Camino Primitivo: niebla y averías

Última semana de agosto, unos días libres y ganas de cicloturismo exprés. ¿A dónde ir? Pues como tenía pendiente la variante del Camino de Santiago denominada Camino Primitivo, allá que fui.

El lunes lo dediqué a la logística, que tampoco fue mucha, la verdad. Pillar un billete de bus para el día siguiente, descargar unos tracks (tanto del Camino Primitivo como de rutillas por la zona, por si había tiempo), y preparar el material. No llevaba mucho porque iba en formato ligerito tipo bikepacking, con un pequeño saco (y una hamaca por si se terciaba), y el material justo justito. Por cierto, que a la bolsa bajo sillín Ortlieb de la que ya hablé le hice un apaño con una percha para que se mantenga un poco más rígida, y no funcionó mal.

Día 1

El martes, ALSA hasta Oviedo, y cuando llego allí y empiezo a montar la bici, la rueda trasera sin aire. Inflo, y a los dos minutos otra vez la llanta en el suelo. Y no parece pinchazo, porque además la cubierta es nueva. Mecagoen. Llevo cámara de repuesto, pero no es cuestión de gastarla antes de salir de la ciudad, así que busco tiendas de bicis para pillar una válvula tubeless, y otra cámara por si acaso. En una dicen que no tienen, en otra que no me pueden atender en el momento… y al final acabo en una llamada Ciclos Fran, donde amablemente me dicen que sí si espero un rato. Con todas las coñas, eran más de las 19 cuando vuelvo a la catedral para arrancar el camino.

A esas horas ya no daba tiempo de avanzar mucho, así que me propongo simplemente llegar a Grado, o un poquito más. Hay que callejear algo en dirección NO para salir de la urbe, no mucho, hasta que se llega a una zona de pistas de asfalto de aldeas, y luego se alternan caminos de tierra fáciles y carreterillas, en continuo sube y baja. Al llegar a la zona del Escamplero el perfil se va poniendo más plano junto al río Nalón, y se avanza mejor, cosa que agradezco porque había empezado a llover… y la rueda volvía a estar con poca presión. Conclusión: solo llevaba 26km (más 20 que rulé por Oviedo), pero mejor pillar un albergue, secar la ropa, que apenas llevaba, y pensar.

Ya en el albergue, meto la mano en la bolsa del asiento para coger unas cosas, ¡y me quemo! Vuelco todo rápido en el suelo, y me encuentro con varias cosas derretidas, y la multiherramienta ardiendo de calor. Llevaba varias pilas sueltas junto a la herramienta, debieron hacer contacto, y aquello estaba que hervía. Lo que faltaba.

Día 2

Cuando me levanto, la rueda casi sin aire, y con el bombín de mano no pilla presión, así que salgo chicleando como si fuese en una doble con un amortiguador barateiro. En la primera gasolinera que pillo, desmonto la cubierta con cuidado de no derramar el líquido, limpio y aprieto válvula, y le meto todos los PSI que permite el compresor. Me dolía la espalda de tanto que rebotaba en las raíces y piedras, y el agarre era mínimo, pero mejor eso que lo contrario. Hay algún repecho, pero se lleva bien hasta Salas, donde paro un rato a degustar unos Carajitos del profesor. Ahí empieza a picar ya un poquito más hacia arriba, pero sin grandes petadas se lleva bien. Lo malo es que hay tramos que están bastante embarrados y resbaladizos, y que voy empapado por la mezcla de niebla y bochorno. El terreno hasta Tineo es más fácil, aunque se va acumulando desnivel, pero la lentitud viene de que el cambio falla por la suciedad, y la niebla se cierra cada vez más. Llega un momento en el que no se ve prácticamente nada, y hay algunos tramos por carreterillas, de interior y con poco tráfico, pero no deja de ser un riesgo porque cualquier coche te puede llevar por delante, así que cuando llego a una aldea llamada Borres, decido volver a parar aunque no eran más que las 16. Solo 60km: vamos de carallo.

Este camino es bastante más solitario que el resto, por lo que no coinicidía apenas con nadie, y las pocas personas que me cruzaba eran caminantes (bicis casi ninguna). Pues justo los más cuñaos de los cuñaos fueron los que me tocaron de compañeros de albergue: algo inaudito y para olvidar.

Día 3

Madrugo para perder de vista cuanto antes a los petardos, y vuelvo a reencontrarme con mi amiga la niebla. Voy con la ropa todavía mojada, dudando entre qué hacer al llegar a la bifurcación que lleva a Berducedo o bien por Hospitales o bien por Pola de Allande: la primera es la versión montañera, la segunda la más cómoda. Varias personas y varios carteles me advierten de que por Hospitales en bici ni de coña, que puede ser peligroso, y que con niebla no deben ir ni los caminantes. Pero la alternativa de coger bastante asfalto me mola menos, por el tema de un posible atropello. Así que, como me llamaba más, y además tenía track y pilas de repuesto, tiro por Hospitales. Supuestamente el paisaje era espectacular, pero yo no veía más allá de la rueda delantera. Conste que tiene algunos trozos durillos, rotos, trialeros y empinados, y más al haber viento y frío, así que en un par tocó practicar el empuja-bike. La parte más alta es más llevadera, por singletracks entre hierba, así que salvo la zona central de la subida, no es para tanto (si tienes algo de experiencia en este entorno, claro). Corono el Puerto del Palo, a unos 1050m, y empiezo a bajar por unos senderillos muy chulos y medio trialeros, pero que con mi escaso nivel de carga se bajan bien si vas con algo de concentración y cuidado, cuando, de repente, en solo unos metros… ¡se esfuman las nubes, y aparece un paisaje flipante! Imposible no pararse en la zona de Montefurado a disfrutar un rato de las vistas del valle y del calorcete.

Paso Berducedo, La Mesa, y me encuentro lo mejor de todo el camino: una bajada hacia el embalse de Grandas de Salime que era preciosa, con trozos rápidos, trialerillas, zigzags. Daban ganas de volver a subir para repetirla. Pero mejor no, porque subir ya toca obligatoriamente hasta el pueblo, casi todo por carretera salvo el último tramito que va por un sendero sombrío y muy chulo. En Grandas parada larga para comer y para desmontar el cambio: tras la limpieza y engrase empezó a funcionar un poco, aunque seguía sin dejarme engranar todos los piñones.

Salir de Grandas es seguir subiendo, primero por carretera, y antes del puerto del Acebo ya por monte, principalmente por pistas anchas. Hay algún repecho durillo, pero desde que entras en Galicia hasta A Fonsagrada es bastante llevadero. Quedaba alguna hora de luz, pero volvía la niebla, que se ve que no es exclusiva de Asturias, así que hice noche allí mismo. Pese a las muchas paradas, por lo menos la bici iba algo mejor, y habían caído 72km y 2800mDa+, así que me permito una cena con menú peregrino que estaba de muerte.

Día 4

En el albergue me advierten sobre la Costa do Sapo, que está llegando a A Lastra. Como me lo dicen varias personas, y también lo leo en alguna web, voy precavido y salgo, todavía de noche y con una intensa niebla, en plan conservador: piñones altos y cadencia incluso en los llanos. Pasada Paradavella, por unos caminos muy chulos, encuentro una pendiente considerable. Aguanto unos metros, meto platillo, aguanto otros metros, y echo el pie a tierra (nunca mejor dicho). A la vista no parece para tanto, así que tomo aire unos segundos y vuelvo a pedalar. Medio minuto después, otra vez lo mismo. Flipo. Me pongo a caminar, y también me cuesta. Asú mimá ¿Será el peso? No llevo tanto en las bolsas. ¿Será el cansancio? Tampoco llevo tanto en las piernas. Pues no sé si era algún tipo de magnetismo extraño o alguna suerte de maldición globeril, pero sude incluso llevando la bici por la mano. Queda «pendiente» venir por aquí con otra máquina y en otras condiciones.

Comparado con el ritmo hasta allí, las siguientes horas por O Cádavo, Castroverde, y hasta Lugo, podemos decir que fueron rápidas. Por la ciudad de las murallas paso justo al mediodía, así que me regalo una pizza en la terraza del Fluvial, y nada más acabar sigo tirando. Fue un error, porque aunque el terreno al principio es muy fácil, Lorenzo apretaba lo suyo, no sobraba la sombra, y la sangre estaba toda intentando deshacer las anchoas (otra mala elección). Así que una hora después tuve que parar en un bosquecillo en San Román da Retorta para que no me diese una insolación. Cuando los rayos ya entraban más bajos, reanudé: un combiando de pistas de tierra y asalfto, y algún sendero, salpicados de algunos repechos y repechones, y te pones rápido en Melide. Ahí es donde el Primitivo engancha con el Francés, y además es una localidad ya algo grande, así que había bastante gente. Demasiada. Por eso paré para hacer una merienda-cena y unas llamadas, y seguí un rato más dejándome llevar hasta donde me apeteciese. Un pequeño río con unas casitas restauradas muy chulas me llamaron la atención, así que allí me planté. Era Ribadiso, por lo que el día se saldaba con 114km… y una deuda pendiente con la cuesta esa.

Día 5

De Melide a Santiago hay casi 50Km, y conocidos, así que fui con calma, en plan llegar a casa para comer. El camino está literalmente abarrotado, especialmente el primer tramo (hasta Arzúa), y el último (entre O Pedrouzo y el Monte do Gozo). Por tramos casi ni puedes pedalear, y en las bajadas no puedes soltar freno sin riesgo a rozar a alguien. Para los negocios y la promoción cultural será bueno, pero menuda romería. Así que en cuanto pude, aceleré, bajé cuanto antes al centro de la ciudad, foto de rigor en el Obradoiro, y me pillé el tren para llegar a Ponteveda a tiempo de comer con la family unas tapitas. Por cierto, la rueda trasera llegó con los más de 4 kilos que le había metido en Grado.

Conclusión: el Camino Primitivo mola. Es tirando a rompepiernas (sin subir muy alto, en 316km me salieron 8200mDa+), y tiene algunos tramos durillos para la bici, pero como es obvio dependerá de las condiciones. Se nota que está menos frecuentado, y de hecho se va casi siempre solo, y tienes que tener cuidado con la logística porque tiene menos servicios que otros más habituales; eso sí, en general estaba bien marcado. Yo lo disfruté a medias, en parte por las circunstancias y el modo light en el que iba, así que habrá que repetirlo con mejor tiempo y en grupo.

Bici-orientaciones por Galicia

Hay que aprovechar que todavía está en vigor la licencia FEDO 2017, así que últimamente estoy yendo a todas las pruebas de orientación que puedo. Y también de bici-orientación: liga nacional en Pontevedra (mapas de Ermelo y la Escusa), liga gallega en Guitiriz (dos pruebas) y en el Xalo (otras dos… aunque a la segunda, que tenía cuarentena, casi no llego por quedarme dormido). La verdad es que mola. ¡Quiero más!


Pontevedra 4 Picos Bike&Trail

Ver las carreras desde el otro lado, desde el punto de vista del organizador o el voluntario, es algo que debería hacer todo el mundo de vez en cuando. Es un ejercicio de trabajo mental y reconocimiento social muy recomendable. Y en estas últimas semanas (o meses, mejor dicho), yo lo he podido hacer por partida doble.

1ª parte: Pontevedra 4 Picos

Unos meses antes de las pasadas navidades, se pusieron en contacto conmigo unos amiguetes que estaban empezando a organizar una prueba en mountainbike con un concepto interesante: dar una vuelta alrededor de Pontevedra subiendo los cuatro montes que se aprecian desde la ciudad. Y lo llamaron como ya lo denominábamos los que andábamos con el tema de los raids hace unos años: el Pontevedra 4 Picos – Desafío Rías Baixas.

El caso es que  iban a ampliar el evento con un pequeño trail, y necesitaban alguien con experiencia que les asesorase o llevase «la parte técnica» (sigo sin entender bien esa fama de runner que tengo por aquí, porque yo sigo siendo más ciclista que corredor, al menos de corazón). Al principio iba a declinar «la invitación», en parte por falta de tiempo (soy un tipo ocupado, ¿vale?), y en parte también por algunas discrepancias con ellos respecto al concepto de prueba y a ciertos planteamientos organizativos. Pero al final me pudieron las ganas de contribuir a que hubiese un evento deportivo de monte de cierta envergadura en la ciudad.


El comienzo ya fue un quebradero de cabeza: diseñar los recorridos ajustándome a unos condicionantes (lugar de salida y llegada, distancia aproximada y dificultad,…); y también cumpliendo unos criterios de calidad autoimpuestos (minimizar el asfalto, incluir terreno diferente y chulo en la medida de lo posible, ser precavido con los cruces de carreteras,…). Parece una tontería, pero supone muchas horas de mapa, de monte (en época de lluvias), y de ordenador. De hecho, hubo un momento en que tenía tantas versiones y recortes de track en el GPS que ya ni sabía qué línea era la que tenía que seguir.En mi opinión los recorridos quedaron «bastante apañaos»: casi 17km y 350mDa+ el trail corto, sin apenas dificultad técnica alguna (sólo unas rocas en el sendero del río Lérez), y unos 32.5 con 1400mDa+ el largo, que ya incluía un par de petaditas subiendo y una bajadita rota y empinada, aunque nada del otro mundo. Abrimos algún camino, limpiamos alguna zona, y dejamos otras algo más a monte a propósito.

Parecía que no había más problemas… dejando a un lado la presión que se metía desde las redes sociales (que prisa tiene la peña, ni que se les fuera la vida en esto).Pero dos semanas antes llegó el estrés, y eso que no debería sentirlo pues yo no era responsable del evento. Que si unas excavadoras habían jodido dos de los tramos más chulos de la carrera (de pistas con hierba y grandes lajas, pasaron a cortafuegos de tierra suelta). Que si las ayudas para el marcaje no fueron lo eficientes que se esperaba; que si algún cabrón se dedicaba no sólo a quitar cintas sino a ponerlas por caminos que no eran, e incluso a voltear las flechas indicadoras; que si había que cambiar al corredor escoba; que si… Menos mal que algunos amiguetes traileros (SM, AA, y especialemnte AV), se enrollaron a echar un cable, y pudimos remarcar el recorrido el mismo domingo por la mañana, y tener un rato para acompañar a los corredores.


Finalmente, aun con el canguele de los días previos, todo discurrió bastante bien, e incluso el día ayudó. Y lo cierto es que los chicos de A Roda do Demo y de Global DxT, y sus colaboradores y voluntarios, lo tenían todo muy atado: voluntarios, emergencias, avituallamientos, servicios,… De hecho, he de decir que el que sean colegas no me impide ser objetivo: en algunas cosas no estoy para nada de acuerdo con su postura (inscripciones, filosofía, cronograma,…), pero en la parte  organizativa sólo puedo aplaudirles, pues no es fácil tener a más de 1500 personas desperdigadas en 120km de recorrido, y que todo esté coordinado.

Así que a mantener lo bueno, y a pulir los fallos, porque como los participantes quedaron contentos en general, y la organización y los colaboradores también (1 y 2), parece que es casi seguro que haya segunda edición en 2016.

Mirando los Ancares

«Lo que molaba era hacer el cordal entero, uniendo todos los picos… y del tirón volver en bici». Cuando cada vez que hablas de Ancares escuchas esto a un colega, tienes claro que en  breve irás para allá. Así, a principios de septiembre, AV, CV y yo, planificamos rápido la escapada, viajamos el viernes por motivos logísticos (llevar las bicis a un pueblo intermedio, preparar material, etc), y dormimos ya «a pie de vía» para probar la idea.

1.  Los cordaleros

Ya con luz, porque se nos pegaron las «sábanas», arrancamos desde Balouta hacia el E desperezando las piernas a ritmo de pateada. Al rato el camino se acaba y subimos a chuzo por una pedrera con trozos con hierbajos. Es mucha pendiente y todavía está mojado, así que no podemos evitar algún resbalón… y algún momento de gateo (menos mal que no nos vio nadie: bajaría nuestro caché). Al llegar al senderito superior nos desviamos un poco hacia el N y hacemos el primer pico del día: el Miravalles (1969). Desandamos nuestros pasos, o debiera decir zancadas, pues aquí ya empezamos con el verdadero correr, y pillamos ya la línea del cordal, que no abandonaríamos en varias horas, buscando cruzar la carretera en el alto del Puerto de Ancares (1669m).

Bordeamos la Hoya de Ancares y subimos al Cuiña (1987m). Unos buitres impresionantes nos sobrevuelan, pero ¿no es un poco temprano? Todavía no vamos tan justos. De hecho, coronamos sin forzar la maquinaria, bajamos unos 350m de desnivel flipando con los corzos, y volvemos a subir para llegar al Penalonga (¿1880m?). Esta zona ya tiene la típica vegetación baja de la zona que tan buena es para hacernos un buen peeling en las piernas, y los típicos caos de bloques tan buenos para dejarse un tobillo. Por ahora CV y AV están teniendo piedad de mi, pero la subida al Mustallar (1935m) se me atraganta un poco. Pongo ritmo marcheta a mi bola, y les dejo que me saquen ventaja; ¡si en realidad lo hago por ellos, para que cojan autoestima! Aunque el día aguanta, hay algo de niebla así que picamos algo rápido, y tiramos.

Dos obispos y un monaguillo.

A continuación vienen varios picos menores seguidos: Lagos, Corno Maldito, Charcos, Penedois. Algunos pasos son algo más técnicos y expuestos, e incluso en un mini-destrepe tengo que amainar porque se me engancha la mochila y no pillo postura, pero este tramo está muy chulo. Otra subida no tan larga y llegamos al Tres Obispos (1795m). Hacemos la foto de rigor y seguimos, siempre hacia el SO. Al pasar unas horas yo me encuentro algo mejor, pero la sucesión de bajadas y subidas, incluso sin ser grandes petadas, va cargando las patas: ganamos 100 o 200m de altitud para volver a perderlos, y después volver a subirlos, etc. Pero a lo tonto pasamos el Valongo, una subidita más, y el objetivo final: el Penarrubia (1822m), con su bonita pared O.

Ya vemos el pueblo de Tejeira, pero no sabemos muy bien cómo bajar: no hay caminos, ni una traza clara para hacer monte a través. Exploramos un poco, tiramos de mapa y gps, y al final optamos por la opción más… castrona: tu tira para abajo que ya aparecerá algo. Y al rato apareció: el nacimiento de un riachuelo y unos huecos suponemos que hechos por el ganado, por los que nos fuimos metiendo. Afortunadamente no llévabamos el esmoquin y los enganchones no nos importaron mucho. Al llegar a la pista ancha AV nos acelera un pelín camino de Tejeira, le seguimos porque allí están las bicis y la comida, no por otra cosa.

2. Bicicleta de suela

En el bar del pueblo hacemos una transición algo más larga de lo planeado. Una, porque en La Cantina de Teixeira se estaba a gusto y apetecía quedarse (muy recomendable el sitio: buen trato, comida rica, local agradable,…; nosotros volveremos). Y dos, porque al guardar las cosas de correr en la mochila aparece un problemilla: no me entran las zapatillas. Probamos de varias formas y ni de coña. Es lo que tiene tenerlo grande (el pie). Al final pedimos bridas y atamos una de los Brooks a la bici en donde menos moleste. ¡Hasta quedaba bonito!

Y reiniciamos la ruta. Abandonamos Tejeira por una pista ancha y polvorienta que al poco tira hacia el N. Cuesta ponerse a pedalear después de comer, con bastante calor, y en subida, pero subimos piñones y vamos entonándonos. Después varios kilómetros de repechos, llanos y bajadas rápidas, nos hacen cruzar Campo del Agua, aldea muy chula con pallozas restauradas, y rodar hasta Burbia.

No habíamos ganado apenas desnivel positivo, así que estaba claro que ahora vendría todo de golpe. Y vino. Ya desde el pueblo arranca un empinado zig-zag de gravilla que se hizo duro con 10h ya en las piernas. Aquí cada cual a su ritmo, es decir: CV silbando, AV esforzándose, y yo al final terqueando. No quería subir ni un metro desmontado, así que molinillo total y breve parada en el medio para reponer alimentos. La sudada fue brutal, y estaba poníendose el sol, así que nos abrigamos y bajamos rápido por pista buena hasta Pereda de Ancares.

Ya de noche nos metemos a la carretera para subir el Puerto de Ancares. Las luces casi todo el tiempo apagadas y mantenemos la misma tensión de pedaleo. No son rampas muy duras pero voy cansado, aunque como me gusta bastante más darle al pedal que a la zapatilla, lo llevo bien. Una tormenta empieza a asomar por el E, pero no preocupa, pues sólo queda regular un ratito y dejar que pasen los metros. Al coronar AV esprinta y nos saca 12cm, repetimos rápido la foto de la mañana en el cartel del puerto, damos potencia a la iluminación, y descendemos hasta Balouta con cuidado porque el asfalto está mojado y no queremos sustos de última hora.

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De vuelta en la furgo tras 14h (en ellas 11h de actividad para unos 81.5km y 4300mDa+; interesados en el track aquí), sin incidentes graves y habiéndolo pasado bien, las dos cosas prioritarias. Además para mí lo importante era hacerlo; los galgos ya irán otro día a rebajar tiempos. La verdad es que estos retos con los colegas molan: ni competis ni leches. Y lo mejor de todo: habrá más (¡a cabeza non para!).