Ruta de los 3 mares

Ya de regreso de lo que os explicaba aquí, la Ruta de los 3 mares, que resultó maja y entrenida. Ahí van unos breves comentarios de cómo hicimos (si alguien necesita ayuda o más info, que no dude en contactar).

Día 0

Acabamos de repasar el material y de empaquetar las bicis. Sí, empaquetar, porque para ir hasta el punto de inicio de nuestra ruta, Irún, tiramos de ALSA. Bien por esta empresa, porque aunque cobre una pequeña tasa por llevar la bici y te obligue a “empacarla”, no pone trabas ni te miran con cara rara, algo que es de agradecer. Lo malo: la línea Vigo-Irún tarda la leche porque tiene un montón de paradas intermedias, así que todavía no habíamos empezado y ya teníamos el culo plano… y la cabeza aburrida de tantas horas en el bus. En el trayecto matamos el tiempo entre seguir la Transcontinental 5 (se me ponen los dientes largos), alguna peli y algún sudoku, y alguna cabezadita. Por cierto, allí nos enteramos del fallecimiento de Angel Nieto. DEP.

Día 1: Irún – Ondres, 66Km

En la propia estación montamos las bicis, repartimos carga y nos cambiamos para empezar a pedalear. Llevamos track de la parte francesa pero no de la española, así que para salir tuvimos que preguntar varias veces, y acabamos dando un par de paseos involuntarios por Behobia. Al rato encontramos en Hendaya un carril bici paralelo al aeropuerto de San Sebastián que ya nos puso en el rumbo correcto. Todo estaba petadísimo de gente así que procuramos no parar mucho, especialmente en las zonas de playa. Fuimos alternando paseos, carretera y caminos de tierra hasta llegar a San Juan de Luz, donde ya nos permitimos un descansito para contemplar las vistas.

Hacía un calor de mil demonios, y el recorrido de la Velodiseey era algo chunguillo por allí con tanto sube-baja, tanto bordillo que corta el rollo con el remolque, y tanta gente; de hecho de Biarritz a Bayona pillamos una carretera con mogollón de tráfico que era un estrés. Así que allí decidimos seguir sólo un poco más, haciendo una primera jornada corta.

Cruzamos el Adour, y tirando de GPS y móvil en un par de horitas estábamos en un camping en Ondres, al lado de un estanque. Los precios no eran muy baratos, pero será lo normal por la zona y las fechas. Instalamos nuestra super-tienda-deluxe, duchita y cena, que el viaje acababa de empezar y el primer día fue más duro de lo esperado por el solano y la incomodidad.

D2: Ondres – Mimizan, 101Km

Al nada de salir del camping vimos una señal para la Velodiseey y… ¡qué maravilla! Empezaban los tramos de carril bici: por el medio de los bosques, perfectamente señalizados (incluso con rotondas y pasos especiales en los cruces, y con un ambiente de paz absoluta. Todavía tuvimos que cruzar una población turística más, Capbreton, pero mucho más pequeña y tranquila.

Luego kilómetros y kilómetros de carril asfaltado entre árboles, escuchando los pajaritos, siempre paralelos a las gigantescas playas de esta costa francesa, que en ocasiones veíamos. De vez en cuando algún repecho, que con las alforjas o con el remolque se hacían más durillos, pero como cada poco parábamos a descansar en los merenderos que hay, sin problema. Al llegar a Saint Girons nos desviamo un rato para visitar la playa y hacer uno de los objetivos simbólicos del viaje: llevar por nuestros propios medios agua del Atlántico al Mediterráneo.

Seguimos un tramo más para llegar a Mimizan Platge, una zona bastante pijoteras en la que preguntamos en varios campings pero no había hueco (o vete tu a saber… porque nos miraban algo raro). Así que tiramos un pelín más, y primera noche a la brava: plantamos la tienda un poco camuflada en una zona de monte al lado del carril bici, y asunto arreglado.

D3: Mimizan – Sore, 81Km

Como no nos sobraba la comida, bajamos al pueblo de Mimizan a desayunar, cosa que valió tanto por la boulangerie que encontramos, como por un precioso jardín en el estanque de Aurelhian. Luego seguimos hacia el norte, por Saint Eulalie en Born y Parentis en Born, donde estaban celebrando una fiesta, con una especie de encierros, y nos quedamos a curiosear un rato y comer algo.

La idea era tirar hacia Biscarrose, pero otra vez el solano apretaba muy fuerte, y veíamos que también iba a haber gente, y total ya teníamos el tubito con el agua, así que improvisamos hacia el interior intentando ir buscando ya el primer canal. Los ciclo-viajes tienen mucho de sentido de la adaptación, ¿no?

Carriles bici más solitarios y con menos sombra hasta Ychoux (donde nos dimos un buen homenaje en un restaurante… acompañado de su posterior siesta a la sombra), luego a Pissos, y de allí a Sore, un pequeñito pueblo que estaba en fiestas y en el que había una de esas áreas de acampada libre municipales (se paga una pequeña cuota al ayuntamiento, si cuadra, y tienes servicios básicos pero no vigilancia ni terreno acotado). Nos contaron que esa noche iba a haber conciertos, fuegos artificiales, y que hasta pasarían los aviones de combate a hacer una exhibición (entendemos que algo similar a la Patrulla Águila), así que en lugar de huir del bullicio plantamos allí para aprovechar lo que quedaba de tarde… aunque de los aviones ni rastro.

D4: Sore – Meilhan Sur Garonne, 86Km

Las primeras horas se nos pasaron entre pedalear por carreteras tranquilas y coger algún caché. Pasamos Saint Symphorien y Vilandraut, y antes de llegar a Bazas encontramos una señal de carril bici hacia el Canal del Garona. Como las provisiones iban muy justas, y no sabíamos si habría donde comprar más adelante, bajamos a Bazas a buscar un supermercado. Entre que el pueblo parecía algo triste, que hacía un calor asfixiante, y que ese desvío nos obligó a dar varias reviravoltas, salimos de allí algo de bajón.

Además cuando volvimos al cruce de antes, ese “carril bici” no era tal cosa, sino una carreterilla con bastantes repechos. Aguantamos chino-chano un ratillo hasta que apareció un área recreativa en la que comer… y dormir una siesta a la sombra igual que el día anterior: era un error intentar pedalear las horas centrales del día, pues lo único que hacíamos era mermarnos (y gastar pasta en refrescos a precios franceses).

Cuando retomamos el pedaleo, un par de horitas hacia el NO, y llegamos a Castets en Dorthe el lugar donde verdaderamente empieza el Canal de Garona (no en Bourdeaux), lo cual nos produjo una gran alegría: primer tramo cumplido, y ahora vendría terreno más disfrutón. Así que paradita de descanso, y primeros kilómetros por el canal: fresquitos, llanitos, silenciosos,… En Meilhan Sur Garone hay un pequeño camping municipal pegado al canal, y un pueblecito con buenas vistas, así que era buen sitio para descansar y empaparse un poco del ambiente del canal (completamente distinto al de las Landas, y más “de nuestro estilo”).

D5: Meilhan Sur Garonne – Lac Bleu, 95Km

Por la mañana no avanzamos mucho entre pillar cachés (afición que abandonamos temporalmente porque si parábamos cada 300m aquello iba a hacerse eterno), y que al principio nos parábamos a ver todas las esclusas. El rollo del canal molaba: casi siempre pegado a la lámina de agua, tramos muy fresquitos, casi siempre asfaltado y llano (sólo algún repecho para superar puentes y taludes, y la pequeña inclinación de ir “río arriba”), familias en bicicleta, turistas en los barcos… ¡era lo que buscábamos!

Todo el canal (como el del Midi), es una obra de ingeniería del copón, y pese a “su monotonía” y artificialidad descubrimos que tiene cosas interesantes. Las esclusas, los lagos y puertos, las peculiaridades de los pueblitos, las sorpresas (puestos de bookcrossing, criaderos de insectos, bares de bicis,…), y los puentes en los que el canal pasa sobre el río, algunos enormes como el de entrada en Agen: es flipante ver un barco cruzar transversalmente por un río a decenas de metros sobre otro río.

Entramos brevemente a esta ciudad para dar un rule y hacer la compra, y seguimos algo más por el canal, y a última hora de la tarde paramos en una zona verde al lado de un lago, un poco antes de la central nuclear de Golfech.

D6: Lac Bleu (Golfech) – Toulouse, 84Km

Fue un día de canal y más canal, a veces a la vista del río y otras separados de él o pegados al río Tarn, sin apenas desnivel, cruzando varios puertos y lagos, y varias poblaciones pequeñas: Valence, Moissac (menudos pastelitos nos comimos aquí), Castelsarrasin, Montech, Grisolles, y Saint Jory.

Tras ésta entramos a Toulouse, por un tramo bastante feo, en el que sólo ves las traseras de naves industriales y alguna que otra chabola. Era temprano, pero ya se notaba el cansancio del día tras día y del dormir mal (no llevábamos ni colchón ni esterillas), y amenazaba lluvia, así que paramos pronto en un camping cerquita del canal.

D7: Toulouse – Castelnaudary, 80Km

En teoría íbamos a estar un buen rato en Toulouse de turisteo, pero la verdad es que al final no fue casi nada: vimos la unión de los 3 canales (la verdad es que pensamos que sería algo más llamativo), buscamos la escultura de Riquet, y poco más, porque entre la de gente que había, y el mal rollo que nos estaban dando algunas cosas (como la cantidad de bicis “a medio robar” que vimos), en seguida nos piramos. Comenzamos así la tercera fase de la ruta: la del Canal del Midi (del Mediodía).

Los tramos de salida de Toulouse son bastante más chulos que los de entrada… y nos hasta nos sorprendió con un campillo y un puesto ambulante de recambios de bici. Todavía se mantenía el asfalto, aunque sabíamos que poco a poco vendrían los caminos rotos. El remolque también lo sabe y empieza a dar un poco la lata, lo que nos obligó a parar en varias ocasiones.

Pasaban los kilómetros (Mondgiscar, Gardouch,…), y justo después de Avignonet la zona más interesante del día: un precioso bosque en el que está la partición de aguas, es decir, el punto más alto en el que una parte de las aguas van hacia el Atlántico y otra hacia el Mediterráneo. Llevábamos todo el día con algo de frío y habían caído algunas gotillas, pero se estaba poniendo peor, así que apuramos el paso hasta Castelnaudary y buscamos camping: supuestamente no había sitio, y hasta fue una suerte, porque viendo el cielo decidimos irnos de hotel y fue un gran acierto, porque de noche cayó la del pulpo. Pero nosotros dormimos cómodos y calentitos por fuera y por dentro, después de apretarnos una cassoulete.

D8: Castelnaudary – Le Somail, 104Km

Entre haber descansado y comido bien, y que lo del menor desnivel se notaba, avanzamos bastante, y antes del mediodía ya estábamos en Carcasona. No fuimo a visitar la Cité porque ya la conocíamos de otras veces, y porque hay demasiada gente para moverse con los bártulos; aun así perdimos un par de horas en la ciudad entre ir al super y comer algo.

El día anterior habíamos intercambiado un par de frases con dos catalanes que estaban haciendo también el Midi, y hoy nos los volvemos a encontrar en los tramos entre Trebes, Marseillette, La Redorte, Homps. Vamos comentando la jugada, explicando nuestros planes mutuos, y sin darnos cuenta acabamos pedaleando algunos tramos juntos.

Cuanto más nos acercamos al Mediterráneo más roto está el camino, perfectamente ciclable y sin trialeras, pero ya casi siempre single track de tierra con piedras y raíces, que pone nuestros transportines y nuestras posaderas a prueba (¡bendito Corpitol!). Bajamos bastante el ritmo, pero pedaleamos bastante, y al llegar a Le Somail poniéndose ya el sol, buscamos donde dormir. ¿Que no había? Pues nada, a pedalar unos minutos más, y a acoplarse en el propio camino. La verdad es que esa noche moló por la sensación esa de plantar la tienda justo donde sueltas los automáticos.

D9: Le Somail – Agde, 86Km

Sabíamos que era el último día, así que salimos sin prisa pero sin pausa. Esta parte final del canal era más entretenida de conducción, ya se olía el agua salada, y a partir de media mañana fuimos con nuestros nuevos amigos, así que los kilómetros pasaron fácil: Argeliers, Capestang, Colombiers,… En Béziers pasamos un buen rato contemplando las 9 Esclusas de Fonseranes, algo verdaderamente espectacular.

Desde allí ya se veía más población y turisteo (terrazas, parques de atracciones,…), y al llegar a Agde más todavía. Había un tramo del sendero cortado, por riesgo de caer al canal según rezaba un cartel, y la peña suele parar en el centro, pero nosotros estábamos empeñados en llegar hasta el final. Así, nos metimos en el centro y acabamos medio perdidos dando rodeos por urbanizaciones y zonas comerciales, hasta que dimos con una circunvalación hacia las playas, y de nuevo hacia un enorme espigón donde empieza el canal y donde está el Faro de Onglus. Allí sí, después de haberla custodiado en la bolsa de manillar durante cientos de kilómetros, vertimos el agua recogida en la costa opuesta. Trasvase Atlántico – Mediterráneo completado.

Otra vez improvisando, pues la idea era volver en tren a las Landas y allí bajar al País Vasco para volver a pillar el bus, nos ofrecieron bajar a Girona para quedarnos unos días por allí y luego volver a Galicia. Aceptamos, sin tener claro qué haríamos luego… y sin tener claro si entrarían 4 personas, 4 bicicletas, 1 remolque, 8 alforjas, y muchas mochilas en un Scenic: entrar entraron, pero no del todo bien.

Ruta de verano

Este año podemos volver a coincidir de vacaciones RL y yo (que sigo de impasse competitivo), y tenemos ganas de actividad, por lo que he buscado una rutilla en bici para que nos demos un rule.

Barajamos la opción de hacer algún otro Camino de Santiago, pero había cosas que no nos convencían: no queríamos desnivel ni complicaciones técnicas, nos preocupaba el solano que podríamos pillar en pleno agosto, y buscábamos algo más solitario y con un toque más de “bici-viaje”… y a poder ser, que permitiese hacer alguna de las tonterías que tanto me gusta.

En el foro de Rodadas leímos varias crónicas y sugerencias, y algunas refrescaron una idea que ya se nos había pasado por la cabeza en alguno de los viajes por Francia: el Canal du Midi… pero ampliado un poco con el del Garona, o incluso un poquito más. Acabamos de decidirnos al ver fotillos de la ruta y post como éste y éste de Bicicletas y Piruletas). Así que tiré de mapas, de esquemas, y de un par de neuronas, y en unos días dejé el chollo perfilado: salir de la frontera, hacer la costa de las Landas usando trozos de la Vélodissey y vías verdes, y luego enganchar con la Ruta de los 2 Mares que va por dichos canales. Esta propuesta “de Los Tres Mares” tiene varias ventajas:

  • Terreno fácil y sin desnivel, perfecto para ir con algo de carga y con poco entreno.
  • Temperatura probablemente más suave, pues la ruta va casi siempre paralela al mar o a los canales.
  • Posibilidad de usar servicios o de ir “a la brava”, ya que uno de los objetivos es que RL viva la sensación del bici-viajero.
  • Cierto interés cultural y paisajístico, pue nos llamaba la atención la historia de los canales y las esclusas.
  • Facilidad logística para los transportes de ida y vuelta, o para pausar/finalizar la misión si aparecen problemas.
  • Posibilidad de hacer uno de mis típicos Silly Challenges: “trasvasar” agua del Atlántico al Mediterráneo ;-).

Por eso estos últimos días de julio y primeros de agosto estamos preparando material y tracks, finalizando compras (como unas alforjas impermeables, al final unas Thule, o una guía muy útil con mapas e info), reservando billetes,… ¡Mola!

Verano raro y Camino Inglés

Llegó el otoño, tras un verano raro raro: planes frustrados, muy poco deporte, problemillas de salud,… Así que vamos a poner esto un poco al día.

El plato fuerte iba a ser un viajecillo a finales de julio hasta Pirineos para ver 3 etapas del Tour de Francia, aprovechando para subir 4 o 5 puertos con la bici, después quedarnos a hacer un par de barrancos, y un trekking de varios días por el valle de Ordesa (donde esperaba correr un poco por la zona para entrenar). Pero problemas familiares de última hora nos impidieron cumplir los planes. Y gracias que al final aún pudimos ir hasta allá, aunque el coco siguiese pendiente de casa y fuese sólo para degustar un sucedáneo: ver dos etapas del Tour (la de Saint Lary Pla D’Adet que ganó Majka y la de Hautacam que se llevó Nibali), sin pedalear porque no pudimos llevar la bici, y hacer una sesión de canorafting con la gente de H2Ur cuando regresábamos a Galicia.

Pero como la sensación era de no haber tenido vacaciones hubo que buscar un plan B adaptándose a los días libres. Y como en agosto había un finde largo, RL y yo aprovechamos para hacer una rutilla en bici por el Camino de Santiago Inglés, unos 120km de Ferrol a Santiago.

Como supuestamente hay una etapa previa o etapa O que arranca del pueblo de Covas y la zona de Cabo Prior, y como me encantan los faros y ese paisaje litoral, en vez de pedalear directamente hacia el sur, primero fuimos hasta allí por carretera. Echamos un vistazo por la zona y al rato nos pusimos en camino: las baterías militares abandonadas (quien las pillara para jugar “al Equipo A” cuando niño), el carril bici junto la playa, las pistas por monte, el precioso pinar de San Xurxo, la playa de Doniños,… Todo bien hasta que empezamos a serpentear pegados al mar hacia el puerto exterior, y después en sentido contrario hacia Brión pillando algún trozo roto y peligroso. Y además no había ni dios; estaba claro que por allí no era. En algún momento habíamos metido el zueco y las flechas amarillas se habían transformado en unas marcas amarillas/violetas de alguna otra ruta. Aburridos y con el solano en la chepa, decidimos buscar la carretera hacia la Malata y empezar el camino en sí desde el puerto de Ferrol. Con la coña, sólo cruzamos Narón pero llegamos al albergue de Neda con casi 70kms.

Al día siguiente el asfalto de Fene se compensó con la chula playa de la Magdalena en Cabanas, y con el paso por Pontedeume, donde estaba la primera rampa dura del recorrido. Íbamos a disfrutar, así que pie a tierra y con calma. Un rato después se cruza un pequeño campo de golf y se llega rápido a la población de Miño. El terreno se pone ya con el típico sube-baja gallego, y alternando caminos chulos con pistas de asfalto llegamos a Betanzos. Estaban en fiestas y era casi el mediodía, así que nos dimos un homenaje en una terracita.

Con el calor y el “equipaje” que acabábamos de cargar, lo cierto es que costó arrancar. Salimos de Betanzos por un paso elevado sobre la vía del tren, y vuelta a la alternancia de asfalto y caminos. En este tramo, el más rural (y con menos servicios, claro), encontramos ya a algunos peregrinos. Cos, Presedo, y al llegar a Vilacoba… subida continua y durilla. Al coronar un par de kilómetros fáciles y llegamos al albergue de Hospital de Bruma. Duchita, pedir la cena-taxi, y a dormir tras otra jornada de 66km.

Lo que quedaba de Camino para el domingo era casi un trámite. De Bruma a Sigüeiro es totalmente favorable, y aunque paramos a desayunar y a apartar de nuestro camino un dinosauro (sí, ¿qué pasa?), lo hicimos en un plisplás. Y el resto hasta Compostela algo más rompepiernas pero también fácil, con muchas pistas anchas y lisas, y con los últimos kilómetros de asfalto como era de esperar. Vamos, 42km muy rápidos para estar en el Obradoiro bastante antes del mediodía y que nos diese tiempo de comer y volver a Ferrol a por el coche.

En fin, este Camino Inglés nos sorprendió y nos gustó. Tal vez para la peña que viva lejos no valga la pena venir porque se acaba pronto, pero me parece muy recomendable si lo que buscas es un ruta más solitaria y no tan explotada como el Francés (o como empieza a estar el Portugués). Algún día tocará escapada en plan ultra.

Escapada al CdS-francés (días 3 y 4)

Día 3

No madrugamos mucho, la verdad, pero aún así antes de las 9 estábamos ya pedaleando en dirección San Xil, Calvor y Sarria (ni nos planteamos la opción de Samos, menos “auténtica”). Al principio tocaba subir, después era todo bajada y llaneo. En Sarria tomamos un psicolabis y seguimos. Saliendo de allí encontramos un bosque precioso… donde tocó volver a empujar la bici un rato.

Aunque el sol salía sólo a ratos, al mediodía hacía calor, así que nos tomamos con calma el siguiente tramo, en el que predominaba la subida. Íbamos haciendo paradillas (como Barbadelo y Ferreiros), sacando fotos,… y sin darnos cuenta nos acercábamos a Portomarín. Había muchos peregrinos en esta zona, así que había que ir con cuidado y entrenar el “Buen Camino”.

Al llegar a Portomarín todavía era muy temprano y no queríamos estar toda la tarde tirados, así que decidimos no parar y avanzar un poco más. Aunque el siguiente tramo no tenía mucho atractivo, lo pasamos bien. Fuimos charlando y jugando, RL iba bien, y a ratos nos acompañaba un italiano en bici… ¿Italia? ¡El partido! Esa noche la selección jugaba la final de la Eurocopa y, aunque no somos muy futboleros, queríamos verlo. En el albergue público de Hospital-Ventas de Narón nos encontramos con una gente enrollada, llevábamos otros 56km, y eran más de las 18, así que nos quedamos allí.

Vimos el partido cenando en el único bar que había, acompañados de una numerosa familia yanqui, una pareja italiana, y compartiendo mesa con una andaluza, un catalán, y uno que ni él sabía de dónde era. Del resultado no me acuerdo, pero cuando fuimos a dormir casi quedamos de puerta afuera. Sin palabras.


Día 4

La mega-cena del día anterior había hecho mella. Estábamos pesados, así que salimos sin tomar nada y desayunamos en Palas de Rei. Poco a poco fueron cayendo más kilómetros y llegamos a Melide. Después de unos días atravesando pueblos, aldeas ganaderas, y caminos silenciosos, fue un poco chocante volver al tráfico y el ruido.

De aventuras anteriores recordaba que los siguientes tramos eran de toboganes rompepiernas pero rápidos, sin embargo ahora los vi más duros (sería el efecto de las alforjas). Era un baja a Boente, sube a Castañeda, baja a Ribadiso, sube a Arzúa. En Arzúa hicimos la comida de picnic en un parque, y al ir a sacar una foto… se me cae el teléfono y se rompe (snif). Aún queda mucho día por delante, y RL está animada así que decidimos tirar ya para Santiago: con calma, parando de vez en cuando a reposar y comer, pero directos.

Esta zona que se acerca a Santiago tiene unas corredoiras preciosas, tan envueltas en vegetación que parece que vas de noche. Pedalada a pedalada llegamos al alto de Santa Irene y a Pedrouzo. Ahora la zona ya es conocida: hay que ganar altura hasta el aeropuerto de Lavacolla, después el Monte del Gozo, y bajar ya a Compostela. Hubo algún tramo duro, pero RL me sorprendió gratamente. La verdad es que fue bastante jabata.

Los últimos kilómetros son algo feos, y ya en la ciudad hay que ir por la acera, en ocasiones desmontado por prohibiciones algo absurdas. Pero eso no evitó que nos hiciera ilusión llegar a la catedral. Fuimos a por las Compostelas, tomamos un refresco y un helado (merecidos tras los 86km de hoy), y esperamos a que nos vinieran a buscar disfrutando del ambiente del Obradoiro, a la vez turístico y místico.

En resumen, el trayecto fue corto porque no teníamos mucho tiempo ni para hacerlo ni para preparlo, pero lo pasamos muy bien y no hubo problemas. Buena experiencia juntos; para repetir.

Escapada al CdS-francés (días 1 y 2)

Día 1

 Toca madrugón para coger el tren que, tras infinitas paradas, nos deja en Ponferrada a las 11 y pico de la mañana. Entre comprar comida, ajustar bicis/alforjas, repartir la carga, ir al albergue a por la Credencial del peregrino, y… dar un paseillo, se nos fueron las primeras horas. Así, casi a la hora de comer empezamos el pedaleo.

La salida de la ciudad se hace por un carril-bici y por aceras hasta llegar a una original zona residencial, después, casi siempre por asfalto, se van pasando pueblos sin encanto Columbrianos, Fuentes Nuevas, y Camponaraya; cosa aparte es el agradable Cacabelos (nos llamó la atención su albergue, a base de cabinas dobles construidas aprovechando el muro de la iglesia). Hasta Villafranca del Bierzo se llegaba por una zona algo más bonita, con toboganes y entre viñedos.

RL quería seguir, pues aún era pronto (sólo habíamos hecho 27km), pero en mi opinión era mejor parar. Sé de sobra que en este tipo de rutas lo que afecta, más que el cansancio físico del kilometraje (que no es tanto, pues el ritmo es bajo y el esfuerzo se reparte a lo largo del día), es el cansancio postural (máxime cuando uno no está acostumbrado al apoyo de las manos, la curvatura de la espalda, la presión en el culete,…).

Por eso al final nos quedamos toda la tarde en Villafranca de paseo y turisteo. Fuimos a un albergue de ambiente hippie-artesano llamado Ave Fénix; era un sitio peculiar, pero al final no resultó malo.

Día 2

Al salir el sol los inquilinos, casi todos guiris, madrugamos para patear/pedalear otra jornada, y dura, pues nos espera subidilla. En el Ave Fénix lo sabían, pues el desayuno era contundente: nunca habíamos combinado la leche con una tosta de huevo frito con pimienta.

Así, ya tempranillo estábamos en el famoso andadero por el arcén amarillo de la N-VI, bajo una lluvia intermitente. Hasta Vega del Valcarce se va bien, subiendo suave; al abandonar la nacional y meterse hacia Las Herrerías el asunto se complica; y cuando nos desviamos por el monte hacia la Faba (para ir por el Camino original, el de caminantes), la cosa ya se pone brava, pero brava. En esta zona vimos a un grupo de corredores que estaban haciendo el Camino por relevos… ¡como se me calentó la neurona pensando en mi libreta de retos pendientes!

En la subida gorda (unos 700m Da+), tuvimos que ir desmontados mucho rato, y empujando la bici con las alforjas… Vamos que nos adelantaban los mochileros. Pero vale la pena, porque el paisaje es muy chulo. La pendiente se redujo un poco al pasar la Laguna y aproximarnos al Cebreiro (¡y a Galicia!). En ese lugar mítico que es el Cebreiro (y no sólo por el CdS), paramos a descansar, dar una vuelta, comentar la reciente visita en el UTAC, y comer un menú caliente… con caldo de 1º.

Con algo de frío, y la pesadez de la sobremesa, costó volver a arrancar. Y eso que hasta el alto de San Roque y Hospital era fácil. Para dura ya estaba la subida al Alto do Poio; desde allí picaba siempre para abajo. En esta zona paramos varias veces: una por avería mecánica con mi cadena, otra por un amago de atropello a una vaca, y otra en un puesto de frutos rojos (donde conversamos con la señora que los cultivaba/vendía).

Al llegar a Triacastela llevábamos 54km, y un buen desnivel, así que decidimos parar, hacer la compra, y buscar albergue con tiempo. La mayoría estaban completos, así que acabamos en uno privado, el Complejo Xacobeo, que estaba muy bien (aunque no tuvimos suerte con la compañía, pues había algún que otro “petardo” con bici).