Eventos inminentes

Vale la pena romper este silencio de las últimas semanas para comentar que en los próximos días van a celebrarse en la zona de Pontevedra dos eventos muy interesantes, y a los que esperemos que asista gran cantidad de público. Ambos tienen en común el estar protagonizados por personajes famosos y de gran envergadura, y el tocar asuntos de profundo calado; en cuanto a las diferencias, la única que aprecio es que un acto es de pago y el otro grátis. Adivinad cual es cual:

Os doy una pista de a cual acudiré.

Resaca del UTMB 2013

Hay platos cuyo gusto se paladea incluso después de levantarse de la mesa. Pues estas dos semanas he tenido la suerte de saborear lo realizado en el UTMB. Y es que por las prisas del viaje de vuelta (sólo por el apuro, que cansancio no traía, ¿o sí?), en el momento no pensé mucho ello, pero en los días siguientes pude reflexionar un poco sobre la prueba, y sentir el significado de haber sido Finisher. Por eso antes de pasar página, porque tampoco quiero que este menú me repita, quería hacer un pequeño balance.

Veamos: el evento es impresionante; lo cierto es que mucho más no puedo decir. Que si la «carrera de todos los superlativos», que si «la cumbre mundial de la carrera por naturaleza», que si tal, que si cual. No sé si tanto, pues sigo pensando que no es ni de lejos la más dura, ni la más bonita (aunque eso dependerá de gustos), ni la más nada… pero es la más «grande», la referencia, a la que hay que ir como mínimo una vez en la vida.

El recorrido y el entorno son espectaculares, para mi especialmente la parte itliana; el terreno es algo más técnico de lo que me esperaba, porque unos amigos me habían dícho que era una autopista (ignorantes ellos), pero muy chulo. En cuanto al riesgo, no tiene grandes peligros en sí, aunque cuando llevas 30h de cansancio y sueño encima cualquier raíz o terraplen te pueden dar un buen susto, y estás en la montaña con todo lo que ello supone, pero si vas con ojo no debería haber problema (al menos con buena meteo, porque mojado o con nieve tiene que cambiar mucho el cuento).

El nivel organizativo es brutal, con todo bastante bien atado y un montón de servicios disponibles (algunos de ellos auténticos negocios). Hay gente que raja de la Poletti&Co., pero la verdad es que tienen un tinglado muy bien montado. Eso sí, lo que de verdad hace grande la carrera son dos cosas: 1) los voluntarios, numerosos y amables, animando y ayudando al corredor en todo lo que podían; y 2) el público, ambientando y dando fuerzas en lugares y horas inverosímiles (p.ej. acordeonistas de noche en mitad de una subida, un batería entre los árboles del bosque, gente disfrazada,… cencerros hasta en las cumbres). Vamos, igual que aquí en Spain [ironic mode off]. Gracias a todos ellos.

Mi fiesta sorpresa de despedida… y los pastelitos

Y ya que estamos con agradecimientos, debería citar aquí (y en esta ocasión voy a poner nombres saltándome una de las normas internas de este blog):

  • Antes de nada, a Jose y Toño por echarme una mano (aguantando al pie del cañón), y por compartir la experiencia conmigo.
  • A mi círculo (Manuela, Rocío, Guille, los RES,…), y mis amigos/as, que son los que aguantan mis historias todos los dias, están siempre por ahí, y me compran Panteras Rosas.
  • A la gente que me ayudó y animó desde internet: seguidores del Verticalizando Pontevedra, a los/as colegas que me petaron el WhatsApp y el correo-e, y a algunos amiguetes internauticos (reconozco que me animó mucho a intentarlo yo ver aquí a Paco Ornitorrinco).
  • Obviamente, a los colaboradores que echaron un cable con el proyecto: Concello de Pontevedra (IMD), Nacho de Moto-Bike, Susana y Jorge de Clínica Benestar Fisioterapia, Ricoy y la gente de Chema Sport, y Colotec.

En conclusión: una experiencia inolvidable, en la que he tenido la suerte, o-lo-que-sea, de centrarme lo suficiente como para acabarla muy bien y disfrutando. ¿Que si volveré? Pues de momento no. Aunque molaría repetirla algún día (y creo que se le pueden bajar fácilmente un par de horas), hay muchas pruebas y zonas por visitar, y muchos más retos en la cabeza. Además, ya tengo el chaleco, que es a por lo que verdaderamente iba…

 

Mucha ilusión me hizo recibir esto

 

El FB de Verticalizando Pontevedra

PD. Si alguien que tenga el UTMB en mente quiere opiniones o consejos, que no dude en contactar.

Crónica del UTMB 2013

Cap. 1: El corralito

El centro de Chamonix estaba de bote en bote el viernes al mediodía. Voy hacia el corralito acompañado de los colegas y de MM, otro corredor amiguete. Tenemos que ponernos detrás de todo, junto a las escaleras de la iglesia, y esperar unos 20min. El ambiente es alucinante: el público se cuenta por miles, se ven escenas emotivas de corredores despidiéndose de sus familiares, y la organización anima el cotarro como si fuese una fiesta; será porque lo es.

MM, JN, el menda, y TG

Estirando, y metido en mis pensamientos, espero a que suene «1492, la conquista del paraiso» para dar la salida. ¿Cuántas veces he pensado en este momento? Miles, pero ahora me siento algo triste. Estoy muy motivado, pero la pierna no va bien, y no llego bien de entreno, así que no puedo evitar algún pensamiento extraño… y que se me escapen un par de lagrimones al más puro estilo Bustamante. Pero estar allí ya era la hostia, así que me mentalicé, me propuse disfrutar, ir tranquilo, y pensar sólo en el siguiente punto de control.

Y en eso estaba cuando cambiaron Daft Punk por Vangelis y empezó la cuenta atrás, momento increible para todos/as. Tras la salida aún tardamos varios minutos en pasar bajo el arco de meta, y los siguientes 500m tuvimos que caminar de tanta gente que había, pero después conseguí pillar un hueco, centrarme y activar el modo «trote disfrutón» para calentar.

Cap. 2: Bonita M-30

Los primeros 20km parecían una circunvalación madrileña en hora punta, ¡menudo atasco! Hasta Les Houches fue casi plano, luego subir a la estación de esquí de Délevret, y después bajar a Saint Gervais. El ritmo era lento, o el que marcara el grupo (salvo que adelantases por fuera de la pistas). Cuando empinaba había gente que elevaba el pulso, pero yo aflojaba y dejaba que pasasen, con personalidad. En el primer avituallamiento grande perdí a MM y, pensando que iba por delante, tiré contando que el me esperaría, pero no volví a verlo en toda la carrera (después me enteré de que terminó sin grandes problemas: ¡enhorabuena!).

Anocheció camino a Les Contamines, pero yo iba disfrutando y no saqué la linterna. No sé por qué, pero me apetecía ir medio a oscuras, y total pegándote a otros corredores ibas más o menos bien aprovechándote de su haz de luz. En la asistencia, comida, abrigo, y frontal (ahora sí). TG y JN, mis asistentes me preguntan por la pierna y me dicen que me ven bien.

Cap. 3: A Santa Compaña

En el km 35, Notre Dame de la Gorge, es cuando empieza lo bueno. Es ya noche cerrada pero sigue habiendo multitud de gente animando (alucinante: disfrazados, tocando música, con cencerros… como los que llevamos nosotros en el cerebro). Los niños te piden que les choques la mano, y yo voy de lado a lado buscándolos. Ésta y otras pequeñeces me hacen sentir bien.

Con una sensación de molestia en el muslo derecho, empiezo las subidas serias. La subida a La Balme y a la Croix de Bonhome deberían atragantárseme, sin embargo hasta me encuentro mejor, y lo llevo de maravilla. Saco fotos, estoy de cachondeo con los voluntarios (chapeu por ellos, por cierto), y disfruto del ambiente.

La bajada posterior la hice con cuidado tras ver como caían varios corredores que llevaba delante, y pensando también en no cascar cuádriceps y rodillas (precaución que tuve en todo el recorrido). Llegamos a Les Chapieux, nos hacen un control sorpresa de material obligatorio, y yo además tengo que parar un buen rato para «arreglar» un problema en la mochila, pues se me escurren los portabidones delanteros.

Desde allí subida a Ville des Glaciers y a un punto mítico: el Col de la Seigne, puerta de entrada a Italia. Me hace ilusión llegar allí y pongo un ritmillo de caminata-marcheta… y empiezo a adelantar gente ya desde el zig-zag inicial. De vez en cuando echo la vista atrás y flipo con la imagen: miles de luces en fila india a través del monte, cual Santa Compaña trailrunner… ¡soy gallego, me siento como en casa!

Voy tan a gusto que al coronar me dan ganas de echar a correr hacia abajo, pero me freno y sigo guardando; los ultras son carreras de refranero según mi punto de vista. El cielo está precioso, sin una nube, todo estrellas. Al poco llegamos al CP de Lac Combal, degustamos la rica sopa del avituallamiento, y seguimos por un trozo llano que nos deja al pie del Aréte du Mont Favre. Entre mirar dónde pisas y disfrutar de las vistas porque amanece, la subida se hace entrenida.

Al llegar la luz natural y el calorcillo, y con 1300m de descenso seguidos, uno se anima un poco… o no, porque la bajada hasta Col Chécrouit se llevó bien, pero el trozo hasta Courmayeur hubo que ir con más cuidadín. ¿He dicho Courmayeur? Lo cierto es que hace unas horas dudaba de llegar a esta población italiana, pero ahora estoy aquí, y pasándolo verdaderamente bien en lo que llevaba de prueba. Mejor así. En la asistencia paro mucho rato: lavo los pies, cambio calzado, engullo más que como,… Llevamos 77km y 4300mDa+, y todavía dura la moneda, así que seguimos al tajo.

Cap. 4: Hombres silenciosos


La carrera está ahora tan estirada que vas mayormente solo. Aunque ya se apreciaba de noche, cuando es más normal la quietud, ahora de día es palpable: nadie habla. La gente que adelantas o que te adelanta, los pequeños grupos que se forman,… nadie dice nada, sólo se escuchan pisadas y el golpetear de los bastones. Es que como si se estuviesen guardando hasta esas energías, o como si fuesen absortos en sus luchas mentales interiores. O ambas cosas. Yo, también en silencio, sigo a lo mío, contento y concentrado: subo a ritmo tranquilo al Refugio Bertone, flipo con las vistas en el tramo hasta el Refugio Bonatti (teniendo a la vista las Grandes Jorasses; esta cara del macizo es mucho más salvaje). Luego hago con paciencia la revirada bajada hacia Arnuva donde decido avituallar con calma.

Y llega otro de los pasos míticos: el Gran Col Ferret (que además es un hito psicológico: entrar en Suiza y superar el PK100). Me advierten de que es lo peor del recorrido, aunque yo creo que lo peor es siempre el final, como después comprobé. El sol pega de lo lindo, y la subida es puñetera, incluso veo gente tirada a ambos lados del camino. Aquí sí que tengo que esforzarme y es la primera vez que me siento «cansado». Tanto, que la bajada hacia la Peule y la Fouly no las hago especialmente rápido, aunque sí acelero un poco después hacia Praz de Fort.

Pongo ganas al subir a Champex-Lac, porque me espera la asistencia. Estoy un rato con ellos, que también se lo están currando, miro los mensajes de ánimo que me llegan al móvil (especialmente de mi gran amigo GL), y prosigo camino al lado del bonito lago. Un poco de asfalto y volvemos al monte en una bajada suave que no dura mucho y en seguida sube a chuzo hacia el CP de Bovine. Muscularmente y de articulaciones me encuentro bien, pero los pies me duelen y debo tener ampollas. Pongo un rato la música porque noto que me estoy descentrando y no quiero rallarme, pero lo cierto es que en este tramo me despisté un poco y en consecuencia descuidé la hidratación y nutrición.

Cap. 5: El Neng de Castefa

Vuelve a anochecer, y la bajada hacia Trient se me hizo larga y agónica. Cuando llegué al control ya no estaba tan alegre (es una pasada como se nota la salida y la puesta de sol en los ánimos cuando vas justo). JN me miraba como sintiendo pena, y TG no me debió ver buena cara porque me insistió en que comiera mucho; de la pierna ya ni hablábamos. Sé que ahí hubo dudas, pero yo entre la motivación de estar con ellos, y el ver que iba superando CP, volví a centrarme. Ración doble de sopa, de bocata de salchichón y queso, y de galletas de chocolate,… y tira millas que sino me quedo y les vacío la despensa.

Nada más salir de la carpa miro el perfil: subida a Catogne, 5km y 700m más arriba. Echo la mano al bolsillo de la comida y me tomo un Stimulred, empiezo a subir, y al rato le mando un gel con cafeina, y claro… me pongo espídico. Fuerzas no sé si tenía, pero con el subidón hice un «subidón del copón». Y al llegar arriba para abajo como una moto, a ritmo, y eso que tenía tramos muy rotos. Iba que si apago el frontal veo igual y todo.

Llegué al último punto de asistencia, Vallorcine, antes de lo que ellos esperaban. Se me habían pasado los «efectos psicotrópicos», pero ahora tenía otros más fuertes y endógenos: iba enchufado ya con acabar. En el avituallamiento ni me senté: entré, tome un refresco hablé con TG y salí. Iba a terminar aunque fuera a gatas.

La primera subida hasta Col des Montents casi ni se nota a esas alturas de carrera; ahora bien, lo de la Tête aux Vents, en la zona de las Aigulles Rouges, no tiene nombre. El desnivel «sólo» son 600m, pero sin camino, rotos, con escalones y trepadas; vamos, un infierno en el km 153. Adelanté a unos cuantos porque iban penando mucho… y yo iba penando poco.

Parecía que ya estaba hecho, pero el trocito hasta La Flégère también tenía tela. Sólo eran 3km, y para abajo básicamente, y me llevaron 45min porque eran técnicos, porque de noche y cansado hay que tener cuidado, y porque no quería torcerme un tobillo y cagarla al final. Los pies ardían, pero pasaba de ellos.

Cap. 6: Paz

En el último CP había corredores tirados «durmiendo», y eso que sólo quedaba bajar a Chamonix. Nos dijeron que tardaríamos 1h30min… y yo quería que fuesen de disfrute, de pensar y saborear lo hecho. Al principio no pudo ser porque el descenso se complicaba y había que ir concentrado en no caer, pero después el terreno se ponía facilón, yo tenía fuerzas, y estaba contento. Así que ahí iba un español (seguido de un japonés), con rostro ojeroso y sonriente, corriendo a zancada suelta como si estuviese en un 10000.

Al llegar al pueblo tuvimos que callejear un poco y llegamos al río L’Arve. Faltaba la zona conocida: los pabellones, el puente junto al hotel Alpina, la calle principal, y la plaza de la iglesia. Saqué la cámara de fotos y me grabé haciendo la recta final. Había gente animando pese a ser las 5:00, les doy las gracias. Iba rápido, no sé por qué, pero al ver el arco de meta me freno, quiero gozar esa recta, quería que aquello durease un buen rato, y en unos pasos…¡¡ FINISHER!!

Piso la alfombra Vibram, me descojono, voy junto a TG y JN (mil gracias a ellos), y cierro los ojos para recordar las últimas horas… y otras muchas cosas. En estos meses suponía que si lograba entrar en meta me iba a dar un arrebato de emoción y lloros de alegría, y no fue así; sentía más bien tranquilidad, paz interior, satisfacción, una especie de profundo bienestar (aunque parezca mentira con el tute que llevaba encima).

En fin, objetivo más que cumplido: chaleco de finisher, 167.8km, 9800mDa+, 36:34:53, y con «buenas sensaciones» (la pierna aguantó, llegué bastante entero salvo los pies, no tuve crisis, y el coco funcionó muy pero que muy bien). Ha sido una aventura interesante y ha salido bien, así que gracias a todo el mundo que estuvo apoyándola.


A un día de UTMB

Ni el UTMB ni ninguna otra carrera me va a cambiar la vida, eso está claro, pero aún así estos son días especiales, pues ésta es la prueba más dura de las que me he enfrentado hasta el momento, y su preparación y desarrollo influyen/influirán en la forma de emplear el coco… si es que llego a emplearlo, claro.

A sólo un día de esta fecha señalada son muchas las cosas que se pasan por la cabeza: recuerdos de buenos entrenos y también de días malos o vagos; añoranzas de personas que no pueden estar aquí en Chamonix; sentimientos de culpabilidad por no haber hecho lo que debía, y de alegría por ver los ánimos y apoyos de mi círculo; dudas sobre el material a llevar o la estrategia de carrera; tonterías que las neuronas se empeñan en idear para entretenerse; etc.


Pero disimuladamente hasta hace una semana, y de forma patente en estos últimos días, lo que tengo ahora en la cabeza no es caspa sino preocupación. Y es que la pierna derecha no se recupera, y a veces duele bastante, y 168km y casi 10000m de Da+ es mucha tela que cortar, y no estoy bien. Hoy hasta daba un poco el cante por el Salón del UltraTrail, ya que los que apoyaban raro eran los que venían fundidos de acabar la TDS, pero yo cojeaba ya antes de empezar mi carrera. Mal rollo… y menudo petardo, pensarían al ver la pulserita roja que te identifica como corredor del UTMB (o te marca como el ganado).
Así que, ¿qué hacer? Pues con lo que le cuesta a un chaiñas como yo llegar hasta aquí (en esfuerzo, dinero, tiempo,… suerte), obviamente tomar la salida, pero consciente de que si la pata va mal ya será complicado incluso llegar a Courmayeur. Por tanto la intención es empezar tranquilo, salir a disfrutar de un entorno y un evento únicos, y cuando toque sufrir aguantar lo que se pueda procurando no romperse.

Por lo pronto, hoy tuvimos que hacer cola para retirar el dorsal y la bolsa del corredor, y pasar el control del material obligatorio, en el que le debí caerle bien al tío ya que apenas me miró las cosas (cuando a los de los lados les estaban poniendo pegas por algunos elementos que parecían no cumplir lo solicitado). Y mañana antes de salir prepararemos comida y ropa para reponer, la logística de las asistencias, y dejaremos listo el coche para volver a Galicia en cuanto me retire, me corten, o ¿acabe?