Crónica del UTMB 2013

Cap. 1: El corralito

El centro de Chamonix estaba de bote en bote el viernes al mediodía. Voy hacia el corralito acompañado de los colegas y de MM, otro corredor amiguete. Tenemos que ponernos detrás de todo, junto a las escaleras de la iglesia, y esperar unos 20min. El ambiente es alucinante: el público se cuenta por miles, se ven escenas emotivas de corredores despidiéndose de sus familiares, y la organización anima el cotarro como si fuese una fiesta; será porque lo es.

MM, JN, el menda, y TG

Estirando, y metido en mis pensamientos, espero a que suene “1492, la conquista del paraiso” para dar la salida. ¿Cuántas veces he pensado en este momento? Miles, pero ahora me siento algo triste. Estoy muy motivado, pero la pierna no va bien, y no llego bien de entreno, así que no puedo evitar algún pensamiento extraño… y que se me escapen un par de lagrimones al más puro estilo Bustamante. Pero estar allí ya era la hostia, así que me mentalicé, me propuse disfrutar, ir tranquilo, y pensar sólo en el siguiente punto de control.

Y en eso estaba cuando cambiaron Daft Punk por Vangelis y empezó la cuenta atrás, momento increible para todos/as. Tras la salida aún tardamos varios minutos en pasar bajo el arco de meta, y los siguientes 500m tuvimos que caminar de tanta gente que había, pero después conseguí pillar un hueco, centrarme y activar el modo “trote disfrutón” para calentar.

Cap. 2: Bonita M-30

Los primeros 20km parecían una circunvalación madrileña en hora punta, ¡menudo atasco! Hasta Les Houches fue casi plano, luego subir a la estación de esquí de Délevret, y después bajar a Saint Gervais. El ritmo era lento, o el que marcara el grupo (salvo que adelantases por fuera de la pistas). Cuando empinaba había gente que elevaba el pulso, pero yo aflojaba y dejaba que pasasen, con personalidad. En el primer avituallamiento grande perdí a MM y, pensando que iba por delante, tiré contando que el me esperaría, pero no volví a verlo en toda la carrera (después me enteré de que terminó sin grandes problemas: ¡enhorabuena!).

Anocheció camino a Les Contamines, pero yo iba disfrutando y no saqué la linterna. No sé por qué, pero me apetecía ir medio a oscuras, y total pegándote a otros corredores ibas más o menos bien aprovechándote de su haz de luz. En la asistencia, comida, abrigo, y frontal (ahora sí). TG y JN, mis asistentes me preguntan por la pierna y me dicen que me ven bien.

Cap. 3: A Santa Compaña

En el km 35, Notre Dame de la Gorge, es cuando empieza lo bueno. Es ya noche cerrada pero sigue habiendo multitud de gente animando (alucinante: disfrazados, tocando música, con cencerros… como los que llevamos nosotros en el cerebro). Los niños te piden que les choques la mano, y yo voy de lado a lado buscándolos. Ésta y otras pequeñeces me hacen sentir bien.

Con una sensación de molestia en el muslo derecho, empiezo las subidas serias. La subida a La Balme y a la Croix de Bonhome deberían atragantárseme, sin embargo hasta me encuentro mejor, y lo llevo de maravilla. Saco fotos, estoy de cachondeo con los voluntarios (chapeu por ellos, por cierto), y disfruto del ambiente.

La bajada posterior la hice con cuidado tras ver como caían varios corredores que llevaba delante, y pensando también en no cascar cuádriceps y rodillas (precaución que tuve en todo el recorrido). Llegamos a Les Chapieux, nos hacen un control sorpresa de material obligatorio, y yo además tengo que parar un buen rato para “arreglar” un problema en la mochila, pues se me escurren los portabidones delanteros.

Desde allí subida a Ville des Glaciers y a un punto mítico: el Col de la Seigne, puerta de entrada a Italia. Me hace ilusión llegar allí y pongo un ritmillo de caminata-marcheta… y empiezo a adelantar gente ya desde el zig-zag inicial. De vez en cuando echo la vista atrás y flipo con la imagen: miles de luces en fila india a través del monte, cual Santa Compaña trailrunner… ¡soy gallego, me siento como en casa!

Voy tan a gusto que al coronar me dan ganas de echar a correr hacia abajo, pero me freno y sigo guardando; los ultras son carreras de refranero según mi punto de vista. El cielo está precioso, sin una nube, todo estrellas. Al poco llegamos al CP de Lac Combal, degustamos la rica sopa del avituallamiento, y seguimos por un trozo llano que nos deja al pie del Aréte du Mont Favre. Entre mirar dónde pisas y disfrutar de las vistas porque amanece, la subida se hace entrenida.

Al llegar la luz natural y el calorcillo, y con 1300m de descenso seguidos, uno se anima un poco… o no, porque la bajada hasta Col Chécrouit se llevó bien, pero el trozo hasta Courmayeur hubo que ir con más cuidadín. ¿He dicho Courmayeur? Lo cierto es que hace unas horas dudaba de llegar a esta población italiana, pero ahora estoy aquí, y pasándolo verdaderamente bien en lo que llevaba de prueba. Mejor así. En la asistencia paro mucho rato: lavo los pies, cambio calzado, engullo más que como,… Llevamos 77km y 4300mDa+, y todavía dura la moneda, así que seguimos al tajo.

Cap. 4: Hombres silenciosos


La carrera está ahora tan estirada que vas mayormente solo. Aunque ya se apreciaba de noche, cuando es más normal la quietud, ahora de día es palpable: nadie habla. La gente que adelantas o que te adelanta, los pequeños grupos que se forman,… nadie dice nada, sólo se escuchan pisadas y el golpetear de los bastones. Es que como si se estuviesen guardando hasta esas energías, o como si fuesen absortos en sus luchas mentales interiores. O ambas cosas. Yo, también en silencio, sigo a lo mío, contento y concentrado: subo a ritmo tranquilo al Refugio Bertone, flipo con las vistas en el tramo hasta el Refugio Bonatti (teniendo a la vista las Grandes Jorasses; esta cara del macizo es mucho más salvaje). Luego hago con paciencia la revirada bajada hacia Arnuva donde decido avituallar con calma.

Y llega otro de los pasos míticos: el Gran Col Ferret (que además es un hito psicológico: entrar en Suiza y superar el PK100). Me advierten de que es lo peor del recorrido, aunque yo creo que lo peor es siempre el final, como después comprobé. El sol pega de lo lindo, y la subida es puñetera, incluso veo gente tirada a ambos lados del camino. Aquí sí que tengo que esforzarme y es la primera vez que me siento “cansado”. Tanto, que la bajada hacia la Peule y la Fouly no las hago especialmente rápido, aunque sí acelero un poco después hacia Praz de Fort.

Pongo ganas al subir a Champex-Lac, porque me espera la asistencia. Estoy un rato con ellos, que también se lo están currando, miro los mensajes de ánimo que me llegan al móvil (especialmente de mi gran amigo GL), y prosigo camino al lado del bonito lago. Un poco de asfalto y volvemos al monte en una bajada suave que no dura mucho y en seguida sube a chuzo hacia el CP de Bovine. Muscularmente y de articulaciones me encuentro bien, pero los pies me duelen y debo tener ampollas. Pongo un rato la música porque noto que me estoy descentrando y no quiero rallarme, pero lo cierto es que en este tramo me despisté un poco y en consecuencia descuidé la hidratación y nutrición.

Cap. 5: El Neng de Castefa

Vuelve a anochecer, y la bajada hacia Trient se me hizo larga y agónica. Cuando llegué al control ya no estaba tan alegre (es una pasada como se nota la salida y la puesta de sol en los ánimos cuando vas justo). JN me miraba como sintiendo pena, y TG no me debió ver buena cara porque me insistió en que comiera mucho; de la pierna ya ni hablábamos. Sé que ahí hubo dudas, pero yo entre la motivación de estar con ellos, y el ver que iba superando CP, volví a centrarme. Ración doble de sopa, de bocata de salchichón y queso, y de galletas de chocolate,… y tira millas que sino me quedo y les vacío la despensa.

Nada más salir de la carpa miro el perfil: subida a Catogne, 5km y 700m más arriba. Echo la mano al bolsillo de la comida y me tomo un Stimulred, empiezo a subir, y al rato le mando un gel con cafeina, y claro… me pongo espídico. Fuerzas no sé si tenía, pero con el subidón hice un “subidón del copón”. Y al llegar arriba para abajo como una moto, a ritmo, y eso que tenía tramos muy rotos. Iba que si apago el frontal veo igual y todo.

Llegué al último punto de asistencia, Vallorcine, antes de lo que ellos esperaban. Se me habían pasado los “efectos psicotrópicos”, pero ahora tenía otros más fuertes y endógenos: iba enchufado ya con acabar. En el avituallamiento ni me senté: entré, tome un refresco hablé con TG y salí. Iba a terminar aunque fuera a gatas.

La primera subida hasta Col des Montents casi ni se nota a esas alturas de carrera; ahora bien, lo de la Tête aux Vents, en la zona de las Aigulles Rouges, no tiene nombre. El desnivel “sólo” son 600m, pero sin camino, rotos, con escalones y trepadas; vamos, un infierno en el km 153. Adelanté a unos cuantos porque iban penando mucho… y yo iba penando poco.

Parecía que ya estaba hecho, pero el trocito hasta La Flégère también tenía tela. Sólo eran 3km, y para abajo básicamente, y me llevaron 45min porque eran técnicos, porque de noche y cansado hay que tener cuidado, y porque no quería torcerme un tobillo y cagarla al final. Los pies ardían, pero pasaba de ellos.

Cap. 6: Paz

En el último CP había corredores tirados “durmiendo”, y eso que sólo quedaba bajar a Chamonix. Nos dijeron que tardaríamos 1h30min… y yo quería que fuesen de disfrute, de pensar y saborear lo hecho. Al principio no pudo ser porque el descenso se complicaba y había que ir concentrado en no caer, pero después el terreno se ponía facilón, yo tenía fuerzas, y estaba contento. Así que ahí iba un español (seguido de un japonés), con rostro ojeroso y sonriente, corriendo a zancada suelta como si estuviese en un 10000.

Al llegar al pueblo tuvimos que callejear un poco y llegamos al río L’Arve. Faltaba la zona conocida: los pabellones, el puente junto al hotel Alpina, la calle principal, y la plaza de la iglesia. Saqué la cámara de fotos y me grabé haciendo la recta final. Había gente animando pese a ser las 5:00, les doy las gracias. Iba rápido, no sé por qué, pero al ver el arco de meta me freno, quiero gozar esa recta, quería que aquello durease un buen rato, y en unos pasos…¡¡ FINISHER!!

Piso la alfombra Vibram, me descojono, voy junto a TG y JN (mil gracias a ellos), y cierro los ojos para recordar las últimas horas… y otras muchas cosas. En estos meses suponía que si lograba entrar en meta me iba a dar un arrebato de emoción y lloros de alegría, y no fue así; sentía más bien tranquilidad, paz interior, satisfacción, una especie de profundo bienestar (aunque parezca mentira con el tute que llevaba encima).

En fin, objetivo más que cumplido: chaleco de finisher, 167.8km, 9800mDa+, 36:34:53, y con “buenas sensaciones” (la pierna aguantó, llegué bastante entero salvo los pies, no tuve crisis, y el coco funcionó muy pero que muy bien). Ha sido una aventura interesante y ha salido bien, así que gracias a todo el mundo que estuvo apoyándola.


A un día de UTMB

Ni el UTMB ni ninguna otra carrera me va a cambiar la vida, eso está claro, pero aún así estos son días especiales, pues ésta es la prueba más dura de las que me he enfrentado hasta el momento, y su preparación y desarrollo influyen/influirán en la forma de emplear el coco… si es que llego a emplearlo, claro.

A sólo un día de esta fecha señalada son muchas las cosas que se pasan por la cabeza: recuerdos de buenos entrenos y también de días malos o vagos; añoranzas de personas que no pueden estar aquí en Chamonix; sentimientos de culpabilidad por no haber hecho lo que debía, y de alegría por ver los ánimos y apoyos de mi círculo; dudas sobre el material a llevar o la estrategia de carrera; tonterías que las neuronas se empeñan en idear para entretenerse; etc.


Pero disimuladamente hasta hace una semana, y de forma patente en estos últimos días, lo que tengo ahora en la cabeza no es caspa sino preocupación. Y es que la pierna derecha no se recupera, y a veces duele bastante, y 168km y casi 10000m de Da+ es mucha tela que cortar, y no estoy bien. Hoy hasta daba un poco el cante por el Salón del UltraTrail, ya que los que apoyaban raro eran los que venían fundidos de acabar la TDS, pero yo cojeaba ya antes de empezar mi carrera. Mal rollo… y menudo petardo, pensarían al ver la pulserita roja que te identifica como corredor del UTMB (o te marca como el ganado).
Así que, ¿qué hacer? Pues con lo que le cuesta a un chaiñas como yo llegar hasta aquí (en esfuerzo, dinero, tiempo,… suerte), obviamente tomar la salida, pero consciente de que si la pata va mal ya será complicado incluso llegar a Courmayeur. Por tanto la intención es empezar tranquilo, salir a disfrutar de un entorno y un evento únicos, y cuando toque sufrir aguantar lo que se pueda procurando no romperse.

Por lo pronto, hoy tuvimos que hacer cola para retirar el dorsal y la bolsa del corredor, y pasar el control del material obligatorio, en el que le debí caerle bien al tío ya que apenas me miró las cosas (cuando a los de los lados les estaban poniendo pegas por algunos elementos que parecían no cumplir lo solicitado). Y mañana antes de salir prepararemos comida y ropa para reponer, la logística de las asistencias, y dejaremos listo el coche para volver a Galicia en cuanto me retire, me corten, o ¿acabe?

Bienvenue à Chamonix

Ya estamos aquí; con los culos planos y las piernas acartonadas tras el palizón del coche, pero sin problema. Estamos alojados en un bonito apartamento en Megève, un pueblo que viene a ser como la localidad pija de la zona (está a unos 30km de Chamonix).

El lunes nada más instalarnos, casi sin dormir y mal comidos, y guiados por Clara y Luís, dos amiguetes escaladores que viven aquí y que nos están echando un cable, fuimos a hacer una rutilla tranquila. Subimos al Col de Tricot (zona de paso de la TDS), desde Le Chapel, momento en el que aprovechamos para trotar un poco (y desgraciadamente comprobando que las piernas no están para tirar cohetes). Después ascendimos un poco más para hacer una arista con un senderito entre vegetación baja, y bajamos por la ruta habitual hacia el glaciar de Bionassay. Las vistas durante toda la ruta son alucinantes (Ref. de Gouter, tren cremallera hacia el Nid D’Aigle,… y por momentos el Mont Blanc), y eso que no estaba totalmente despejado. Desde allí pillamos la ruta de senderismo que baja de nuevo hacia Le Chapel, al principio un camino precioso y con mucha pendiente, adornado de restos de las avalanchas de primavera, y después por pistas anchas hasta llegar al coche. Salió un paseito de 4:52:00, unos 20km, y 1300mDa+,… y en buena compañía.

Después bajamos a Chamonix a cenar y a ver el ambiente (muy montañero y runner), y acabamos quedándonos hasta tarde para ver la salida de la PTL (300km y 24000mDa+, y subiendo a zonas importantes… ¡vamos, con un par!). Lo malo es que el martes estuvo todo el día lloviendo y no pudimos subir a ningún lado, ni tampoco tenía muchas ganas de salir a trotar “en plano”, así que nos pasamos todo el día en modo vago, o lo que es lo mismo: ir de tiendas (algo que aquí tiene mucho peligro), hacer las compras rutinarias, estar de parrafada en el apartamento (batallitas, internet, material,…), y similares. Esperemos que el tiempo mejore y poder aprovechar algo el miércoles y el jueves.

En fin, que el entorno y el ambiente es una pasada: montañones y desniveles por todas partes, paisaje salvaje y peligroso en algunas zonas, gente curtida y experimentada (cualquier cajero del super tiene una pinta de castrón que te cagas, aunque habrá de todo, claro). Y la organización del UTMB que tiene un despliegue de medios grande, y eso que todavía no hemos visto nada.

Ahora la TDS ya está en marcha, y los de la CCC y el UTMB seguimos esperando. Yo algo más animado que cuando salí de Pontevedra, pero consciente de la realidad: no vengo como debería, estoy muy muy verde (pocos kilómetros en las piernas, pocas horas de entreno, y lo peor, poco desnivel en el cuerpo). Y además los problemas de salud de la semana pasada me tienen algo “acongojado”. Pero bueno, ahora que estamos aquí, saldremos con ganas y a intentar disfrutar, y lo que tenga que ser será.