Powerade Ion4 Madrid-Lisboa

Que dé pereza escribir un post es síntoma de que la experiencia a contar no convenció demasiado… o de que uno va viejo. En este caso debe ser lo segundo, ¿no? El caso es que hace un par de semanas CV, AV y el menda (y el inigualable Pichi como asistente), hicimos la Ion4 Madrid-Lisboa, una prueba en mountainbike de 770km non-stop por relevos, organizada por RPM Events y Powerade.

Tras unos días apurados preparando el material y la logística, el jueves 19 tiramos para Madrid para dormir ya en la salida: la plaza de toros de las Rozas. Por la mañana temprano pasamos los trámites administrativos (sin verificaciones, y con varios cambios, cosa que no mola), recogimos los chips y packs de corredores/asistencia, y asistimos a un briefing en el que se comentó cómo será la prueba. Y casi sin tiempo, ya empieza el fregado… de hecho casi no llego a la salida.

SS1. Las Rozas – Robledo de Chavela.

Soy el afortunado al que le toca abrir fuego. Un trocito neutralizados y, de repente, me veo solo en medio de la ciudad. ¡La peña salió a fuego! Tiro un poco, pero me cuesta pillar a alguien, y cuando logro llegar a un grupito, en un cruce unos tiran para un lado y otros para otro. Miro el GPS y el track dice que a la derecha, así que sigo a mi bola. Me vuelvo a quedar solo y me agobio: las piernas no van, el reflejo del sol no me deja ver la pantalla, voy con dudas,… Me ensimismo un poco, pasa el tiempo, y voy mejor. Aunque seguimos pillando tramos de asfalto, abunda más la cañada y la pista ancha, y salvo por un par de subidas fuertes, todo el rato metiendo desarrollo al asunto. Empiezo a adelantar gente, sobre todo en los tramos donde hay algo de «conducción», y casi sin darme cuenta llevo casi 70km y estoy en el pueblo del 1ºPC (Estaciones de Hidratación les llaman, porque es donde te avituallaban).

SS2. Robledo de Chavela – Burgohondo.

Le doy la pulsera-chip a CV, el tipo fuerte del equipo (vamos, «The Boss»), y arranca su etapa: otros casi 70 y unos 1500mDa+. Se la ventila sin problemas aparentes y seguimos con una media de unos 21km/h, con lo que ya llevábamos bastante adelanto respecto a los tiempos de corte, así que podíamos relajarnos un poco; de hecho estuvimos a punto de pirarnos a un spa.

SS3. Burgohondo – Navalperal de Tormes.

Según la descripción de la organización no tenía complicaciones para rodar, pero era un segmento con desnivel: 2000mDa+ en unos 64km. ¿Solución? Poner al flaco del equipo, AV, que además no tenía problema si anochecía por su experiencia en raids. Y dio resultado, porque llegó al siguiente PC o EH bastante antes de lo que pensábamos. Y seguíamos recuperando.

SS4. Navalperal de Tormes – Navaconcejo.

Ya noche cerrada, salgo al siguiente relevo. Casi 20km de asfalto hacia el Barco de Ávila, vuelta a las cañadas (donde cruzo entre una manada de jabalís… ¡momentazo!), subida hacia el puerto de Tornavacas, y llega lo mío. Primero una bajada rota y en la que era muy fácil perder la trazada bajo la luz del foco. En un trozo que se complica algo más no arriesgo y desmonto unos 50m, pero enseguida monto. Después un tramo de senderos y bajadas con alguna dificultad de por medio. Adelanté a unos 15 equipos en este tramo, aunque casi al final pinché y me pasaron 2 personas mientras cambiaba la cámara. De todas formas hice los 60-y-largos kilómetros en algo más de 3h, por lo que ni mis compañeros estaban preparados cuando llegué.

SS5. Navaconcejo – Cañaveral.

Que fueron 70-y-pocos kilómetros en plan rodador, y que nos pilló de noche, poco más sé de este tramo… porque estuve durmiendo en la AC. Aunque debieron tener su dureza, además del cansancio que se iba acumulando ya, porque el compañero (ésta le tocó a CV), no nos daba llegado. Por cierto, entre la base de la NASA de ayer, y el pueblo de hoy, esto parecía la carrera espacial.

SS6. Cañaveral – Alcántara.

Otra etapa sobre los 70km y rodadora para AV, que empezó de noche y le permitió disfrutar del amanecer extremeño. Cuando llegó al PC o EH comentó con otro equipo algo que yo también había visto: hay gente que no va por donde indica el track, no un tramito sino mucho kilómetros… y curiosamente suelen acortar y llegar antes. Suponemos que serán penalizados porque en el famoso PCCourse estarán siguiendo sus itinerarios con la super-aplicación que llevamos activa en el móvil. De todas formas, los demás que hagan lo que quieran, nosotros a nuestro objetivo: acabar, sin hacernos daño, y de la mejor forma posible.

SS7. Alcántara – Cedillo.

Se suponía que iban a ser 82km áridos y secos, y en realidad fueron sólo… infernales, pues la temperatura era similar a la del Averno. La peña llegaba fundida, pero literalmente, incluso hubo gente con auténticos problemas que tuvo que ser socorrida. Yo por un lado quería que llegase CV cuanto antes, para que no estuviese él sufriendo bajo el sol y fuésemos progresando, y por otro me preocupaba que cuanto más temprano fuese el relevo más calor me tocaría a mí. Al final apareció a las 15:30 y lo había pasado mal.

SS8. Cedillo – Ponte de Sor.

Con una cierta culpabilidad arranco mi último relevo. Bajada de asfalto, cruzar la presa, y entrar en Portugal… con un puertecito de asfalto. Pongo ritmo tranqui porque son 92km y todavía aprieta el Lorenzo (42º de máxima me marcó el Polar). Cuando entramos otra vez al monte vienen unos trozos simpáticos, alternando pistas rápidas con algún trocito con piedras, y algún tobogán. Y ptsssss… Claro, en el pinchazo de la SS4 no había puesto cámara de líquido sino una normal, y en este terreno era fácil pinchar. Intento reparar con espuma, y sigo un rato, pero no aguanta casi nada; paro otra vez, inflo y sigo un poco, y sigue sin aguantar; vuelvo a parar y cambio la cámara con calma (y me quedo sin repuestos). Con toda la historia me adelantan 7 equipos. Como sé que los últimos 20km son de bajada me pongo a tirar pensando sólo en llegar al 72, para a partir de allí descender a fuego y remontar. Pero meu gozo nun pozo… no es que la bajada no fuese técnica, o que no fuese de monte, ¡es que no era ni bajada! El perfil era engañoso, y perdías 150mD en 20km; vamos, llano. Así que a pedalear con la tranca puesta, tanto que en los últimos 5km me vacié y llegué al CP reventadillo

SS9. Ponte de Sor – Coruche.

Anochece de nuevo, así que a salir con focos. Ahora unos 86km, primero por asfalto, luego por pista de tierra subiendo, y después bastantes kilómetros con tendencia a bajar (no en vano íbamos hacia la costa), para acabar de nuevo con un tramito de asfalto. Aunque dudaba si venir, lo cierto es que me sorprendió la sonrisa que AV traía en el rostro cuando llegó al último relevo. Mejor así.

SS10. Coruche – Lisboa.

Y al jefe le encasquetamos la última, de unos 95km y sin dificultad técnica alguna según el roadbook. Discurría por pistas cercanas al Tajo, y en su parte final llegaba a Lisboa por asfalto, como es normal al acercarse a una gran ciudad. Entrando en el Parque de las Naciones los otros componentes del equipo podían unirse al relevista para entrar en meta juntos, así que allá fuimos CV, AV y FC (que me pillaron durmiendo en una silla), hasta la zona del Oceanario donde estaba la meta.

Conclusión: fuimos Finishers, en 40h52min, para unos 770-y-pico km y unos 7000-y-algo mDa+, y sin problemas. Lo pasamos bien, aunque he de reconocer que la organización me decepcionó un poco (o bastante), y la prueba me pareció algo dura para mis características, soy más de ir diesel que de ir alto de vueltas, e incluso algo estresante por los traslados. No quiero ni pensar en la gente que no llevaba a nadie de asistencia. El caso es que una experiencia más para la saca, y además una con la que no contaba. De hecho, fui de prestado: una porque no entraba en mis planes, pero por un cambalache acabé allí dando pedales; y dos, porque fui con bici, foco, GPS, y teléfono, de otras personas (gracias a todos, SC, GL, JF, y RL). Ahora a devolver todo, y a descansar un poquillo que ya toca


Imágenes de Photocall y meta de Arnau Blázquez y Powerade Ion4 tomadas de aquí.

Destino Madrid y Lisboa

«No me das pena ninguna»; es lo que me dijeron en casa cuando les comenté que no sabía si ir a la Madrid-Lisboa de este fin de semana, porque la verdad es que tenía serias dudas cuando recibí la propuesta: tengo las piernas todavía cargadas del UTMB, y llevo un par de semanas apurado y sin tiempo para preparar la logística (muy importante en esta prueba). Pero claro, apareció el «efecto manzana»: te entra el gusanillo y…

Pues eso, la Powerade Ion4 Madrid-Lisboa es una prueba de mountainbike de unos 770km que consiste en unir las dos capitales de la península ibérica en un máximo de 60h, y se disputa en equipos (de 2, 3 o 4 corredores), y en formato non-stop por relevos (es decir, el equipo no para, pero los participantes si que se turnan y descansan). Discurre por senderos y pistas (y tramos de carretera, obviamente), de Madrid, Castilla León, Extremadura, y Portugal. No tiene pinta de ser un recorrido muy técnico, ni de tener mucho desnivel (creo que no llega a 7000mDa+ en total), pero será dura igualmente.

Algo que le da el carácter de aventurilla es que el recorrido no está marcado: habrá que utilizar el GPS para seguir los tracks para ir pasando los puntos de control (estaciones de hidratación y zonas de asistencia). O también que los equipos deben gestionar los relevos y los materiales a emplear (alimentación, mecánica de las bicis, recambios, ropa,…), y el uso de «la tecnología» (llevar una app de seguimiento/seguridad en el móvil, obligatoria, o cargar tracks y baterías en los GPS).

Ojalá no falle nada y podamos comer el domingo un «bacalhau en Lisbon» (yo mejor «arroz con frango»).

La fundición: consecuencias

No ha habido novedades por aquí porque este último mes no ha sido muy «deportivo».

En el GTSD’Arga no tuve buenas sensaciones y acabé con mal cuerpo o, mejor dicho, medio tocado,… fundido vamos. Así que decidí descansar una semanita, pero cuando otra semana después salí un par de veces para rodar antes de la Media Maratón de Pontevedra, comprobé que estaba muy flojeras, y me entraron dudas de si salir el domingo en la media o no.

Pero me jodía no participar, entre otras cosas porque es la carrera de mi ciudad (incluso el recorrido pasa por delante de mi casa… ¡no tenía ni que coger coche!). Así que decido salir a probar, sin ambiciones, tomándolo como un entreno fuerte. Con tanta tranquilidad me lo tomé, que salí del portal cuando quedaban 4min para la salida.

Había mucha gente, así que me pongo por la mitad mientras saludo a algunos conocidos. Los primeros kilómetros voy por atrás, a modo de calentamiento. Cuando llegamos al campus intento apretar algo, pero pronto me doy cuenta de que no hay piernas. Callejeamos por el centro, vamos al casco antiguo, y al volver al río completamos los 10km. Me gustaría subir algo el ritmo, pero al revés, voy a menos. Está claro que los cuádriceps me los dejé en Caminha, por lo que no queda otra que aguantar y llegar como sea a la meta en el tartán. Al final 1:35:00 para los 21.1km (sin apenas desnivel), y me doy con un canto en los dientes. Que poco me gusta el asfalto.

En vista de las sensaciones, y coincidiendo con algún asuntillo personal, vuelvo a parar unos días voluntariamente, para coger fuerzas para los retos previstos para este final de año. Lo que no imaginaba es que el primer día que saliese, en este caso con la mtb, una caída tonta me iba a dejar parado de verdad. Ella lesionada en cambio, puntera, cadena y cassette; yo con la pierna derecha hinchada, rodilla inflamada, moratones y costras varias,… y 20 días sin poder hacer nada (los primeros días casi ni caminar).

Pero bueno, ayer volví a trotar. Ya no duele, pero mi estado físico es bastante malo. Es increíble como en poco más de un mes se puede perder tanto (o ganar, porque engordé más de 5kg), pues las impresiones eran malas y los números peores (aunque ritmos y tiempos nunca me han preocupado mucho). Ahora toca volver a coger sensaciones poco a poco… y disfrutar.


Fotos tomadas de Alexha Photo y no-sé-más (disculpas al autor/a).

Escapada al CdS-francés (días 3 y 4)

Día 3

No madrugamos mucho, la verdad, pero aún así antes de las 9 estábamos ya pedaleando en dirección San Xil, Calvor y Sarria (ni nos planteamos la opción de Samos, menos «auténtica»). Al principio tocaba subir, después era todo bajada y llaneo. En Sarria tomamos un psicolabis y seguimos. Saliendo de allí encontramos un bosque precioso… donde tocó volver a empujar la bici un rato.

Aunque el sol salía sólo a ratos, al mediodía hacía calor, así que nos tomamos con calma el siguiente tramo, en el que predominaba la subida. Íbamos haciendo paradillas (como Barbadelo y Ferreiros), sacando fotos,… y sin darnos cuenta nos acercábamos a Portomarín. Había muchos peregrinos en esta zona, así que había que ir con cuidado y entrenar el «Buen Camino».

Al llegar a Portomarín todavía era muy temprano y no queríamos estar toda la tarde tirados, así que decidimos no parar y avanzar un poco más. Aunque el siguiente tramo no tenía mucho atractivo, lo pasamos bien. Fuimos charlando y jugando, RL iba bien, y a ratos nos acompañaba un italiano en bici… ¿Italia? ¡El partido! Esa noche la selección jugaba la final de la Eurocopa y, aunque no somos muy futboleros, queríamos verlo. En el albergue público de Hospital-Ventas de Narón nos encontramos con una gente enrollada, llevábamos otros 56km, y eran más de las 18, así que nos quedamos allí.

Vimos el partido cenando en el único bar que había, acompañados de una numerosa familia yanqui, una pareja italiana, y compartiendo mesa con una andaluza, un catalán, y uno que ni él sabía de dónde era. Del resultado no me acuerdo, pero cuando fuimos a dormir casi quedamos de puerta afuera. Sin palabras.


Día 4

La mega-cena del día anterior había hecho mella. Estábamos pesados, así que salimos sin tomar nada y desayunamos en Palas de Rei. Poco a poco fueron cayendo más kilómetros y llegamos a Melide. Después de unos días atravesando pueblos, aldeas ganaderas, y caminos silenciosos, fue un poco chocante volver al tráfico y el ruido.

De aventuras anteriores recordaba que los siguientes tramos eran de toboganes rompepiernas pero rápidos, sin embargo ahora los vi más duros (sería el efecto de las alforjas). Era un baja a Boente, sube a Castañeda, baja a Ribadiso, sube a Arzúa. En Arzúa hicimos la comida de picnic en un parque, y al ir a sacar una foto… se me cae el teléfono y se rompe (snif). Aún queda mucho día por delante, y RL está animada así que decidimos tirar ya para Santiago: con calma, parando de vez en cuando a reposar y comer, pero directos.

Esta zona que se acerca a Santiago tiene unas corredoiras preciosas, tan envueltas en vegetación que parece que vas de noche. Pedalada a pedalada llegamos al alto de Santa Irene y a Pedrouzo. Ahora la zona ya es conocida: hay que ganar altura hasta el aeropuerto de Lavacolla, después el Monte del Gozo, y bajar ya a Compostela. Hubo algún tramo duro, pero RL me sorprendió gratamente. La verdad es que fue bastante jabata.

Los últimos kilómetros son algo feos, y ya en la ciudad hay que ir por la acera, en ocasiones desmontado por prohibiciones algo absurdas. Pero eso no evitó que nos hiciera ilusión llegar a la catedral. Fuimos a por las Compostelas, tomamos un refresco y un helado (merecidos tras los 86km de hoy), y esperamos a que nos vinieran a buscar disfrutando del ambiente del Obradoiro, a la vez turístico y místico.

En resumen, el trayecto fue corto porque no teníamos mucho tiempo ni para hacerlo ni para preparlo, pero lo pasamos muy bien y no hubo problemas. Buena experiencia juntos; para repetir.

Escapada al CdS-francés (días 1 y 2)

Día 1

 Toca madrugón para coger el tren que, tras infinitas paradas, nos deja en Ponferrada a las 11 y pico de la mañana. Entre comprar comida, ajustar bicis/alforjas, repartir la carga, ir al albergue a por la Credencial del peregrino, y… dar un paseillo, se nos fueron las primeras horas. Así, casi a la hora de comer empezamos el pedaleo.

La salida de la ciudad se hace por un carril-bici y por aceras hasta llegar a una original zona residencial, después, casi siempre por asfalto, se van pasando pueblos sin encanto Columbrianos, Fuentes Nuevas, y Camponaraya; cosa aparte es el agradable Cacabelos (nos llamó la atención su albergue, a base de cabinas dobles construidas aprovechando el muro de la iglesia). Hasta Villafranca del Bierzo se llegaba por una zona algo más bonita, con toboganes y entre viñedos.

RL quería seguir, pues aún era pronto (sólo habíamos hecho 27km), pero en mi opinión era mejor parar. Sé de sobra que en este tipo de rutas lo que afecta, más que el cansancio físico del kilometraje (que no es tanto, pues el ritmo es bajo y el esfuerzo se reparte a lo largo del día), es el cansancio postural (máxime cuando uno no está acostumbrado al apoyo de las manos, la curvatura de la espalda, la presión en el culete,…).

Por eso al final nos quedamos toda la tarde en Villafranca de paseo y turisteo. Fuimos a un albergue de ambiente hippie-artesano llamado Ave Fénix; era un sitio peculiar, pero al final no resultó malo.

Día 2

Al salir el sol los inquilinos, casi todos guiris, madrugamos para patear/pedalear otra jornada, y dura, pues nos espera subidilla. En el Ave Fénix lo sabían, pues el desayuno era contundente: nunca habíamos combinado la leche con una tosta de huevo frito con pimienta.

Así, ya tempranillo estábamos en el famoso andadero por el arcén amarillo de la N-VI, bajo una lluvia intermitente. Hasta Vega del Valcarce se va bien, subiendo suave; al abandonar la nacional y meterse hacia Las Herrerías el asunto se complica; y cuando nos desviamos por el monte hacia la Faba (para ir por el Camino original, el de caminantes), la cosa ya se pone brava, pero brava. En esta zona vimos a un grupo de corredores que estaban haciendo el Camino por relevos… ¡como se me calentó la neurona pensando en mi libreta de retos pendientes!

En la subida gorda (unos 700m Da+), tuvimos que ir desmontados mucho rato, y empujando la bici con las alforjas… Vamos que nos adelantaban los mochileros. Pero vale la pena, porque el paisaje es muy chulo. La pendiente se redujo un poco al pasar la Laguna y aproximarnos al Cebreiro (¡y a Galicia!). En ese lugar mítico que es el Cebreiro (y no sólo por el CdS), paramos a descansar, dar una vuelta, comentar la reciente visita en el UTAC, y comer un menú caliente… con caldo de 1º.

Con algo de frío, y la pesadez de la sobremesa, costó volver a arrancar. Y eso que hasta el alto de San Roque y Hospital era fácil. Para dura ya estaba la subida al Alto do Poio; desde allí picaba siempre para abajo. En esta zona paramos varias veces: una por avería mecánica con mi cadena, otra por un amago de atropello a una vaca, y otra en un puesto de frutos rojos (donde conversamos con la señora que los cultivaba/vendía).

Al llegar a Triacastela llevábamos 54km, y un buen desnivel, así que decidimos parar, hacer la compra, y buscar albergue con tiempo. La mayoría estaban completos, así que acabamos en uno privado, el Complejo Xacobeo, que estaba muy bien (aunque no tuvimos suerte con la compañía, pues había algún que otro «petardo» con bici).