Escapada relámpago, pero al menos pudimos hacer algo con lo que ya no contaba: dar unas pedaladas por el Tour 2016 (y en buena compañía). ¿¡Esto se anima!? No lo sé, pero por lo menos tres nuevos puertos pirenaicos a la saca.
bicis
¿Glamour o edad?
Hace tiempo que dejé la bici de free-style (aunque la echo mucho de menos), los skateparks, los pantalones XXL, y las protecciones de neopreno sudadas bajo la ropa. Y no debería ser yo quien lo diga, pero creo que de un tiempo a esta parte estoy ganando elegancia en lo deportivo. O tal vez sea simplemente que me estoy haciendo mayor.
A partir de ahora, ¿tendré que elegir la camiseta en función del color de las zapatillas? ¿Acabaré saliendo a trotar con un chandal completo y todo conjuntado?, ¿o a pedalear con pantalón de tergal y su correspondiente pinza en el tobillo? No lo sé, pero el otro día, sin darme cuenta, y olvidando mi Garmin, rodé así:
Don’t touch my Breil Bike!
Mirando los Ancares
«Lo que molaba era hacer el cordal entero, uniendo todos los picos… y del tirón volver en bici». Cuando cada vez que hablas de Ancares escuchas esto a un colega, tienes claro que en breve irás para allá. Así, a principios de septiembre, AV, CV y yo, planificamos rápido la escapada, viajamos el viernes por motivos logísticos (llevar las bicis a un pueblo intermedio, preparar material, etc), y dormimos ya «a pie de vía» para probar la idea.
1. Los cordaleros
Ya con luz, porque se nos pegaron las «sábanas», arrancamos desde Balouta hacia el E desperezando las piernas a ritmo de pateada. Al rato el camino se acaba y subimos a chuzo por una pedrera con trozos con hierbajos. Es mucha pendiente y todavía está mojado, así que no podemos evitar algún resbalón… y algún momento de gateo (menos mal que no nos vio nadie: bajaría nuestro caché). Al llegar al senderito superior nos desviamos un poco hacia el N y hacemos el primer pico del día: el Miravalles (1969). Desandamos nuestros pasos, o debiera decir zancadas, pues aquí ya empezamos con el verdadero correr, y pillamos ya la línea del cordal, que no abandonaríamos en varias horas, buscando cruzar la carretera en el alto del Puerto de Ancares (1669m).
Bordeamos la Hoya de Ancares y subimos al Cuiña (1987m). Unos buitres impresionantes nos sobrevuelan, pero ¿no es un poco temprano? Todavía no vamos tan justos. De hecho, coronamos sin forzar la maquinaria, bajamos unos 350m de desnivel flipando con los corzos, y volvemos a subir para llegar al Penalonga (¿1880m?). Esta zona ya tiene la típica vegetación baja de la zona que tan buena es para hacernos un buen peeling en las piernas, y los típicos caos de bloques tan buenos para dejarse un tobillo. Por ahora CV y AV están teniendo piedad de mi, pero la subida al Mustallar (1935m) se me atraganta un poco. Pongo ritmo marcheta a mi bola, y les dejo que me saquen ventaja; ¡si en realidad lo hago por ellos, para que cojan autoestima! Aunque el día aguanta, hay algo de niebla así que picamos algo rápido, y tiramos.

A continuación vienen varios picos menores seguidos: Lagos, Corno Maldito, Charcos, Penedois. Algunos pasos son algo más técnicos y expuestos, e incluso en un mini-destrepe tengo que amainar porque se me engancha la mochila y no pillo postura, pero este tramo está muy chulo. Otra subida no tan larga y llegamos al Tres Obispos (1795m). Hacemos la foto de rigor y seguimos, siempre hacia el SO. Al pasar unas horas yo me encuentro algo mejor, pero la sucesión de bajadas y subidas, incluso sin ser grandes petadas, va cargando las patas: ganamos 100 o 200m de altitud para volver a perderlos, y después volver a subirlos, etc. Pero a lo tonto pasamos el Valongo, una subidita más, y el objetivo final: el Penarrubia (1822m), con su bonita pared O.
Ya vemos el pueblo de Tejeira, pero no sabemos muy bien cómo bajar: no hay caminos, ni una traza clara para hacer monte a través. Exploramos un poco, tiramos de mapa y gps, y al final optamos por la opción más… castrona: tu tira para abajo que ya aparecerá algo. Y al rato apareció: el nacimiento de un riachuelo y unos huecos suponemos que hechos por el ganado, por los que nos fuimos metiendo. Afortunadamente no llévabamos el esmoquin y los enganchones no nos importaron mucho. Al llegar a la pista ancha AV nos acelera un pelín camino de Tejeira, le seguimos porque allí están las bicis y la comida, no por otra cosa.
2. Bicicleta de suela
En el bar del pueblo hacemos una transición algo más larga de lo planeado. Una, porque en La Cantina de Teixeira se estaba a gusto y apetecía quedarse (muy recomendable el sitio: buen trato, comida rica, local agradable,…; nosotros volveremos). Y dos, porque al guardar las cosas de correr en la mochila aparece un problemilla: no me entran las zapatillas. Probamos de varias formas y ni de coña. Es lo que tiene tenerlo grande (el pie). Al final pedimos bridas y atamos una de los Brooks a la bici en donde menos moleste. ¡Hasta quedaba bonito!
Y reiniciamos la ruta. Abandonamos Tejeira por una pista ancha y polvorienta que al poco tira hacia el N. Cuesta ponerse a pedalear después de comer, con bastante calor, y en subida, pero subimos piñones y vamos entonándonos. Después varios kilómetros de repechos, llanos y bajadas rápidas, nos hacen cruzar Campo del Agua, aldea muy chula con pallozas restauradas, y rodar hasta Burbia.
No habíamos ganado apenas desnivel positivo, así que estaba claro que ahora vendría todo de golpe. Y vino. Ya desde el pueblo arranca un empinado zig-zag de gravilla que se hizo duro con 10h ya en las piernas. Aquí cada cual a su ritmo, es decir: CV silbando, AV esforzándose, y yo al final terqueando. No quería subir ni un metro desmontado, así que molinillo total y breve parada en el medio para reponer alimentos. La sudada fue brutal, y estaba poníendose el sol, así que nos abrigamos y bajamos rápido por pista buena hasta Pereda de Ancares.
Ya de noche nos metemos a la carretera para subir el Puerto de Ancares. Las luces casi todo el tiempo apagadas y mantenemos la misma tensión de pedaleo. No son rampas muy duras pero voy cansado, aunque como me gusta bastante más darle al pedal que a la zapatilla, lo llevo bien. Una tormenta empieza a asomar por el E, pero no preocupa, pues sólo queda regular un ratito y dejar que pasen los metros. Al coronar AV esprinta y nos saca 12cm, repetimos rápido la foto de la mañana en el cartel del puerto, damos potencia a la iluminación, y descendemos hasta Balouta con cuidado porque el asfalto está mojado y no queremos sustos de última hora.
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De vuelta en la furgo tras 14h (en ellas 11h de actividad para unos 81.5km y 4300mDa+; interesados en el track aquí), sin incidentes graves y habiéndolo pasado bien, las dos cosas prioritarias. Además para mí lo importante era hacerlo; los galgos ya irán otro día a rebajar tiempos. La verdad es que estos retos con los colegas molan: ni competis ni leches. Y lo mejor de todo: habrá más (¡a cabeza non para!).
Verano raro y Camino Inglés
Llegó el otoño, tras un verano raro raro: planes frustrados, muy poco deporte, problemillas de salud,… Así que vamos a poner esto un poco al día.
El plato fuerte iba a ser un viajecillo a finales de julio hasta Pirineos para ver 3 etapas del Tour de Francia, aprovechando para subir 4 o 5 puertos con la bici, después quedarnos a hacer un par de barrancos, y un trekking de varios días por el valle de Ordesa (donde esperaba correr un poco por la zona para entrenar). Pero problemas familiares de última hora nos impidieron cumplir los planes. Y gracias que al final aún pudimos ir hasta allá, aunque el coco siguiese pendiente de casa y fuese sólo para degustar un sucedáneo: ver dos etapas del Tour (la de Saint Lary Pla D’Adet que ganó Majka y la de Hautacam que se llevó Nibali), sin pedalear porque no pudimos llevar la bici, y hacer una sesión de canorafting con la gente de H2Ur cuando regresábamos a Galicia.
Pero como la sensación era de no haber tenido vacaciones hubo que buscar un plan B adaptándose a los días libres. Y como en agosto había un finde largo, RL y yo aprovechamos para hacer una rutilla en bici por el Camino de Santiago Inglés, unos 120km de Ferrol a Santiago.
Como supuestamente hay una etapa previa o etapa O que arranca del pueblo de Covas y la zona de Cabo Prior, y como me encantan los faros y ese paisaje litoral, en vez de pedalear directamente hacia el sur, primero fuimos hasta allí por carretera. Echamos un vistazo por la zona y al rato nos pusimos en camino: las baterías militares abandonadas (quien las pillara para jugar «al Equipo A» cuando niño), el carril bici junto la playa, las pistas por monte, el precioso pinar de San Xurxo, la playa de Doniños,… Todo bien hasta que empezamos a serpentear pegados al mar hacia el puerto exterior, y después en sentido contrario hacia Brión pillando algún trozo roto y peligroso. Y además no había ni dios; estaba claro que por allí no era. En algún momento habíamos metido el zueco y las flechas amarillas se habían transformado en unas marcas amarillas/violetas de alguna otra ruta. Aburridos y con el solano en la chepa, decidimos buscar la carretera hacia la Malata y empezar el camino en sí desde el puerto de Ferrol. Con la coña, sólo cruzamos Narón pero llegamos al albergue de Neda con casi 70kms.
Al día siguiente el asfalto de Fene se compensó con la chula playa de la Magdalena en Cabanas, y con el paso por Pontedeume, donde estaba la primera rampa dura del recorrido. Íbamos a disfrutar, así que pie a tierra y con calma. Un rato después se cruza un pequeño campo de golf y se llega rápido a la población de Miño. El terreno se pone ya con el típico sube-baja gallego, y alternando caminos chulos con pistas de asfalto llegamos a Betanzos. Estaban en fiestas y era casi el mediodía, así que nos dimos un homenaje en una terracita.
Con el calor y el «equipaje» que acabábamos de cargar, lo cierto es que costó arrancar. Salimos de Betanzos por un paso elevado sobre la vía del tren, y vuelta a la alternancia de asfalto y caminos. En este tramo, el más rural (y con menos servicios, claro), encontramos ya a algunos peregrinos. Cos, Presedo, y al llegar a Vilacoba… subida continua y durilla. Al coronar un par de kilómetros fáciles y llegamos al albergue de Hospital de Bruma. Duchita, pedir la cena-taxi, y a dormir tras otra jornada de 66km.

Lo que quedaba de Camino para el domingo era casi un trámite. De Bruma a Sigüeiro es totalmente favorable, y aunque paramos a desayunar y a apartar de nuestro camino un dinosauro (sí, ¿qué pasa?), lo hicimos en un plisplás. Y el resto hasta Compostela algo más rompepiernas pero también fácil, con muchas pistas anchas y lisas, y con los últimos kilómetros de asfalto como era de esperar. Vamos, 42km muy rápidos para estar en el Obradoiro bastante antes del mediodía y que nos diese tiempo de comer y volver a Ferrol a por el coche.
En fin, este Camino Inglés nos sorprendió y nos gustó. Tal vez para la peña que viva lejos no valga la pena venir porque se acaba pronto, pero me parece muy recomendable si lo que buscas es un ruta más solitaria y no tan explotada como el Francés (o como empieza a estar el Portugués). Algún día tocará escapada en plan ultra.
24h BTT Compostela
Con un formato poco habitual en Galicia, se celebró la semana pasada la 2ª prueba del BTT Compostela: un maratón de mountain-bike de 6h, 12h o 24h, y en el que se podía participar de forma individual, en equipos de 2, o en equipos de 4 (vamos, al estilo del conocido 24doce). Tenía dudas de si ir o no, porque estoy flojo de entreno, y porque lo de dar varias vueltas a un circuito no me gusta nada. Pero unos días antes decidí anotarme: 24h solo… lo más razonable.
El sábado por la mañana nada más llegar monté «el box». En mi caso, que iba sin compañía ni carpa, se limitó a desparramar material, herramientas y comida por el maletero del coche. Y a las 12:00, muy puntuales, dieron la salida simultánea a las tres modalidades.
Las primeras vueltas fueron lentas: todo el mundo iba guardando fuerzas y reconociendo el recorrido , que por cierto no estaba mal del todo, o al menos mejor de lo que yo esperaba. La salida/meta y zona de boxes estaban situadas en el complejo vacacional del Monte do Gozo. El primer kilómetro era en leve subida, saliendo del recinto y dirigiéndonos al sur. Tras una trialera muy chula (que cambiaron al acercarse la noche porque era algo peligrosa), entrábamos en una zona rápida de monte, de bajada y llaneo con un par de repechos. Unos metros de asfalto hasta el punto más bajo del circuito, en el PK4, y giro de 180º hacia el norte pillando una pista muy facilona en falso llano. Al acabarla llegaba la subida más dura, sólo 800m, pero con bastante pendiente, y que después continuaba subiendo otros 2km por una pista algo rota. Un par de tramos de bajada y subida, un par de trozos de asfalto, y volvía la subida «suave» entrando de nuevo al Monte do Gozo por el Camino Francés (junto al monumento conmemorativo del alto nos desviábamos a la izquierda para volver al recinto cerrado). Se supone que eran 13km y 330m de positivo por vuelta, pero a mi siempre me salían menos.
Las primeras horas éramos bastantes en pista. No hacía falta mirar el color del dorsal para saber en qué categoría iba cada uno, el ritmo ya lo dejaba claro: los que adelantaban como fuegos iban al 6h, los que nos arrastrábamos al 24 (con los otros te entraban dudas). Yo me mando el primer sting de 4 vueltas, casi sin parar los siguientes de 3, y a medida que se acercaba la noche vi que lo mejor era darlas petit-suise style, es decir, de 2 en 2.
Cuando anocheció hice una parada larga (se me fue a casi 1h), para poner luces, descansar y comer bien, cambiar la postura un rato, y repasar la mecánica. Durante la madrugada fuimos quedando pocos en pista, sobre todo al dar la medianoche y finalizar la modalidad de 12h. Ya con los focos y luces en la bici, y con otra cosa en mi trasero que también iluminaba, rodé completa toda la noche, pero notando que me estaba viniendo abajo; lo decía tanto el crono como las sensaciones. Calculé mal los ritmos, y la comida, y el avituallamiento de la organización no era ninguna maravilla, pero mis amables vecinos de box, unos simpáticos bikers de la Serra de Outes, me salvaron invitándome a pasta con marisquitos, galletas,… Gracias.
Aún así, cuando amaneció yo estaba fundido: de espalda y cervicales, de fuerzas en las patas, de dolor de culo, e incluso rallado de coco. Me agobiaba que desde la tarde del sábado parecía un piloto de MotoGP: no por ir rápido, noooo, sino porque a partir de la 5ª vuelta repetía la misma trazada, los mismos cambios de piñón, los mismos gestos, vuelta tras vuelta, y ya estaba aburrido. Además entre las 8 y las 10 de la mañana del domingo perdí un par de puestos (uno ya esperado, al adelantarme el compañero JF experto en estas lides, que había pasado un mal momento de noche), y al saber que ni pillaba podium, ni iba a perder puestos porque no me iban a recuperar vueltas, cuando faltaban 15min para cumplirse las 24h, decido parar. Aunque podía, no tenía ganas de dar otra más.
Con todas las coñas pedaleé unas 21h30min para dar 25 vueltas, resultando entre 300 y 310km, y unos 8000-y-pico mDa+, y lo mismo negativo, que cuando llevas mucho rato también cansa (de hecho al final también me molestaban los brazos y manos en las bajadas rotas). Y aunque no iba disfrutando, tampoco lo pasé mal del todo porque me «evadí» pensando en mis tonterías habituales. No me motivan en exceso estas pruebas sin un paisaje o un significado, pero alguna de vez en cuando también tiene su interés; además sirvió como un pequeño test para saber si ir a la PBR o no.
Fotos de Javier Segade y Anabel García compartidas en el FB de la prueba.






