Xalo: Podemos

Un día de estos había que volver al ruedo… ¿y qué mejor plaza que la Travesía do Xalo? ¿Acaso no #somosdemonte? Pues ahí vamos, a una carrereta recomendable, de 20km-y-pico con más de 1200m de desnivel, y un buen ambiente. Así que si PODEMOS, que va a ser que sí, el próximo domingo 26 de abril, en Castelo: CORREMOS, y después COMEMOS (lo que podamos de ambas cosas, claro).


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Fotografía (con CV todo elegante), tomada de la web de Castelo Deporte (consulta 15/3/15).

Reventado en UTGS

He tardado en actualizar no por falta de tiempo, sino por tomar unas semanitas de distanciamiento (y descanso) respecto de mi ultima carrerilla: la UT Guara Somontano (Huesca), de 102km y 6000mDa+, última prueba de la Spain Ultra Cup.

Y es que esta vez no cumplí con mis premisas habituales: usar la cabeza, pasarlo bien, y no hacerme daño. Corrí muy descentrado y con problemas de salud, y, aunque esperaba problemas, no me los esperaba así. Baste decir que llegué a Radiquero (PK97), horas más tarde de lo esperado… con las piernas bien, pero hecho una piltrafa. Y «me retiré»; sí, a sólo 5km de meta, y fáciles. Aunque esperando allí a que me llevaran en coche a Alquezar, me quedé dormido y cuando desperté esperé un rato, y gracias a los ánimos de la gente del punto de control, decidí hacer el tramo que faltaba, totalmente ajeno ya a la carrera, los tiempos, etc. Únicamente por orgullo.

Así que al final tengo la medallita, aparezco en las clasificaciones, y esas cosas, pero en mi interior (que para mí es lo único que cuenta), siento que mi carrera se estropeó en Rodellar… y se acabó en el tramo de Mesón de Sevil a Radiquero. Pero no pasa nada: mi principal, quiero decir mi única, virtud es que de todo aprendo.

Tendré que volver en otra ocasión para quitarme la espinita, porque lo cierto es que la prueba mola: buena organización en términos generales, un entorno natural precioso, salida desde un pueblo muy chulo (ideal para una «escapada romántica»), y un recorrido espectacular y variado (en mi opinión tres zonas diferenciadas: una de barrancos, otra más montañosa, y la última más pistera).


Foto del amigo Paco Torrinco, enlazadas aquí.

Retorno a Penedos

Como una especie de Bill Murray en «Atrapado en el tiempo«, así me sentí este año en el maratón de montaña de Penedos do Lobo. Y es que, aunque intenté que no fuera así, los acontecimientos se sucedieron como en los años pasados.

La sensación ya empezó el día anterior, porque aun saliendo de casa temprano,  perdimos el sábado entre recados y visitas, y amagos de senderismo (este año probamos la Ruta de Sobrado, pero la verdad es que no nos dejó buen sabor de boca). Así que, como es ya habitual, no llegamos a la estación de esquí de Manzaneda hasta casi el anochecer.

Y al amanecer, otra vez justos de tiempo en la salida, comenzamos a correr con amenaza de lluvia. Los del pelotón en los primeros 200m nos cubrimos de gloria al ir durante unos segundos por delante del gran FA… aunque fuese porque él llegó tarde a la salida. En fin. Primeras rampas, atasco, primeras bajadas, adelantamientos,…, y primer deja-vu: en el falso llano me pasa todo quisqui, intento apretar y no voy, y me duele la cabeza. ¿Por qué cojones siempre tengo como jaqueca cuando hago este tramo? Aún voy a pensar que es el algo telúrico. Mantengo un ritmo ultrero e intento disfrutar del paisaje, y a lo tonto llego al cruce de la carretera.

En esta zona todo el mundo piensa en lo mismo: el cortafuegos. Me uno a la procesión de caminantes e intento guardar fuerzas, pero parpadeo un par de veces y estoy ya arriba. La única sensación nueva y buena de esta edición. Psicológicamente eso me anima, y me encuentro mejor de patas, así que me pongo a tirar. Es lo bueno de volver a correr una prueba conocida: sabes mejor cómo regularte en el recorrido. Flipo con mi ritmo, estoy yendo bien. Pero al llegar a las antenas de Cabeza Grande: ¡el mismo tiempo de siempre! No puede ser.

Pero es. Se me calientan los cascos y me digo que tengo que mejorar mi tiempo, así que no paro en el avituallamiento (total, llevo mochila), y empiezo a apretar de verdad. Terreno fácil en bajadilla, y después bajada más rota… y resbaladiza: derrapo en una laja grande y voy al suelo. Me levanto y veo que no fue grave, pero noto que sangro por un costado. Echo la mano, y era un gel que se me había reventado en el bolsillo. Así que sigo sin problema, pero todo cochino (lo que también es bastante normal). La zona «plana» la hago toda corriendo, pero cuando llegan otra vez los kilómetros de subida se repite la jugada de siempre: es ver el pilón y penar. ¡Me cago en el día de la marmota! O en el de los lobos, porque la subida a sus penedos se me atragantó… y el cortafuegos tras el último avituallamiento me remató, como viene siendo habitual. Aún por encima se nos unieron un chaparrón y una ventolera simpáticos, por lo que la pista ancha final volvió a hacerse más dura de lo previsto.

Y sí, como el meteorólogo que se despierta siempre con la misma hora, marco un crono similarmente malo a los de otros años: 5:16:00 para 43km y unos 1800mDa+. Varios altibajos físicos y una sensación psicológica extraña (algo que ver con la asimilación del tiempo), pero lo pasé bien. Y además me venía bien como entreno para UTGS. Pero esa es otra historia.

24h BTT Compostela

Con un formato poco habitual en Galicia, se celebró la semana pasada la 2ª prueba del BTT Compostela: un maratón de mountain-bike de 6h, 12h o 24h, y en el que se podía participar de forma individual, en equipos de 2, o en equipos de 4 (vamos, al estilo del conocido 24doce). Tenía dudas de si ir o no, porque estoy flojo de entreno, y porque lo de dar varias vueltas a un circuito no me gusta nada. Pero unos días antes decidí anotarme: 24h solo… lo más razonable.

El sábado por la mañana nada más llegar monté «el box». En mi caso, que iba sin compañía ni carpa, se limitó a desparramar material, herramientas y comida por el maletero del coche. Y a las 12:00, muy puntuales, dieron la salida simultánea a las tres modalidades.

Las primeras vueltas fueron lentas: todo el mundo iba guardando fuerzas y reconociendo el recorrido , que por cierto no estaba mal del todo, o al menos mejor de lo que yo esperaba. La salida/meta y zona de boxes estaban situadas en el complejo vacacional del Monte do Gozo. El primer kilómetro era en leve subida, saliendo del recinto y dirigiéndonos al sur. Tras una trialera muy chula (que cambiaron al acercarse la noche porque era algo peligrosa), entrábamos en una zona rápida de monte, de bajada y llaneo con un par de repechos. Unos metros de asfalto hasta el punto más bajo del circuito, en el PK4, y giro de 180º hacia el norte pillando una pista muy facilona en falso llano. Al acabarla llegaba la subida más dura, sólo 800m, pero con bastante pendiente, y que después continuaba subiendo otros 2km por una pista algo rota. Un par de tramos de bajada y subida, un par de trozos de asfalto, y volvía la subida «suave» entrando de nuevo al Monte do Gozo por el Camino Francés (junto al monumento conmemorativo del alto nos desviábamos a la izquierda para volver al recinto cerrado). Se supone que eran 13km y 330m de positivo por vuelta, pero a mi siempre me salían menos.

Las primeras horas éramos bastantes en pista. No hacía falta mirar el color del dorsal para saber en qué categoría iba cada uno, el ritmo ya lo dejaba claro: los que adelantaban como fuegos iban al 6h, los que nos arrastrábamos al 24 (con los otros te entraban dudas). Yo me mando el primer sting de 4 vueltas, casi sin parar los siguientes de 3, y a medida que se acercaba la noche vi que lo mejor era darlas petit-suise style, es decir, de 2 en 2.

Cuando anocheció hice una parada larga (se me fue a casi 1h), para poner luces, descansar y comer bien, cambiar la postura un rato, y repasar la mecánica. Durante la madrugada fuimos quedando pocos en pista, sobre todo al dar la medianoche y finalizar la modalidad de 12h. Ya con los focos y luces en la bici, y con otra cosa en mi trasero que también iluminaba, rodé completa toda la noche, pero notando que me estaba viniendo abajo; lo decía tanto el crono como las sensaciones. Calculé mal los ritmos, y la comida, y el avituallamiento de la organización no era ninguna maravilla, pero mis amables vecinos de box, unos simpáticos bikers de la Serra de Outes, me salvaron invitándome a pasta con marisquitos, galletas,… Gracias.

Aún así, cuando amaneció yo estaba fundido: de espalda y cervicales, de fuerzas en las patas, de dolor de culo, e incluso rallado de coco. Me agobiaba que desde la tarde del sábado parecía un piloto de MotoGP: no por ir rápido, noooo, sino porque a partir de la 5ª vuelta repetía la misma trazada, los mismos cambios de piñón, los mismos gestos, vuelta tras vuelta, y ya estaba aburrido. Además entre las 8 y las 10 de la mañana del domingo perdí un par de puestos (uno ya esperado, al adelantarme el compañero JF experto en estas lides, que había pasado un mal momento de noche), y al saber que ni pillaba podium, ni iba a perder puestos porque no me iban a recuperar vueltas, cuando faltaban 15min para cumplirse las 24h, decido parar. Aunque podía, no tenía ganas de dar otra más.

Con todas las coñas pedaleé unas 21h30min para dar 25 vueltas, resultando entre 300 y 310km, y unos 8000-y-pico mDa+, y lo mismo negativo, que cuando llevas mucho rato también cansa (de hecho al final también me molestaban los brazos y manos en las bajadas rotas). Y aunque no iba disfrutando, tampoco lo pasé mal del todo porque me «evadí» pensando en mis tonterías habituales. No me motivan en exceso estas pruebas sin un paisaje o un significado, pero alguna de vez en cuando también tiene su interés; además sirvió como un pequeño test para saber si ir a la PBR o no.


Fotos de Javier Segade y Anabel García compartidas en el FB de la prueba.

Al Xalo, más que una travesía

Me encanta que las pruebas tengan un trasfondo que las convierta en algo más que simples carreras: sea un significado, una conmemoración, un entorno, un carácter,… Y me gusta que el paso de los deportistas por la zona no se limite a un simple correr: que dejen algo allí y a la vez se lleven algo de ese entorno que visitan, y no me refiero exclusivamente a asuntos materiales. De hecho, si es posible, también procuro que esta actitud esté presente cuando hago aventurillas no-competitivas.

Valores de este tipo, que están claramente presentes en pruebas como la VCUF o el UTMB (tuve la suerte de comprobarlo el 2013), los entreví la pasada semana en la Travesía do Xalo, un trail corto pero intenso, que va por su 5ª edición y cuya organización se supera año a año. Y creo que se está convirtiendo en algo más que una carrera por varios aspectos.

Uno de ellos, que es una prueba marcadamente comunitaria (sí, asiduo espectador del Telediario, esta palabra sirve para cosas que no tengan que ver con la UE). Porque parte de la inscripción va para asociaciones de la zona que trabajan en el terreno social, por cierto alguna relacionada con mi ámbito laboral (claro, así me tocan el corazoncito). Porque después de las pruebas (trail, andaina, e infantiles), la gente no se va a casa y la entrega de premios está desierta, nooo… aquí hay una gran vida social posterior: la música, el churrasco y las larpeiradas, son sólo excusas para estar un rato de charla y mantenernos a todos allí hasta media tarde. También porque se nota que detrás hay mucha gente trabajando en equipo y tratándonos de maravilla.

Otro sería que se respira buen humor, y no me refiero a esas pruebas que con el cuento del «buenrollismo» y el colegueo descuidan las labores organizativas. De hecho aquí no tienen mucho margen de mejora al estar todo bastante correcto (como mucho pueden ampliar los servicios al corredor/acompañantes, o las actividades paralelas); los únicos peros que se les puede poner a la gente de Castelo Deporte tienen fácil solución: sólo hay que poner alguna cinta atravesando las pistas que se abandonan hacia caminos perpendiculares, y regalarle un GPS al que puso los paneles con los PK. Con lo del buen feeling me refiero a detalles como la salida fogheteiro style, la banda de músicos en el Petón, el ambiente post-carrera, el #aquícomemosasí (que puteaba un poco a los del C42), etc.

Y obviamente por lo deportivo. Porque sin contar con un monte superespectacular, saben exprimirlo para conseguir una prueba bonita y rompepiernas de caral$&. El recorrido fue casi igual al del año pasado, sin asfalto, con mucha pista y sendero, y con alguna zona trialerilla pero no muy técnica. Una explicación exhaustiva y pormenorizada del trazado es esta: se sale de la aldea de Castelo, se sube, se baja, se vuelve a subir, se vuelve a bajar, se asciende, se desciende,… se hace un llaneo por la parte alta del Xalo, se baja, se sube, se empina para arriba y se empina para abajo, y antes de bajar otra vez hacia Castelo hay que hacer una subidita final. No daré más detalles por no excederme.

Yo no estoy muy bien de forma, así que salí conservador: a acabar y pasarlo bien. En las subidas con calmita y en las bajadas adelantando. Poco a poco me fui animando, por momentos demasiado… lo que supuso una caída tipo-cuchillo (sin consecuencias), y llegué a la zona alta cogiendo gente. Quise hacerle honores al Petón, y allí peté ligeramente, pero sabía que quedaba poco, así que un gel y empecé a vaciarme… o lo que es lo mismo, a hacer hueco para el churrasco. En meta eché en falta tener más desnivel en las patas, así que me doy con un canto en los dientes de acabar en 2:39:00 los casi 21km y 1400mDa+, y habiendo disfrutado.

Vamos, que lo pasé bien el finde en Culleredo, y que es un ambiente y una carrera muy recomendable. De hecho, el último fin de semana de abril debería ser una fecha ya reservada en el calendario de los «trailchurrasquers» gallegos.


Fotos de Leonor y Carballeira compartidas a través del foro CeG y de la web de Castelo Deporte.