Escapada al CdSantiago-francés

Estas semanas he tenido abandonado mi Sportgumby (¡no volverá a pasar!), porque estuve un poco liado, y además tampoco tenía mucho que contar, ya que apenas hice nada. Primero, porque tras Aquilianos el cuerpo me pedía un poco de descanso, y se lo di; y segundo, porque cuando volví a la actividad tuve un percance con la mountainbike que me obligó a reposar unos días (tenía la rodilla algo perjudicada).

El caso es que hacia final de mes a mi RL le aparecieron unos días libres, y hemos decidido invertirlos en recorrer en bici un trozo del Camino de Santiago francés.

Barajamos otras posibilidades, pero al final empezamos en la zona de Ponferrada, porque nos es fácil llegar hasta allí (hay tren «directo», barato, y que lleva las bicis sin problemas), porque la distancia se acomoda a los días disponibles (unos 220km en 4/5 días para alguien que hace mucho que no monta en bici está bastante bien), y porque así cumplimos el mínimo para obtener la Compostela.

Así, tras un par de días preparando la logística (alforjas, material, y sobre todo bicis, pues no queremos llevar las buenas, que últimamente hay bastante mangante por el Camino), empezamos con la rutilla.

Amigos canes

Ayer salí a montar un rato en la btt. Tras 3km por carretera, enlace necesario para llegar a zonas «más rurales», cojo una pista de asfalto desde la que ya tengo varios caminos de tierra que me dejan en pleno monte. Pero, a los pocos metros… ¡peligro!

Tres perros, dos iguales grandecitos y otro chiquitín, se me vienen encima en actitud agresiva. El enano no me da miedo, pero los otros dos tienen unos buenos colmillacos. Me paro en seco, intento safarme y, tras muchos ladridos, aparecen dos chiquillas, los llaman sin mucho interés y sin pedir disculpas, y aprovecho los metros que me dan de margen para dar la vuelta y volver por donde he venido, cagándome en los perros y en sus dueñas.

Varío un poco la ruta, y empiezo a subir hacia el polígono industrial del Campiño, camino de la Fracha, y al llegar allí, otro perro. En esta ocasión uno de los que cuida las ovejas que pastan en los solares del polígono en los que todavía no hay empresas. Éste me amenazó, y me dio la lata, pero no me persiguió (supongo que no se quería separar del rebaño), pero 200m más adelante me salió uno de sus compañeros de trabajo, más grandote y brusco, que me echó la boca a la pierna.

Volví hacia la carretera, huyendo como un cobarde, y al poco, me metí ya en monte de verdad. Conseguí andar un rato sin sobresaltos, aunque iba medio amargado: cualquier ruído me hacía mirar hacia atrás, veía perros asesinos agazapados detrás de cualquier eucalipto,… Pero no, todo estaba tranquilo.

Hasta que, de repente, subiendo hacia Cristo Rey, un perro negro sale de una especie de taller de coches. Acelera, se pone a mi lado, ladra, gruñe, me hace amagos. Le pego unos chillidos y levanto la mano, pero el cabrón aún se mosquea más y se pone más agresivo, así que vuelvo a ser yo quien mete el rabo entre las piernas, y opto por la opción bajar dos piñones y salir de allí pitando.

Al final, después de 4 encontronazos caninos en menos de 2 horas de pedaleo, decido volver para casa medio mosqueado. ¿Para qué seguir andando hoy, para encontrarme con Kazán?

Entiendo que no debemos hacerles nada, pues los animales no tienen la culpa; siguen sus instintos y defienden lo que creen que tienen que defender. Pero a los que sí había que meter dos palos es a algunos/as dueños/as que son bastante más animales y maleducados que sus propias mascostas: ¿no se dan cuenta de lo incómodo que es llevar un perro persiguiéndote o intentando morderte?, ¿son conscientes del riesgo que supone un golpe entre un ciclista/corredor y un perro, en el que ambos se pueden hacer mucho daño? ¿Y de las posibles consecuencias legales? Y dejo para otro día el tema «sólo quiere jugar» y el de las cagadas (en las aceras o en donde sea).

En fin, como sé que con muchos propietarios no hay nada que hacer (no todos, afortunadamente), me decanto por enviar un mensaje a todos los perros que, me consta, son asiduos lectores de este blog. Estimados canes, chuchos, cadelos/as, y demás familia: comprendo que sois territoriales, que véis una amenaza en ese objeto que se mueve rápido, que este mundo es tan vuestro como nuestro, que hay mucho gilipollas en bici que tampoco se comporta, etc., pero la mayor parte de nosotros, humanos subidos en unos hierros con ruedas, no pretendemos haceros mal ninguno; simplemente nos desplazamos pedaleando para hacer algo que compartimos con vosotros, disfrutar de la naturaleza. Así que, por favor, paseemos en paz, viviendo y dejando vivir.

PD. Hace poco fui a correr con un chico y su perra que hacen canicross y quedé encantado de lo amestrada que la tenía. Me encantó la experiencia, y me pareció un ejemplo de convivencia.

Reyes en la Paralaia

Hace un par de semanas hicimos una salidita en btt por el monte de la Paralaia, en la zona de Cangas y Moaña, y nos gustaron un montón los senderos y descensos de por allí. Hay un montón de pistas y senderos, variados y tremendamente bonitos, algunos de ellos muy currados por los locales (pasarelas, saltos, peraltes,… hasta un mini-tunel). Tanto nos moló, que unos cuantos quedamos en aprovechar allí el día de reyes.

Como díría aquel, «fuir fuimos», pero no nos salió el día como esperábamos. Éramos pocos, hubo malestares físicos (hubo quien vino con el estómago revuelto y casi deja allí el marisco que cenó), y psicológicos, e incluso algunas limitaciones mecánicas.

En consecuencia no forzamos. Nos limitamos a dar una vuelta por allí (no llegó ni a 16km): subir hasta las cruces de ¿Maceira? y del Ermelo, contemplar las vistas, hacer unos tramitos de descenso, y volver pronto a casa que todos teníamos comidas familiares.

Paralaia: espera, que otro día volvemos (y a lo mejor los Reyes Magos ¡nos han traido unas bicis de freeride!).


Probando el spinning

Ayer hacía algo de frío, y yo andaba destemplado, e incluso un poco desmotivado. Como casi siempre, tenía ganas de hacer deporte, pero no quería andar por ahí ni arriesgarme al resfriado, así que me propuse ir al gimnasio de Campolongo, que una vez al año no hace daño.

La idea era un poco de cinta de correr y un poco de gimnasia, para matar el gusanillo, y volver pa’casa. Pero al llegar veo que hay unas clases de spinning de acceso libre a socios. Y claro, allá fui.

Me cambio, bajo, y voy a la sala. Pongo la toalla sobre una de las bicis del fondo, para «reservarla», y hago tiempo para que empiece la clase. Al poco comienza a llegar gente con zapatillas de automáticos, culottes, maillottes, y otros complementos. Se conocen entre ellos. Vamos, que voy a ser el raro. Cuando aparece la monitora me acerco, ajusto la bici, me subo, y comienza la sesión:

  • Primeros segundos y ya me doy cuenta de un error. Me puse en una esquina por ser el novato, y resulta que estoy justo debajo de un altavoz. Y la monitora no se corta, tiene alma de Dj y le da cañita a la música; de hecho me cuesta escuchar sus instrucciones, y eso que la tía grita. Bueno, yo imito al resto, y listo.
  • A los dos minutos de pedalear suave, todo el mundo se pone a hacer contorsionismo sobre la bici… resultó que eran estiramientos y ejercicios, pero algunos parecían un poco raros.
  • Luego, un rato de cambios de ritmo. La tía da las órdenes, y la peña las cumple, ¿no? Pues no sé, porque había gente que no tocaba el mando de la resistencia, o le daban más o menos (por no hablar de cómo estará cada bici). Lo que sí sé es que yo sudaba como un cerdo y tenía el pulso alto, mientras el vejete de la izquierda y la chavalilla de la derecha iban silbando al ritmo de la música.
  • Para acabar un combiando: un poquito de pié, un poquito sentado, unas planchas sobre el manillar, otros cambios de cadencia,…

Al final, ya en silencio (¡gracias, señor!), unos minutos de estiramientos guiados, empleando la bici como elemento de apoyo. Me dieron ganas de ir a decirle a la tía que cómo va a estirar uno en un hueco de 50cm que hay entre bici y bici, pero lo dejé estar.

En fin, nunca lo había probado porque no me llamaba, pero aun sin apasionarme, he de reconocer que tampoco estuvo mal. Se pasa rápido el tiempo (no como los días de rodillo en casa). Puede que algún día repita, pero sólo ocasionalmente, porque lo suyo es la bici al aire libre. En carretera, parque o monte, pero fuera.

Vamos pa’l Tour 2011

Un año más, y van muchos, al llegar julio, tiramos pa’l Tour de France; pero no sé si esto se repetirá, porque cada vez me gusta menos ir.

En esta ocasión, las etapas que podíamos ver conjugando las fechas de vacaciones de los que íbamos (GL, TG, y yo), eran la de Saint-Gaudens a Plateau de Beille y la de Limoux a Montpellier. Ya de por sí sabía a poco, pero aún por encima las cosas no salieron como planeábamos.

El día del puerto calentamos por la carretera general, pero al ir a subir… sorpresa. ¡La Gendarmerie no dejaba pasar bicis desde Les Cabannes! Además con no muy buenas formas: acceso cortado, y punto. Al final, las protestas de los numerosos ciclistas que iban llegando a la zona vallada, les «obligaron», para no causar males mayores, a dejar pasar a la peña… desmontada, a sabiendas de que en la primera curva nos subiríamos de nuevo en la bici.

En zona alta, más de lo mismo. A 4km de meta, en el descansillo, otra vez a desmontar, y a hacer la trampa de dar cinco pasos y volver a montar. Pero es que después había un Gendarmerie cada 50 o 100m tocando las pelotas, así que llegó un momento que nos aburrimos de jugar al gato y al ratón, y decidimos caminar hasta el último kilómetro (que sí suele tener un trozo cortado, y nunca pasa nada).

La verdad es que no entiendo como la organización del Tour puede mostrar esa actitud. No soy un macarra, sé que hay cafres sueltos, y respeto que haya unas normas de seguridad y unas limitaciones de acceso,… Pero poner a los Gendarmeries a pelear con los aficionados respetuosos, o a amenazar con candarte la bici cuando circulas correctamente y a una hora prudente, no es normal.

Es mucha la gente que se desplaza cientos o miles de kilómetros para ver la etapa a pie de carretera, animar a los corredores, gastar el dinero en las localidades que acogen la prueba, y hacer que el Tour sea algo grande (bien que presumen de su afluencia de público). Y supongo que no querrán perder el apoyo de los aficionados.

Eso sí, lo poco que pudimos pedalear hacia Plateau de Beille estuvo bien. El puerto es duro, con unos buenos rampones (metí el 34×27 un buen rato). Además, hacía buen día, y había mucho ambiente y animación. Y, por cierto, la etapa la ganó Vanendert, seguido de Samu Sánchez.

Al día siguiente fuimos a Limoux a ver la salida de la siguiente etapa, y a curiosear un poco por los autobuses y la zona VIP. Pero tampoco moló mucho, así que, ya quemados, decidimos olvidarnos del Tour, y hacer algo de provecho: fuimos a la cercana Carcassonne a visitar la villa cátara medieval. La verdad es que si no llega a ser por las visitas deportivas y turísticas, no tourísticas, que hicimos el resto de días (Andorra, Benasque, Gijón,…), todos esos días de viaje habrían sido una pérdida de tiempo.