Un par de traves

Por acompañar a una familiar un par de días a la piscina, y supongo que influenciado por ver en la tele los Juegos Olímpicos, me planteo nadar algo. En el agua la rodilla no duele, así que decido desenpolvar el neopreno, y ponerme a chapotear un rato en el agua salada aprovechando que por la zona hay travesías todos los fines de semana. Eso sí, de momento cosas factibles, que no estamos para grandes retos natatorios.

Estas últimas semanas pude ir a una travesía que se estrenaba en el calendario y en la que hubo bastante gente, la de Poio, y a una de las clásicas de carácter más familiar y minoritario, la de Vilaxoán. Ambas de un par de kilómetros (en teoría, claro), ambas con el mar tranquilo y buen tiempo, y aunque con una organización humilde, ambas recomendables para próximos veranos… especialmente si se combinan con el tapeo posterior en el pueblo.

Yo como siempre: sin calentar apenas, saliendo atrás para no entrar en la guerra de golpes y tirones, a ritmo tractor, y regulando por saber que palmaré metros y metros de más por zigzaguear entre boya y boya (especialmente en Vilaxoán, en donde eran tan chiquititas que desde lejos no se veían ni “estando plato”). Pero acabando… y disfrutando de las rías.

Y es que por mucho que guste el monte, hay que valorar también este otro maravilloso entorno que tenemos en Galicia, y procurar aprovecharlo.

Verano raro y Camino Inglés

Llegó el otoño, tras un verano raro raro: planes frustrados, muy poco deporte, problemillas de salud,… Así que vamos a poner esto un poco al día.

El plato fuerte iba a ser un viajecillo a finales de julio hasta Pirineos para ver 3 etapas del Tour de Francia, aprovechando para subir 4 o 5 puertos con la bici, después quedarnos a hacer un par de barrancos, y un trekking de varios días por el valle de Ordesa (donde esperaba correr un poco por la zona para entrenar). Pero problemas familiares de última hora nos impidieron cumplir los planes. Y gracias que al final aún pudimos ir hasta allá, aunque el coco siguiese pendiente de casa y fuese sólo para degustar un sucedáneo: ver dos etapas del Tour (la de Saint Lary Pla D’Adet que ganó Majka y la de Hautacam que se llevó Nibali), sin pedalear porque no pudimos llevar la bici, y hacer una sesión de canorafting con la gente de H2Ur cuando regresábamos a Galicia.

Pero como la sensación era de no haber tenido vacaciones hubo que buscar un plan B adaptándose a los días libres. Y como en agosto había un finde largo, RL y yo aprovechamos para hacer una rutilla en bici por el Camino de Santiago Inglés, unos 120km de Ferrol a Santiago.

Como supuestamente hay una etapa previa o etapa O que arranca del pueblo de Covas y la zona de Cabo Prior, y como me encantan los faros y ese paisaje litoral, en vez de pedalear directamente hacia el sur, primero fuimos hasta allí por carretera. Echamos un vistazo por la zona y al rato nos pusimos en camino: las baterías militares abandonadas (quien las pillara para jugar “al Equipo A” cuando niño), el carril bici junto la playa, las pistas por monte, el precioso pinar de San Xurxo, la playa de Doniños,… Todo bien hasta que empezamos a serpentear pegados al mar hacia el puerto exterior, y después en sentido contrario hacia Brión pillando algún trozo roto y peligroso. Y además no había ni dios; estaba claro que por allí no era. En algún momento habíamos metido el zueco y las flechas amarillas se habían transformado en unas marcas amarillas/violetas de alguna otra ruta. Aburridos y con el solano en la chepa, decidimos buscar la carretera hacia la Malata y empezar el camino en sí desde el puerto de Ferrol. Con la coña, sólo cruzamos Narón pero llegamos al albergue de Neda con casi 70kms.

Al día siguiente el asfalto de Fene se compensó con la chula playa de la Magdalena en Cabanas, y con el paso por Pontedeume, donde estaba la primera rampa dura del recorrido. Íbamos a disfrutar, así que pie a tierra y con calma. Un rato después se cruza un pequeño campo de golf y se llega rápido a la población de Miño. El terreno se pone ya con el típico sube-baja gallego, y alternando caminos chulos con pistas de asfalto llegamos a Betanzos. Estaban en fiestas y era casi el mediodía, así que nos dimos un homenaje en una terracita.

Con el calor y el “equipaje” que acabábamos de cargar, lo cierto es que costó arrancar. Salimos de Betanzos por un paso elevado sobre la vía del tren, y vuelta a la alternancia de asfalto y caminos. En este tramo, el más rural (y con menos servicios, claro), encontramos ya a algunos peregrinos. Cos, Presedo, y al llegar a Vilacoba… subida continua y durilla. Al coronar un par de kilómetros fáciles y llegamos al albergue de Hospital de Bruma. Duchita, pedir la cena-taxi, y a dormir tras otra jornada de 66km.

Lo que quedaba de Camino para el domingo era casi un trámite. De Bruma a Sigüeiro es totalmente favorable, y aunque paramos a desayunar y a apartar de nuestro camino un dinosauro (sí, ¿qué pasa?), lo hicimos en un plisplás. Y el resto hasta Compostela algo más rompepiernas pero también fácil, con muchas pistas anchas y lisas, y con los últimos kilómetros de asfalto como era de esperar. Vamos, 42km muy rápidos para estar en el Obradoiro bastante antes del mediodía y que nos diese tiempo de comer y volver a Ferrol a por el coche.

En fin, este Camino Inglés nos sorprendió y nos gustó. Tal vez para la peña que viva lejos no valga la pena venir porque se acaba pronto, pero me parece muy recomendable si lo que buscas es un ruta más solitaria y no tan explotada como el Francés (o como empieza a estar el Portugués). Algún día tocará escapada en plan ultra.

10100 y una travesía

La prueba ideal para un “ultrero” como yo, acostumbrado a correr/pedalear lento y largo, no es un 100m.l. Aunque es obvio, cuando el otro día acudí a Bueu a hacer un 10km de asfalto, me ofrecieron la posibilidad de participar en una competi del hectómetro que organizaban de forma paralela… y acabé anotándome en ambas.

Se trataba del III Memorial Paco Cabanillas en honor del que fue campeón de España de 100 en el año 1943, y se celebró delante de su residencia. Calles pintadas en el asfalto y series sucesivas de 4 corredores, en las que pasaba el primero a la siguiente ronda, hasta que quedasen sólo 4. No hace falta que diga que me eliminaron en la primera (y el crono ya ni mencionarlo… entre otras cosas porque no lo sé), pero estuvo entretenido. Además sirvió para que me diese cuenta de lo ignorantes que somos algunos deportistas (o lo especializados que estamos): no sabía cómo ni cuándo calentar, cómo apoyarme en la salida, qué “ritmo” poner,… De hecho, sonará raro para alguien que está a punto de marchar a una prueba de más de 160km, pero ese 100m.l. se me hizo largo de coj%#!&.

Después, ya de noche, un 10000m totalmente plano y urbano, para rodar tranquilo haciendo el entreno del día bien acompañado. Ahí ya me desenvolví mejor, claro, aunque la verdad es que las primeras vueltas iba un poco de cachondeo.

Y tras unas pocas horas de sueño, y no haber nadado nada en todo el año… a la travesía de O Fisgón (en Moaña): buen ambiente, muchos amiguetes triatletas y nadadores, organización familiar pero correcta,… Fueron casi 2km o más, pues yo al principio, tras salir dirección Vigo y yendo hacia la primera batea me fui a la derecha un montón; después viramos hacia a la playa de a Xunqueira y de volvimos al puerto ya más recto. Aunque en realidad lo de nadar era un pretexto para la churrascada que nos metimos posteriormente.



En fin, que en dos días, haciendo dos tonterías, y, por la falta de costumbre: ¿¡estoy hecho polvo!?

Semana del agua

De secano. Aunque de Galicia y residiendo cerca del mar, la verdad es que soy bastante de secano. Practico/practiqué muchos deportes en mi vida, pero nunca se me ha dado por deportes “de agua”, más allá de un poco de descenso de cañones, alguna excursión ocasional en kayak, o un par de veces que fui a bucear en plan snorkel. Y eso que me encanta andar en bici o correr cerca del mar o de algún río, y que creo que me costaría vivir sin ver el paisaje de las rías… sin embargo, nunca me he puesto con el tema acuático o náutico, supongo que porque sé que soy una nulidad en ese medio.

Y aún así, llevo unos días a remojo. Todo porque a principios de año se me dio por ir a la piscina un par de veces a la semana, y se me metió en la cabeza probar una travesía a nado este verano. Y aprovechando que el pasado sábado había la Travesía do Fisgón en Moaña (organizada por el club Triatlon Morrazo), que parecía asequible, me anoté.

Como quería probar primero, bajé a nadar el jueves un rato a la playa… pero antes de media hora tuve que salir del agua porque me agarré un colocón del copón (¿por qué me mareé si no había oleaje ninguno?). No hice ni 800m. Menudo panorama; me dio un poco de bajón (y ganas de vender el traje).

El mismo día por la tarde fuimos a hacer el barranco del Verdugo en Puentecaldelas. Es un barranco cortito, que tiene tres zonas con rápeles/saltos, no muy espectaculares, pero entretenidos y buenas para practicar; el resto es caminar o dejarse llevar por el cauce del río. Pero bueno, está al lado de casa y sirve para matar el gusanillo. Por cierto, por obras en el canal no pudimos pasar (so pena de avisar a la benemérita), así que tocó bajar a la central y remontar hasta las cascadas por el cauce del río.

Y el sábado tuve mi primera travesía: Moaña, ría muy tranquila, 1950m (aunque después comprobé que siempre salen más, al ir haciendo eses), 120-y-pico participantes. No sabía si iba a acabar, así que salí con mucha calma, poniendo un ritmo cómodo, que pudiese mantener sin problema… Y así fue, no paré ni un segundo, llegué en 36min, sin apenas cansarme, y sin problema ninguno (¡cómo ayuda el traje de neopreno!). Quedé contento, y me gustó la sensación, así que ya estoy pensando en hacer otras más largas.



Fotos del álbum de cincopuntas ofrecidas en CeG.

Los barranquitos

El barranquismo es un deporte consistente en progresar (nadando, caminando, saltando, trepando, manejando cuerdas, o-como-sea,…), por el cauce de un río o por un cañón, salvando las dificultades y cambios de nivel que se presenten.

Es una de esas actividades que molan mucho y que sin embargo no practico habitualmente: siempre tenemos intención de ir más, y al final se queda en 3 ó 4 veces al año. Reconozco que soy un ignorante al respecto, y un poco cagado a veces, pero lo cierto es que cada vez que formamos un grupito para ir lo paso bien (por lo menos mientras no nos metemos en buenos fregaos).

Pues bien, el lunes unos amiguetes nos acercamos a Melón para hacer el barranco del Cerves. Es corto y bastante asequible, pero divertido y bonito, ideal para una escapada rápida. En la aproximación tardamos algo más de lo habitual, pues ahora hicieron unas pasarelas y arreglaron la pista, y no se puede bajar el coche. Por cierto, con el calorazo que hacía subimos en plan Full-Monty, con los neoprenos en la mano/mochila.

Ya arriba, bañito inicial, saltitos de calentamiento, y empezamos. El primer resalte no montamos rápel porque todo el mundo saltó por la izquierda; no es muy alto, pero hay poco margen en la poza. Después hay una cascada (que rapelamos), una zona de pateo, y otra cascada de unos 30m rematada en un tobogancito (rápel y dejarse caer). Como se hacía tarde, la última cascadita ya no la hizo todo el mundo (ya estábamos abajo y había camino por la derecha), y eso que tiene su gracia porque hay que colarse por un agujero.

Vamos, que buen bocata, buena compañía, y buena actividad de tarde. Esperemos que no tardar mucho en repetirla.



PD. Nadie llevó cámara, así que dejo unas fotos del mismo barranco pero de hace un par de años.