Ecopistas do Minho

Los vecinos franceses nos llevan la delantera en lo que se refiere al «cicloturismo asequible» (de familia, accesible, de comunicación diaria…): no solo tienen una amplia red de voies vertes, algunas unidas en rutas muy conocidas (como la Vélodissée), sino tabién una filosofía de fomentar el vélo tourisme (que si el Canal de Garona, que si el Midi, que si los Castillos del Loira…), que se nota en que no te miran tan raro como aquí.

Aquí tenemos, además de un puñado de rutas típicas (como la Senda del Oso), las vías verdes, que «discurren sobre antiguas infraestructuras ferroviarias», pero son pocas y algunas están que dan un poco de pena. Además en Galicia solo hay una, la del Eo, en el límite con Asturias (siguen los rumores de que harán un par de ellas en la zona de Pontevedra, pero habrá que esperar). Los Caminos de Santiago los dejo para otra categoría, pues el concepto no es el mismo.

Pues nuestros otros vecinos, aunque le pese a muchos españois, también están ganándonos en esto (como en otras muchas cosas). En Portugal cada vez hay más ciclovías/ecovías/ecopistas, que de las tres formas le llaman, que lo mismo valen para dar un paseo en familia, hacer algo de ejercicio suave, o desplazarse de un pueblo a otro por el motivo que sea. En la zona norte hay varias (aquí hay una lista con su mapita, y aquí algo más de info), así que nos hemos propuesto ir visitándolas todas poco a poco: este finde nos acercamos a las que discurren por el curso final del Miño.

El viernes hicimos el tramo de Valença do Minho a Caminha, y regreso. La primera parte, desde la capilla da Senhora da Cabeça hasta Vilanova da Cerveira ya la conocíamos de haberla hecho en patines en línea hace un par de años. Todo el rato plano y sin tráfico, con vistas al río. Da gusto. Un pelín más para adelante del parque de ocio do Castelinho (visita obligada si se va con críos, y más en veranillo), se acaba el asfalto, y hay que combinar algunos trozos de tierra e incluso un cachito de carretera. Luego vuelve un rato el «formato carril bici», pero pasando Lanhelas otra vez hay que pillar caminos y carreterillas para llegar a Caminha (cruzando un puente sobre el río Coura que no tiene arcén). Como la zona ya es bastante conocida, fuimos hasta la Foz do Minho a tomar algo, y regresamos por el mismo sitio. Salen 57km en total, y se puede decir que sin apenas cuestas.

El sábado salimos de Salvaterra do Miño para ir improvisando una ruta hacia Tui por el margen derecho del río. Se pasa por senderitos chulos y cosas interesantes como el puente de la Fillaboa, aunque la parte anterior a Tui es más pisteo y asfalto. LLegando el pueblo hay que pillar el Camino Portugués pero al revés, cruzar el puente internacional, y ya en Valença buscar la ecopista hacia el NE. En cuanto se engancha en una zona como de trincheras, ya lleva directa a Monçao en un tramo muuuy rodador, y bontio porque hay varias cosas para ver, unas de ellas, las antiguas estaciones de tren, ahora bastante arregladitas (merendero, baños…). Llegamos a Salvaterra de nuevo con 45km y ni 300mDa+, por lo que salvo un par de tramitos del inicio, también fue un recorrido para todos los públicos.

*Como con cualquier otra cosa de las que desbarro aquí, si alguien necesita tracks o ayuda, que contacte.

Chocolate no Geres

A veces vas a un sitio con un plan, y acabas haciendo otro mejor. En este caso la visita a Castro Laboreiro era para hacer unas rutillas por esa parte norte del Parque Nacional da Peneda-Gerés, que tiene un entorno alucinante para patear y para trotar, y sin saberlo de antemano nos encontramos con el Chocolate sem fronteiras.

Además de bastante buen rollo con la gente que asistió (poca, la verdad), como suele ser con los vecinos portugueses, disfrutamos de un montón de actividades en torno a la histórica producción de chocolate de la zona miñota (sur de Galicia y norte de Portugal): visita al museo antropológico y la antigua frábrica, visita teatralizada al castillo, rutas de senderismo, feria de productos, proyeccion de audiovisual… e incluso un evento de geocaching. Y, claro está, degustación de chocolate en varios formatos: luego ya nos ocupamos nosotros de complementarlo con un buen bacalhau con broa y con cordero a la brasa.

Desastre World Championship

Este año el Trail World Championship, usease, el Campeonato del Mundo de Trail de la IAAF, está organizado por el vecino Carlos Sá, aquí al ladito (a menos de 2 horas de coche), e incluye un par de open races, 16K y 55K, para que puedan ir a participar las personas normales.

Más que una mini-crónica de esas mías en las que no cuento más que obviedades, aquí llega una simple valoración. Carrera bien organizada, recorrido muy chulo y variado (una especia de C invertida desde Entre-Ambos-Os-Ríos y Arcos de Valdevez), entorno flipante como siempre en la zona del Xurés-Gerés, y la gente de los pueblos de Portugal siempre amable. A los pro en su carrera de 85K parece ser que también les gustó, y además a España no le fue mal. Yo, no fui bien en ningún momento: desentrenado y falto de forma, pasado de peso, y con la rodilla dando la lata. Tan lento iba, que al llegar al kilómetro 40 se me hizo de noche, instalado en la cola de carrera, y en Anta do Mezio la organización nos cortó (dije que quería seguir aunque fuese fuera de carrera, porque solo quedaban 12K, pero nos dijeron que no, que iban a retirar el balizado y el personal de los cruces). Así que con 43km y 2800mDa+ en las patas, pero en un montonazo de tiempo, ha llegado el primer DNF de mi vida, por cuestiones de reglamento, pero ya está aquí.

A todo porquiño, por mucha fama que tenga de tanqueta y de tractor (de lento pero fiable), le llega su San Martiño: y el mío esperaba en Portugal en forma de desvirgamiento del retirado (o cortado, o lo que sea). Lo que más me fastidia es que todo se debe a la cabezonería que afloró en un par de ocasiones, una en casa y otra en el extranjero, y que ahora empieza a cobrarse la factura.

GTSerra D’Arga: la fundición

Pues sí que fue GRAN el Trail Serra D’Arga organizado por un gran equipo de personas bajo la dirección del gran Carlos Sá. El evento incluía un entreno conjunto (free-trail), una carrera para críos (Trail-Jovem), caminata, trail, y «maratona». Además, el sábado en Caminha se hizo un buen despliege para la recogida de dorsales y bolsas del corredor, que incluía stands y varias charlas.

Tras la intervención del responsable municipal, habló el propio Carlos Sá; se suponía que el tema era la vida de un ultra-corredor, pero pasó el rato dando agradecimientos (no pasa nada). La segunda fue de Antonio Nascimento, finisher del ultraman, deportista completo y ejemplo de lo que se puede lograr con trabajo; parecía un tipo majo. Antes del descanso, hubo unos minutos para que Analize agradeciese la campaña de recogida de fondos para su MDSables; una historia y un momento muy emotivos. Después el doctor Pedro Amorín habló de las relaciones entre aspectos médico-fisiológicos y el trail-running. Por último, vimos el trailer de «Il corredore» en presencia de Marco Olmo, todo un mito, al que recibimos con un ovación, pero al que costó sacarle las palabras (parece bastante tímido y humilde).

Ya de noche tocó preparar el «suelo duro» en el pabellón del pueblo, y una económica cena con «menú do atleta» junto a varios compañeros del foro Correr en Galicia (un placer). No descansé mucho, así que ya no iba fresco cuando a la mañana tocó marchar para Dem.

Con la 8ª campanada del reloj de la iglesia, salimos, yo casi al final, pues no llevaba buenas sensaciones. Al principio había pelotón, aunque sin embudos, pues los primeros metros por asfalto, y las primeras rampas por caminos eran bastante anchos. Subimos unos km, y después larga bajada en la que hubo varias caídas; era fácil, pero hay gente que va pasada. En fin. Primero a repechos, y después de forma clara, otra vez tocó subir, pasar por el monasterio de San Joao, por un corto tramo de raíces y pinos, y vuelta a subir por caminos y pistas.

En el siguiente descenso cojo a MM y hablo con el un rato; me dice que va poco a poco y que yo tire; le digo que no, que voy con malas sensaciones. Avanzo cuando se empina un poco más y, tras un avituallamiento en un palco, unos caminos entre fincas y una bajada más rota, llega el río. Una zona de las que me gustan: preciosa, técnica y resbaladiza, con continuas subiditas y obstáculos (acequias, tubos, trepadas,…). Aquí siento las piernas menos cargadas, así que me animo un poco.

Un tramito de asfalto nos dejó en un pueblo (San Lourenzo?), km 21, CP y orquesta, en el que empezaba una laaarga subida, por tramos muy dura, en la que tocó caminar un buen rato. Iba con marcheta, y al llegar a la zona alta-«plana», y el posterior descenso, aceleré bastante pues pasaba un buen momento. Error: la inclinación me cargó más aún los cuádriceps, el empedrado terminó de dañarme pies y tobillos, y el calor hizo mella en mi hidratación.

Cuando llegué a Cerquido supe que la cosa iba mal: primeros avisos de calambres. Y aún por encima subida dura por un senderillo con maleza, después por un empedrado zigzagueante, y a rematarla con un duro trozo monte a través. Sólo fueron 400mD+ de ascenso y se me hicieron eternos. Así cuando coronamos junto a una iglesia (Nosa Sra. do Miño?), ya costaba trotar incluso en plano, y además el terreno era de pisada jodona. Venga, hay que aguantar.

Mientras el coco pasaba de autoculparme por no regular sabiendo que no llevaba buenas piernas, a animarme de que faltaba menos y aguantaría, llegó la subida a los eólicos. Intenté dar pasos cortos y apoyarme en las rodillas para cargar lo menos posible, pero los calambres volvieron y aumentados, y comenzó la agonía. En esa subida y la posterior bajada me adelantó mogollón de gente. Yo ni miraba, sólo quería progresar y acabar de una vez. ¡Iba fundido de lo lindo!

Pero cual sería mi sorpresa que sobre el km 40 o 41 un voluntario me dice: «ahora despacito que viene un trozo más duro». Ya me parecía a mi raro estar tan alto y no ver todavía Dem. Pues sí, un km de subidote en el que di pena, aunque he de reconocer que no era el único, y un llano-bajada roto en el que casi no pude ni trotar. Y llegamos a la caseta donde estaba el avituallamiento inicial, y más con rabia que con fuerzas empiezo a bajar como un loco. Quise correr todo el rato, pero tuve que parar un par de veces porque las piernas se trababan.

Cuando llegué a las primeras casas sentí alivio porque varias ocasiones pensé que tenía que plantar a escasa distancia de meta. Pero al final, chaleco de finisher, 6:43:44, unos 45km y 2500mDa+, y sin lesiones, aunque reconozco que no fue mi día y hubo ratos que no disfruté. Pero misión cumplida, satisfacción por acabar, y ahora a descansar.

Resaltar que la organización fue excelente: recorrido bien marcado, medidas de seguridad en zonas chungas, avituallamientos completos, mucho voluntario en todos los servicios (aparcamiento, dorsales, cruces,…), animación en la zona de salida/meta, etc.

Aunque también le daría un tironcito de orejas, y más pensando en los lamentables últimos acontecimientos. Me explico: sí hay un material obligatorio especificado en el reglamento, y por un motivo tan razonable como la seguridad, es para que todo el mundo lo lleve. La organización es libre para establecer controles de material o no,… pero lo que no tiene sentido es que el propio organizador diga que es una medida pedagógica y de seguridad, y que ese material es necesario y obligatorio, pero que no va a pasar nada si no se lleva. ¿Está animando a que no se cumpla el reglamento? Tal vez había otras normas que podíamos habernos saltado sin consecuencia y no se sabía… Lo cierto es que no me gustó que permitiesen correr a gente que claramente no llevaba NADA (¿dónde está ahí la seguridad y la pedagogía?), al igual que no me parece bien que unos vayan todos ligeros mientras otros cargamos con lo que toca.




Fotos de safardatxo ofrecidas en CeG y de Ferreiro de Solopisadas. Gracias.