Vías tranquilas y osos

El oso que habíamos visto en el Courel en cierta ocasión era un poco fraude, así que como RL y yo teníamos ganas de ver a uno de verdad y de mover un poco el body, hilvanamos varias actividades para ver si había suerte.

Tiramos para el norte en la furgo, y el sábado aprovechamos para participar en una pruega de la Liga Galega de Orientación que se celebraba en Lugo, en el mapa del monte Segade. Salimos juntos, llevando yo el mapa las dos primeras balizas, mientras le explicaba un poco a RL, y ella el resto del recorrido, en el que no hubo grandes problemas. Por la tarde aprovechamos para dar un paseo y hacer algo de geocaching por el parque y el paseo a orillas del Miño. Día entrenido.

El domingo un poquito de bici: la vía verde el EO. Empieza en Vilaoudriz (a Pontenova), y va hasta San Tirso de Abres, teniendo como eje el rio EO que limita Galicia con Asturias. Ida y vuelta son 25km, muy facilitos, siendo el único inconveniente la falta de luz en algunos túneles, y que algunos tramos no están muy cuidados (baches, piedras…), y teniendo como principal atractivo el río, y los puentes y túneles. Para completarla un poquito, se puede visitar la cascada de Foxas, a la que se puede acceder por una carretera de asfalto en subida que se pilla cruzando el puente de madera al lado de las piscinas (mejor mirar mapa, la verdad). Apenas suma distancia, porque ir y volver no llega a 6km, aunque aquí sí que hay un pelín de subida (poca, pero la hay).

Al día siguiente una de las rutas más conocidas de Asturias: la Senda del Oso, que también aparece catalogada como vía verde (también hay info aquí). Esta sí que es acta para todos los públicos, de hecho vimos muchas familias con críos: el piso es bueno casi siempre, cuando pica para arriba es muy muy suave, y tiene muchos atractivos: el paisaje, los puentes y túneles… y los osos. De hecho, hicimos primero el tramo completo de Tuñón a Entragu o Teverga, donde hicimos una paradita para picar algo en el abarrotado parking, y luego a la vuelta en Proaza nos desviamos hacia Quirós, aunque no pasamos del embalse de Amurio, y volvimos a Tuñón (56km y 450mDa+ en total). Pues tanto de subida como de bajada, en esa especie de jaulas que hay a la altura del área recreativa de la Buyera, pudimos ver a Paca y a Tola (y a el/la otro/a oso/a cuyo nombre desconozco). Flipante, lo cerca que tienes a la osa en la zona vallada, y lo bonita que es. Objetivo cumplido.

Si se va hasta allí a hacer la Senda del Oso, es una pena irse sin hacer la Ruta de las Xanas, una ruta de senderismo que transcurre por el desfiladero del mismo nombre, y que por momento parece un mini-Cares. Es sencilla (aunque con niños hay que ir con ojo), y al principio las vistas son espectaculares. Nosotros la hicimos en media mañana con calma, uniedo ésta con la Ruta de Valdolayés, para no bajar por donde habíamos subido, y en total nos salieron 13km. Por cierto, que luego nos metimos un menú en Teverga, con sus fabes y su jabalí, que fue espectacular.

Despues nos fuimos unos días a la zona de Somiedo y aprovechamos para hacer un par de mini rutillas. Primero en bici la ruta trabalenguas: de Valle de Lago a Lago del Valle. Vamos, ir desde la aldea hasta lo que se conoce como el lago de Somiedo. No tiene mucha chicha, la verdad, porque es subir todo el rato por pista en dirección SE (se pueden usar también algunos senderillos paralelos), y luego bajar por el mismo sitio en dirección NO, haciendo 15 o 16km en total (y unos 400 o 500m de desnivel, dependiendo de dónde pares). El premio está en disfrutar del bocata en un entorno tan chulo como el lago. Por la tarde hicimos un cacho de una ruta de senderismo que arranca en la entrada del pueblo, cerca del camping, y va hasta el Puerto de Somiedo. Desde luego, buenas vistas, naturaleza, y tranquilidad, que era lo que buscábamos. Eso sí, aquí no vimos osos.

Verano raro y Camino Inglés

Llegó el otoño, tras un verano raro raro: planes frustrados, muy poco deporte, problemillas de salud,… Así que vamos a poner esto un poco al día.

El plato fuerte iba a ser un viajecillo a finales de julio hasta Pirineos para ver 3 etapas del Tour de Francia, aprovechando para subir 4 o 5 puertos con la bici, después quedarnos a hacer un par de barrancos, y un trekking de varios días por el valle de Ordesa (donde esperaba correr un poco por la zona para entrenar). Pero problemas familiares de última hora nos impidieron cumplir los planes. Y gracias que al final aún pudimos ir hasta allá, aunque el coco siguiese pendiente de casa y fuese sólo para degustar un sucedáneo: ver dos etapas del Tour (la de Saint Lary Pla D’Adet que ganó Majka y la de Hautacam que se llevó Nibali), sin pedalear porque no pudimos llevar la bici, y hacer una sesión de canorafting con la gente de H2Ur cuando regresábamos a Galicia.

Pero como la sensación era de no haber tenido vacaciones hubo que buscar un plan B adaptándose a los días libres. Y como en agosto había un finde largo, RL y yo aprovechamos para hacer una rutilla en bici por el Camino de Santiago Inglés, unos 120km de Ferrol a Santiago.

Como supuestamente hay una etapa previa o etapa O que arranca del pueblo de Covas y la zona de Cabo Prior, y como me encantan los faros y ese paisaje litoral, en vez de pedalear directamente hacia el sur, primero fuimos hasta allí por carretera. Echamos un vistazo por la zona y al rato nos pusimos en camino: las baterías militares abandonadas (quien las pillara para jugar «al Equipo A» cuando niño), el carril bici junto la playa, las pistas por monte, el precioso pinar de San Xurxo, la playa de Doniños,… Todo bien hasta que empezamos a serpentear pegados al mar hacia el puerto exterior, y después en sentido contrario hacia Brión pillando algún trozo roto y peligroso. Y además no había ni dios; estaba claro que por allí no era. En algún momento habíamos metido el zueco y las flechas amarillas se habían transformado en unas marcas amarillas/violetas de alguna otra ruta. Aburridos y con el solano en la chepa, decidimos buscar la carretera hacia la Malata y empezar el camino en sí desde el puerto de Ferrol. Con la coña, sólo cruzamos Narón pero llegamos al albergue de Neda con casi 70kms.

Al día siguiente el asfalto de Fene se compensó con la chula playa de la Magdalena en Cabanas, y con el paso por Pontedeume, donde estaba la primera rampa dura del recorrido. Íbamos a disfrutar, así que pie a tierra y con calma. Un rato después se cruza un pequeño campo de golf y se llega rápido a la población de Miño. El terreno se pone ya con el típico sube-baja gallego, y alternando caminos chulos con pistas de asfalto llegamos a Betanzos. Estaban en fiestas y era casi el mediodía, así que nos dimos un homenaje en una terracita.

Con el calor y el «equipaje» que acabábamos de cargar, lo cierto es que costó arrancar. Salimos de Betanzos por un paso elevado sobre la vía del tren, y vuelta a la alternancia de asfalto y caminos. En este tramo, el más rural (y con menos servicios, claro), encontramos ya a algunos peregrinos. Cos, Presedo, y al llegar a Vilacoba… subida continua y durilla. Al coronar un par de kilómetros fáciles y llegamos al albergue de Hospital de Bruma. Duchita, pedir la cena-taxi, y a dormir tras otra jornada de 66km.

Lo que quedaba de Camino para el domingo era casi un trámite. De Bruma a Sigüeiro es totalmente favorable, y aunque paramos a desayunar y a apartar de nuestro camino un dinosauro (sí, ¿qué pasa?), lo hicimos en un plisplás. Y el resto hasta Compostela algo más rompepiernas pero también fácil, con muchas pistas anchas y lisas, y con los últimos kilómetros de asfalto como era de esperar. Vamos, 42km muy rápidos para estar en el Obradoiro bastante antes del mediodía y que nos diese tiempo de comer y volver a Ferrol a por el coche.

En fin, este Camino Inglés nos sorprendió y nos gustó. Tal vez para la peña que viva lejos no valga la pena venir porque se acaba pronto, pero me parece muy recomendable si lo que buscas es un ruta más solitaria y no tan explotada como el Francés (o como empieza a estar el Portugués). Algún día tocará escapada en plan ultra.

Escapada al CdS-francés (días 3 y 4)

Día 3

No madrugamos mucho, la verdad, pero aún así antes de las 9 estábamos ya pedaleando en dirección San Xil, Calvor y Sarria (ni nos planteamos la opción de Samos, menos «auténtica»). Al principio tocaba subir, después era todo bajada y llaneo. En Sarria tomamos un psicolabis y seguimos. Saliendo de allí encontramos un bosque precioso… donde tocó volver a empujar la bici un rato.

Aunque el sol salía sólo a ratos, al mediodía hacía calor, así que nos tomamos con calma el siguiente tramo, en el que predominaba la subida. Íbamos haciendo paradillas (como Barbadelo y Ferreiros), sacando fotos,… y sin darnos cuenta nos acercábamos a Portomarín. Había muchos peregrinos en esta zona, así que había que ir con cuidado y entrenar el «Buen Camino».

Al llegar a Portomarín todavía era muy temprano y no queríamos estar toda la tarde tirados, así que decidimos no parar y avanzar un poco más. Aunque el siguiente tramo no tenía mucho atractivo, lo pasamos bien. Fuimos charlando y jugando, RL iba bien, y a ratos nos acompañaba un italiano en bici… ¿Italia? ¡El partido! Esa noche la selección jugaba la final de la Eurocopa y, aunque no somos muy futboleros, queríamos verlo. En el albergue público de Hospital-Ventas de Narón nos encontramos con una gente enrollada, llevábamos otros 56km, y eran más de las 18, así que nos quedamos allí.

Vimos el partido cenando en el único bar que había, acompañados de una numerosa familia yanqui, una pareja italiana, y compartiendo mesa con una andaluza, un catalán, y uno que ni él sabía de dónde era. Del resultado no me acuerdo, pero cuando fuimos a dormir casi quedamos de puerta afuera. Sin palabras.


Día 4

La mega-cena del día anterior había hecho mella. Estábamos pesados, así que salimos sin tomar nada y desayunamos en Palas de Rei. Poco a poco fueron cayendo más kilómetros y llegamos a Melide. Después de unos días atravesando pueblos, aldeas ganaderas, y caminos silenciosos, fue un poco chocante volver al tráfico y el ruido.

De aventuras anteriores recordaba que los siguientes tramos eran de toboganes rompepiernas pero rápidos, sin embargo ahora los vi más duros (sería el efecto de las alforjas). Era un baja a Boente, sube a Castañeda, baja a Ribadiso, sube a Arzúa. En Arzúa hicimos la comida de picnic en un parque, y al ir a sacar una foto… se me cae el teléfono y se rompe (snif). Aún queda mucho día por delante, y RL está animada así que decidimos tirar ya para Santiago: con calma, parando de vez en cuando a reposar y comer, pero directos.

Esta zona que se acerca a Santiago tiene unas corredoiras preciosas, tan envueltas en vegetación que parece que vas de noche. Pedalada a pedalada llegamos al alto de Santa Irene y a Pedrouzo. Ahora la zona ya es conocida: hay que ganar altura hasta el aeropuerto de Lavacolla, después el Monte del Gozo, y bajar ya a Compostela. Hubo algún tramo duro, pero RL me sorprendió gratamente. La verdad es que fue bastante jabata.

Los últimos kilómetros son algo feos, y ya en la ciudad hay que ir por la acera, en ocasiones desmontado por prohibiciones algo absurdas. Pero eso no evitó que nos hiciera ilusión llegar a la catedral. Fuimos a por las Compostelas, tomamos un refresco y un helado (merecidos tras los 86km de hoy), y esperamos a que nos vinieran a buscar disfrutando del ambiente del Obradoiro, a la vez turístico y místico.

En resumen, el trayecto fue corto porque no teníamos mucho tiempo ni para hacerlo ni para preparlo, pero lo pasamos muy bien y no hubo problemas. Buena experiencia juntos; para repetir.

Escapada al CdS-francés (días 1 y 2)

Día 1

 Toca madrugón para coger el tren que, tras infinitas paradas, nos deja en Ponferrada a las 11 y pico de la mañana. Entre comprar comida, ajustar bicis/alforjas, repartir la carga, ir al albergue a por la Credencial del peregrino, y… dar un paseillo, se nos fueron las primeras horas. Así, casi a la hora de comer empezamos el pedaleo.

La salida de la ciudad se hace por un carril-bici y por aceras hasta llegar a una original zona residencial, después, casi siempre por asfalto, se van pasando pueblos sin encanto Columbrianos, Fuentes Nuevas, y Camponaraya; cosa aparte es el agradable Cacabelos (nos llamó la atención su albergue, a base de cabinas dobles construidas aprovechando el muro de la iglesia). Hasta Villafranca del Bierzo se llegaba por una zona algo más bonita, con toboganes y entre viñedos.

RL quería seguir, pues aún era pronto (sólo habíamos hecho 27km), pero en mi opinión era mejor parar. Sé de sobra que en este tipo de rutas lo que afecta, más que el cansancio físico del kilometraje (que no es tanto, pues el ritmo es bajo y el esfuerzo se reparte a lo largo del día), es el cansancio postural (máxime cuando uno no está acostumbrado al apoyo de las manos, la curvatura de la espalda, la presión en el culete,…).

Por eso al final nos quedamos toda la tarde en Villafranca de paseo y turisteo. Fuimos a un albergue de ambiente hippie-artesano llamado Ave Fénix; era un sitio peculiar, pero al final no resultó malo.

Día 2

Al salir el sol los inquilinos, casi todos guiris, madrugamos para patear/pedalear otra jornada, y dura, pues nos espera subidilla. En el Ave Fénix lo sabían, pues el desayuno era contundente: nunca habíamos combinado la leche con una tosta de huevo frito con pimienta.

Así, ya tempranillo estábamos en el famoso andadero por el arcén amarillo de la N-VI, bajo una lluvia intermitente. Hasta Vega del Valcarce se va bien, subiendo suave; al abandonar la nacional y meterse hacia Las Herrerías el asunto se complica; y cuando nos desviamos por el monte hacia la Faba (para ir por el Camino original, el de caminantes), la cosa ya se pone brava, pero brava. En esta zona vimos a un grupo de corredores que estaban haciendo el Camino por relevos… ¡como se me calentó la neurona pensando en mi libreta de retos pendientes!

En la subida gorda (unos 700m Da+), tuvimos que ir desmontados mucho rato, y empujando la bici con las alforjas… Vamos que nos adelantaban los mochileros. Pero vale la pena, porque el paisaje es muy chulo. La pendiente se redujo un poco al pasar la Laguna y aproximarnos al Cebreiro (¡y a Galicia!). En ese lugar mítico que es el Cebreiro (y no sólo por el CdS), paramos a descansar, dar una vuelta, comentar la reciente visita en el UTAC, y comer un menú caliente… con caldo de 1º.

Con algo de frío, y la pesadez de la sobremesa, costó volver a arrancar. Y eso que hasta el alto de San Roque y Hospital era fácil. Para dura ya estaba la subida al Alto do Poio; desde allí picaba siempre para abajo. En esta zona paramos varias veces: una por avería mecánica con mi cadena, otra por un amago de atropello a una vaca, y otra en un puesto de frutos rojos (donde conversamos con la señora que los cultivaba/vendía).

Al llegar a Triacastela llevábamos 54km, y un buen desnivel, así que decidimos parar, hacer la compra, y buscar albergue con tiempo. La mayoría estaban completos, así que acabamos en uno privado, el Complejo Xacobeo, que estaba muy bien (aunque no tuvimos suerte con la compañía, pues había algún que otro «petardo» con bici).



Escapada al CdSantiago-francés

Estas semanas he tenido abandonado mi Sportgumby (¡no volverá a pasar!), porque estuve un poco liado, y además tampoco tenía mucho que contar, ya que apenas hice nada. Primero, porque tras Aquilianos el cuerpo me pedía un poco de descanso, y se lo di; y segundo, porque cuando volví a la actividad tuve un percance con la mountainbike que me obligó a reposar unos días (tenía la rodilla algo perjudicada).

El caso es que hacia final de mes a mi RL le aparecieron unos días libres, y hemos decidido invertirlos en recorrer en bici un trozo del Camino de Santiago francés.

Barajamos otras posibilidades, pero al final empezamos en la zona de Ponferrada, porque nos es fácil llegar hasta allí (hay tren «directo», barato, y que lleva las bicis sin problemas), porque la distancia se acomoda a los días disponibles (unos 220km en 4/5 días para alguien que hace mucho que no monta en bici está bastante bien), y porque así cumplimos el mínimo para obtener la Compostela.

Así, tras un par de días preparando la logística (alforjas, material, y sobre todo bicis, pues no queremos llevar las buenas, que últimamente hay bastante mangante por el Camino), empezamos con la rutilla.