencia a bajar (no en vano íbamos hacia la costa), para acabar de nuevo con un tramito de asfalto. Aunque dudaba si venir, lo cierto es que me sorprendió la sonrisa que AV traía en el rostro cuando llegó al último relevo. Mejor así.

SS10. Coruche – Lisboa.

Y al jefe le encasquetamos la última, de unos 95km y sin dificultad técnica alguna según el roadbook. Discurría por pistas cercanas al Tajo, y en su parte final llegaba a Lisboa por asfalto, como es normal al acercarse a una gran ciudad. Entrando en el Parque de las Naciones los otros componentes del equipo podían unirse al relevista para entrar en meta juntos, así que allá fuimos CV, AV y FC (que me pillaron durmiendo en una silla), hasta la zona del Oceanario donde estaba la meta.

Conclusión: fuimos Finishers, en 40h52min, para unos 770-y-pico km y unos 7000-y-algo mDa+, y sin problemas. Lo pasamos bien, aunque he de reconocer que la organización me decepcionó un poco (o bastante), y la prueba me pareció algo dura para mis características, soy más de ir diesel que de ir alto de vueltas, e incluso algo estresante por los traslados. No quiero ni pensar en la gente que no llevaba a nadie de asistencia. El caso es que una experiencia más para la saca, y además una con la que no contaba. De hecho, fui de prestado: una porque no entraba en mis planes, pero por un cambalache acabé allí dando pedales; y dos, porque fui con bici, foco, GPS, y teléfono, de otras personas (gracias a todos, SC, GL, JF, y RL). Ahora a devolver todo, y a descansar un poquillo que ya toca


Imágenes de Photocall y meta de Arnau Blázquez y Powerade Ion4 tomadas de aquí.

Destino Madrid y Lisboa

«No me das pena ninguna»; es lo que me dijeron en casa cuando les comenté que no sabía si ir a la Madrid-Lisboa de este fin de semana, porque la verdad es que tenía serias dudas cuando recibí la propuesta: tengo las piernas todavía cargadas del UTMB, y llevo un par de semanas apurado y sin tiempo para preparar la logística (muy importante en esta prueba). Pero claro, apareció el «efecto manzana»: te entra el gusanillo y…

Pues eso, la Powerade Ion4 Madrid-Lisboa es una prueba de mountainbike de unos 770km que consiste en unir las dos capitales de la península ibérica en un máximo de 60h, y se disputa en equipos (de 2, 3 o 4 corredores), y en formato non-stop por relevos (es decir, el equipo no para, pero los participantes si que se turnan y descansan). Discurre por senderos y pistas (y tramos de carretera, obviamente), de Madrid, Castilla León, Extremadura, y Portugal. No tiene pinta de ser un recorrido muy técnico, ni de tener mucho desnivel (creo que no llega a 7000mDa+ en total), pero será dura igualmente.

Algo que le da el carácter de aventurilla es que el recorrido no está marcado: habrá que utilizar el GPS para seguir los tracks para ir pasando los puntos de control (estaciones de hidratación y zonas de asistencia). O también que los equipos deben gestionar los relevos y los materiales a emplear (alimentación, mecánica de las bicis, recambios, ropa,…), y el uso de «la tecnología» (llevar una app de seguimiento/seguridad en el móvil, obligatoria, o cargar tracks y baterías en los GPS).

Ojalá no falle nada y podamos comer el domingo un «bacalhau en Lisbon» (yo mejor «arroz con frango»).

Resaca del UTMB 2013

Hay platos cuyo gusto se paladea incluso después de levantarse de la mesa. Pues estas dos semanas he tenido la suerte de saborear lo realizado en el UTMB. Y es que por las prisas del viaje de vuelta (sólo por el apuro, que cansancio no traía, ¿o sí?), en el momento no pensé mucho ello, pero en los días siguientes pude reflexionar un poco sobre la prueba, y sentir el significado de haber sido Finisher. Por eso antes de pasar página, porque tampoco quiero que este menú me repita, quería hacer un pequeño balance.

Veamos: el evento es impresionante; lo cierto es que mucho más no puedo decir. Que si la «carrera de todos los superlativos», que si «la cumbre mundial de la carrera por naturaleza», que si tal, que si cual. No sé si tanto, pues sigo pensando que no es ni de lejos la más dura, ni la más bonita (aunque eso dependerá de gustos), ni la más nada… pero es la más «grande», la referencia, a la que hay que ir como mínimo una vez en la vida.

El recorrido y el entorno son espectaculares, para mi especialmente la parte itliana; el terreno es algo más técnico de lo que me esperaba, porque unos amigos me habían dícho que era una autopista (ignorantes ellos), pero muy chulo. En cuanto al riesgo, no tiene grandes peligros en sí, aunque cuando llevas 30h de cansancio y sueño encima cualquier raíz o terraplen te pueden dar un buen susto, y estás en la montaña con todo lo que ello supone, pero si vas con ojo no debería haber problema (al menos con buena meteo, porque mojado o con nieve tiene que cambiar mucho el cuento).

El nivel organizativo es brutal, con todo bastante bien atado y un montón de servicios disponibles (algunos de ellos auténticos negocios). Hay gente que raja de la Poletti&Co., pero la verdad es que tienen un tinglado muy bien montado. Eso sí, lo que de verdad hace grande la carrera son dos cosas: 1) los voluntarios, numerosos y amables, animando y ayudando al corredor en todo lo que podían; y 2) el público, ambientando y dando fuerzas en lugares y horas inverosímiles (p.ej. acordeonistas de noche en mitad de una subida, un batería entre los árboles del bosque, gente disfrazada,… cencerros hasta en las cumbres). Vamos, igual que aquí en Spain [ironic mode off]. Gracias a todos ellos.

Mi fiesta sorpresa de despedida… y los pastelitos

Y ya que estamos con agradecimientos, debería citar aquí (y en esta ocasión voy a poner nombres saltándome una de las normas internas de este blog):

  • Antes de nada, a Jose y Toño por echarme una mano (aguantando al pie del cañón), y por compartir la experiencia conmigo.
  • A mi círculo (Manuela, Rocío, Guille, los RES,…), y mis amigos/as, que son los que aguantan mis historias todos los dias, están siempre por ahí, y me compran Panteras Rosas.
  • A la gente que me ayudó y animó desde internet: seguidores del Verticalizando Pontevedra, a los/as colegas que me petaron el WhatsApp y el correo-e, y a algunos amiguetes internauticos (reconozco que me animó mucho a intentarlo yo ver aquí a Paco Ornitorrinco).
  • Obviamente, a los colaboradores que echaron un cable con el proyecto: Concello de Pontevedra (IMD), Nacho de Moto-Bike, Susana y Jorge de Clínica Benestar Fisioterapia, Ricoy y la gente de Chema Sport, y Colotec.

En conclusión: una experiencia inolvidable, en la que he tenido la suerte, o-lo-que-sea, de centrarme lo suficiente como para acabarla muy bien y disfrutando. ¿Que si volveré? Pues de momento no. Aunque molaría repetirla algún día (y creo que se le pueden bajar fácilmente un par de horas), hay muchas pruebas y zonas por visitar, y muchos más retos en la cabeza. Además, ya tengo el chaleco, que es a por lo que verdaderamente iba…

 

Mucha ilusión me hizo recibir esto

 

El FB de Verticalizando Pontevedra

PD. Si alguien que tenga el UTMB en mente quiere opiniones o consejos, que no dude en contactar.

Crónica del UTMB 2013

Cap. 1: El corralito

El centro de Chamonix estaba de bote en bote el viernes al mediodía. Voy hacia el corralito acompañado de los colegas y de MM, otro corredor amiguete. Tenemos que ponernos detrás de todo, junto a las escaleras de la iglesia, y esperar unos 20min. El ambiente es alucinante: el público se cuenta por miles, se ven escenas emotivas de corredores despidiéndose de sus familiares, y la organización anima el cotarro como si fuese una fiesta; será porque lo es.

MM, JN, el menda, y TG

Estirando, y metido en mis pensamientos, espero a que suene «1492, la conquista del paraiso» para dar la salida. ¿Cuántas veces he pensado en este momento? Miles, pero ahora me siento algo triste. Estoy muy motivado, pero la pierna no va bien, y no llego bien de entreno, así que no puedo evitar algún pensamiento extraño… y que se me escapen un par de lagrimones al más puro estilo Bustamante. Pero estar allí ya era la hostia, así que me mentalicé, me propuse disfrutar, ir tranquilo, y pensar sólo en el siguiente punto de control.

Y en eso estaba cuando cambiaron Daft Punk por Vangelis y empezó la cuenta atrás, momento increible para todos/as. Tras la salida aún tardamos varios minutos en pasar bajo el arco de meta, y los siguientes 500m tuvimos que caminar de tanta gente que había, pero después conseguí pillar un hueco, centrarme y activar el modo «trote disfrutón» para calentar.

Cap. 2: Bonita M-30

Los primeros 20km parecían una circunvalación madrileña en hora punta, ¡menudo atasco! Hasta Les Houches fue casi plano, luego subir a la estación de esquí de Délevret, y después bajar a Saint Gervais. El ritmo era lento, o el que marcara el grupo (salvo que adelantases por fuera de la pistas). Cuando empinaba había gente que elevaba el pulso, pero yo aflojaba y dejaba que pasasen, con personalidad. En el primer avituallamiento grande perdí a MM y, pensando que iba por delante, tiré contando que el me esperaría, pero no volví a verlo en toda la carrera (después me enteré de que terminó sin grandes problemas: ¡enhorabuena!).

Anocheció camino a Les Contamines, pero yo iba disfrutando y no saqué la linterna. No sé por qué, pero me apetecía ir medio a oscuras, y total pegándote a otros corredores ibas más o menos bien aprovechándote de su haz de luz. En la asistencia, comida, abrigo, y frontal (ahora sí). TG y JN, mis asistentes me preguntan por la pierna y me dicen que me ven bien.

Cap. 3: A Santa Compaña

En el km 35, Notre Dame de la Gorge, es cuando empieza lo bueno. Es ya noche cerrada pero sigue habiendo multitud de gente animando (alucinante: disfrazados, tocando música, con cencerros… como los que llevamos nosotros en el cerebro). Los niños te piden que les choques la mano, y yo voy de lado a lado buscándolos. Ésta y otras pequeñeces me hacen sentir bien.

Con una sensación de molestia en el muslo derecho, empiezo las subidas serias. La subida a La Balme y a la Croix de Bonhome deberían atragantárseme, sin embargo hasta me encuentro mejor, y lo llevo de maravilla. Saco fotos, estoy de cachondeo con los voluntarios (chapeu por ellos, por cierto), y disfruto del ambiente.

La bajada posterior la hice con cuidado tras ver como caían varios corredores que llevaba delante, y pensando también en no cascar cuádriceps y rodillas (precaución que tuve en todo el recorrido). Llegamos a Les Chapieux, nos hacen un control sorpresa de material obligatorio, y yo además tengo que parar un buen rato para «arreglar» un problema en la mochila, pues se me escurren los portabidones delanteros.

Desde allí subida a Ville des Glaciers y a un punto mítico: el Col de la Seigne, puerta de entrada a Italia. Me hace ilusión llegar allí y pongo un ritmillo de caminata-marcheta… y empiezo a adelantar gente ya desde el zig-zag inicial. De vez en cuando echo la vista atrás y flipo con la imagen: miles de luces en fila india a través del monte, cual Santa Compaña trailrunner… ¡soy gallego, me siento como en casa!

Voy tan a gusto que al coronar me dan ganas de echar a correr hacia abajo, pero me freno y sigo guardando; los ultras son carreras de refranero según mi punto de vista. El cielo está precioso, sin una nube, todo estrellas. Al poco llegamos al CP de Lac Combal, degustamos la rica sopa del avituallamiento, y seguimos por un trozo llano que nos deja al pie del Aréte du Mont Favre. Entre mirar dónde pisas y disfrutar de las vistas porque amanece, la subida se hace entrenida.

Al llegar la luz natural y el calorcillo, y con 1300m de descenso seguidos, uno se anima un poco… o no, porque la bajada hasta Col Chécrouit se llevó bien, pero el trozo hasta Courmayeur hubo que ir con más cuidadín. ¿He dicho Courmayeur? Lo cierto es que hace unas horas dudaba de llegar a esta población italiana, pero ahora estoy aquí, y pasándolo verdaderamente bien en lo que llevaba de prueba. Mejor así. En la asistencia paro mucho rato: lavo los pies, cambio calzado, engullo más que como,… Llevamos 77km y 4300mDa+, y todavía dura la moneda, así que seguimos al tajo.

Cap. 4: Hombres silenciosos


La carrera está ahora tan estirada que vas mayormente solo. Aunque ya se apreciaba de noche, cuando es más normal la quietud, ahora de día es palpable: nadie habla. La gente que adelantas o que te adelanta, los pequeños grupos que se forman,… nadie dice nada, sólo se escuchan pisadas y el golpetear de los bastones. Es que como si se estuviesen guardando hasta esas energías, o como si fuesen absortos en sus luchas mentales interiores. O ambas cosas. Yo, también en silencio, sigo a lo mío, contento y concentrado: subo a ritmo tranquilo al Refugio Bertone, flipo con las vistas en el tramo hasta el Refugio Bonatti (teniendo a la vista las Grandes Jorasses; esta cara del macizo es mucho más salvaje). Luego hago con paciencia la revirada bajada hacia Arnuva donde decido avituallar con calma.

Y llega otro de los pasos míticos: el Gran Col Ferret (que además es un hito psicológico: entrar en Suiza y superar el PK100). Me advierten de que es lo peor del recorrido, aunque yo creo que lo peor es siempre el final, como después comprobé. El sol pega de lo lindo, y la subida es puñetera, incluso veo gente tirada a ambos lados del camino. Aquí sí que tengo que esforzarme y es la primera vez que me siento «cansado». Tanto, que la bajada hacia la Peule y la Fouly no las hago especialmente rápido, aunque sí acelero un poco después hacia Praz de Fort.

Pongo ganas al subir a Champex-Lac, porque me espera la asistencia. Estoy un rato con ellos, que también se lo están currando, miro los mensajes de ánimo que me llegan al móvil (especialmente de mi gran amigo GL), y prosigo camino al lado del bonito lago. Un poco de asfalto y volvemos al monte en una bajada suave que no dura mucho y en seguida sube a chuzo hacia el CP de Bovine. Muscularmente y de articulaciones me encuentro bien, pero los pies me duelen y debo tener ampollas. Pongo un rato la música porque noto que me estoy descentrando y no quiero rallarme, pero lo cierto es que en este tramo me despisté un poco y en consecuencia descuidé la hidratación y nutrición.

Cap. 5: El Neng de Castefa

Vuelve a anochecer, y la bajada hacia Trient se me hizo larga y agónica. Cuando llegué al control ya no estaba tan alegre (es una pasada como se nota la salida y la puesta de sol en los ánimos cuando vas justo). JN me miraba como sintiendo pena, y TG no me debió ver buena cara porque me insistió en que comiera mucho; de la pierna ya ni hablábamos. Sé que ahí hubo dudas, pero yo entre la motivación de estar con ellos, y el ver que iba superando CP, volví a centrarme. Ración doble de sopa, de bocata de salchichón y queso, y de galletas de chocolate,… y tira millas que sino me quedo y les vacío la despensa.

Nada más salir de la carpa miro el perfil: subida a Catogne, 5km y 700m más arriba. Echo la mano al bolsillo de la comida y me tomo un Stimulred, empiezo a subir, y al rato le mando un gel con cafeina, y claro… me pongo espídico. Fuerzas no sé si tenía, pero con el subidón hice un «subidón del copón». Y al llegar arriba para abajo como una moto, a ritmo, y eso que tenía tramos muy rotos. Iba que si apago el frontal veo igual y todo.

Llegué al último punto de asistencia, Vallorcine, antes de lo que ellos esperaban. Se me habían pasado los «efectos psicotrópicos», pero ahora tenía otros más fuertes y endógenos: iba enchufado ya con acabar. En el avituallamiento ni me senté: entré, tome un refresco hablé con TG y salí. Iba a terminar aunque fuera a gatas.

La primera subida hasta Col des Montents casi ni se nota a esas alturas de carrera; ahora bien, lo de la Tête aux Vents, en la zona de las Aigulles Rouges, no tiene nombre. El desnivel «sólo» son 600m, pero sin camino, rotos, con escalones y trepadas; vamos, un infierno en el km 153. Adelanté a unos cuantos porque iban penando mucho… y yo iba penando poco.

Parecía que ya estaba hecho, pero el trocito hasta La Flégère también tenía tela. Sólo eran 3km, y para abajo básicamente, y me llevaron 45min porque eran técnicos, porque de noche y cansado hay que tener cuidado, y porque no quería torcerme un tobillo y cagarla al final. Los pies ardían, pero pasaba de ellos.

Cap. 6: Paz

En el último CP había corredores tirados «durmiendo», y eso que sólo quedaba bajar a Chamonix. Nos dijeron que tardaríamos 1h30min… y yo quería que fuesen de disfrute, de pensar y saborear lo hecho. Al principio no pudo ser porque el descenso se complicaba y había que ir concentrado en no caer, pero después el terreno se ponía facilón, yo tenía fuerzas, y estaba contento. Así que ahí iba un español (seguido de un japonés), con rostro ojeroso y sonriente, corriendo a zancada suelta como si estuviese en un 10000.

Al llegar al pueblo tuvimos que callejear un poco y llegamos al río L’Arve. Faltaba la zona conocida: los pabellones, el puente junto al hotel Alpina, la calle principal, y la plaza de la iglesia. Saqué la cámara de fotos y me grabé haciendo la recta final. Había gente animando pese a ser las 5:00, les doy las gracias. Iba rápido, no sé por qué, pero al ver el arco de meta me freno, quiero gozar esa recta, quería que aquello durease un buen rato, y en unos pasos…¡¡ FINISHER!!

Piso la alfombra Vibram, me descojono, voy junto a TG y JN (mil gracias a ellos), y cierro los ojos para recordar las últimas horas… y otras muchas cosas. En estos meses suponía que si lograba entrar en meta me iba a dar un arrebato de emoción y lloros de alegría, y no fue así; sentía más bien tranquilidad, paz interior, satisfacción, una especie de profundo bienestar (aunque parezca mentira con el tute que llevaba encima).

En fin, objetivo más que cumplido: chaleco de finisher, 167.8km, 9800mDa+, 36:34:53, y con «buenas sensaciones» (la pierna aguantó, llegué bastante entero salvo los pies, no tuve crisis, y el coco funcionó muy pero que muy bien). Ha sido una aventura interesante y ha salido bien, así que gracias a todo el mundo que estuvo apoyándola.