Escapada al CdS-francés (días 3 y 4)

Día 3

No madrugamos mucho, la verdad, pero aún así antes de las 9 estábamos ya pedaleando en dirección San Xil, Calvor y Sarria (ni nos planteamos la opción de Samos, menos «auténtica»). Al principio tocaba subir, después era todo bajada y llaneo. En Sarria tomamos un psicolabis y seguimos. Saliendo de allí encontramos un bosque precioso… donde tocó volver a empujar la bici un rato.

Aunque el sol salía sólo a ratos, al mediodía hacía calor, así que nos tomamos con calma el siguiente tramo, en el que predominaba la subida. Íbamos haciendo paradillas (como Barbadelo y Ferreiros), sacando fotos,… y sin darnos cuenta nos acercábamos a Portomarín. Había muchos peregrinos en esta zona, así que había que ir con cuidado y entrenar el «Buen Camino».

Al llegar a Portomarín todavía era muy temprano y no queríamos estar toda la tarde tirados, así que decidimos no parar y avanzar un poco más. Aunque el siguiente tramo no tenía mucho atractivo, lo pasamos bien. Fuimos charlando y jugando, RL iba bien, y a ratos nos acompañaba un italiano en bici… ¿Italia? ¡El partido! Esa noche la selección jugaba la final de la Eurocopa y, aunque no somos muy futboleros, queríamos verlo. En el albergue público de Hospital-Ventas de Narón nos encontramos con una gente enrollada, llevábamos otros 56km, y eran más de las 18, así que nos quedamos allí.

Vimos el partido cenando en el único bar que había, acompañados de una numerosa familia yanqui, una pareja italiana, y compartiendo mesa con una andaluza, un catalán, y uno que ni él sabía de dónde era. Del resultado no me acuerdo, pero cuando fuimos a dormir casi quedamos de puerta afuera. Sin palabras.


Día 4

La mega-cena del día anterior había hecho mella. Estábamos pesados, así que salimos sin tomar nada y desayunamos en Palas de Rei. Poco a poco fueron cayendo más kilómetros y llegamos a Melide. Después de unos días atravesando pueblos, aldeas ganaderas, y caminos silenciosos, fue un poco chocante volver al tráfico y el ruido.

De aventuras anteriores recordaba que los siguientes tramos eran de toboganes rompepiernas pero rápidos, sin embargo ahora los vi más duros (sería el efecto de las alforjas). Era un baja a Boente, sube a Castañeda, baja a Ribadiso, sube a Arzúa. En Arzúa hicimos la comida de picnic en un parque, y al ir a sacar una foto… se me cae el teléfono y se rompe (snif). Aún queda mucho día por delante, y RL está animada así que decidimos tirar ya para Santiago: con calma, parando de vez en cuando a reposar y comer, pero directos.

Esta zona que se acerca a Santiago tiene unas corredoiras preciosas, tan envueltas en vegetación que parece que vas de noche. Pedalada a pedalada llegamos al alto de Santa Irene y a Pedrouzo. Ahora la zona ya es conocida: hay que ganar altura hasta el aeropuerto de Lavacolla, después el Monte del Gozo, y bajar ya a Compostela. Hubo algún tramo duro, pero RL me sorprendió gratamente. La verdad es que fue bastante jabata.

Los últimos kilómetros son algo feos, y ya en la ciudad hay que ir por la acera, en ocasiones desmontado por prohibiciones algo absurdas. Pero eso no evitó que nos hiciera ilusión llegar a la catedral. Fuimos a por las Compostelas, tomamos un refresco y un helado (merecidos tras los 86km de hoy), y esperamos a que nos vinieran a buscar disfrutando del ambiente del Obradoiro, a la vez turístico y místico.

En resumen, el trayecto fue corto porque no teníamos mucho tiempo ni para hacerlo ni para preparlo, pero lo pasamos muy bien y no hubo problemas. Buena experiencia juntos; para repetir.

Escapada al CdS-francés (días 1 y 2)

Día 1

 Toca madrugón para coger el tren que, tras infinitas paradas, nos deja en Ponferrada a las 11 y pico de la mañana. Entre comprar comida, ajustar bicis/alforjas, repartir la carga, ir al albergue a por la Credencial del peregrino, y… dar un paseillo, se nos fueron las primeras horas. Así, casi a la hora de comer empezamos el pedaleo.

La salida de la ciudad se hace por un carril-bici y por aceras hasta llegar a una original zona residencial, después, casi siempre por asfalto, se van pasando pueblos sin encanto Columbrianos, Fuentes Nuevas, y Camponaraya; cosa aparte es el agradable Cacabelos (nos llamó la atención su albergue, a base de cabinas dobles construidas aprovechando el muro de la iglesia). Hasta Villafranca del Bierzo se llegaba por una zona algo más bonita, con toboganes y entre viñedos.

RL quería seguir, pues aún era pronto (sólo habíamos hecho 27km), pero en mi opinión era mejor parar. Sé de sobra que en este tipo de rutas lo que afecta, más que el cansancio físico del kilometraje (que no es tanto, pues el ritmo es bajo y el esfuerzo se reparte a lo largo del día), es el cansancio postural (máxime cuando uno no está acostumbrado al apoyo de las manos, la curvatura de la espalda, la presión en el culete,…).

Por eso al final nos quedamos toda la tarde en Villafranca de paseo y turisteo. Fuimos a un albergue de ambiente hippie-artesano llamado Ave Fénix; era un sitio peculiar, pero al final no resultó malo.

Día 2

Al salir el sol los inquilinos, casi todos guiris, madrugamos para patear/pedalear otra jornada, y dura, pues nos espera subidilla. En el Ave Fénix lo sabían, pues el desayuno era contundente: nunca habíamos combinado la leche con una tosta de huevo frito con pimienta.

Así, ya tempranillo estábamos en el famoso andadero por el arcén amarillo de la N-VI, bajo una lluvia intermitente. Hasta Vega del Valcarce se va bien, subiendo suave; al abandonar la nacional y meterse hacia Las Herrerías el asunto se complica; y cuando nos desviamos por el monte hacia la Faba (para ir por el Camino original, el de caminantes), la cosa ya se pone brava, pero brava. En esta zona vimos a un grupo de corredores que estaban haciendo el Camino por relevos… ¡como se me calentó la neurona pensando en mi libreta de retos pendientes!

En la subida gorda (unos 700m Da+), tuvimos que ir desmontados mucho rato, y empujando la bici con las alforjas… Vamos que nos adelantaban los mochileros. Pero vale la pena, porque el paisaje es muy chulo. La pendiente se redujo un poco al pasar la Laguna y aproximarnos al Cebreiro (¡y a Galicia!). En ese lugar mítico que es el Cebreiro (y no sólo por el CdS), paramos a descansar, dar una vuelta, comentar la reciente visita en el UTAC, y comer un menú caliente… con caldo de 1º.

Con algo de frío, y la pesadez de la sobremesa, costó volver a arrancar. Y eso que hasta el alto de San Roque y Hospital era fácil. Para dura ya estaba la subida al Alto do Poio; desde allí picaba siempre para abajo. En esta zona paramos varias veces: una por avería mecánica con mi cadena, otra por un amago de atropello a una vaca, y otra en un puesto de frutos rojos (donde conversamos con la señora que los cultivaba/vendía).

Al llegar a Triacastela llevábamos 54km, y un buen desnivel, así que decidimos parar, hacer la compra, y buscar albergue con tiempo. La mayoría estaban completos, así que acabamos en uno privado, el Complejo Xacobeo, que estaba muy bien (aunque no tuvimos suerte con la compañía, pues había algún que otro «petardo» con bici).



Escapada al CdSantiago-francés

Estas semanas he tenido abandonado mi Sportgumby (¡no volverá a pasar!), porque estuve un poco liado, y además tampoco tenía mucho que contar, ya que apenas hice nada. Primero, porque tras Aquilianos el cuerpo me pedía un poco de descanso, y se lo di; y segundo, porque cuando volví a la actividad tuve un percance con la mountainbike que me obligó a reposar unos días (tenía la rodilla algo perjudicada).

El caso es que hacia final de mes a mi RL le aparecieron unos días libres, y hemos decidido invertirlos en recorrer en bici un trozo del Camino de Santiago francés.

Barajamos otras posibilidades, pero al final empezamos en la zona de Ponferrada, porque nos es fácil llegar hasta allí (hay tren «directo», barato, y que lleva las bicis sin problemas), porque la distancia se acomoda a los días disponibles (unos 220km en 4/5 días para alguien que hace mucho que no monta en bici está bastante bien), y porque así cumplimos el mínimo para obtener la Compostela.

Así, tras un par de días preparando la logística (alforjas, material, y sobre todo bicis, pues no queremos llevar las buenas, que últimamente hay bastante mangante por el Camino), empezamos con la rutilla.

Runmería II: as cabezas de Armenteira

Unos meses después de la primera RUNMERÍA (la de Amil), y tras unos días haciendo senderismo en el Xurés, esta semana he visitado una de las fiestas religiosas más multitudinarias de esta zona: la de la Virgen de las Cabezas de Armenteira.

Esta romería se celebra todos los lunes de Pascua en el Monasterio de Armenteira (Meis), situado en las laderas del monte Castrove, y a ella acuden unos 20000 fieles/no-tan-fieles (1000 según el gobierno), muchos de ellos caminando desde distintos pueblos por la carretera, por el monte, y por las rutas marcadas en el entorno del monasterio (que algún día reseñaré). Y, como no, yo fui uno más de los que corrió a expresar su «devoción».

Quería llegar allí sobre las 12, pues había quedado con gente, así que no salí muy temprano de casa. Calenté bajando por Pontevedra hacia la junquera de Alba. Ahí ya cogí caminos para ir hasta Campañó por San Cayetano (en la carretera de Vilagarcía).

Lo planeado era coger en el hipódromo la pista ancha que sube directa, y así hice, pero cuando llevaba un rato me aburrí, o me agobié por llevar el sol en la chepa, y tiré por un cortafuegos que sube recto y a chuzo (obviamente, ahí tocó caminar unos minutos). Éste me dejó en el CF-102 que rodea el monte Castrove, vuelta a correr, y en un ratito de pista más llegué a las conocidas en esta zona como antenas de la Escusa… ¡mis favoritas!

Desde allí casi todo era ya descender y llanear. Quedaba bajar hacia el CF, tirar hacia el curro, después bordear el campo de golf, y ir buscando la pista del petoglifo, y enfilar ya hacia el monasterio. En este último tramo se encuentra el cruceiro que recuerda la leyenda de San Ero, que habla de la belleza del lugar (para quien gusta del monte, claro).

En las zonas cercanas ya iba encontrándome gente, y eso que pillaba casi siempre caminos y no pistas, pero cuando llegué a las proximidades del monasterio flipé: ¡qué de peña! No sólo no se podía correr, sino casi ni caminar. Me puse en modo turisteo, y tuve que hacer los últimos 300m apretujado entre la gente (aquello parecían las rebajas), hasta que pude cumplir el ritual, tocar la pared y dejar «mi ofrenda».

No tengo perfil ni datos fiables porque hace unos días rompí el reloj (sniff; tendré que comprar otro), pero fueron aproximadamente unos 23km y unos 600Da+, tardé 2:18:50, casi todo monte, hizo buen día, y me lo pasé bien, así que contento.

Después, paseo en compañía por los puestos. Destacaría los típicos: los de exvotos, los de oficios,… y los de comida (había pan y empanadas, dulces, embutidos y quesos, pulpeiras, rosquilleiras, etc.), en los que algo cayó, claro; eso sí, no me gustó que ocasiones aquello parecía una feria, perdiendo parte del interés y valor tradicional.


Foto mosteiro tomada de Sobre Galicia.

Reyes en la Paralaia

Hace un par de semanas hicimos una salidita en btt por el monte de la Paralaia, en la zona de Cangas y Moaña, y nos gustaron un montón los senderos y descensos de por allí. Hay un montón de pistas y senderos, variados y tremendamente bonitos, algunos de ellos muy currados por los locales (pasarelas, saltos, peraltes,… hasta un mini-tunel). Tanto nos moló, que unos cuantos quedamos en aprovechar allí el día de reyes.

Como díría aquel, «fuir fuimos», pero no nos salió el día como esperábamos. Éramos pocos, hubo malestares físicos (hubo quien vino con el estómago revuelto y casi deja allí el marisco que cenó), y psicológicos, e incluso algunas limitaciones mecánicas.

En consecuencia no forzamos. Nos limitamos a dar una vuelta por allí (no llegó ni a 16km): subir hasta las cruces de ¿Maceira? y del Ermelo, contemplar las vistas, hacer unos tramitos de descenso, y volver pronto a casa que todos teníamos comidas familiares.

Paralaia: espera, que otro día volvemos (y a lo mejor los Reyes Magos ¡nos han traido unas bicis de freeride!).