Bici-orientaciones por Galicia

Hay que aprovechar que todavía está en vigor la licencia FEDO 2017, así que últimamente estoy yendo a todas las pruebas de orientación que puedo. Y también de bici-orientación: liga nacional en Pontevedra (mapas de Ermelo y la Escusa), liga gallega en Guitiriz (dos pruebas) y en el Xalo (otras dos… aunque a la segunda, que tenía cuarentena, casi no llego por quedarme dormido). La verdad es que mola. ¡Quiero más!


Pontevedra 4 Picos Bike&Trail

Ver las carreras desde el otro lado, desde el punto de vista del organizador o el voluntario, es algo que debería hacer todo el mundo de vez en cuando. Es un ejercicio de trabajo mental y reconocimiento social muy recomendable. Y en estas últimas semanas (o meses, mejor dicho), yo lo he podido hacer por partida doble.

1ª parte: Pontevedra 4 Picos

Unos meses antes de las pasadas navidades, se pusieron en contacto conmigo unos amiguetes que estaban empezando a organizar una prueba en mountainbike con un concepto interesante: dar una vuelta alrededor de Pontevedra subiendo los cuatro montes que se aprecian desde la ciudad. Y lo llamaron como ya lo denominábamos los que andábamos con el tema de los raids hace unos años: el Pontevedra 4 Picos – Desafío Rías Baixas.

El caso es que  iban a ampliar el evento con un pequeño trail, y necesitaban alguien con experiencia que les asesorase o llevase “la parte técnica” (sigo sin entender bien esa fama de runner que tengo por aquí, porque yo sigo siendo más ciclista que corredor, al menos de corazón). Al principio iba a declinar “la invitación”, en parte por falta de tiempo (soy un tipo ocupado, ¿vale?), y en parte también por algunas discrepancias con ellos respecto al concepto de prueba y a ciertos planteamientos organizativos. Pero al final me pudieron las ganas de contribuir a que hubiese un evento deportivo de monte de cierta envergadura en la ciudad.


El comienzo ya fue un quebradero de cabeza: diseñar los recorridos ajustándome a unos condicionantes (lugar de salida y llegada, distancia aproximada y dificultad,…); y también cumpliendo unos criterios de calidad autoimpuestos (minimizar el asfalto, incluir terreno diferente y chulo en la medida de lo posible, ser precavido con los cruces de carreteras,…). Parece una tontería, pero supone muchas horas de mapa, de monte (en época de lluvias), y de ordenador. De hecho, hubo un momento en que tenía tantas versiones y recortes de track en el GPS que ya ni sabía qué línea era la que tenía que seguir.En mi opinión los recorridos quedaron “bastante apañaos”: casi 17km y 350mDa+ el trail corto, sin apenas dificultad técnica alguna (sólo unas rocas en el sendero del río Lérez), y unos 32.5 con 1400mDa+ el largo, que ya incluía un par de petaditas subiendo y una bajadita rota y empinada, aunque nada del otro mundo. Abrimos algún camino, limpiamos alguna zona, y dejamos otras algo más a monte a propósito.

Parecía que no había más problemas… dejando a un lado la presión que se metía desde las redes sociales (que prisa tiene la peña, ni que se les fuera la vida en esto).Pero dos semanas antes llegó el estrés, y eso que no debería sentirlo pues yo no era responsable del evento. Que si unas excavadoras habían jodido dos de los tramos más chulos de la carrera (de pistas con hierba y grandes lajas, pasaron a cortafuegos de tierra suelta). Que si las ayudas para el marcaje no fueron lo eficientes que se esperaba; que si algún cabrón se dedicaba no sólo a quitar cintas sino a ponerlas por caminos que no eran, e incluso a voltear las flechas indicadoras; que si había que cambiar al corredor escoba; que si… Menos mal que algunos amiguetes traileros (SM, AA, y especialemnte AV), se enrollaron a echar un cable, y pudimos remarcar el recorrido el mismo domingo por la mañana, y tener un rato para acompañar a los corredores.


Finalmente, aun con el canguele de los días previos, todo discurrió bastante bien, e incluso el día ayudó. Y lo cierto es que los chicos de A Roda do Demo y de Global DxT, y sus colaboradores y voluntarios, lo tenían todo muy atado: voluntarios, emergencias, avituallamientos, servicios,… De hecho, he de decir que el que sean colegas no me impide ser objetivo: en algunas cosas no estoy para nada de acuerdo con su postura (inscripciones, filosofía, cronograma,…), pero en la parte  organizativa sólo puedo aplaudirles, pues no es fácil tener a más de 1500 personas desperdigadas en 120km de recorrido, y que todo esté coordinado.

Así que a mantener lo bueno, y a pulir los fallos, porque como los participantes quedaron contentos en general, y la organización y los colaboradores también (1 y 2), parece que es casi seguro que haya segunda edición en 2016.

Mirando los Ancares

“Lo que molaba era hacer el cordal entero, uniendo todos los picos… y del tirón volver en bici”. Cuando cada vez que hablas de Ancares escuchas esto a un colega, tienes claro que en  breve irás para allá. Así, a principios de septiembre, AV, CV y yo, planificamos rápido la escapada, viajamos el viernes por motivos logísticos (llevar las bicis a un pueblo intermedio, preparar material, etc), y dormimos ya “a pie de vía” para probar la idea.

1.  Los cordaleros

Ya con luz, porque se nos pegaron las “sábanas”, arrancamos desde Balouta hacia el E desperezando las piernas a ritmo de pateada. Al rato el camino se acaba y subimos a chuzo por una pedrera con trozos con hierbajos. Es mucha pendiente y todavía está mojado, así que no podemos evitar algún resbalón… y algún momento de gateo (menos mal que no nos vio nadie: bajaría nuestro caché). Al llegar al senderito superior nos desviamos un poco hacia el N y hacemos el primer pico del día: el Miravalles (1969). Desandamos nuestros pasos, o debiera decir zancadas, pues aquí ya empezamos con el verdadero correr, y pillamos ya la línea del cordal, que no abandonaríamos en varias horas, buscando cruzar la carretera en el alto del Puerto de Ancares (1669m).

Bordeamos la Hoya de Ancares y subimos al Cuiña (1987m). Unos buitres impresionantes nos sobrevuelan, pero ¿no es un poco temprano? Todavía no vamos tan justos. De hecho, coronamos sin forzar la maquinaria, bajamos unos 350m de desnivel flipando con los corzos, y volvemos a subir para llegar al Penalonga (¿1880m?). Esta zona ya tiene la típica vegetación baja de la zona que tan buena es para hacernos un buen peeling en las piernas, y los típicos caos de bloques tan buenos para dejarse un tobillo. Por ahora CV y AV están teniendo piedad de mi, pero la subida al Mustallar (1935m) se me atraganta un poco. Pongo ritmo marcheta a mi bola, y les dejo que me saquen ventaja; ¡si en realidad lo hago por ellos, para que cojan autoestima! Aunque el día aguanta, hay algo de niebla así que picamos algo rápido, y tiramos.

Dos obispos y un monaguillo.

A continuación vienen varios picos menores seguidos: Lagos, Corno Maldito, Charcos, Penedois. Algunos pasos son algo más técnicos y expuestos, e incluso en un mini-destrepe tengo que amainar porque se me engancha la mochila y no pillo postura, pero este tramo está muy chulo. Otra subida no tan larga y llegamos al Tres Obispos (1795m). Hacemos la foto de rigor y seguimos, siempre hacia el SO. Al pasar unas horas yo me encuentro algo mejor, pero la sucesión de bajadas y subidas, incluso sin ser grandes petadas, va cargando las patas: ganamos 100 o 200m de altitud para volver a perderlos, y después volver a subirlos, etc. Pero a lo tonto pasamos el Valongo, una subidita más, y el objetivo final: el Penarrubia (1822m), con su bonita pared O.

Ya vemos el pueblo de Tejeira, pero no sabemos muy bien cómo bajar: no hay caminos, ni una traza clara para hacer monte a través. Exploramos un poco, tiramos de mapa y gps, y al final optamos por la opción más… castrona: tu tira para abajo que ya aparecerá algo. Y al rato apareció: el nacimiento de un riachuelo y unos huecos suponemos que hechos por el ganado, por los que nos fuimos metiendo. Afortunadamente no llévabamos el esmoquin y los enganchones no nos importaron mucho. Al llegar a la pista ancha AV nos acelera un pelín camino de Tejeira, le seguimos porque allí están las bicis y la comida, no por otra cosa.

2. Bicicleta de suela

En el bar del pueblo hacemos una transición algo más larga de lo planeado. Una, porque en La Cantina de Teixeira se estaba a gusto y apetecía quedarse (muy recomendable el sitio: buen trato, comida rica, local agradable,…; nosotros volveremos). Y dos, porque al guardar las cosas de correr en la mochila aparece un problemilla: no me entran las zapatillas. Probamos de varias formas y ni de coña. Es lo que tiene tenerlo grande (el pie). Al final pedimos bridas y atamos una de los Brooks a la bici en donde menos moleste. ¡Hasta quedaba bonito!

Y reiniciamos la ruta. Abandonamos Tejeira por una pista ancha y polvorienta que al poco tira hacia el N. Cuesta ponerse a pedalear después de comer, con bastante calor, y en subida, pero subimos piñones y vamos entonándonos. Después varios kilómetros de repechos, llanos y bajadas rápidas, nos hacen cruzar Campo del Agua, aldea muy chula con pallozas restauradas, y rodar hasta Burbia.

No habíamos ganado apenas desnivel positivo, así que estaba claro que ahora vendría todo de golpe. Y vino. Ya desde el pueblo arranca un empinado zig-zag de gravilla que se hizo duro con 10h ya en las piernas. Aquí cada cual a su ritmo, es decir: CV silbando, AV esforzándose, y yo al final terqueando. No quería subir ni un metro desmontado, así que molinillo total y breve parada en el medio para reponer alimentos. La sudada fue brutal, y estaba poníendose el sol, así que nos abrigamos y bajamos rápido por pista buena hasta Pereda de Ancares.

Ya de noche nos metemos a la carretera para subir el Puerto de Ancares. Las luces casi todo el tiempo apagadas y mantenemos la misma tensión de pedaleo. No son rampas muy duras pero voy cansado, aunque como me gusta bastante más darle al pedal que a la zapatilla, lo llevo bien. Una tormenta empieza a asomar por el E, pero no preocupa, pues sólo queda regular un ratito y dejar que pasen los metros. Al coronar AV esprinta y nos saca 12cm, repetimos rápido la foto de la mañana en el cartel del puerto, damos potencia a la iluminación, y descendemos hasta Balouta con cuidado porque el asfalto está mojado y no queremos sustos de última hora.

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De vuelta en la furgo tras 14h (en ellas 11h de actividad para unos 81.5km y 4300mDa+; interesados en el track aquí), sin incidentes graves y habiéndolo pasado bien, las dos cosas prioritarias. Además para mí lo importante era hacerlo; los galgos ya irán otro día a rebajar tiempos. La verdad es que estos retos con los colegas molan: ni competis ni leches. Y lo mejor de todo: habrá más (¡a cabeza non para!).


24h BTT Compostela

Con un formato poco habitual en Galicia, se celebró la semana pasada la 2ª prueba del BTT Compostela: un maratón de mountain-bike de 6h, 12h o 24h, y en el que se podía participar de forma individual, en equipos de 2, o en equipos de 4 (vamos, al estilo del conocido 24doce). Tenía dudas de si ir o no, porque estoy flojo de entreno, y porque lo de dar varias vueltas a un circuito no me gusta nada. Pero unos días antes decidí anotarme: 24h solo… lo más razonable.

El sábado por la mañana nada más llegar monté “el box”. En mi caso, que iba sin compañía ni carpa, se limitó a desparramar material, herramientas y comida por el maletero del coche. Y a las 12:00, muy puntuales, dieron la salida simultánea a las tres modalidades.

Las primeras vueltas fueron lentas: todo el mundo iba guardando fuerzas y reconociendo el recorrido , que por cierto no estaba mal del todo, o al menos mejor de lo que yo esperaba. La salida/meta y zona de boxes estaban situadas en el complejo vacacional del Monte do Gozo. El primer kilómetro era en leve subida, saliendo del recinto y dirigiéndonos al sur. Tras una trialera muy chula (que cambiaron al acercarse la noche porque era algo peligrosa), entrábamos en una zona rápida de monte, de bajada y llaneo con un par de repechos. Unos metros de asfalto hasta el punto más bajo del circuito, en el PK4, y giro de 180º hacia el norte pillando una pista muy facilona en falso llano. Al acabarla llegaba la subida más dura, sólo 800m, pero con bastante pendiente, y que después continuaba subiendo otros 2km por una pista algo rota. Un par de tramos de bajada y subida, un par de trozos de asfalto, y volvía la subida “suave” entrando de nuevo al Monte do Gozo por el Camino Francés (junto al monumento conmemorativo del alto nos desviábamos a la izquierda para volver al recinto cerrado). Se supone que eran 13km y 330m de positivo por vuelta, pero a mi siempre me salían menos.

Las primeras horas éramos bastantes en pista. No hacía falta mirar el color del dorsal para saber en qué categoría iba cada uno, el ritmo ya lo dejaba claro: los que adelantaban como fuegos iban al 6h, los que nos arrastrábamos al 24 (con los otros te entraban dudas). Yo me mando el primer sting de 4 vueltas, casi sin parar los siguientes de 3, y a medida que se acercaba la noche vi que lo mejor era darlas petit-suise style, es decir, de 2 en 2.

Cuando anocheció hice una parada larga (se me fue a casi 1h), para poner luces, descansar y comer bien, cambiar la postura un rato, y repasar la mecánica. Durante la madrugada fuimos quedando pocos en pista, sobre todo al dar la medianoche y finalizar la modalidad de 12h. Ya con los focos y luces en la bici, y con otra cosa en mi trasero que también iluminaba, rodé completa toda la noche, pero notando que me estaba viniendo abajo; lo decía tanto el crono como las sensaciones. Calculé mal los ritmos, y la comida, y el avituallamiento de la organización no era ninguna maravilla, pero mis amables vecinos de box, unos simpáticos bikers de la Serra de Outes, me salvaron invitándome a pasta con marisquitos, galletas,… Gracias.

Aún así, cuando amaneció yo estaba fundido: de espalda y cervicales, de fuerzas en las patas, de dolor de culo, e incluso rallado de coco. Me agobiaba que desde la tarde del sábado parecía un piloto de MotoGP: no por ir rápido, noooo, sino porque a partir de la 5ª vuelta repetía la misma trazada, los mismos cambios de piñón, los mismos gestos, vuelta tras vuelta, y ya estaba aburrido. Además entre las 8 y las 10 de la mañana del domingo perdí un par de puestos (uno ya esperado, al adelantarme el compañero JF experto en estas lides, que había pasado un mal momento de noche), y al saber que ni pillaba podium, ni iba a perder puestos porque no me iban a recuperar vueltas, cuando faltaban 15min para cumplirse las 24h, decido parar. Aunque podía, no tenía ganas de dar otra más.

Con todas las coñas pedaleé unas 21h30min para dar 25 vueltas, resultando entre 300 y 310km, y unos 8000-y-pico mDa+, y lo mismo negativo, que cuando llevas mucho rato también cansa (de hecho al final también me molestaban los brazos y manos en las bajadas rotas). Y aunque no iba disfrutando, tampoco lo pasé mal del todo porque me “evadí” pensando en mis tonterías habituales. No me motivan en exceso estas pruebas sin un paisaje o un significado, pero alguna de vez en cuando también tiene su interés; además sirvió como un pequeño test para saber si ir a la PBR o no.


Fotos de Javier Segade y Anabel García compartidas en el FB de la prueba.